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El Cabildo. Cerca de la revolución


Por Graciana Castelli

La gesta de mayo de 1810 derrocó a las autoridades españolas y creó la Primera Junta integrada por criollos. El Cabildo, hoy figurita decorativa del paisaje porteño, fue el escenario imprescindible para concretar la hazaña. A tan sólo cuatro años del Bicentenario de la Patria, la idea es recuperarlo como parte de la memoria histórica del pueblo argentino.

El 24 de mayo por la noche, el coronel Saavedra y el doctor Castelli atraviesan la Plaza de la Victoria bajo la lluvia, cubiertos con capotes militares. Van a jugarse el destino de medio continente después de tres siglos de dominación española. Uno quiere la independencia, el otro la revolución, pero ninguna de las dos palabras será pronunciada esa noche. Luego de seis días de negociación van a exigir la renuncia del español Cisneros. Hasta entonces Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, ha sido cauto: ‘Dejen que las brevas maduren y luego las comeremos’, aconsejaba a los más exaltados jacobinos.
En Sin paraguas ni escarapelas, el periodista y escritor Osvaldo Soriano describió así la noche previa al 25 de mayo de 1810. Y lo cierto es que Cisneros, debilitado por la caída del rey Fernando VII de España en manos de Napoleón, finalmente renunció. Parece que Saavedra y su –todavía- compañero Castelli lo visitaron la noche del 24 y le hicieron entender que el pueblo no estaba a gusto con que lo nombraran Presidente de la Junta que reemplazaría su propia destitución como Virrey consensuada en el Cabildo Abierto del 22 de mayo. Al otro día juró el Primer Gobierno Patrio. Los protagonistas, hoy vestidos de calle, son más que conocidos: Saavedra, Paso, Moreno, Azcuénaga, Matheu, Castelli, Belgrano, Alberti y Larrea, entre los más renombrados.
El escenario revolucionario tuvo sede en el edificio del Cabildo -cuyo nombre deriva de capitulum, que significa a la cabeza-, y que no era otra cosa que una institución española que establecía el fundamento jurídico de toda ciudad, de acuerdo a las Leyes de Indias. Por eso Juan de Garay lo designa en 1580, al tiempo que suscribe el acta fundacional de la Ciudad de la Santísima Trinidad y del Puerto de Santa María de los Buenos Aires. “Era un cuerpo vecinal que solucionaba los problemas de las personas, pero a la vez también tenía el Poder de Justicia, de Policía (y la cárcel) y el Administrativo. Obviamente los que ocupaban los cargos eran españoles y por eso las consecuencias de 1810”, explica María Teresa Margaretic, museóloga del Cabildo.

SE VISTIERON PARA LA LÁMINA
La leyenda escolar dice que en aquella jornada lluviosa del 25 la Plaza de la Victoria -hoy Plaza de Mayo- estaba repleta de gente con paraguas. Hombres con galeras y mujeres con aparatosos atuendos retratan la historia. Pero difícilmente haya sido así: sólo los hombres ricos usaban paraguas -el resto se cubría con capotes-, y la moda femenina seguía un estilo que no marcaba la cintura y que imitaba a las romanas antiguas.
Una de los legados más significativos que actualmente guarda el Museo del Cabildo son los cuadros de los próceres. “Hay uno muy importante del 22 de mayo en el que están representados los patriotas en el Cabildo Abierto. El pintor hizo lo que iba leyendo en los documentos de la época, y entonces ubica a los personajes como figuraban en las actas. Ahí aparecen orando Castelli y Paso, y eso está hecho a propósito porque ellos son los teóricos que fundamentaron la toma de conciencia que fue la Revolución. La pintura muestra cuando están sesionando en la galería, y se ven telas en las dos puntas porque, según dicen los testimonios, hacía mucho frío”, describe Margaretic.

EDIFICIO MUTANTE
Tampoco el Cabildo de 1810 era el mismo que ahora. Por entonces tenía 11 arcadas que fueron desapareciendo con la capitalización de Buenos Aires hasta quedar reducidas a cinco. Las primeras tres fueron derribadas en 1890 cuando se hizo la Avenida de Mayo, y el resto en 1932 con la llegada de la Diagonal Sur. Si bien los cimientos son los originales, fue hecho y deshecho incontable cantidad de veces.
Cuando Garay crea la institución, sus funciones se cumplían en las casas de los propios cabildantes. Recién para 1608 comienza la construcción del primer Cabildo, con paredes de adobe y techo de paja. En 1720 surge un proyecto para hacerlo en ladrillo y termina de construirse en 1752. “Se tardó mucho porque existía el mismo problema que ahora: el Estado, que era la corona española, no era muy buen pagador y todo se demoraba”, cuenta Margaretic.
Su inicial estilo español con techos de tejas y barandas de hierro fue modificado durante la presidencia de Julio Argentino Roca que, luego de convertirlo Tribunales Nacionales, ordena su remodelación. Ahí se lo reviste de una arquitectura ecléctica, un poco francesa y un poco italiana.
En 1933 se lo quiere demoler porque estaba deteriorado y sus funciones habían sido trasladadas a otros edificios. “Los que lo salvan son los diarios La Prensa y La Nación porque dicen que tiene que ver con nuestras raíces y nuestra identidad española. Así fue como quedó en pié, y entre 1938 y 1940 comienza su restauración y se le devuelve el espíritu de 1810”, dice Margaretic.

EL BICENTENARIO
A poco de cumplirse 200 años de la Revolución de Mayo, el Cabildo nuevamente está siendo remodelado para la gran fiesta. En él juró el Primer Gobierno Patrio que, todavía lejos de la independizarse (los miembros de la Primera Junta le juraron lealtad al rey español), marcó el inicio de la vida política del pueblo argentino. El Cabildo, hoy monumento histórico, fue el artífice necesario para que aquella gesta revolucionaria –y no tanto- abriera el camino, seis años más tarde, al Congreso de Tucumán.
“Ahora estamos tratando de hacer hincapié en que si bien el Cabildo era una institución española, también fue la cuna de nuestra identidad y formación política. Acá juró el Gobierno Patrio, y a partir de 1810 empezaron a salir todos los ejércitos emancipadores –rescata Margaretic-. Con este mensaje deseamos llegar al Bicentenario, queremos que el Cabildo esté presente en las fiestas. En 1910 estuvo muy ausente, se hicieron regatas, vino la reina de España, la llevaron al Teatro Colón y al Parque Japonés pero no se hizo nada en el Cabildo. Entonces lo que queremos es recuperar esa parte de nuestra memoria histórica.”