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Claudio Lozano, el ojo crítico


Por Federico Amigo

El Diputado Nacional no concibe su vida por fuera de la política. Mientras deja abierta las puertas a una posible candidatura como Jefe porteño, analiza los tres años de conducción K. Cree ‘que algunas definiciones del Gobierno, si no se revisan, son mortales’. Además, piensa en la construcción de un frente ‘en torno al proyecto de país que hay que hacer’.

En el aire revoloteaba una saludable sensación de cambio. Un auspicioso discurso de asunción, una encendida crítica a la vieja política y a los organismos internacionales cómplices de la estrangulación del país, y una coherente preocupación por ponerle punto final a los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado marcaron la apertura de un camino, al menos, distinto. Seis meses después del desembarco kirchnerista en la Casa Rosada, Claudio Raúl Lozano asumió como diputado nacional el 10 de diciembre de 2003. Miembro desde la primera hora de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) consiguió su escaño bajo la lista Fuerza Porteña, encabezada por el destituido Aníbal Ibarra. “No me arrepiento de cómo llegue. La coyuntura en la que entré tuvo una peculiaridad importante: se conformó un arco político muy grande que confrontaba con lo que era la opción de Macri. Se gestó una confluencia amplia que me permitió intervenir sin tener que adscribir a ninguna de las experiencias político-partidarias.”
En los albores del tercer aniversario de la administración K, el economista de la CTA se presta gustoso a una introspección del mundo kirchnerista, y aventura una construcción política “capaz de confluir en torno a algunas definiciones sobre el proyecto de país que hay que hacer”.

PRIMEROS PASOS
El 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner recibió la banda y el bastón de mando de las manos del ex vicepresidente de Carlos Menem, ex aliado y principal propulsor de la llegada del santacruceño al sillón de Rivadavia, Eduardo Duhalde. Sobre Balcarce 50 soplaban promisorios vientos del sur. “El Gobierno ha tenido un periplo complejo. Tuvo un momento inaugural auspicioso en lo planteado respecto a los Derechos Humanos, la renovación de La Corte, la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Pero a partir de allí comenzaron un conjunto de definiciones que son preocupantes”, arguye Lozano.

- ¿Qué posturas mantiene esta conducción desde que asumió?
- Tiene coherencia básicamente en la problemática de los Derechos Humanos. Pero está mostrando complicaciones serias en el diseño de la construcción política para adelante y, fundamentalmente, en la capacidad de trazar soluciones diferentes al problema de la desigualdad en la Argentina. No creo que sea factible pensar en ninguna estrategia de inserción de la Nación en el mundo o la región, sino es sobre la base de replantear las condiciones bajo las cuales se distribuyen el poder, las riquezas y los ingresos en el país. Entonces vemos un Gobierno que hace gala de una suerte de culto desarrollista y que cree que con una tasa de crecimiento se van a resolver mágicamente nuestros problemas. Desde nuestra perspectiva no sólo no alcanza sino que, además, van en una dirección diferente a la que hay que pensar.

- ¿Existe una real recuperación económica?
- Volvimos a la actividad que se tuvo hasta 1998, pero la tasa de desocupación es más alta que la de aquel momento: 12,7 por ciento contra 12,4. El ingreso promedio es un 25 por ciento inferior. Hay casi 3 millones de hambrientos más de los que había. Esto indica que hay una recuperación que no ha tocado en absoluto los cimientos de la desigualdad que el neoliberalismo instaló en nuestro país. En todo caso, lo que aparece como mejoría relativa es el impacto lógico y natural que se produce cuando se sale de una profunda crisis, sin siquiera volver a los promedios del nivel de vida anteriores.

AL CONTADO
Tras más de dos años de acérrimas críticas hacía el FMI y sus titulares de turno, la administración kirchnerista decidió cancelar la deuda con ese organismo. Bajo la consigna de romper lazos con un modelo de dominación, como el del Fondo, Argentina pagó por anticipado 9.810 millones de dólares. Para Lozano se perdió la oportunidad de una discusión dura y fortalecida en torno al trasfondo de la génesis de la deuda: “Se la tomó como un todo. Se descargó la quita sobre quienes eran más débiles y no sobre quienes eran más responsables, y se hipotecó en parte las condiciones de la política nacional. No es lo mismo decir ‘voy a discutir la corresponsabilidad de los organismos de crédito y de los acreedores’, que pagar todo”.

- ¿En algún momento existió la convicción de seguir otro camino?
- No me preocupa juzgar convicciones. Estoy de acuerdo con la idea de la investigación sobre la deuda, de la corresponsabilidad, con la idea de atar los pagos a la fuga de capitales al exterior, y lo que se pagó habría que haberlo hecho descansar en una reforma impositiva que les cobrara a aquellos que fueron responsables del endeudamiento a nivel local. Pero todos esos pasos son los que no se hicieron. En consecuencia la que paga es la sociedad argentina, y los de siempre. Es visiblemente distinto al enunciado: lo que era toda una hojarasca discursiva de confrontación con el Fondo se cayó a pedazos cuando, en lugar de mantener una actitud de dureza, se pagó hasta el último centavo en nombre de una supuesta liberación nacional.

- Amén de acordar o no con la cancelación, ¿se tomó distancia del FMI?
- Si después de pagar tienen que hacer un culto de maximizar el superávit, en la práctica se paga pero se aplica la misma receta ortodoxa que el organismo demanda. Si hay que establecer un fondo anticíclico, como se forma ahora, en lugar de atender las problemáticas sociales más urgentes o las necesidades productivas se están reaplicando las recetas del FMI, a pesar de que ya no nos monitoreé.

Con miras al 2007, la mayor parte de los analistas políticos dan por sentado un aplastante triunfo del actual Gobierno. Sólo resta definir, según auguran, quién calentará el sillón de Rivadavia. Sin embargo, un informe del Instituto de Formación y Estadísticas -perteneciente a la CTA y dirigido por Lozano- acerca de las elecciones legislativas de 2005 muestra que no toda la población convalida ese camino. Los guarismos reflejan que, en los últimos comicios, hubo más impugnaciones y ausentismo que apoyo al oficialismo: el 35,4 por ciento del padrón electoral no fue a votar (29 por ciento) o lo hizo en blanco (9 por ciento). De hecho, las cifras superaron las estadísticas del famoso voto bronca de octubre de 2001.
“El trabajo indica una mirada lejana respecto al proceso político, y cierto desencanto sobre la capacidad de respuesta que el sistema institucional tiene respecto a la vida cotidiana de la población. Creo que algunas definiciones del Gobierno, si no se revisan, son mortales. Mi preocupación es que, en estos momentos donde hay una recuperación de la actividad económica desde el fondo del pozo, y que cualquier comparación con el pasado suele ser positiva, se crea que las cosas están andando bárbaras”, sostiene Lozano.
Hoy el diputado descansa sobre la buena reputación que la CTA se ha ganado en los últimos años, aunque sabe que el esfuerzo será en vano si no se sigue profundizando sobre un proceso de construcción diferente: “Para nosotros la política es de carácter integral y hay que desplegarla en todos los campos de la vida y la sociedad, porque es la única manera de modificar las cosas”.