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Rocambole


Por Ariel Jonte

Expuso sus dibujos por primera vez a los 15 años y a partir de ahí no paró. La Cofradía de la Flor Solar y las tapas de ‘Los Redondos’ son su máxima expresión. A 30 años del golpe militar, el artista recuerda como fueron las vivencias de un verdadero ‘hippie’.

Los orígenes de su nombre denotan un pasado oscuro. Cometió una cantidad indeterminada de robos y asesinatos a sangre fría hasta que fue encerrado en la prisión de Toulon. Allí se ganó la fama como el convicto número 117 y tras varios años, su perseverancia e inteligencia le devolvieron la libertad. A partir de ese momento su carácter cambió radicalmente y se convirtió en un héroe que utilizó su talento para ayudar a los que menos tenían. Luego de haber transcurrido casi un siglo sabático -sus últimas apariciones fueron en 1870-, su regreso fue inevitable y su nombre no sólo recorrió Francia sino también las grandes metrópolis del mundo. La primera imagen reconocible de su sello lo muestra con cara de revancha, mirando al cielo, con la boca abierta descargando su furia y el puño de su mano derecha cerrado con una cadena rota en la muñeca.
“Yo leí la colección de libros que era de mi viejo. Tenía la característica de un folletín donde cada capítulo terminaba en una secuencia de gran angustia que se resolvía al siguiente y que terminaba en otra circunstancia crítica”, recuerda Ricardo El Mono Cohen. Los folletines que realizó Víctor-Alexis Ponson du Terrail durante gran parte de la mitad del siglo XIX, denominados Las hazañas de Rocambole, inspiraron el seudónimo de quien es -¿alguien se atreve a decirle que fue?- el autor de las tapas de los discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, entre otros grupos.
Si bien muchas cosas pueden cambiar a lo largo de 100 años, el artista nota cierta similitud entre su creación y la del autor francés: “Hay algo retorcido en lo rocambolesco. Incluso el término está aceptado en el diccionario como algo oscuro y complicado”. La obra de nuestro Rocambole no sólo se limita a los trabajos que realizó para la banda que lideraban el Indio Solari y Skay Beilinson sino que comenzó durante su preadolescencia. A tan sólo tres años de haber finalizado un curso en la facultad de Bellas Artes de La Plata, expuso sus obras por primera vez en el colegio nacional de esa ciudad a la edad en la que antes las niñas pedían tirar la casa por la ventana y en la que hoy deciden o imponen a sus padres que les paguen las tetas o el viaje a Disneyworld. Más tarde integró junto a Miguel Grinberg, Kubero Díaz, Morci Requena, Enrique Gornatti, Manija Paz y Skay la primera comunidad reconocida de hippies de la Argentina: La Cofradía de la Flor Solar.

SOMBRA FUGAZ POR LA CIUDAD
Durante la presidencia de Arturo Illia (1963-1966), caracterizada por el respeto a las normas, la convivencia entre alumno y recinto universitario era totalmente diferente de la que comenzó a gestarse con el golpe militar de Juan Carlos Onganía y su Revolución Argentina. “La facultad sufrió bastante esa ideología. Fue el punto de partida de la fuga de cerebros donde todos los profesores importantes de La Plata se fueron del país”, reflota El Mono, quien lamentó junto a sus compañeros las normas disciplinarias que abolieron ciertas prácticas rutinarias que los estudiantes tenían durante el gobierno radical.
Lejos habían quedado aquellos días en los que se acostumbraba a entrar y salir del establecimiento cuando se quería, del pernote destinado a trabajar en el lugar. Pero podría decirse que este mal trago fue positivo para lo que pronto se avecinó. El centro de estudiantes sintió la punzada del orgullo militante ante las nuevas disciplinas rígidas impuestas y tomó una decisión: “Nos fuimos en masa con una idea ambiciosa que fue crear una especie de facultad paralela. Alquilamos una casa donde convivíamos con chicas, algo escandaloso para el momento”. Ese verano de 1967 fue el comienzo de La cofradía, la que no tuvo más remedio que diluirse cinco años después, durante la misma estación, debido a los perseverantes acosos policiales que recibían sólo por tocar rock -editaron tres discos que llevan su impronta gráfica-, portar pelos largos y usar ropas de colores no habituales -¿habrá sido envidia?-. “Era una cosa organizada. Era tan sistemático que tuvimos que agarrar para cualquier lado esperando a que aclarara”, lamenta el artista con la mano masajeando su inexistente cabellera. La historia dice, claro está, que aquel nubarrón terminó convirtiéndose en el diluvio que inundó las calles de sangre tras el regreso del peronismo exiliado.

I´M A HIPPIE, SIEMPRE FUE ASÍ
Mientras el cielo vietnamita era tapado generosamente por los yankis con napalm a comienzos de la década del setenta, un sector de la sociedad norteamericana se congregó para dar comienzo a una movida cultural en la que predominaban las ropas coloridas, las barbas largas y cuyo lema era amor y paz. Conciertos como los de Monterrey o Woodstock fueron las primeras experiencias exitosas que conoció el mundo acerca del hippismo, el cual muchos aseguran que tuvo su nacimiento en San Francisco.
Algunas voces dan fe de que, en la Argentina, Paolo el rockero no fue el primero. Revistas como Siete días o Panorama hicieron alusión a lo que se estaba gestando por primera vez en 1968, pero también se enteraron tarde. “Nosotros habíamos creado nuestra propia cultura antes de que se conocieran periodísticamente todas las cuestiones que pasaban en la costa oeste norteamericana. Inventamos prácticamente todo eso”, asegura Cohen tan enfáticamente que bien podría ponerse a este movimiento en la lista de inventos nacionales junto a la birome y al dulce de leche.
El brote fue tan arduo en el mundo que Rocambole jamás olvidará la llegada de un funcionario del peace and love a la ciudad de las diagonales: “En el´68 los hermanos Beilinson llegan de Europa y aparece casi al mismo tiempo un auténtico hippie de los Estados Unidos al que llamamos ‘el hermano John’. Era un misionero vestido de monje que viajaba a pie desde California llevando el mensaje, técnicas de meditación y el orientalismo. Como predicando. Cuando llegó a La Plata le dijeron que había unos tipos parecidos a él. Nos trajo noticias de todo lo que pasaba en San Francisco y de otras partes del mundo por las que había estado. Se quedó unos días y siguió su rumbo porque dijo que acá su misión ya no tenía sentido porque la estábamos haciendo nosotros”.

NOTICIAS DE AYER
No importa la cantidad porque uno solo ya es demasiado. La frase refleja el torbellino represor que azotó durante más de media década al país siniestramente llamado derecho y humano. La picana ideada en 1932 por Leopoldo Lugones hijo para torturar a los detractores del gobierno de facto de José Félix Uriburu, se electrificó aún más bajo el mando de Jorge Rafael Videla. Incluso acabó con la vida de la hija de quien fuera su inventor.
“Recuerdo una vez que estuve encerrado y me preguntaron si sabía lo que era la picana. Les contesté que sí y me respondieron: ‘ahora la vas a conocer de cerca’. Me taparon con una capucha y me entraron a dar. Me preguntaban cualquier cosa y uno bajo condiciones de tortura respondía todo que sí con tal de que pararan. Ahí me di cuenta como era la técnica, te hacían diez preguntas de las cuales ya sabían las respuestas de ocho o nueve y ahí veían si mentías o no”.
Las pupilas de Cohen no sólo se nublan al revivir el tormento sufrido por haber sido tratado como un sospechoso sino que, además, fueron testigo de los acontecimientos que comenzaron antes de 1976: “La policía se empezó a entrenar pegándole a los hippies y cortándoles el pelo para tomarle la mano a lo que vendría después. En el´72 nos enteramos en La cofradía de gente que desaparecía. Perdimos el rastro de amigos durante el gobierno de Isabel Perón y –su mágico consejero- José López Rega. Vi cacerías humanas antes del golpe. Recuerdo las caravanas de autos con los gorilas sacando los brazos por las ventanillas y disparando como si fuera el lejano oeste”.
La charla en su taller de La Plata llega a su fin. Al cerrarse la puerta el hombre no queda solo. Vuelve a encontrarse con todas las criaturas a las que Rocambole supo dar vida.