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A 14 años del atentado a la Embajada de Israel


Por Matías Castañeda

El 17 de marzo se cumplieron 14 años desde que el atentado a la representación diplomática israelí volara llevándose la vida de 29 personas. Jorge Cohen es uno de los pocos que quedaron con vida. Dice que la única novedad en la investigación sobre el esclarecimiento es la falta de novedades y revela cómo fue pasar de víctima a testigo y de qué manera esa mochila -como él la llama- lo impulsa a dar testimonio de lo que sucedió aquella triste mañana. Editó un libro con diez cuentos que como él sobrevivieron a la bomba.

Jorge Cohen tiene pasión por contar historias. Es periodista, trabajó en diarios y radios de la Argentina y España. Pero también siempre disfrutó de escribir ficciones, crear personajes e historias. Hizo labores como guionista de historietas junto a dibujantes como Eduardo Moreyra (Gianfrá) y Eduardo Maicas, entre otros. Sin embargo, un hecho trágico lo impulsó a plasmar su proyecto de cuentista: el atentado a la embajada de Israel. El 17 marzo se cumplieron 14 años desde que una bomba explotara en Arroyo y Suipacha, pleno Barrio Norte, llevándose la vida de 29 personas y dejando cientos de heridos. De los que estaban dentro del edificio, Cohen es uno de los cinco sobrevivientes.
Cuentos bajos los escombros es, además del nombre de su libro, una expresión literal de lo que sucedió aquel verano. Entre las vigas rotas y las paredes atomizadas, Jorge encontró los borradores de sus escritos, tan sobrevivientes como él, garabateados con las correcciones de su compañera Marcela Droblas, una de las vidas que se llevó el horror. “Haber encontrado los textos iniciales, que habían quedado bajo los escombros, y que esos papeles tuvieran las correcciones de ella, fue una marca, un impacto para mí Una especie de mensaje. En un principio decidí no publicarlos, pero luego me di cuenta que debía hacerlo como un ejercicio de la memoria. Y dedicárselos a Marcela. Y así lo hice.”
Era agregado de prensa en la embajada desde hacía tres años; Droblas trabajaba junto a él en temas vinculados a comunicación y cultura. De estar en su sitio a las 11:00 Cohen no hubiera sobrevivido. La fortuna dentro de la tragedia hizo que en el momento de la explosión estuviera sacando fotocopias en otro sector. Con emoción recuerda que Droblas habitualmente estaba de buen humor: “Tenía no pocos proyectos y no pocas ilusiones, que unos señores o señoras decidieron por sí mismos que tenían que terminarse junto con su vida. ¿Quiénes son, me pregunto, esos señores, para tomar tal decisión? Y que además sigan libres, acaso caminando por las calles de Buenos Aires”.

EL PRIMER PASO
El publicar su libro fue para Cohen, además de una gratificación artística, el modo para sobreponerse y mirar hacia delante: sobrevivir al hecho de ser sobreviviente. “La literatura me permitió transmutar de víctima a testigo. Ser víctima es una foto del dolor, que se queda en algún momento sin significado. Una posición estática. Es mirar siempre hacia atrás, quedarse encerrado en sí mismo, masticando bronca, con un mensaje difuso de revancha, de no saber qué hacer y de no saber muy bien cómo seguir, en una actitud improductiva. Ser testigo implica un paso.” El escritor considera que cuando dejó de considerarse víctima salió adelante: “No me peleé con la bomba, no la enfrenté. Me parece que es inútil. Es enfrentar un fantasma. Quiero decir: la sumé a mi mochila.” Fue levantarse y caminar, pero no de cualquier manera, así lo explica Jorge: “Con la actitud del montañista, que da cuatro pasos hacia arriba, pero cada cuatro pasos mira hacia atrás, para no perder la referencia. Y sigue”.
Esa carga de la que habla es la responsabilidad para con sus compañeros, porque “el testigo da un testimonio –explica-, habla por los que ya no pueden hacerlo, por los que quedaron bajo los escombros”.

NO NOTICIAS
“Hay demasiadas cosas que no me puedo explicar”, va a responder en varios momentos Cohen. Son las cuestiones que tienen que ver con la falta de respuestas judiciales, la impericia y el desdén por parte de los sucesivos gobiernos. “Me parece que la impunidad es una segunda parte de los atentados. Hace un tiempo escribí en un artículo periodístico en el que la noticia, en cuanto a lo que nos sucedió a los argentinos, es -justamente- que no hay noticias. La falta de novedades es sinónimo de impunidad. Consideré la falta de esclarecimiento como un crimen.”
Otro atentado genocida sucedería dos años después, en 1996, contra la Asociación Mutual Israelita Argentina. Y fue lo mismo, en ambos atentados faltó voluntad para esclarecer los porqués y los quiénes. “No hay detenidos porque no hay condenados, no hay condenados porque no hay acusados, y no hay acusados porque no hubo un juicio. En el caso de la embajada no lo hubo, en el caso de la AMIA, es como si no lo hubiera habido”, diferencia para unir el escritor.

REALIDAD Y FICCIÓN
Sus cuentos son minuciosos, se detienen en el detalle, están narrados de manera directa, con un lenguaje sencillo y, contrariamente a lo que puede pensarse, no se basan en nada de lo sucedido en la embajada: son relatos de situaciones nada extraordinarias, que pueden pasar todos los días. “Nunca escribí cuentos relacionados en forma directa y conciente con los hechos trágicos”, explica Cohen. Pero aunque los diez relatos de Cuentos bajo los escombros no tienen vínculos con el atentado, aclara que “sí muchos personajes de la ficción podrían tener cosas en común con los personajes reales, que participaron de la tragedia, o de quienes la encubrieron. Y cito entre ellos a asesinos, cómplices, jueces supremos. Pero los personajes de la ficción, son estrictamente eso, ficcionales”.
Lamentablemente la realidad no es ficción y esta, hace 14 años, fue más extraordinaria que los hechos sencillos y cotidianos que suceden en su libro.

UN AGUJERO EN LA CIUDAD
Dice que sólo vuelve a la Plaza Embajada de Israel para dar entrevistas, coherente con su posición testimonial. También, últimamente, pasa con su auto por la calle Arroyo hacia el bajo mientras va observando el agujero de cemento desde la ventanilla. La plaza es un vacío en la ciudad, hay árboles que representan a los caídos y piedras que simulan los escombros; él hubiera preferido que se dejara el edificio tal y como quedo tras el atentado, como símbolo del horror. Camina por el lugar, señala dónde se encontraba al momento de la explosión, recuerda a sus compañeros, especialmente a Droblas: la sesión de fotos fue muy emotiva. Muchos visitantes de la Argentina y del exterior se acercan a retratarse también. Desconocen que Cohen es uno de los sobrevivientes, él los mira con ternura y propone encargarse de la cámara para que nadie quede fuera de ese recuerdo. Conocedor del oficio de periodista va proponiendo tomas, lugares para ser captado, ideas para su nota. Una mujer indigente ha pasado toda la noche en un alto resguardo del lugar tapada con una gruesa frazada. Cohen imagina la foto y propone el epígrafe: “La justicia duerme el sueño de los justos”.