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Cinema Paradiso


Por Gabriel Pérez

Con más de 10 mil videos, Juan Carlos Paissak es uno de los mayores coleccionistas del Gran Buenos Aires. También escribe obras de teatro y las actúa. En 2006 editará un libro de poemas sobre su militancia en el ERP.

PLAY. En un cuento de Jorge Luis Borges, el Universo puede caber en la palma de la mano. Sólo hay que visitar el sótano indicado. En Lanús Este, las pretensiones son más humildes, aunque en el interior del video club Las Artes –“una cueva”, dirá más tarde su dueño Juan Carlos Paissak- existe otro Universo –no menos caótico, no menos arbitrario- diseminado en pequeños ladrillos de plástico que forman torres geométricas que nada tienen que envidiarle a un cuadro de Xul Solar.
En esos edificios, El Ciudadano encuentra su juguete en un surco que marcó en la arena un apurado Alberto Olmedo. Los Beatles se embarcan con Gardel y entonan Mi Buenos Aires querido. Neo cree ver en la figura de Zampanò a un agente y decide matarlo en presencia de Gelsomina. En el medio de ese gran drama, Paissak cuenta su historia.

REW. “Soy ingeniero en máquinas térmicas, trabajaba en las grandes usinas del país. Es un título que ya no existe, porque sólo lo daba Segba. Formé este video club en 1988 con 90 películas, ahora tengo más de 10 mil. Soy un coleccionista de cine de autor, de culto. Tengo muchas perlas: India Song, por ejemplo, es muy difícil de conseguir. Es sobre literatura, y la dirigió Marguerite Duras, que es la escritora de El Amante. Además tengo un documental en donde ella explica cómo la hizo: toda una curiosidad. También poseo documentales en francés que traje de París sobre Eugène Ionesco, el creador del teatro del absurdo y sobre Molière, otra figura muy importante del teatro galo. La papisa Juana, que es sobre la vida de una mujer que fue Papa y que en la historia casi ni figura. No me guardo ningún video, todo lo alquilo”.
En medio de tanta solemnidad hay lugar para una anécdota tragicómica. Porque en el negocio de Juan Carlos es muy difícil volverse derrotado a casa con un “no tengo esa película”. Salvo que al cliente se le ocurra pedir Los bañeros más locos del mundo, y ahí sí que el Universo se vuelve papel, las torres masas uniformes gélidas y los actores acatan en silencio las órdenes del director. “Desapareció el master de ese film, yo lo tenía, pero se rompió el video y nunca más la pude reponer. Se esfumó del mercado”, lamenta.

PAUSE. Cuando Juan Carlos, de 62 años, dice por enésima vez que busca con sus videos lograr una revolución cultural, la pregunta se cae de maduro. “Milité en el ERP. Estaba en el apoyo logístico. Yo trabajaba en Segba y tenía los contactos a través del Sindicato de Luz y Fuerza y de un centro cultural. No intervine en ninguna acción armada, más bien decía adónde había que ir, cómo se movían ciertas oficinas. Queríamos cambiar al mundo, y los que cambiamos fuimos nosotros. Pero tengo un buen recuerdo de esa época. Hoy me doy cuenta que la lucha armada no sirve. No se puede luchar contra un gigante con una gomera”. Si bien no fue un cuadro importante, durante un tiempo estuvo guardado: no podía salir ni frecuentar contactos. En esos días escribió unos poemas que fueron encontrados de casualidad 30 años después.

PLAY. “Entre mis amores está primero la literatura, luego el teatro y después el cine. Este año edité un libro de cuentos y poemas, El color de las glicinas. Es un diálogo interno, donde a través de los años hago una autocrítica. Saco mi interior y lo convierto en un personaje para hablar de él. Lo presenté tres veces y no pude llegar a las librerías porque se agotaron los 250 ejemplares”, dice orgulloso.
Cinéfilo, escritor. ¿Algo más? Sí, actor. Hace dos años que actúa en la obra Mateo. Luego de recorrer algunas ciudades del interior como Pergamino y Salto Argentino, la gira finalizará en diciembre en el teatro Fray Mocho, de Almagro.

FF. En 2006 va a publicar los poemas que escribió en cautiverio (ver: hjskdf), y a estrenar una pieza teatral de su autoría sobre Severino Giovanni y Leopoldo Lugones. “Recreo un enfrentamiento entre Severino, calificado como el primer terrorista italiano y que fue fusilado en 1931 por Uriburu, y Lugones, que representa a la gran burguesía y a la gente que hizo de la escritura una elite. Yo actúo de Lugones”. También seguirá comandando los cine-debate gratuitos que desde hace 12 años tienen lugar todos los viernes en el Peretz, un centro cultural enquistado en el centro de Lanús.

EJECT. Desde hace unos años hay un invasor que mira con desprecio a sus ancestros. Sabe que su reinado es inevitable. Su sonido digital y alta definición seduce a los clientes, pero no a Juan Carlos. “Ya tengo más de mil devedés, y compro todos los clásicos que encuentro. Pero no creo que desaparezca el videocasete, porque hay películas que nunca se van a digitalizar, porque no son negocio. Así que esto seguirá siendo una cueva de arte, como las viejas librerías de la avenida Corrientes, que no cerraron cuando se instalaron las grandes cadenas”. Las torres, si bien sienten el cimbronazo, respiran aliviadas.