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Pez


Por Matías Castañeda y Gabriel Pérez

Los títulos más largos del cancionero argentino son los de la banda con el nombre más corto: Pez. Tiradas de mil ejemplares. Banda de culto. El grupo del guitarrista de los Cadillacs. Canciones imposibles de pasar por la radio. Fans consustasiadísimos con la causa. Autogestión artesanal. Ariel Minimal, líder del conjunto -y songwriter prolífico y versátil-, reconoce que ya no “transa” sus antojos “porque Pez es el reflejo de mis caprichos”.

Se abre la puerta de la sala de ensayo y un aroma dulzón invade el alma. El espacio es reducido; los instrumentos se retan a duelo por los pocos centímetros de libertad. Asfixia la idea del poderío sonoro de Pez condensado en ese cuarto minúsculo. Sin embargo, Ariel Minimal (voz), Franco Salvador (batería), Gustavo Fósforo García (bajo), Leopoldo Pepo Limeres (piano) y Ernesto Romeo (sintetizadores) gambetean la adversidad con la desfachatez de un wing derecho de potrero.
Y Ariel habla. Hasta con los ojos. Gesticula. Se contradice. Escupe flechas envenenadas y luego intenta poner paños fríos a sus diatribas. Tiene en su haber varios discos del año, según la prensa especializada, y los bolsillos vacíos. “Es una falla nuestra que Pez no nos dé dinero. Todos los días tengo ese problema en la cabeza cuando me despierto: decir ‘voy a comprar fruta’ y darme cuenta que no tengo un mango. Me pongo verde. ‘¡No puede ser! Yo tengo que generar guita’, me digo. Entonces me pregunto: ‘¿Qué hago para conseguirla?’. Bueno, para empezar, este tema que dura cinco minutos hagámoslo de 2 y medio. Y repitamos el estribillo cuatro veces antes del final. Y después pienso, ¿es esto lo que realmente quería hacer? Y dejo el tema como está”.
La historia entre el éxito masivo y Minimal es la historia de un amor no correspondido. En 1985 fue guitarrista de Descontrol y de Cadáveres de Niños, bandas que pertenecieron a la camada punk de la que sobrevivió Attaque 77. Luego de pasar por Los Minimals, de donde heredaría su apellido artístico -el paterno es Sanzo-, integró Martes Menta. Con este grupo llegó a ser telonero de Soda Stereo y de EMF en Obras. Los temas sonaban en la radio, el público crecía, pero dio el portazo y formó a su actual banda en 1993. El éxito, ofendido, se amparó en los brazos de Babasónicos.
Doce años y ocho discos después, está harto del mote de banda de culto: “Por más que el periodismo diga que somos uno de los mejores grupos de la Argentina, no creo que Pez sea para entendidos o para gente que escuche música. Incluso estamos trabajando en contra de eso, hacemos shows más cancioneros y menos power. El problema es que mucha gente habla de Pez y no lo escuchó. Se instituyó la idea de que éramos una banda que mezcla Black Flag, Spinetta, King Crimson y Piazzolla. Y se quedaron con eso. No se pusieron a bucear en los discos”.

FABULOSO TRABAJO
Luego de un recital en el Centro Cultural Rojas, Sergio Rotman, ex saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs, invita a Minimal a sumar sus riffs furiosos a las melodías nac & pop de Vicentico y Flavio. Ariel cambia así su trabajo en Rentas por otro mucho mejor. “Si digo que me lo tomé como un laburo, quizás algunos de los Cadillacs se ofende, mientras ellos sí pueden decir con orgullo que son unos obreros de la música. Pero fue un trabajo para todos: podíamos mantener a nuestras familias. Con los Fabulosos me compré una casa y no lo olvido y lo agradezco. Trabajé de músico en una banda popular de proyección internacional, fui a Europa, hice dos giras en Estados Unidos. Me pagaron por tocar y lo hice con responsabilidad y cariño”.
La comunión quedó registrada en Fabulosos Calavera -disco que cambió el sonido Matador de los Cadillacs-, La marcha del golazo solitario, Hola y Chau. Enseguida se dijo que Minimal había electrificado a los Cadillacs. Nada más alejado a la realidad. “Yo no llevé ninguna canción. Cuando entré ya estaba todo armado. Aunque ellos sabían que estaban jugando con un 7 rápido: tiraban la pelota lejos y sabían que había un jugador que las corría a todas. Y las alcanzaba. Cuando me hacían notas por Pez y titulaban Tocar con los Cadillacs no me alcanza, se creaba algún resquemor en la banda. Pero era la verdad, suelo componer 20 canciones por año y en los Fabulosos no tenía cabida como compositor”.

VIRUS
No había una respuesta certera a la fiebre y al dolor de garganta que el baterista Franco Salvador venía sufriendo periódicamente. Los médicos, luego de varios estudios, dijeron –con la cara que sólo ellos pueden poner en estas circunstancias- que las enfermedades posible eran dos: mononucleosis o HIV. Demasiado para el hipocondríaco Salvador.
Pez ya tenía todo listo para grabar su séptimo cedé, Folklore. “El estudio ya estaba alquilado –recuerda Minimal- y los equipos instalados. Y justo Franco tuvo mononucleosis. Decidí grabar un disco solista con las pocas canciones que tenía, más dos covers: Hombre de mala sangre, de David Lebón y Amada amante de Roberto Carlos. Un día que no había fumado lo invité a Litto Nebbia para cantar Todo el tiempo que se va. También se sumaron Flopa y Manza”.
Fósforo y Pepo grabaron las bases junto con Minimal en la batería, instrumento que apenas domina. El periodista y poeta Fabián Casas aportó las letras de Ryan y Buscando aquel martillo de Thor. La perla fue la Canción para el día que se muera Elton John ("Ya partió en su piano maricón / a un lugar donde no existe el dolor").
El disco, su único registro en solitario, se llamó Un hombre solo no puede hacer nada. “Para mi es más fácil ser solista. Este disco hizo más ruido que cualquier otro de Pez. Eso retrasó el trabajo de 12 años con la banda. Hubo un momento en que pensé que los más cancionero tenía que sacarlo solista o con Flopa y Manza (ver: Canciones para el fogón), y los más intricado con Pez. Pero a principio de este año hablé con los chicos y les dije: ‘Quiero hacer música más sencilla; si quieren la hacemos juntos, sino la hago solo’. Ya no transo mis caprichos con Pez, porque Pez es el reflejo de mis caprichos”.

AQUÍ Y AHORA
Si bien el nuevo cedé de Pez recién salió del horno (ver Tapas de discos…), Minimal ya tiene programado lanzar, entre marzo de 2006 y marzo de 2007, un EP y dos discos: un cancionero y otro de cuelgues y zapadas. Incluso ya pensó las tapas. También planea editar un libro con la historia de la banda.
Mientras buscan la canción perfecta, y cada uno vive de lo suyo –Franco, Pepo y Romeo dan clases de musica, Fósforo diseña páginas de Internet, Minimal de algún resto que le quedó de los Cadillacs-, Pez confirma en cada escenario lo que muchos insinúan entre susurros: que son el secreto mejor guardado del rock nacional. Hasta que alguien, por fin, lo revele.
“Quizás a esta altura –finaliza Ariel- sólo me interese lo heroico: o la hacemos con la nuestra o morimos en el intento. No pensamos en hacer lobby para tener notas, en buscar lugares para tocar, aunque eso sea también el trabajo de una banda. Me cansé de ser mi propio agente de prensa. Ponele que llame a un empresario y le diga: tengo prestigio, toqué con los Cadillacs, estoy haciendo canciones radiables. No sé si me daría bola. Y la verdad es que ya no me interesa ver si meto un tema en la Rock & Pop o si armo un show en el interior”.