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Problemática ambiental en Villa Mitre



Por Federico Amigo

Los vecinos denuncian a una tintorería industrial por supuesta contaminación del aire. Los dueños de Color Pool S.A., la fábrica, hacen oídos sordos y el Gobierno de la Ciudad brilla por su ausencia. En tanto, los asambleístas del barrio marchan y piden ‘que se vayan’. Acusaciones, problemas (in)salubres, clausuras y movilizaciones en un vecindario sobresaltado.

No se trata de una técnica propia de la aromaterapia ni mucho menos de una nueva práctica medicinal. La Clínica de la Esperanza, al decir de sus habitúes, combate con sahumerios de distintas fragancias el fuerte olor producido por Color Pool S.A., una tintorería industrial acusada de contaminación ambiental y tres veces clausurada por el Gobierno porteño. “Cuando vienen los medios televisivos y ven la fábrica al lado de la clínica no lo pueden creer”, cuenta Leonardo Pinotti, miembro de la asamblea de Villa Mitre y Santa Rita que tomaron las denuncias de los vecinos y, conjuntamente, comenzaron a movilizarse en pos de encontrar una solución a la problemática.
Todo se gestó a partir de la iniciativa de algunos de los habitantes de las casas lindantes a la industria, enquistada en Tres Arroyos al 2000. Una vecina tenía problemas en la vista, aparentemente, ocasionados por los hediondos y nauseabundos olores generados por la fábrica. La mujer se acercó a la asamblea: “Nos preguntó si nosotros sabíamos algo –recuerda Pinotti- y le dijimos que no. Entonces hicimos unos 30 volantes convocando a todo aquel que conociera una posible contaminación de olores”. A los pocos días aparecieron otras personas que habían presentado reclamos ante la Defensoría del Pueblo y otras dependencias gubernamentales, pero no habían tenido eco.

MARCHA Y CIERRE
Color Pool S.A. no era la única industria presuntamente contaminadora. Desde la asamblea, y con la unión vecinal como telón de fondo, las denuncias comenzaron a tomar cuerpo. Galvanoplastia Nicrodur, ubicada en Caracas 1766, fue cerrada tras los reclamos y las movilizaciones barriales. “El día que salió la nota en Página 12 –el 23 de noviembre de 2004- se cerró”, explica Leonardo. Si bien no fue totalmente esclarecido, en la manzana de esa empresa 12 personas padecieron cáncer y cinco de ellas murieron. ¿Casualidad o causalidad? Los villamitrenses sostienen que los hechos guardan cierto vínculo con el sospechoso accionar de Galvanoplastia. El expediente se encuentra aún en el Fuero Criminal de la Justicia, aunque, como suele suceder en el país, todavía no obtuvo una resolución.
En cambio la tintorería hoy continúa abierta, por eso también los vecinos siguen en pie de guerra. “En los primeros tiempos tuvimos alguna charla con los dueños. Pero no tienen una mirada empresarial. Porque una gran empresa lo que menos quiere es tener problemas con el vecindario. Esta gente tiene una lógica media rara. Buscan la agresión, tratan de poner excusas. Por qué no se adecuan y se dejan de jorobar”, comenta Leonardo con una mezcla de rechazo y desasosiego.

LAS QUEJAS
Durante 2005 Color Pool S.A. fue clausurada en tres oportunidades y reabierta la misma cantidad de veces. Los motivos fueron claros: fuertes olores que trascienden a la fábrica y se cuelan en las fincas linderas, ruidos por encima de los permitido por norma, y sustancias químicas no declaradas. Los más de 12 mil volantes que la asamblea repartió dejaron marcada su postura: La tintorería produce alergias respiratorias, dérmicas, visuales. Además la planta funciona en una zona residencial y viola el código de planeamiento. La empresa no derrocha ni un segundo de producción. Sus máquinas, y los empleados que las manejan, operan a toda hora. “La solución sería cerrarla, no puede estar habilitada. Pedimos por favor que se vayan. Villa Mitre, mientras esté la fábrica, va a seguir adelante”, pregona otra vecina que tiene cuatro hijos con problemas alérgicos. “Vivo a media cuadra. No puedo abrir las ventanas, en verano no se puede tomar sol en la terraza”, agrega la mujer que prefiere reservar su identidad.
Pero el suceso que reflejó el (poco) interés de la empresa para encontrar una salida se vivió el 21 de abril de 2006. Los trabajadores de la tintorería no tuvieron reparos para volcar en la vía pública un líquido marrón con fuerte olor a químicos -relata el documento difundido por la asamblea- que alcanzó la mitad de la calzada. Al instante los vecinos llamaron a Defensa Civil, que llegó dos horas después. También asistieron al lugar: la Brigada de Riesgos Ecológicos, la Guardia Urbana y el entonces director de Control de Calidad Ambiental de la Ciudad, Diego Martínez. Las críticas al funcionario arreciaron y unos días más tarde fue relevado, según los villamitrenses, por su inacción en la tarde del derrame.
“Cuando llegó el Gobierno los bomberos ya habían tomado muestras que dieron alta alcalinidad a 50 metros de los desagües fluviales donde tiraron los líquidos. A las 12 de la noche, le pedíamos a Martínez que ingresara y la clausurara. Pero el personal de la fábrica no lo dejó entrar. Entonces, levantó un acta y se fue. No hizo nada teniendo todo el respaldo para hacerlo. Los vecinos lo reputearon y le dijeron que estaba comprado”, relata Pinotti.
Javier Fígoli reemplazó al ex director de Control de Calidad Ambiental, pero Leonardo guarda cierto (entendible) escepticismo frente a la labor del flamante jefe: “Los funcionarios dicen: ‘No puedo creer que esto funcione en el centro de una manzana de un barrio’. ¿Qué esperan para solucionarlo? ¿Que vuele la tintorería?”.
Los vecinos también entienden que tanto la empresa como el Gobierno porteño juegan sus fichas sin buscar una salida conciliadora entre infectantes y afectados. “Todo lo que se consiguió –sostiene Pinotti- fue gracias a la movilización. El Gobierno por su cuenta no hizo nada. En la última marcha en un cartel se leía: ¿Qué buscan? ¿Un muerto? Yo no sé qué buscan.”

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