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Arte Sin Techo




Por Gabriel Pérez

Arte sin Techo es una cooperativa que en su comienzo pintaba murales públicos con gente excluida del sistema. Hoy además tiene diferentes talleres y programas cuya finalidad es la inclusión social mediante el descubrimiento artístico. Su creadora habla de este proyecto y sobre esos temas recurrentes de la historia.


Eufemismo. Situación de calle es un eufemismo en un país de eufemismos. Situación de calle es meter la mano en la mierda de los tachos de basura, es vivir como lobos, mirar los partidos de fútbol detrás de la vidriera, odiar al género humano, descubrir la mirada perversa de la existencia. Pero Felicitas Luisi no encuentra otra frase para referirse, sin herir, a los desamparados con los que trabaja en Arte sin Techo, una ONG que se dedicó, en un principio, a plasmar en murales públicos las ideas que surgieron de esas cabezas moldeadas en la congoja del asfalto. “Surgió espontáneamente: había un proyecto del Gobierno de la Ciudad, bastante estúpido, llamado Paredes limpias, que consistía simplemente en blanquear las paredes. Y como la gente después volvía a ensuciarlas pensé en que ahí se podían pintar murales. Entonces, con un conjunto de pintores profesionales, y con un grupo de personas en situación de calle, salimos a pintar murales. Después los volví a convocar, y el trato inicial era pintar a cambio de un baño y comida. Pero me di cuenta de que era indigno, y empecé a gestionar un plan de autoempleo con el Gobierno porteño. Luego de hacer exposiciones el proyecto empezó a exceder el marco estatal, y como no queríamos depender de los humores políticos decidimos crear esta cooperativa”, comenta.
Esa idea inicial se ramificó en varios trabajos que no dejan la expresión artística de lado, pero que tienen como meta la reinserción social. Así nacieron los talleres de luthería, carpintería, la imprenta que sirve para hacer tarjetas y agendas, y los programas de arteterapia, algo fundamental para Felicitas. “Es obligatorio el psicoanálisis. Los que llegan tienen entrevistas personales con nuestra psicóloga, y si ella lo considera necesario siguen una terapia individual. Al principio la mayoría se niega, porque muchos han pasado por psiquiatras que sólo los empastillaban. Pero es necesario, porque es difícil trabajar con ellos, vienen muy trampeados de la calle.” Para que reine la armonía hay un par de reglas estrictas: no se puede ingresar borracho ni drogado ni causar peleas.

TEMA RECURRENTE
Felicitas no tenía inclinaciones artísticas cuando decidió comenzar con Arte sin Techo, pero sintió que era la manera de llevar adelante esa transformación social que no pudo concretar en sus años de militancia en el ERP-PRT, aunque con los atenuantes que la dictadura, el menemismo y sus propios errores le impusieron. “Estuve presa, exiliada. Creo que estoy viva de casualidad, y como tengo muchos amigos que no lo están, tenemos el deber histórico de transmitir esa época. Ahora lo que pasa es que estamos de moda, ya que Néstor Kirchner toma este discurso porque le es funcional. Me fui en el ‘78, durante el Mundial, estuve en Barcelona, volví el 10 de diciembre de 1983, el día de la asunción de Alfonsín. Llegué y me fui a la Plaza de Mayo, fue muy fuerte. Vine a hacer duelos, vine a hacer encuentros y duelos. Esta época es producto de la derrota de mi generación. Porque la gente que tenía una fuerte militancia, que ahora podría estar haciendo políticas de Estado, la mayoría de ellos están muertos, desaparecidos. Hay un vacío de una generación que hoy tendría que estar en la función pública o en la militancia del día a día. Lo que pasa es que después de esa derrota es muy difícil remontar, yo ya renuncié a la lucha de clases. En los setentas quería hacer una revolución, ahora con que le cambie la vida a 40 linyeras estoy contenta.” Esta última idea es resumida con una imagen escalofriante que dice mucho sobre los pasados 30 años: “Donde ahora tengo un Movicom, antes tenía un revolver”.

ARTE VA
El futuro se llama Arte sin Rejas, una iniciativa en conjunto con un centro de estudiantes penitenciarios. En las cárceles se harán los bocetos a los que luego la gente de Arte sin Techo les dará vida. Mientras, todas las semanas se hacen los Viernes sin techo: encuentros artísticos en donde se pueden comprar algunas de las obras. Otro programa interesante es Sillas intervenidas, en donde un grupo de pintores reconocidos transforma muebles en obras de arte, que también están a la venta.
Arte sin Techo funciona en un galpón escondido entre Medrano y Díaz Vélez, y su frente da a un abismo en donde se ocultan las vías del Mitre. En su interior las obras de arte piden a gritos atención. Algunas son sutiles, paisajes solitarios, pero también hay una madre con miles de tetas y ningún brazo para contener, monstruos marinos que persiguen la inocencia de la presa. Sorprende en el patio un castillo de arena a medio hacer: está a la intemperie, en situación de calle, como su dueño, un hombre con los ojos más tristes del mundo. A Felicitas le preocupa que llueva. Pero él dice que es el único escultor de arena de Buenos Aires, que confíen en su palabra. A los minutos cae un chaparrón efímero y el castillo sigue de pie junto a su orgulloso creador. Una perfecta metáfora de la resistencia.

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