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Madres de Plaza de Mayo: dos caminos, la misma lucha

Por Federico Amigo

Representan uno de los movimientos sociales más significativos de la Argentina. Su cruzada nació como consecuencia del terrorismo de Estado implementado por la última y sangrienta dictadura militar. Hoy, Línea Fundadora y Asociación, respetan sus diferencias, coexisten separadas y persisten en las luchas y resistencias iniciadas por sus hijos.

Las unió el dolor, la búsqueda desesperada de sus hijos, la persecución constante infringida por el proceso de desorganización nacional. Las separó el disenso político–ideológico, el consecuente accionar y las diversas posturas una vez instaurada la democracia.“Todo el mundo sabe porqué nos separamos. El que no lo sabe es porque no quiere”, asegura una de las Madres de Plaza de Mayo. Es verdad, mucha agua pasó por debajo del puente, pero ¿todos conocen los matices de la diseminación?

LOS PRIMEROS PASOS
“Tengo tres hijos, el segundo tenía 20 años y en junio de 1975 –cuando la Triple A comienza sus cruentas maniobras- lo detienen y desaparece. Un 30 de abril de 1977 van 14 valientes y desesperadas madres a la Plaza a gritar. Como habían impuesto el estado de sitio no podían estar juntas más de dos o tres personas. Entonces la Policía dijo:‘caminen de a dos’. Así surgió la primera movilización”, cuenta Tati Almeida acerca del tragicómico momento que dio vida a las famosas vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo. Asociación y Línea Fundadora caminaron de la mano hasta 1986. Todos los jueves por la tarde, al decir de Hebe de Bonafini, “no rondarían, marcharían hacía algo”. Un lustro antes, en 1981, habían formalizado las marchas de la resistencia: sin cesar durante 24 horas, una vez al mes, reclamarían frente a la Casa Rosada. Los dictadores de turno ya se habían ocupado de infiltrar agentes entre “las locas de Plaza de Mayo”, así las llamaban, y de amedrentarlas mediante su tarea preferida: las desapariciones. Azucena Villaflor de Vicenti, alma máter de las Madres, no bien se despertó el 10 de diciembre de 1977 fue a buscar el matutino La Nación, donde saldría una solicitada que ella había gestado. Pero nunca llegó al puesto de diarios. La secuestraron en la esquina de su casa y asestaron uno de los golpes más duros de sobrellevar para el movimiento. El miedo, el terror psicológico y la persecución latente atentaron contra la resistencia de la agrupación. Sin embargo, conscientes de la disputa en juego, persistieron con sus marchas circulares.“Azucena nos había enseñado un camino, que en la Plaza nos sentíamos una igual a la otra”, disertó Hebe en una conferencia.
En los albores de la lucha, mientras se negaba lo innegable, ellas salieron a poner cuerpo y voz a los censurados. Pese al ninguneo de los Videla y los Massera, pese a la complicidad y la obsecuencia de los Neustadt y los Grondona, pese al portazo de gran parte de la sociedad.

LA ESCISIÓN
Mientras retumbaba el eco de la polémica Ley de Obediencia Debida, sancionada el 4 de junio de 1986, un sector de las Madres, lideradas por Nora Cortiñas, decidió disgregarse y formar la Línea Fundadora. Acusaron actitudes autoritarias y personalistas de parte de la Asociación, organismo coordinado por Bonafini, y además optaron por recibir reparaciones económicas. “No le ponemos precio a la sangre de nuestro hijos. Todos los organismos aceptaron el dinero. Nosotros no”, difieren desde el movimiento original. Y agregan: “Socializamos la maternidad. Buscamos los 30 mil desaparecidos, no uno o dos”.
A la hora de elucubrar sus consignas, la Asociación manifiesta sus postulados que también aluden, tácitamente, al sector disidente. “Nuestros hijos viven en la lucha, los sueños y los compromisos revolucionarios de otros jóvenes. Los que cobran reparación económica se prostituyen. No aceptamos exhumaciones”, son sólo algunos de los tantos lemas que sostienen en el sector liderado por Hebe. En cambio la Línea Fundadora acepta la Ley 24.231, que crea la figura del detenido-desaparecido, respeta a quienes percibieron un resarcimiento monetario de parte del Estado y se proclama como una organización horizontal.

PRESENTES
La Asociación se rehúsa a hablar sobre la separación de las Madres. Cree que se trata de una discusión estéril, una puja inconducente, que forma parte de la historia. “Fue hace mucho tiempo.” Hoy dedican sus horas a un nuevo hijo: la universidad popular inaugurada el 6 de abril de 2000, guiada por el “amor por el saber y el compromiso con el cambio social”. Además, el 26 de enero de 2006 decidieron finiquitar las marchas de la resistencia tras 25 años. “Ya no hay enemigo en la Casa de Gobierno”, explicó la titular de la agrupación. La medida trajo cola, principalmente entre las filas de Cortiñas, que mantuvo otra postura.
La inalterable búsqueda de la verdad, la reconstrucción del pasado para no olvidar ni perdonar y la constante preservación de la memoria tienden cuerdas invisibles entre ambos organismos. Allende sus diferencias, cohabitan en paz. “No peleamos con ellas. Nos dedicamos a continuar nuestros proyectos”, arguye una madre perteneciente a la Asociación. “Cada vez que nos ponemos el pañuelo –símbolo imborrable de su lucha- abrazamos a nuestros hijos”, agrega. Cada jueves, también, ambas corrientes conviven en armonía en la Plaza, el escenario que las vio nacer del mismo vientre.