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Enrique Symns


Por Gabriel Pérez

Cocainómano empedernido, en los febriles ochentas fundó ‘Cerdos y Peces’, la revista alternativa más importante de la cultura rock. Fue el monologuista que abrió los primeros shows de Los Redondos, hasta que lo echaron. Escribió biografías de Fito Páez y del grupo chileno Los Tres, ambas polémicas. Ahora llegó el turno de contar (parte) de su vida.


Vos no podés seguirme a mí, le increpó Charly García, que acababa de estrellar un pesado cenicero de metal contra un vitraux. Su cara, ya de por sí contracturada por el vicio narcótico, se tensó aún más. Su lengua, siempre filosa, esta vez no se pudo escapar de la cárcel impuesta por los dientes. Sus ojos, podridas pasas de uva que vieron derretirse llanuras y evaporarse ríos de estricina, temblaban. Al ver el estado de su contrincante, García se paró airoso, y con su arrogante estilo de caminar, se marchó ignorando gestos de adulación. Pero para Enrique Symns la venganza –y a esta altura de los años, la vida- se mete por la nariz de un saque. Entonces, cuando en otra noche de locura vio que por la entrada de una disco de los ochentas ingresaba quien años después sería Say no more, puso una bolsa arriba de la barra, y con paciencia de orfebre –para que nadie se perdiera su acto demencial- armó una raya larga y gruesa como una mamba y la jaló con furia. ¡Vos no podés seguirme!, fue el grito de guerra. Charly, vencido y ridiculizado, dio media vuelta y se perdió.
Escenas como estas se reflejan en El señor de los venenos, la autobiografía de Enrique Symns que recorre los años de experimentación con drogas, sus viajes por el mundo y su relación con el rock nacional. Fiel representante del estilo de Williams Burroughs, Symns repasó su vida en pleno estado de trance, escribiendo con la inconciencia de un chamán. “La editorial Alfaguara chilena me pagó por adelantado 2 mil dólares, pero después no lo quisieron publicar. Por eso lo escribí, porque tenía ese dinero. Sin plata no puedo sentarme frente a una computadora, porque necesito drogarme y emborracharme para escribir seis o siete horas por día”, revela sentado en el medio del salón del Bar Británico, ese tugurio anclado en Brasil y Defensa cuyas noches lo tuvieron de protagonista con amigos que luego –afirma- le hicieron sentir el veneno agridulce de la traición. “Traidor es el que no avisa, y yo siempre aviso. Creo que me lo habré buscado, porque ya es demasiada gente la que me puse en contra. En el panteón del rock, en el que yo viví muchos años, no me quedaron amigos. Por ejemplo, el Pelado Cordera, que vive acá a un par de cuadras, sabe que estoy en la mala y no me da una mano.”
Cuando habla de amigos que le fallaron, sus cañones apuntan irremediablemente al trío formado por el Indio Solari, Skay Beilinson y la Negra Poli, cantante, guitarrista y manager de los Redonditos de Ricota. Primero conoció a la Negra Poli, a quien confundió con una mina que lo quería engatusar. Pero lo que ella quería era presentar a las otras partes del tridente, para que se pudiera unir a la banda como monologuista. Luego de años de abrir los shows de Los Redondos –“Subía al escenario y por ahí hacía cinco días que no dormía, y me mandaba unas actuaciones endemoniadas.”- un día le prohibieron la entrada al camarín, donde tampoco accedían los otros músicos de la banda. “Siempre fueron tres, nos excluyeron a todos, y yo, que estuve hasta el final, nunca creí que no me iban a dejar afuera. Los problemas empezaron cuando el dinero entró en nuestras vidas. Yo creía que era todo por amor al arte y me equivoqué, ellos eran muy mezquinos con el dinero. Me acuerdo que en Rosario la gente me confundía con Patricio Rey, y yo estaba con Walter Sidoti disfrutando de ese privilegio: fuimos a todos lados gratis, a los prostíbulos, tomamos merca de arriba. Era un chiste, pero cuando se enteraron se enojaron mucho.” El otro detonante que resquebrajó la relación fue el crimen de Walter Bulacio, y la lavada de manos por parte del Indio Solari. “Fue el primer asesinato de nuestro rock, y el Indio no sólo no lo denunció, sino que no lo asumió.”

CERDOS Y PECES
El oficio de periodista lo encontró desprevenido fraguando unas encuestas en algún bar español. Pasaba todas las mañanas escribiendo crónicas sobre personas imaginarias. Y pensó que no lo hacía mal. Se había exiliado porque su mujer de entonces estaba en la mira de los horribles. Hacía poco que había muerto Francisco Franco, y en la península todo lo que el franquismo había echado a las alcantarillas ahora tomaba forma y se adueñaba de la calle. Drogas, promiscuidad, fiestas. Ese renacer lo trajo a la Argentina en 1984. “Había vivido de cerca esa experiencia y sabía que acá iba a pasar lo mismo, que todo se iba a destapar con el final de la dictadura.” Cerdos y Peces fue una revista que, como bien señala el Indio Solari en un reportaje que Symns le hizo para esa publicación, marcó un camino muy especial de los derechos humanos extendidos a los presos, a los gays: tenía una visión diferente de la ética y la moral. Reportajes inventados, textos de Juan José Saer, crónicas policiales de Ricardo Ragendorfer, travestis, indicaciones para comprar la merca más exquisita de la ciudad, todo se podía encontrar en esas páginas. Cuando Pinochet fue retirado con honores y senaduría eterna, Symns llevó su plan de destape a Chile, donde fundó The Clinic, y donde también supo ganarse enemigos. “Escribí la biografía de Los Tres, y Los Prisioneros me pagaron para que les escribiera la de ellos, pero al ver el resultado, se negaron.” Es que en la biografía inédita Symns cuenta, entre otros secretos, lo mucho que disfrutaba el cantante Jorge González al masturbarse compulsivamente mientras veía videos pornos y se tomaba un pase tras otro. Antes del clímax, según cuenta Symns, González le pedía: “Necesito que me penetres un poco Henry, es una fantasía que tengo”. Si bien no salió publicada la biografía, estas secuencias son contadas minuciosamente en El señor de los venenos. “El off the record es una ley del periodismo en la que estoy y no estoy de acuerdo. Si yo te digo que Iván Noble se la come, y no te digo ‘no lo publiques’, podés hacerlo. Y eso pasó con Jorge González, él en ese momento no me pidió que no lo contara, sólo se negó cuando ya lo había escrito.” Otro problema que lo alejó de Santiago fue la acusación de pedofilia al poeta y pintor Adolfo Couve, un intocable de la cultura chilena. “Conocí a un taxiboy que me reveló que Couve lo tuvo preso en su casa durante toda su infancia y su adolescencia, que lo convirtió en su esclavo sexual. Lo loco fue que nadie de la familia de Couve me denunció cuando revelé el secreto.” De vuelta en Buenos Aires, Symns adelanta que editará otro libro en agosto, Big Ban City. “Son historias terribles, casi todas ocurrieron acá en San Telmo, en las manzanas que rodean al Británico”, concluye, mientras sonríe nerviosamente, pensando, quizás, en su próximo reencuentro con la cicuta.

MAS TARDE QUE NUNCA (www.mtqn.com.ar)
Presenta a: Enrique Symns en Rosario
Monólogos, recitados e improvisaciones verbales
acompañado por El Berna.
Viernes 21 de Julio 22,30 hs Teatro del Rayo
Anticipadas en Disqueria "Otro Mundo", Pasaje Pam (local 10) y Teatro del Rayo

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7/12/07

22 hs
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Presenta a

Enrique Symns



en



“Invitación al abismo”



Monólogos, poesía, humor y canciones de un hombre equivocado





Con: Enrique Symns - Héctor Ledo

Músicos: Guillermo Monserrat - Federico Ruhl

Producción: Hugo Szmoisz





“Si miras al abismo, debes recordar que el abismo te mira a ti”





¡Únicas dos funciones, localidades limitadas!

Domingo 17 y 24 de agosto 22 hs.

Buenos Ayres Club - Perú 571, San Telmo





Entrada $20 - reservas al 4331-1518 ó invitacionalabismo@revistathc.com





“El único milagro es estar extraviado”



Enrique Symns en Invitación al Abismo



Enrique Symns en Invitación al Abismo



Enrique Symns es uno de los más grandes escritores que supieron habitar y retratar los márgenes de la sociedad argentina a lo largo de más de 40 años. Con su inigualable prosa y su sinceridad brutal, fue cultor de un periodismo crudo y ácido, libre de los eternos formalismos que ensucian y enmascaran el ejercicio de una profesión.

Fue redactor de los diarios La voz y Sur, colaborador especial del diario Clarín, prosecretario de redacción de Satiricón, jefe de redacción de El Porteño y fundador de la revista chilena The Clinic. En 1983 creó y dirigió por varios años Cerdos y peces, una de las revistas más míticas de la historia argentina, cuya impronta contracultural e innovadora fue difícilmente superada por otros medios.
Fue monologuista y presentador de los shows de Los Redonditos de Ricota, Los Piojos, Bersuit Vergarabat y Los Caballeros de la Quema , entre otras bandas. Es autor de los libros "La banda de los chacales" (1987), "Invitación al abismo" (1995), "Paez" (1996), "La última canción" (2003), "El señor de los venenos" (2004), "En busca del asesino" (2005), “Big bad city” (2006) y "La vida es un bar" (2008).
En la actualidad se desempeña como colaborador especial de la revista THC, columnista del matutino Crítica de la Argentina y del programa radial Falso impostor (FM Rock & Pop).





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