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Coiffeur, guitarra y voz


Por Matías Castañeda

Si te gustan las canciones de amor y te gustan esos raros peinados nuevos, no podés perderte de escuchar el disco debut del cantautor de Morón con nombre de oficio de barrio. Cómo vive el repentino reconocimiento mientras diseña su personaje de popstar. De eso, y de canciones ‘permanentes’ con ‘reflejitos’, habla en esta entrevista con Bipolar habló la unánimemente declarada gran revelación de 2005.

Alguna vez la banda Victoria Abril vivió un episodio extraño. Habiendo salido en el suplemento Sí! de Clarín un fecha con su show, un productor distraído de esos programas de chimentos de la tarde vernácula de la televisión mandó un notero a entrevistar a la diva española que de improviso estaba tocando en la Argentina. Ahora se llaman Victoria Mil, obligados por una carta documento que la actriz le hizo llegar.
El caso de Coiffeur es exactamente inverso. Si se le mencionara su nombre, la idea que se le vendría a la cabeza a ese mismo productor sería cualquiera menos la figura de este rocker suburbano, flaquito, de voz aguda y entonada, que le pega a la criolla con violencia y que compone gemas pop de urgencia punk con letras románticamente naif.
“Tengo que dejar que cada uno construya su idea de lo que es Coiffeur –reflexiona el cantautor-. Estoy dispuesto a mentir mucho, ¡hay que mentir! Y que cada uno se genere una idea mía, que sea la que más le guste. Uno es de alguna manera un blanco de proyecciones. Te subís a un escenario y provocas reacciones positivas o de rechazo”.
Le incomoda tener que explicar una y mil veces el porqué del nombre que escogió. En piloto automático responde: “Se me vino a la cabeza una peluquería que quedaba a 2 cuadras de mi casa que decía ‘Coiffeur. Estilista. Cortes internacionales’. Me pareció que era gracioso llamarme así, esa cosa estética de las peluquerías que están metidas en el barrio. Había cierto contraste, que se sigue dando, porque las personas se imaginan que soy otra cosa, que tengo un peinado afro. Está bueno confundir a la gente”. Después hará un silencio, y en un suspiro cerrará: “No es importante cómo me llamo”.

LA GUITARRA
En un 2005 que se fue sin grandes novedades en la música, es una buena noticia que desde el epicentro de Morón haya surgido Coiffeur, quizás la única. Así coinciden las revistas autodenominadas especializadas casi por unanimidad. “No sé muy bien cómo tomar las críticas. Me emocionan, sí, pero es como la espuma. Hoy sos la novedad pero mañana ya no. No sé hasta qué punto tenerlas en cuenta”, medita, no subiéndose a caballo de su ego, y dejando a entrever que el reconocimiento lo llegó por sorpresa, sin el debido tiempo que necesitaba para madurar su personaje de estrella.
Coiffeur tocaba en 2004 con una banda del oeste llamada Yicos –la describe como “lo que hacían Todos tus muertos”- hasta que en agosto de ese año la necesidad de salir con la guitarra fue más fuerte. Se juntó con un amigo que tiene un estudio de grabación y le mostró sus canciones. Le encantaron. Entonces las grabó y después las copió él mismo. Empezó a distribuirlas. Antes que pudiera darse cuenta ya había vendido 450 copias y era el niño mimado de las revistas y los suplementos de rock. Eso lo llevó a dar entrevistas y a contar cosas de las que pareciera que se arrepiente. Ahora quiere fabricarse su personaje, pergeñarlo. Pero se le nota que no sabe bien cómo quiere que sea. Da ternura verlo esconder información –por más que sea accesible- y ver de qué manera se niega a hablar de tal o cual tema.
“No te digo lo que pienso / podría hacerte sonrojar”, así empieza el primer tema del disco, Al oído. Coiffeur quiere ser un misterio. No dice su verdadero nombre. Acusa un “cuarto de siglo” -aunque parezca tener 20; quizás tenga más de 30-. No dice qué escucha, no cuenta con quién vive ni de qué trabaja –“no vivo de la música”, se limita a informar- y tampoco se extiende en demás datos biográficos.
Sólo esta él, su apariencia frágil enfundada en una remera rosa de Boom Boom Kid -Todo niño sensible sabrá de qué estamos hablando-, un nombre que es un oficio entre grasa y glamoroso. Su voz y la guitarra. No mucho más, como si eso solo no fuese mucho, demasiado.
Y además están las canciones. Diez emocionantes temas de menos de 2.30 minutos de duración cada uno. Editados en un cuidado pack que el mismo se encarga de hacer: una bolsita de tela de colores con su nombre impreso, muy parecida a las de artículos de tocador del tipo Marta Harff, con el cedé adentro junto a un librito con las letras de color naranja, que se abre en tres partes, cortadas con tijera de peluquero. “Yo compro la tela, la corto, y se las paso a un amigo para que las cosa. Los discos también los copio y los distribuyo. Es todo un trabajo artesanal.”

SUS PRÓXIMOS PEINADOS
Coiffeur en estos momentos está de vacaciones, “de mochila”, por Bolivia y el norte de Chile. Allí se juntara con algunos músicos under que contactó y que les parecen increíbles: Javiera Mena y Gepe.
También espera en 2006 sacar su segundo disco. “Quiero grabar y editarlo bien. Al momento de la preproducción me surgió probar con otras cosas y empecé a hablar con Manzanita.” El nombre de Mariano Esaín, líder de Valle de muñecas, surgió en un brainstorming con un amigo a la hora de pensar en quién produciría su segundo disco. “Le había dicho: ‘Tengo unas canciones; pero no sé…’ –recuerda Coiffeaur-. Estaba conflictuado, soy muy autocrítico con lo que hago. Entonces mi amigo escuchó los temas y me dijo que tenía que grabarlos. Empezamos a barajar nombres. En eso me dice: ‘Che, ¿y Manza?’”. Dicho y hecho: llamó al ex cantante de Menos que cero pero, como no había terminado el demo aún, le propuso llevar la guitarra y cantarle los temas; a Manza le pareció mejor. “Fui y le toqué las canciones. Como los dos somos medios tímidos la primera vez fue extraña –cuenta-. Yo soy un poco charlatán pero él es más de escuchar. Manza te mira y no sabés qué hace, eso lo sabe sólo él. Estaba todo serio y yo me decía: ‘¡Qué chabón! ¿Qué pensará?’ Después me dijo que le había gustado mucho un tema. ‘Y, ¿vamos a hacerlo?’, le pregunté con timidez, y me respondió: ‘Sí, sí’”.
“Mi idea es que el disco –puntualiza- siga siendo cancionero, que la voz esté al frente, pero con más arreglos rítmicos. Que sea más sanguíneo. Claro, van a estar la guitarra, la voz y algunos coros. Pero quiero también meterle alguna flauta traversa y trompetas, ese tipos de instrumentos”.
A caballo de su promoción, y de una bonita página web donde se pueden escuchar sus canciones Coiffeur también entró en la vida de muchos chicos y no tanto y el poder de la canción le sigue sorprendiendo. “Lo más lindo es lo que te cuentan, cosas fuertes. Es emocionante cómo la canción forma parte de la vida de las personas, y el poder de viaje de la canción. Nunca me la hubiera imaginado.”

De esos músicos que con sólo la guitarra y la voz te llega. Por más que ciertas frases sean tan inconexas. Son preciosas sus canciones.

Qué mal que vengo a leer esto tan tarde.

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