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Gabriel Schultz

Por Milena Marcovecchio

Fue DJ, técnico en computación y docente. Logró posicionarse como periodista dentro del mundo de la radio, pero va por más y este año intentará imponer su estilo ácido en la tele con la nueva versión de ‘TVR’.

El que dijo que para estar en la tele había que ser simpático y obsecuente con los famosos, sin duda se equivocó, no sólo porque no es necesario para sacarles una buena declaración, sino también porque quedó demostrado gracias a aquel Licenciado de Relaciones Humanas del programa Ardetroya en 2003, que se puede tener mala onda y preguntar desde el lugar de un hombre cualquiera. Así lo interpretó Gabriel Schultz cuando Matías Martin lo convocó para participar de aquel programa que salía de lunes a viernes a la medianoche por América. Allí se avinagró y arremetió con cuantas celebrities se encontraba en eventos. Pero Schultz, si bien era un perfecto desconocido hasta ese momento, ya tenía una larga trayectoria en los medios.
Su primera participación en televisión fue detrás de cámara como productor de Parece que fue ayer, el programa que conducía Pinky en Canal 9, en 1993. Pero su gran amor, lejos, es la radio. “Si me la quitás me muero, siento que pertenezco a ella, la televisión es un agregado que se le vino a mi vida, que agradezco y por supuesto valoro”.

EN SINTONÍA
Hace 17 años que descubrió la magia radial, cuando en el año 89, todavía cursando la carrera de periodismo en TEA, lo llamaron para trabajar en Radio Municipal (hoy Radio de la Ciudad). “Ahí empecé atendiendo el teléfono en un programa que tenía Carlos Abrevaya, luego entré en La Red y simultáneamente durante un tiempo también trabajé en Rock and Pop”, dice. Este incursionar temprano en el ambiente radiofónico le permitió codearse y trabajar con históricos del medio como Fernando Bravo, Adrián Noriega y Juan Carlos Badía, siempre desde la producción. Luego con la llegada de Marcelo Araujo a La Red, se acercó al micrófono y creó un personaje que, asegura, le dio algunas satisfacciones: “Hacía un gay que se llamaba René y un día vienen a promocionar la obra de teatro el elenco de Los Mosqueteros: Darío Grandinetti, Juan Leyrado, Miguel Angel Solá y Hugo Arana, y cuando entraron Grandinetti y Solá lo primero que preguntaron fue quién era René, y cuando le respondí que era yo, no lo podían creer. A mí me temblaban las piernas, que dos grossos como ellos que yo admiraba y veía en el cine en películas como Esperando la Carroza o Darse cuenta preguntasen por mí, fue una gran satisfacción que me dio esta carrera”.
Todo este periplo por diferentes radios se dio en un lapso de diez años ininterrumpidos. En el medio, una vez egresado, también se dedicó a la docencia, dictando clases de radio en la escuela ORT (entidad perteneciente a la colectividad judía), trabajo al que renunció cuando conoció a Matías Martin.
Entró como segunda opción, pero como en los medios casi siempre las oportunidades se dan en el momento menos esperado, el caso de Schultz no fue la excepción. La novia del átomo fue la excusa, así se llamaba el programa que en 1995 Martin conduciría por la Rock and Pop, y para el cual lo convocó. “Yo renuncié a mi trabajo en la escuela y empecé a laburar con él, desde ahí no nos separamos más”, asegura con un dejo de orgullo. Y no se equivoca al sentirlo así. Hoy también comparten la conducción en Basta de todo, programa que sale todas las tardes por Radio Metro y que se encuentra entre los de mayor audiencia en su franja horaria. “Cuando empecé a estudiar soñaba con estar en la radio y hacer esto que estoy haciendo, pretendo seguir en este programa hasta que me muera, estoy feliz con Basta...”, asegura con una sinceridad casi tan absoluta como las sentencias que suele decir todos los miércoles a las 16.00 y que finalmente plasmó en su libro Máximas de un hombre cualquiera.

MUCHACHO DE BARRIO
Este adicto a la comida, como él se define, nació en La Paternal, y creció jugando al fútbol en el potrero. Su barrio le dio el fanatismo por Argentinos Juniors. Con nostalgia recuerda que su infancia se vio atravesada irremediablemente por esa cultura barrial. “Yo iba a la escuela a la mañana y a la tarde iba a ver el entrenamiento de Argentinos con mis amigos, esa era mi vida. Mucho tiempo en la calle pateando la pelota”. Historia simple, sencilla, de un chico que formó parte de una familia de “clase media normal”. Entre los 18 y 21 años, hasta que entró a la facultad de Ingeniería, se ganó la vida como técnico en computación. Luego de estudiar tres años Ingeniería en Sistemas, se dio cuenta que eso no era lo suyo. Y casi paradójicamente fue la radio quien le hizo cambiar de carrera. “Un día escuché en un programa que abría una escuela de periodismo, y me anoté”.
Su relación con las mujeres siempre fue todo un tema: “Me encantan pero tuve muy poco éxito, no soy un tipo lindo y tuve muchas frustraciones amorosas. Tuve que laburar mucho desde la palabra, eso me hizo leer bastante, por eso creo que mi basamento cultural se debe a mi frustración con las mujeres”, sostiene con resignación. También probó siendo dj, pero como asegura, “el mito de que todos los djs ganan mujeres a lo loco”, con él no ocurrió. Sin embargo, se casó hace casi 14 años y tuvo dos hijos, Brenda de 8 y Alan de 5.

DÍGAME LICENCIADO
El reconocimiento y la fama llegó sin dudas con el Licenciado en Relaciones Humanas de Ardetroya, personaje que se caracterizó por su mal humor a la hora de entrevistar a los famosos. “Le pedí a la producción salir a la calle para hacer esas notas con mala onda. Iba a eventos y veía siempre a las mismas personas, entonces actuaba de que la estaba pasando muy mal”.
Con esta actitud, si bien tuvo algunos encontronazos con famosos, con otros logró una afinidad que todavía conserva, “la gente terminaba apreciando lo que yo hacía, porque muchos odian a los noteros -como por ejemplo Mariano Martínez, Nicolás Cabré y Fito Páez - conmigo se prendían a hablar porque sabían que era con buena leche y no preguntaba lo mismo que los demás”.
Sin embargo, como “no todos entendían el juego”, quien hacía a este desconocido absoluto que se atrevía a ridiculizar por momentos a un artista, recuerda una situación complicada: “Una vez estaba entrevistando a Patricio Giménez, el hermano de Susana, y él comienza diciendo en la nota que estaba cantando, entonces yo le digo:`No, dale hablemos en serio´, se enojó y no quiso continuar la nota, pero ahora tenemos la mejor”.
Lejos de sentir que este notero atrevido y diferente pudiera generarle algún estigma dentro del medio, Schultz continúo y asegura que le llevó un tiempo entender como era el juego, pero cuando se dio cuenta empezaron a salir las mejores notas.

TELEVISIVAMENTE
Su rapidez de reflejos y gambeteo le permitieron posicionarse y participar de otros programas, así llegó Argentinos, somos como somos, junto a Andy Kusnetzoff, programa que medía bien, pero que terminó abruptamente: “Ahí hubo una cosa rara, nunca supe porqué se levantó, lo que sí sé es que yo me enteré leyendo el Clarín”.
Su imagen fue ganando terreno y casi de manera premonitoria fue convocado para hacer una suplencia de Fabián Gianola en Televisión Registrada, prueba que luego de superada le permitió dejar la puerta abierta en un futuro, hasta ese momento, incierto. Posteriormente se sumó al plantel de Indomables (hoy Duro de domar), experiencia que no repetiría. “Con Roberto Pettinato me llevé muy bien trabajando, pero no me veo volviendo al panel, casi como una figura decorativa, no me parece útil para mi carrera”. También fue el conductor de ¿Qué sabe usted de televisión? en Canal 13, pero el rating lo dejó solo y el programa fue levantado al poco tiempo.
Finalmente, y casi de sorpresa, el ciclo TVR, que durante seis años encabezaron Fabián Gianola y Claudio Morgado, llegó a su fin. Esa suplencia inesperada de Schultz tiempo antes daría su fruto. Pasaría a conducir la nueva temporada junto a José María Listorti. Sin embargo, la nueva dupla televisiva tendría un traspié y el programa duraría sólo cinco meses debido a la censura que sufrió la productora PPT por llevar como invitado a Mario Pontaquarto, el arrepentido confeso de las coimas del Senado. Esto no sólo dejó sin aire al programa, sino que precipitó el cambio de canal y dejó en el camino a Listorti como compañero de Schultz. Se exaspera cuando recuerda el hecho: “La gente que cometió semejante acto de censura no ha sido castigada, se vuelven locos porque le dimos pantalla a Pontaquarto y no sienten lo mismo cuando invitan a Menem. ¿Darle un canal a José Luis Manzano está bien y en ese canal no puede hablar Pontaquarto?, a mí me resulta extraño, pareciera que entonces hay un corruptómetro”.
Si bien la suerte no lo acompañó demasiado respecto a los ciclos televisivos, Schultz confiesa no sentirse mal. “Hay una carrera por medir bien con el rating casi sanguinaria”, pero a pesar de las malas experiencias que le tocó vivir, sigue intentándolo. Comenzará en Canal 13 a partir de la segunda quincena de marzo un nuevo intento para reflotar TVR. En esta oportunidad estará acompañado de Sebastián Wainraich, de quien opina sentirse muy cerca en cuanto al estilo.
A los 39 años Schultz confiesa que, si bien es feliz con Basta de Todo y TVR, aún no ha “tocado su techo”. Habrá que ver si en este año, por fin, la tele deja de ser esquiva a su humor sarcástico.

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