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Francisco Solano López


Por Graciana Castelli

El creador del rostro de Juan Salvo, el inolvidable personaje de ‘El Eternauta’, cuenta su gusto por el género erótico y hace una relectura de su trabajo con el guionista Héctor Oesterheld. Además asegura que la mítica historieta tiene aventuras para rato.

Cuadros. Una rubia de lacia cabellera y labios carnosos llega a una playa desierta. Cuerpo esbelto, finas caderas, pechos enormes esconden una diminuta bikini roja. Se recuesta al sol; se acalora; se zambulle en una ola. Pierde el corpiño, lo busca, no lo encuentra. Semidesnuda seca su cuerpo y se tira sobre la arena. Pezones rosados, brazos en cruz, piernas flexionadas, rodillas juntas, pantorrillas abiertas. Pronto no estará más sola. Un moreno de físico escultural se topará con la prenda perdida e intentará devolverla a su dueña. Dormida, ella se despertará asustada y querrá salir corriendo. Pero es tarde, el hombre ya la desea. Le siguen una escena de sexo tras otra.
La secuencia forma parte de un conjunto de historietas agrupadas bajo el nombre de Silly symphonies (Sinfonías tontas), un libro en el que a lo largo de casi 100 páginas se explota al máximo el género erótico. Mujeres despampanantes y hombres superdotados se mezclan en las situaciones más hot, en escenarios ocurrentes y cotidianos a la vez. Los dibujos se alternan entre planos generales y planos detalle de penes, vaginas y penetraciones que terminan siendo los protagonistas de las historias. La fidelidad trasmitida en las expresiones de rostros que transitan la sorpresa, la negación o el placer devalúan la palabra. Los narradores son los mismos cuerpos que dialogan.
Quizá sorprenda saber que el creador de estas historias de sexo explícito sea nada más y nada menos que Francisco Solano López, el dibujante que materializó el rostro de Juan Salvo, el mítico personaje de El Eternauta, la historieta de ciencia ficción imaginada por el guionista Héctor Oesterheld, que tan bien supo representar la situación política y social de la Argentina de los cincuentas.
Pero lo cierto es que para este artista, las mujeres han sido una constante en su vida. “Cuando vivía en Río de Janeiro paseaba todas las mañanas. Un día caminando por la playa vi a una chica tomando sol, entonces fui a casa, la dibujé y dije: ‘Algún día voy a hacer algo con esto’ (Ver contratapa). Tiempo después hice otra historia: una chica que estaba durmiendo sufre un intento de violación y llama a su amiga para que la ayude. Cuando llega la otra, la única forma que encuentra para salvarla es provocando sexualmente al atacante. Entonces lo dejan a él vacío de sexo y ellas terminan dándose un beso. Las llamé Silly symphonies, el nombre viene de un género de dibujos animados en color que se usaba en los años treintas cuando era chico. Así que usé eso medio humorístico, medio en joda, para el sexo.” Estas historietas datan de principio de los noventas, y fueron publicadas con éxito en Europa, y también en la Argentina.

CULPABLES
Solano López comenzó a dibujar cuando tenía cuatro o cinco años. Su padre, periodista, trabajaba en la Municipalidad y le traía hojas y lápices para que se entretuviera. “Yo andaba por la casa dibujando y él guardaba todo lo que hacía. Terminó armando una pila enorme de carpetas”, recuerda. Al poco tiempo su padre murió, la madre tiró los trabajos y él dejó de dibujar hasta los 15 años. “Volví a empezar en el Liceo Militar. Yo estaba pupilo y los miércoles teníamos los días de visita. A mis compañeros los iban a ver hermanas, novias, y primas, y yo después me quedaba con las caras de esas chicas en la cabeza y las dibujaba. Así que fueron las mujeres las culpables de que yo haya retomado el dibujo”, sentencia.
El liceo lo aburrió y terminó el bachillerato en el colegio Nacional Ave­llaneda. Fue empleado en la oficia de un tío corredor de bolsa, y también en el Banco Nación. Los ratos libres los dedicaba al dibujo y tenía la costumbre de ir al sótano de la Asociación Estímulos de Bellas Artes, en donde por 50 centavos tenía acceso a modelos vivos que retrataba por horas. Nunca estudió, sólo tomó algunas clases para aprender técnicas de composición y manejo de la tinta china y el pincel. Entre los 17 y los 22 años inició su recorrido por las distintas revis­tas, y en 1953, después de cinco años de golpear puertas y acumular rechazos, llegó Perico y Guiller­mina, su primera historieta. Fue también para esa época que le ofrecieron en la revista Misterix –una de las publicaciones más famosas- encargarse de las ilustraciones de la tira Bull Rocket que, hasta ese momento, realizaba un dibujante ita­liano. “En la editorial me dijeron: ‘Ves el trabajo que hace este tipo, bueno, tenés que dibujar como él, eso es lo que esperamos de vos’. Me llevé una pila de esos trabajos a mi casa y saqué el parecido. La verdad tuve muy buena suerte porque me dieron la única historia que me interesaba en ese momento. Sentía que era un trabajo hecho con inteligencia, talen­to, ca­pacidad literaria e imaginación.” El guionista de Bull Rocket era Héctor Oesterheld, y ese fue el principio de la dupla que le daría vida a El Eternauta (Ver El eterno retorno).

SEX – FICTION, Y OTRAS CURIOSIDADES
“Cuando me saturaba de la ciencia ficción hacía erotismo, y cuando me saturaba del erotismo volvía a la ciencia ficción.” Así de fácil explica el dibujante la alternancia entre ambos mundos. El objetivo: no aburrirse. Y aclara: “Dentro de lo erótico tengo variantes, por ejemplo hice una novela gótica de la época victoriana que fue editada hasta en Alemania, y que es una línea más dramática. En cambio, están las Sexy histories que es sexo explícito, algo que hoy deja de ser una rareza”. Entre sus trabajos más calientes también se encuentra una versión del videoclip del tema Crazy de Aerosmith, en dónde las protagonistas se atreven a hacer todo lo sugerido en la pantalla chica.
Pero hay más y para todos los gustos. El primer Eternauta terminó de publicarse para 1959, y entre ‘63 y el ‘68 Solano López se fue del país y trabajó para la editorial inglesa Fleetway. Con el guionista Ricardo Barreiro editó Slot Barr y Ministerio. Junto a Carlos Sampayo creó Evaristo, un policial ambientado en los cincuentas. En 1984 se instaló en Río de Janeiro desde donde colaboró con una editorial alternativa de los Estados Unidos para la que hizo, entre otras cosas, una historietización de la parte central de Operación Masacre de Rodolfo Walsh: “Está hecha toda a lápiz. En la escena final se muestra cómo quedaron tirados en el camino los cuerpos de los fusilados de José León Suárez. Y cómo página agregada tiene a las Madres de Plaza de Mayo, a Walsh recorriendo el lugar, y un último cuadrito con los laureles marchitos de Aramburu”.
En 1995 regresa a la Argentina y hoy, junto al dibujante y guionista cordobés Pablo Maiztegui -a quién conoció en España a través de sus hijos-, continúa haciendo El Eternauta. El primer trabajo que hicieron juntos sobre la mítica historieta fue El mundo arrepentido: Juan Salvo es atraído hacia la Tierra por un grupo de jóvenes científicos argentinos a través del Experimento Uritorco. Pero ahora la nueva pareja apuesta por El regreso, y promete que habrá Eternauta para rato: “La búsqueda de Elena (la esposa perdida de personaje) va a ser de 192 páginas. Cuando se termine ahí veremos si Juan Salvo empieza a contar alguna de las aventuras que vivió en el Cosmos, o en algún lugar remoto pasado, presente o futuro. O si de alguna forma él se involucra con situaciones del mundo actual.” Pero la ambición va mucho más lejos: “La idea es mantener un centro especializado de El Eternauta entre Pablo y yo, y que otros dibujantes y guionistas se hagan cargo de las historias laterales”. La tira se publica tanto en Italia como en la Argentina.

EL DIBUJANTE
A poco de cumplir 78 años, a este veterano de la historieta no le tiembla el pulso: “Yo dibujo a lápiz y después las partes más importantes las paso en tinta. En Córdoba vive mi ayudante, Julio Schiaffino, que también intervino en el primer Eternauta. Y cuando termino una página se la escaneo y se la mando por mail con una notita explicándole cómo quiero que resuelva algunas cosas. Él me las manda de vuelta, y dos o tres días antes de mandar la publicación del mes me junto con Pablo para darle una revisada. Ordenamos todo, lo afinamos, y le hacemos los retoques necesarios”.
Solano López es un auténtico autodidacta. Lo suyo es el dibujo, y ni el avance tecnológico, ni el paso del tiempo lograron desterrarlo de su patria de papel. “Yo no soy guionista, me aburre, lo que me gusta es dibujar lo que escriben otros, tal vez sea una limitación que tengo. El argumentista lo que da es la sustancia, la línea de las cosas que pasan. El clima, el feeling, la llegada al lector se consigue a través de la imagen. Una buena historieta es aquella en donde el lector comienza a entender lo que sucede antes de empezar a leer. Mi tarea siempre fue darle forma a lo que otros inventaban en forma de diálogos, y con eso me gané la vida.”

che, por favor, hagan algo con el contraste letra/fondo, es complicadisimo leer la letra gris sobre el fondo rosa.
gracias
a.

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