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Humberto Tortonese


Por Milena Marcovecchio

A fines de los ochentas, transgrediendo lo establecido se inició e hizo del teatro su sello de distinción. Con un talento implacable trabajó con Gasalla y se sentó en el living de Susana Giménez bajo la piel de la diputada Gasconcha. Acompaña mañana y tarde a Elizabeth Vernaci en la Rock & Pop. Es coequiper de Mariana Fabbiani en RSM, y con su obra, La voz humana, esta por salir de gira ¿Se le puede pedir algo más?

Las Rimas y leyendas de Becquer fue lo primero que hizo en ese subsuelo de creatividad: El laboratorio, como generalmente lo llaman los de su generación. Tuvo la suerte de conocer y formar parte del teatro underground que se gestó y ganó terreno con el ocaso de la última dictadura militar, y el Parakultural fue el epicentro. Sin saber que en ese lugar en donde reinaba la improvisación se estaba generando vanguardia, Humberto Tortonese dio las primeras muestras de lo que vendría años más tarde.
Humor negro y grotesco fue la fórmula. Sin embargo, como dirá él más adelante, todo surgiría sin pensarlo. Hoy, su naturalidad y espontaneidad para decir las cosas siguen siendo sus principales características.
La perra Angélica, testigo omnisciente de su presente, se recuesta sobre una alfombra y da lugar para comenzar la charla.

CULTURA SUBTERRÁNEA
- Tu comienzo en el teatro fue nada menos que al lado de Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, ¿como se dio?
- Ese trío se formó sin querer, al principio cada uno hacía sus presentaciones, después la vida nos fue uniendo y a mí me sirvió muchísimo porque era todo creatividad, lo que leíamos lo hacíamos a la noche en el Parakultural. Batato era un ser único, con luz propia, al igual que Urdapilleta, cada uno con un potencial terrible.

- Las circunstancias políticas del país también influían mucho, ¿no?
- Sí, tal cual, porque los medios donde vos podías expresarte libremente eran esos, los teatros eran muy oficiales, no es como ahora que cualquiera puede estar en cualquier lado, en ese momento era algo realmente marginal. Era un laboratorio que surgía sin estar pensado, no decías: Voy hacer algo que sea marginal, o voy a este lugar que es marginal. Ahora todo es decorado, pero en aquel entonces esa decoración era lo natural del lugar.

Con una estética propia y un público que no se comportaba como tal, porque al igual que los actores también tenía vía libre y el mismo espíritu desacartonado, el submundo -en su forma más literal- que creó el Parakultural fue un semillero de artistas en todas sus variantes.
Tortonese hoy cuenta con un reconocimiento que, a pesar de haber realizado innumerables obras dentro del circuito under (Ver: Mis...), se detonó en 1992 con su aparición en el programa de Antonio Gasalla. “Era lo mejor que había de humor en ese momento, y con Urdapilleta hacíamos los sketches que realmente eran otra cosa en la televisión. Eran parte de lo que ya veníamos haciendo y Antonio nos dio libertad, eso fue lo que provocó una explosión”, recuerda.
Si bien es cierto que todo lo que hacía era por amor al arte, también había que comer y para eso trabajó de cadete, hizo una publicidad para la marca Suchard, y fue mozo en la Dama de Bollini, restaurante top de la época, que le permitió alternar entre noches de bohemia y un trabajo con sueldo fijo.

EN SINTONÍA
Volvió a la tele, luego de su trabajo con Gasalla, de la mano de Susana Giménez en donde una vez más hizo lo que quiso. Pero en esa oportunidad se metió en el personaje de la diputada Gasconcha. Verborrágico y sin sutilezas pintó como nadie la década menemista. Recuerda que la criatura nació de una borrachera con amigos, y cuando lo llamaron para el programa la propuso y anduvo. “Primero me dijeron que tuviera cuidado con el horario, tenían un poco de miedo, pero después nadie se preocupó por lo que decía. Nunca me censuraron, la misma Susana no quería enterarse antes para divertirse al aire”, asegura.
Hoy, al lado de Mariana Fabbiani y sin personajes que lo camuflen, Tortonese sigue siendo el mismo, todas las noches en RSM por América pasa revista de la farándula y, sin pelos en la lengua, no deja títere con cabeza.

- Tenés lo grotesco y el humor negro muy incorporado a tu persona, ¿siempre fuiste así?
- En realidad uno tiene un mundo que lo va acompañando, pero de chiquito no era tan del humor negro. No recuerdo bien la edad pero agarraba la poesía negra o cualquier otra y le buscaba algo para adaptarla a una forma que realmente me gustara.

- ¿Hoy el sistema minuto a minuto para medir el rating es una presión extra para trabajar con lo humorístico?
- Es todo un circo porque es un juego nuevo, todos arman algo para ver cómo funciona. Yo creo que los que están del otro lado lo toman como divertido. Hay una locura de los que hacen televisión, de los que están detrás diciendo: Cuidado que esto funciona bien. A veces la tele tiene ese mundo de locura insoportable. Pero es ridículo eso del minuto a minuto, las cosas siempre a la larga también cansan. No hay algo que dure tanto. El único es Tinelli, que no se sabe todavía porqué. La pelotudez no sé cómo se mantiene tanto. El año pasado ocurrió lo mismo con Susana, también miraban quién hacía más puntos y era terrible, lo viví poco en ese momento, pero si yo medía 28 puntos probablemente hubieran dejado a la diputada todos los días. Es ridículo, si el que se metió en el horno andaba bien, seguían quemando gente (risas).

- En la radio, con Elizabeth Vernaci (Radio portátil y Tardes negras por Rock & Pop) el minuto a minuto no cuenta, hay un espacio ganado, y transmiten un vínculo muy fuerte entre los dos, ¿no hay límites?
- Con La Negra en realidad no es que no haya límites, nos permitimos decir lo que se nos ocurre y eso realmente esta bueno. Creo que no lo censuran por eso, porque uno es auténtico, porque no estás puteando por putear. La verdad es que a la radio la disfruto muchísimo, pero también porque es La Negra, porque con ella pude encontrar esa conexión que también me pasó con otros seres. Nos retroalimentamos el uno al uno.

- Estás nominado por mejor labor humorística en radio para los premios Martín Fierro, ¿como lo vivís?
- No es un premio que me importe tanto, me importó mucho más el Premio Clarín (mejor labor unipersonal por La voz humana) u otro que sea por actuación en donde los que votan son actores y tienen algo más de prestigio. La gente que está en Aptra no sabés quién es, la mayoría son mamarrachos, ya las ternas son medias ridículas. En 2003, que era por la diputada, estaba con Gasalla, Florencia de la V, y no tenía mucho que ver. Se arman mal las ternas, ahora estoy compitiendo con Alejandro Dolina y yo no lo veo como alguien que hace humor en radio, sí como hombre de radio.

- ¿Pero vas a ir?
- Sí, si no me coincide con alguno de mis compromisos. Tampoco es que me muero por ir, ya fui un par de veces y te das cuenta de cómo son las cosas.

UN SER COMPLETO
Angélica va y viene entre trípodes, reflectores y cámaras de foto. La invasión a su territorio ya le esta empezando a molestar. Es la única que tiene permitida la estadía completa en la casa, y lo sabe. A pesar de estar hace 20 años en pareja, este actor multifacético optó por no formalizar bajo un mismo techo para cuidar la relación. “Podés viajar, salir, tener una compañía, pero no la convivencia que desgasta todo, ¡y el humor de cada uno es tremendo!”, confiesa con esa gestualidad que le nace naturalmente.
Si bien el teatro es el lugar en donde mejor se mueve, a la radio aprendió a disfrutarla, la tele fue un tentempié de ocasión que le acercó la popularidad que muchas veces las bambalinas y las tablas demoran en traer. Y en la pantalla grande también se dio el gusto de actuar: La cruz del sur se llamó la película en donde -bajo la dirección de Pablo Reyero- encarnó a un travesti, un personaje de alto voltaje erótico al que también se le animó. “Me ofrecieron bastantes cosas en cine que rechacé y no me equivoqué. No era trabajar por trabajar, eso es lo bueno que me dio el Parakultural, el decir: ‘Bueno, ya que estoy haciendo lo que me gusta y lo disfruto, seguí haciéndolo. Generá cosas que te gusten que eso es lo bueno’”, asegura con la convicción de los que a la vida le conocieron todos sus costados.
Humberto Tortonese a los 41 años no para. Su segunda película está en camino, es una coproducción con España, de la cual lo único que puede adelantar es que se pondrá en la piel de un policía corrupto. El guión tiene mucho de cómics y de personajes grotescos, pero por el momento sólo es un proyecto en proceso de gestación.

AL LEER ESTA NOTA ME DI CUENTA DE QUE HUMBERTO A PESAR DE SER UN ACTOR CONSOLIDADO, POR MOMENTOS PARECE UNA PERSONA MUY CERCANA DEBIDO A SU CALIDEZ Y ADEMAS ES MUY HUMANO Y ES POR ESO QUE CADA DIA AUMENTAN MIS DESEOS DE CONOCERLO PERSONALMENTE Y PODER CHARLAR UN RATO CON EL. NO CREO QUE SEA TAN IMPOSIBLE COMO PARECE.
IGUAL HACE RATO Q UE ME DOY CUENTA DE QUE ES UNA PERSONA ACCESIBLE Y ES MUY QUERIBLE, ADEMAS DE ESPONTANEO.

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