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Fundación PH 15. Fotografía en Ciudad Oculta


Por Lucía Turco

En Ciudad Oculta funciona un taller de fotografía que busca dar a los chicos un modo de expresión a través del arte. Sus obras se vendieron en Estados Unidos y recorren el mundo. Sus directores prevén extender el proyecto a otros barrios.
Fundación PH15 es el nombre del taller de fotografía que desde el 2000 funciona en uno de los barrios de emergencia más violentos de la Ciudad de Buenos Aires, conocido como Villa 15 o Ciudad Oculta.
Todo empezó cuando Martín Rosenthal, director del proyecto junto a Moira Rubio, estaba haciendo un trabajo como fotógrafo en el barrio y un grupo de adolescentes se acercó. Él tenía un tiempo libre y la idea de hacer algún taller de ese tipo, y los chicos le contaron que querían aprender fotografía pero que era algo imposible. “Fue una cosa mutua”, dice Rosenthal. Les encargó que buscaran el espacio físico para hacerlo y a los 15 días de ese primer encuentro arrancaron con algunas máquinas viejas y películas vencidas, que sirven igual.

HABLAR CON IMÁGENES
Al principio eran diez. Hoy son alrededor de 30. Hasta 2005, el programa del taller era de dos años y ahora se implementó el tercero, en el que se enseña fotografía digital y está dedicado a chicos de entre 13 y 20 años.
Los primeros materiales los consiguieron golpeando puertas de amigos, colegas fotógrafos y negocios. “La cámara que usan al principio es una muy elemental y económica que, en este momento, estamos consiguiendo a seis pesos en Estados Unidos, más barata que en Argentina”, cuenta Rosenthal. Un par de años después consiguieron donaciones de cámaras profesionales, entonces empezaron a estudiar técnica fotográfica y manejo de cámara, incluyendo laboratorio blanco y negro. “Pero no perdemos de vista la esencia del taller, que es la expresión fotográfica, en contraposición a lo que sería un taller de técnica fotográfica”, explica. Y en este sentido, el taller funciona al revés que cualquier escuela de fotografía donde primero te enseñan el manejo de la cámara y la técnica. “Lo que se le plantea a los chicos es que van a tener un nuevo lenguaje, que van a aprender a decir lo que quieran a través de imágenes, y por eso se parte del análisis de la foto, cómo hacer que funcione, que transmita lo que cada uno quiere decir, ese es el corazón del taller.”

FOTOS DE TODOS LADOS
Las fotos del grupo que integra PH15 no son fotos de la villa, son de todos lados. Rosenthal cuenta que otro de sus objetivos es que los chicos se conviertan en artistas y se los respete como tales. “Ponemos sus fotos en pie de igualdad con las de cualquier otro fotógrafo. No importa el contexto, nosotros lo mencionamos porque nos parece importante mostrar en lo que creemos: la educación a través del arte.”
A diferencia de otros talleres que funcionan en Ciudad Oculta, que están orientados a una salida laboral, el de PH15 apunta a encontrar otra manera de comunicarse. “Conseguir un trabajo como fotógrafo en Argentina es casi imposible, por lo que decirle a los chicos que van a tener una salida laboral sería casi mentirles.” Aunque, como dice Moira Rubio: “A la larga si también le enseñás a un chico a comunicarse con el resto de la comunidad con la que no interactúa en lo más mínimo, le estás dando una herramienta para que salga del barrio y pueda conseguir laburo”.
El taller funciona los sábados en Conviven, Centro de Convivencia para la Familia, en la villa 15. Allí disponen de tres aulas, un espacio donde funciona el laboratorio y un salón de usos múltiples donde suelen convocar a fotógrafos profesionales para que dialoguen con los chicos.

LENGUAJE MUNDIAL
La mayoría de las fotos son en blanco y negro y están reunidas en un libro. Además, sus obras han viajado a muestras fuera del país. Expusieron en Madrid y cuatro veces en Estados Unidos, donde un museo compró una foto de cada uno de los chicos para su colección permanente. En la última inauguración en ese país se hizo una videoconferencia a través de Internet y los alumnos de PH15 pudieron ver sus fotos expuestas y hablar sobre sus obras con los visitantes. “Eso es fascinante, se cierra la brecha cultural de una manera impresionante”, dice Rosenthal. “Una cosa es que te cuenten que hay mucha gente y otra cosa es verlo y hablar con la gente”, comenta Nanci Alfonso, que cursa actualmente el tercer año del taller. Mitad de la venta de las fotos va para los chicos y la otra mitad para seguir manteniendo la fundación.
“A mí me enseñan más ellos de lo que yo les enseño”, asegura Rubio. “Trabajar con los chicos, te desprejuicia, ellos tienen imágenes muy viscerales y te llevan a sacar imágenes de ese estilo y a usar menos la cabeza.”
La fundación no cuenta con ningún financiamiento permanente. Se reciben donaciones puntuales de empresas y de particulares, pero ningún aporte fijo de organismos públicos ni privados. PH es la sigla internacional que identifica a la fotografía y 15 es el número que el Gobierno le asigna al barrio de emergencia donde funciona el taller. La idea de Rosenthal y su equipo es extender el proyecto a otros barrios de emergencia, por lo que surgirían nuevos PH, con distintos números o denominaciones.
Hay otros talleres en el mundo como PH15, por ejemplo en África, cuyas fotos Rosenthal encontró parecidas a las de sus alumnos, “es como que hablasen el mismo idioma”, dice.