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Mondongo


Por Malena Higashi

Año movido para los Mondongo: arrancaron con una exposición en Los Ángeles, el mes pasado hicieron una instalación en Ruth Benzacar y en el medio de toda esa vorágine vendieron en una subasta del Malba un cuadro con la cara de Maradona a 170 mil pesos. El broche de oro para cerrar el año: una muestra colectiva en Proa del 10 de diciembre hasta fines de enero de 2006.

Apenas se abre la puerta del taller lo primero que se ve son ellos: siete gatitos inmóviles, en diferentes poses pero todas sugestivas o más bien amenazadoras. Quedaron afuera de Merca, la muestra en la que los Mondongo (Juliana Laffitte, Manuel Mendanha y Agustina Picasso) exhibían la deconstrucción de un billete de un dólar hecho con clavos e hilos plateados sobre una base de resina y que terminó el mes pasado en la galería Ruth Benzacar. “Iban a hacer una danza alrededor del dólar. Finalmente no cerró en la sala, estaba todo muy pulcro como para que estuvieran ellos y ahora están de mascotitas acá”, cuenta Juliana sobre los felinos taxidermizados. Se usó el cuero del animal y el cráneo, el resto es relleno; los ojos, la boca y los dientes son de mentira.
Entrar al subsuelo del lugar de trabajo de los Mondongo es toda una experiencia. Antes de terminar de bajar las escaleras ya se huele una fuerte mezcla de materiales: poxi-ran, plasticola, plastilina, como si todos sus compuestos emanaran algo juntos o como si ese fuera el olor intrínseco de un taller. Hay clavos e hilos por doquier. Y se ve todo aquello que los Mondongo utilizaron alguna vez para hacer sus series más célebres, la Roja –de Caperucita y el lobo- y la Negra –porno-: kilos y kilos de plastilina de distintos colores y cajas con galletitas; las Melba, Óreo y Rococó de esos cuadros de sexo explícito tan logrados. En los alrededores, muñecos vestidos con extraños atuendos verdes y un maniquí masculino desnudo. Hay también algunos brazos y piernas sueltas por ahí.
Por último se ve a los Mondongo copypasteados dentro de una foto pixelada a gran escala de John y Yoko: evidencia de la devoción de los artistas hacia Lennon y los Beatles. “Ese cuadro es como un talismán, una obra que quedó trunca hace tres años”, explica Juliana, que asegura que el 80 por ciento del tiempo que pasan en el taller, escuchan a la banda de Liverpool y los discos solistas de sus integrantes.

ODA AL DÓLAR
Después de seis meses de trabajo, el dólar y sus diferentes partes -una jaula con hilos dorados-, y 32 caperucitas sin lobo -el único cuadro que muestra reminiscencias de una etapa pasada del grupo y que cierra la serie Roja; un conjunto de cuadros que muestran a Caperucita y el lobo en el jardín japonés, hechos íntegramente con choricitos de plastilina- llegaron al subsuelo de esa extraña galería, que queda bajando unas escaleras en plena calle Florida.
“Densa” es el adjetivo que elige Juliana para definir a Merca. Esos cuadros no pasan desapercibidos por lo que representan y por la puntillosidad del trabajo. El cuadro titulado Dollar tiene 40 mil clavos y un tejido hecho con hilos plateados, que va dibujando el contorno de George Washington y los símbolos del billete norteamericano.
“Supera la muestra del año pasado”, “Realmente sin palabras”... parecen los lugares comunes que usa la crítica de cine a la hora de recomendar una película. Pero son algunas de las frases escritas en el cuaderno de visitas de la galería. La muestra fue muy bien recibida por el público. “La reacción más efusiva y apasionada fue de la gente desvinculada del arte. Con el mundo del arte está todo bien pero hay mucho prejuicio”, advierte Juliana. Agustina define la muestra en Benzacar como “un paso importante luego de un camino tan potente y difícil”. Muchos se sorprendieron con el cambio de material: identificaban al grupo con esa exposición del año pasado, Esa boca tan grande, en la Maman Fine Art, donde se exhibieron la serie Roja y la Negra, una flor de loto roja a base de 300 mil palillos chinos, y la Casa Blanca realizada con fiambres ahumados y queso.
La idea de hacer Merca estaba desde hace dos años pero no podían empezarla por cuestiones técnicas. Hasta que encontraron una herramienta que les permitía clavar cada uno de los clavos a 90 grados exactos. “De golpe las cosas confluyen para que las puedas resolver en un momento dado”, explica Manuel. La misma filosofía tiene Agustina cuando cuenta cómo surgió ese cuadro tan famoso que presentaron en La noche del 10, que se vendió a 170 mil pesos en el Malba: “Creo que, como toda situación en la vida, muchas líneas confluyen en un punto, en un determinado momento y en un determinado espacio. La sincronicidad hizo que el cuadro del Diego se diera con esas características”.
La muestra ya se desmontó de la galería y dentro de todos los balances posibles –la opinión de la gente, los elogios en el cuaderno de visitas- casi la totalidad de los cuadros expuestos fueron vendidos. Un dato: cotizaban entre 3.000 y 30 mil dólares.

ARTISTAS FULL TIME
No hay tiempo de ocio para los chicos de Mondongo. Todo es trabajo constante, entrevistas, fotos, reuniones y compromisos. “Este último tiempo fue muy intenso. Todo se mechó con lo de Maradona, pensamos que íbamos a descansar en esta muestra y no pudimos”, reconoce Juliana. Pero no hay nada anormal en eso: “Siempre estamos presionados. En toda nuestra corta historia funcionamos bajo una presión enorme”, agrega. “Igual no sabemos cómo laburamos sin presión porque nunca nos pasó”, acota Manuel.
Mondongo se formó en 1999 cuando Juliana y Manuel, que están casados, en una fiesta conocieron a Agustina. A partir de un viaje en conjunto nació el grupo. Lo primero que hicieron al volver fue ponerse a trabajar. En el 2000 se hicieron conocidos por los cuadros que les encargó la realeza española, que hicieron con vidrios de colores. Fueron furor en Europa; en Buenos Aires recién empezaban a exponer en el Centro Cultural Recoleta. Sorprendieron con 120 máscaras de yeso. En 2002 retrataron a Amalia Fortabat, Federico Klemm y Ruth Benzacar con golosinas. Y el año pasado montaron aquella gran muestra en Maman Fine Art.
En enero de este año arrancaron con muestra en Los Ángeles. “En esa inauguración estuvo Vigo Mortensen... ¡y Frodo!”, recuerda Juliana con tono anecdótico. Dejando de lado a las estrellas de Hollywood, ellos notan una diferencia a la hora de exponer afuera y sobre todo en Estados Unidos. “Es otra cultura. Allá existe un mercado enorme, es otra cosa. Las inauguraciones son distintas. Va muy poca gente, los invitan selectivamente, no va todo el mundo”, compara Manuel.
Más tarde vino Merca. Y detrás de esa pequeña gran exposición, más sorpresas, como una propuesta del programa educativo de Coca Cola para el que armaron una escalera con botellitas de vidrio que simboliza un camino ascendente hacia un futuro mejor. Y, claro, el cuadro del Diego. “También hicimos cosas que no se ven como esto –señala Juliana unos cuadros hechos con cera-. También tuvimos que trabajar muchísimo este año porque decidimos doblar la serie de Caperucita: hicimos trece más”.
Entre tanta entrevista y sesiones de fotos, los Mondongo empezaron a hacer ruido en diarios y revistas. Pero fueron dos los puntos máximos de exposición mediática que vivieron en este último tiempo. El primero fue la aparición en el programa de Susana Giménez. Para explicar esos minutos al aire Manuel usa las palabras extraño y raro más de dos veces cada una. Lo describe como un momento “extraño” porque ellos mismos estaban en conflicto: “Fue raro porque nosotros también estábamos raros”, dice. Para él, la tele es un medio muy “extraño”, bastante denso. Su observación es que “hay estar preparado para ir a la tele”. Si bien la experiencia no la disfrutaron nada, analizándola en la distancia, Juliana está conforme: “Al fin y al cabo todo eso está bien, porque tiene que ver con nuestro objetivo de popularizar el arte”.

LA ESENCIA DE MONDONGO
Arte popular. A eso aspiran estos tres jóvenes. El nombre que eligieron tampoco es casual, una comida típica y a la que accede el común de la gente. Ellos prefieren escapar a todo rótulo que los encasille, del pop art por ejemplo. “No nos interesa cerrarnos. Sabemos que formamos parte del arte contemporáneo porque no hay opción de otra cosa. Lo que nos interesa es hacer arte popular. Después todo lo que se interprete por arte pop... no tengo ni idea si pertenecemos o no”, aclara Juliana. Ella misma se encarga de explicar de qué se trata Mondongo: “La base de nuestra historia es el trabajo sostenido, eso es lo que nos nace. Y el arte masivo. Nuestra idea fundamental es masivizar lo que hacemos”. Aunque las galerías en donde expusieron son bastante exclusivas, los Mondongo aseguran que son un circuito necesario pero que no les interesan para nada las elites. “Es lo que existe en el mundo del arte hoy, la idea es tratar de ampliarlo”, afirma Manuel. Una de las alternativas para llegar a la gente de una manera directa fue el póster del cuadro 32 Caperucitas, sin lobo que venía junto con el catálogo de Merca. “Eso nos abrió otra puerta para poder hacer circular la obra de otro modo. Pensamos que ese es un nuevo vehículo; la obra queda adentro de lugares, encerrada, y a lo mejor es bueno que circule”, explica Juliana.
Otra característica importante de Mondongo es que trabajan en grupo. Agustina dice que se identifican con “la unión de fuerzas y de amor para tratar de abrir camino, aportar conciencia, nuevas percepciones o visiones de realidades, tratar de demoler máscaras y buscar verdad”.
A la hora de trabajar no tienen pautas marcadas de antemano. Manuel señala que hay artistas que siguen un procedimiento, reglas en las que se basan para realizar toda su obra. “Nosotros no. Estamos abiertos y esperamos que los formatos, que nuestros discursos sean más amplios y que podamos hacer videos o pintar”. Difícil es imaginar el regreso de estos tres chicos al óleo y la pintura de caballete después de haber innovado con técnicas y haber llevado al límite a los materiales que usaron, pero no lo descartan.

EL PRECIO DE LA FAMA
“Si tu idea es que las cosas que hacés se vean lo máximo posible tenés que hacerte cargo”, sentencia Juliana, en relación a la exposición mediática de Mondongo como artistas. Hoy son los mejor cotizados. Y como están trabajando en el taller la mayor parte del tiempo no tienen noción del lugar que ocupan dentro del arte. Sí sienten que hay mucho prejuicio a su alrededor: “El hecho de que seamos tres ya es algo extraño”, afirma Manuel. Juliana suma otra punta: el hecho de no ir a ninguna inauguración y tener tanta prensa. “Por momentos te entran a mirar con dudas. Nos asocian mucho con una banda de rock, y eso implica desconche. Es una lectura que, a lo mejor, por una cuestión, quizás, física, no tiene nada que ver con nosotros. En realidad estamos encerrados trabajando como perros”, opina.
Los Mondongo tienen mucho trabajo por delante. Tanto que rechazaron algunas propuestas para hacer retratos, ya sea por una cuestión de falta de afinidad o porque no les cerraba la obra. No les cuesta desprenderse de sus cuadros. Calculan que en seis años de trabajo hicieron aproximadamente 200 obras y sólo les queda algún que otro cuadro de Negra y unos hechos con cera (una carta que un preso le escribió a su mujer o los retratos de los hijos del escritor Enrique Fogwill). “No tenemos nada”, dice Juliana, que piensa que eso tiene su lado positivo, pero también negativo. Para ella hubiera estado bueno haberse guardado por lo menos un cuadro de cada serie. “No lo hicimos nunca porque necesitamos la plata para seguir trabajando”, acota Manuel.
El gran sueño del grupo es una retrospectiva: una especie de greatest hits de Mondongo que reunirá todas las series, retratos y otros cuadros importantes dentro de su historial como artistas. Pero saben que todavía falta mucho tiempo para que eso suceda. Todavía no terminó el año y ya tienen compromisos para el 2006: una muestra en España y una, quizás, en Colombia. Y para cerrar este año los espera una exposición colectiva, donde exhibirán uno de sus cuadros hechos con cera, Río de la Plata, en Proa.