« Home | Coiffeur, guitarra y voz » | Sobreviviente de la Guerra de Vietnam » | Armas, mercado negro y regulación dudosa » | Vendedores ambulantes vs. comerciantes » | Número DOS - diciembre 2005 » | Mondongo » | Pez » | Sebastián Wainraich » | José Yudica, el exiliado del fútbol » | Memoria del cacerolazo »

Julio Pan, el coiffeur de los futbolistas


Por Federico Amigo

El peluquero supo conjugar su pasión por la pelota con su oficio. Su local hace las veces de museo futbolero y pasarela de jugadores, técnicos y árbitros. Más de 80 remeras, unas cuantas fotos y firmas por doquier adornan la excéntrica peluquería.


Julio Pan, autoproclamado coiffeur de los futbolistas, juega en toda la cancha. Mientras fuma un cigarro, atiende el celular y entretiene a la clientela con algunos chistes, se dedica a lo suyo: cortar el pelo. Y cada vez que guarda plata en la caja besa sus estampitas. “A ver si se enojan”, explica.
La peluquería, enquistada en plena Villa Crespo, oficia de museo. Las paredes del local ostentan lo que cualquier amante del fútbol quisiera tener: remeras de todo tipo, color y tamaño. En el extraño mundo de Pan conviven defensores y atacantes, técnicos y árbitros y también, cuando no, periodistas. Wálter Samuel, Leandro Gracián, Ernesto Farías, Carlos Salvador Bilardo, Javier Castrilli y Martín Liberman son sólo algunos de los hombres que encomendaron su suerte a las artísticas manos del coiffeur. En medio de ese hábitat, Julio es el anfitrión perfecto. Vozarrón al mejor estilo Basile, pelo largo, enrulado y con reflejos, y algunos kilos de más convierten a Pan en el showman del lugar.
“De a poquito empezaron a venir los jugadores y se armó esta especie de museo, que está bueno”, cuenta. El local abrió sus puertas hace 12 años y a partir del boca a boca fue nutriéndose del mundillo de la pelota. “Un amigo, me regaló una bufanda del Liverpool y ahí arrancó todo”. Después, lo que comenzó como una simple atención se volvió práctica cotidiana: cada cliente deja una ofrenda en forma de casaca, guantes o una simple frase de afecto. “Todas las remeras valen lo mismo. Hasta los que no son de jugadores”, dice el acreedor del tesoro futbolero.
Antes de emprender su sueño peluquero, le dio rienda suelta al fútbol. Pero desde dentro de la cancha. Era estratega, diez y, dicen en el ambiente, sabía con la pelota en los pies. Pan comenzó su carrera en Defensores de Belgrano, hoy en la Primera B, y se despidió en Fénix, actualmente en la C. “No sé si jugaba bien, pero terminé así… de peluquero”, opina, entre risas.
Su oficio también le permitió conocer a Bilardo, el técnico campeón del mundo y uno de los personajes más coloridos que dio el fútbol nacional. El Doctor dirigía a Estudiantes en 2003 y su ayudante, Miguel Ángel Lemme, pasó por las tijeras de Pan. El domingo siguiente El Pincha ganó y, por expreso pedido de Bilardo, Lemme convidó a Julio a que le cortase el pelo a todo el plantel. “Estuve siete fechas mientras se mantenía líder del campeonato. Me iba todas las semanas hasta City Bell”, recuerda. Pero cuando la suerte del equipo cambió, la cábala terminó y los viajes por la autopista Buenos Aires - La Plata también quedaron sepultados: “Cuando Estudiantes perdió Bilardo no me llamó nunca más”.
Pablo Santillo, arquero de Banfield y ex Atlanta, se transformó en el hijo dilecto de la peluquería. Tres buzos, dos pares de guantes y algunas fotos del portero forman parte del tesoro mejor guardado de Pan. “Es un fenómeno”, opina. Cuando Atlanta jugó un clásico contra All Boys, en cancha de Ferro, Pan, fervoroso hincha Bohemio, estaba en los famosos edificios con vista al estadio. Santillo lo sabía y cuando salió el equipo le pidió a los jugadores que saludaran al coiffeur. “En una jugada descolgó un centro con una mano, sacó rápido y levantó la cabeza para dedicármelo. Fue un lindo gesto”.
Si tuviera que elegir alguien a quien cortarle el pelo, Julio no tendría dudas. “Al Diego”, responde con cero gramo de sorpresa y en obvia referencia a Diego Armando Maradona. Casi lo logra, pero la suerte le fue esquiva. Martín Liberman, asiduo visitante del local, se puso el traje de Julián Weich (sólo por un rato) e intentó cumplir el sueño del peluquero. Le aseguró que antes de la presentación de Yo soy el Diego de la gente, el libro del crack de la pelota, iba a pasar sus tijeras por las mechas del Diez. Julio se acercó al Hotel Hilton y se prestó a cumplir el esperado anhelo: “Le corté a Guillermo Coppola, al cuñado del Diego, pero a él no pude. No dio el tiempo. Me quedó la espina, pero sé que algún día le voy a cortar”.
A fines de 2004, Julio brindaría por un año auspicioso laboral y emocionalmente. Pero algún profanador de ilusiones quiso arruinarle las Fiestas y le robó sus preciados regalos. “Me sacaron 70 camisetas, 30 bufandas y algunos pantaloncitos. Dejaron vacío el local. Se llevaron mi corazón”, rememora con una mezcla de bronca y angustia. Deja pasar unos segundos y reproduce una sensación más atinada de acuerdo a la mística Pan: “Me quería pegar un tiro en los huevos”. De a poco fue recomponiendo su colección de remeras y la peluquería volvió a su cauce normal.
Julio supo pergeñar una peluquería con su gusto y estilo, donde él se transformó en el personaje más excéntrico dentro de ese mundo. No le gusta trabajar a la mañana, prefiere dormir. Por eso, acostumbró a los clientes a atenderse de noche. Llega al local a las 16 horas, pero sabe que la peluquería no admite horario de cierre. “Una vez me quedé hasta las 4 de la matina. Ese fue mi récord”, cuenta orgulloso.

Hi! Just want to say what a nice site. Bye, see you soon.
»

I find some information here.

lastima que ahora fue sopre

Publicar un comentario