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Litto Nebbia


Por Gabriel Pérez

Una niñez pobre en Rosario, éxito desmesurado a los 20, contratos leoninos con las multinacionales, Melopea, giras por Europa, una carrera prolífica: la vida del ex líder de Los Gatos es mucho más que la controversial historia de La balsa.

Ya era una rutina: una vez por semana, pasado el mediodía, una manito se estiraba por sobre el mostrador agitando un billete de diez pesos. El dueño de la disquería sonreía cómplice y abría la puerta de la sala de audición. Pero el nene de nueve años nunca compraba: solamente le alcanzaba para alquilar ese pequeño espacio por una hora para escuchar gratis las novedades de jazz.
En la pensión donde vivían los Nebbia sobraba el arte pero no el dinero. Ir al cine todas las semanas era el único lujo. Su madre Martha tocaba el piano, su papá Félix, la armónica: juntos formaban la Embajada Artística Félix Ocampo -¿La Sargent Pepper´s Lonely Hearts Club Band rosarina?-, que recorría los pueblos de Santa Fe.
El niño Litto Nebbia ya escribía a los cuatro años, y en primer año de la secundaria fue elegido el mejor alumno. Pero en segundo se hartó y dejó los estudios. “Tenés razón, la escuela es una mierda”, le dijo Martha.
Litto toma hoy revancha de esa niñez austera: “Cuando era chico me volvía loco Vamos al Twist. Me acuerdo que fui al cine como 14 veces. Estaba hecha para la pendejada, pero a mí me gustaba la banda que tocaba, Joe Dee and the Starlighters, donde luego participaría por seis meses Jimi Hendrix. Hace poco un amigo me contó que la vendían en una tiendita de Nueva York y me la compré en devedé”, comenta orgulloso.
No está en contra de que la música se comercialice, lo que a él le preocupa es la calidad. “En una charla que hicimos en una librería, Fito Páez dijo él en el 73 y en 74 escuchaba Muerte en la Catedral y Melopea. Con esos discos yo podía salir de gira por todos lados: ¿A dónde está toda esa gente que no consumía la música masticada por los medios como lo hace hoy?”, se pregunta entre risas.

LA VUELTA DE LOS GATOS (SALVAJES)
La idea de reunir a la primera banda de Nebbia, Los Gatos Salvajes, surgió de la secretaría de Cultura de Rosario. El motivo fue los 40 años que se cumplieron de la salida del único elepé del quinteto, cuya reedición europea reciente en vinilo está catalogada como el primer disco de rock cantado en castellano. También se sumaron a este homenaje el libro Los Gatos Salvajes, de Mario Antonelli, y la autobiografía de Litto: Una mirada.
Algunos de los músicos estaban retirados del circuito, pero cuando la banda se juntó, a principios de año, hicieron falta sólo seis ensayos para poner todo a punto. El plan retorno tuvo su punto máximo de nostalgia cuando un coleccionista acercó instrumentos originales de 1965. Se presentaron en el ND Ateneo y todo el recital, incluso los temas Sólo se trata de vivir y Nueva zamba para mi tierra, que Nebbia cantó junto con Andrés Calamaro, saldrá este mes en un devedé dirigido por la hija de Litto, Miranda, y en un disco doble.
¿Y la vuelta de los otros Gatos, los que vendieron 250 mil ejemplares de La Balsa? Litto sigue manteniéndose firme en el no. Ya son famosos los rechazos a ofertas millonarias. “Me da terror pensar en montar ese negocio, donde se colaría un montón de gente. Y en la mayoría de las reuniones de otras bandas los integrantes terminan mal entre ellos”. Sin embargo, Nebbia está pensando en “hacer algo” para el 2007, cuando se cumplan cuatro décadas del tema compuesto con Tanguito.
Extra Extra de Bipolar: ¡Apareció Kay Galiffi! El excéntrico guitarrista de Los Gatos, que había desertado de la banda para casarse con una brasileña, y que luego sería reemplazado por Pappo, habló hace días por teléfono con Antonelli. “Desde 1968 –se asombra Nebbia- que nadie sabía nada de él, ni siquiera sus familiares. Las veces que fui a Brasil no lo pude encontrar. Toca música clásica y editó dos discos. Vuelve a fin de año para visitar al padre. Casi ni habla español”.

MELOPEA
Aunque suene raro viniendo de un músico que compuso más de 100 discos, uno de los significados de Melopea es Canto monótono. El sello de Nebbia editó obras como Amigos e Historia de oro, del Polaco Goyeneche. Enrique Cadícamo, Adriana Varela y Fats Fernández son otras de las joyas que grabaron en el estudio de Villa Urquiza.
El historial de fracasos de Nebbia ante las compañías discográficas ayudó mucho para la creación de Melopea. “No sólo el contrato leonino que firmé a los 18 años me sirvió de experiencia, también el hecho de que metieron a La balsa en un casete de regalo dentro de una hamburguesa y la vendieron en los supermercados. Algo peor: hicieron remix con pitos y tambores, como si fuese un dance de boliche. Estamos en juicio con ellos”.
Pero Melopea vive enmarañada en los laberintos de la burocracia de la canción. “Musimundo me debe 90 mil dólares y Tower Records, 15 mil. Me acostaron. El juez de les quitó 60 por ciento de la deuda y sentenció que estas compañías paguen 350 pesos por mes desde 2008. Te pagan los discos en consignación o en cheques a 210 días. Me considero exitoso porque este año se publicaron 50 discos, siete devedés y no tengo deudas”. Los cuatro años consecutivos de giras por Europa, más los temas de Nebbia que integran varios compilados de música étnica, hicieron que Melopea firmara convenios con compañías de world music, que aportan euros frescos para la causa.

GIRAS
“No conozco Londres porque me acostumbré a visitar lugares sólo para tocar, no como turista. Pero creo que pronto me voy a dar el gusto de tocar en algunos bolichitos, aunque sea con una viola, porque los sellos ingleses Music Network y Union Square me editaron temas. La deuda pendiente es China. Tengo un certificado escrito en mandarín porque me premiaron por una cortina que compuse para un programa de radio que era escuchado por más de 12 millones de personas. Claro, es que son tantos”, se ríe.
Una vez un ministro de Cultura lo apuró: ¿Para qué quisiera volver a Rusia? Fue una de las pocas veces que Nebbia explicó su música con palabras. La escena sucedió en 1986 en suelo soviético, cuando fue invitado en un festival de la juventud mundial, donde también participaron Bob Dylan y Angela Davis. “A los siete meses me mandaron un contrato para 17 conciertos repartidos entre Moscú y Leningrado. Un día me subieron a un avión y me llevaron a la República de Moldavia para tres conciertos más. A ese país me encantaría volver, quedé impresionado con la música que se respira, con lo bien que tocan los acordeonistas en la calle”, recuerda.

PRESENTE
En abril de 2006 se presentará en España el nuevo disco Danza del corazón, que fue grabado con la banda La luz, integrada por el cantante de Pez, Ariel Minimal, en guitarras y canto, Federico Boaglio en bajo eléctrico y coros, y Daniel Colombres en batería. En octubre, 16 discos suyos fueron editados por dos sellos europeos. Antes de fin de año serán reeditados en cedé Litto Nebbia 1992 y el excelente Bazar de los milagros, grabado en 1976. Sin el reconocimiento social que goza León Gieco, sin la adoración de la prensa que recibe Luis Alberto Spinetta, sin la histeria que provoca Say No More y sin el confort que le brinda el coqueto Alan Faena Hotel + Universe a Fito Paéz, Litto Nebbia alimenta su figura bien ganada de mito viviente del rock a fuerza de canciones de amor. Solo, en silencio, corriendo en la oscuridad.