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El dilema entre las guardias aseguradas y la puja sindical


Por Federico Amigo
Ilustración: Budka

Las une el mismo
problema: la salud. Una trabaja en el Hospital Garrahan y lucha, entre otras cosas, por un salario digno; la otra, viene desde Entre Ríos cada tres meses para atender a su hija. Clara Cabral y Elena Rodríguez, dos atribuladas historias de una vieja moneda.

Clara Cabral, delegada de ATE
“Nunca pusimos en riesgo a ningún chico”

“Entré al Garrahan en 1987 y durante 14 años tuve mi sueldo congelado. Recién en el 2004 recibí un aumento. Cuando empecé ganaba un buen sueldo. No necesitaba hacer horas extras, podía irme de vacaciones y comprar ropa de la marca que quisiera. Hoy día no me alcanza. La mayoría de las enfermeras somos sostén de familia y tenemos las urgencias de todo el mundo. No somos de otro planeta. Trabajamos en el Garrahan, pero tenemos los mismos problemas que cualquier persona.
Ahora, que no hago horas extras, estoy más urgida. Ante la intensificación de la lucha estoy abocada sólo al gremio. Nunca milité en ningún partido, pero en 1999 noté que el terreno ganado por los obreros iba en franco retroceso. Entonces, dije: ‘Basta, esto no puede ser así´. Este grupo de delegados de ATE es respetado porque, ante todo, somos laburantes y, después, sindicalistas. Y no al revés. Cuando mis colegas dicen: ‘comunicate con Clarita´, uno imagina encontrarse con una persona pequeña, diminuta. Nada que ver. Soy alta y grande. Pero el Clarita no se refiere a mi contextura física, sino al cariño que me gané de los compañeros.
La rutina en un hospital es, de por sí, estresante. Siete horas acá dentro implican mucho desgaste y, ni que hablar, si uno tiene que programarse más horas. Yo he llegado a laburar entre 14 y 17 horas. A pesar de los conflictos, la prestación de todo el personal es excelente. Es verdad que existen falencias: estructurales, edilicias, falta de empleados y material adecuado. Por ejemplo, somos 600 enfermeros aunque calculamos que la plantilla ideal sería 750.
Una de las cosas que más me indignó en estos meses de lucha fueron las declaraciones del ministro Ginés González García. Tildó a los enfermeros del Garrahan de “terroristas sanitarios”. Es una terminología grave. Terrorista es quien mata sin importarle nada. Ninguno de los días que paramos se dejó de atender a los pacientes. Siete jueces intervinieron en el hospital y todos llegaron a la conclusión de que las guardias mínimas estuvieron cubiertas. Nunca pusimos en riesgo a ningún chico. Pero el Gobierno intenta mostrarnos como caso testigo. El mensaje es claro: los trabajadores no deben pelear por una recomposición salarial. Y menos aún pedir un sueldo acorde al costo de la canasta básica.
Por suerte, muchos sectores sociales entienden nuestra postura y depositan su confianza en nosotros. Para el fondo de huelga contribuyen hospitales de Mendoza y Neuquén. Además, los trabajadores de la empresa recuperada Zanón tuvieron un gesto increíble. Cada empleado aportó un día de laburo para el fondo”.

Elena Rodríguez, madre de Mariana.
“Me da bronca que se hayan ido sin que les importemos”

“Cuando dijeron que me había equivocado de fecha me largué a llorar. El turno era para el jueves y llegué con mi hija un día más tarde. Dijeron que la podían atender a las cuatro, pero cuando fui al consultorio no había nadie. Me da bronca que se hayan ido sin que les importemos. Pregunté que solución me daban y contestaron: ‘Vení el lunes’. Pero es dificilísimo quedarme en Buenos Aires. Vivimos en Federación, un pueblo de Entre Ríos, y tenemos el pasaje de vuelta para hoy a la noche. No nos moriríamos si nos quedásemos dos días sin comida. Estamos adaptadas. Allá nos arreglamos como podemos, con poco. Ella dice: ‘Vamos mamá, volvamos’. Pero no es justo. No sé qué vamos a decidir.
Llegué a este hospital cuando me di cuenta que en Federación no me daban ninguna solución para Mariana, mi hija. Allá la vieron todos los médicos habidos y por haber. La encontraban bien, pero yo no sentía lo mismo. La atendieron todos los pediatras hasta que uno me aconsejó traerla al Garrahan. Acá, con una simple mirada, diagnosticaron un problema de crecimiento. Mari tiene 16 años y mide aproximadamente un metro cincuenta. Su recuperación va a demandar cuatro años y hace uno que la empezó.
En Federación nos enteramos de la problemática del hospital por televisión. Por un lado, comprendo la lucha de los trabajadores; por el otro, no compatibilizo con que reclamen sólo lo que le concierne a su sector. Está bien que cada uno pida lo que corresponde, aunque siempre sabiendo que existen otros. Y esos otros también cargamos problemas. Sin embargo, tengo que rescatar el costado solidario y efectivo del personal del hospital. Si no fuera por ellos nunca le hubiese podido dar las vacunas que necesita. Yo no puedo comprar ni media cajita del remedio que toma mi hija.
Venir al Garrahan también significó chocar con una realidad lejana. Hay chiquitos quemados, jóvenes postrados en una silla de ruedas y eso me duele muchísimo. No estoy acostumbrada a verlo. Si tuviera que elegir donde vivir, me quedó en Federación. Buenos Aires es bonita, pero no para mí. En realidad, lo mejor sería contar con la posibilidad de atendernos allá, en nuestro pueblo”.