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Alan Pauls



Por Federico Amigo

Después de algunos años encontró su medicina literaria: escribir y retratar singularidades, buscarle otro costado al lugar común de los amores. Tras el alivio de finalizar ‘El pasado’, el teórico y ensayista, crítico y narrador, ideólogo y guionista, sacó en julio, ‘La vida descalzo’, donde camina por la playa por sus reminiscencias infantiles y sus replanteos adultos.

“En un punto tenía la impresión de que el libro era virtualmente interminable. Podía no terminarlo nunca. Incluso podía no terminarlo nunca y ser muy feliz no terminándolo nunca. Entonces terminar ese libro en particular, que habla sobre cómo se termina una historia de amor, si es que se termina, era complicado. Si los finales de los libros siempre son complicados, el final de un libro que habla sobre el final de las cosas era doblemente complicado.” La novela de la que habla es su novela, El pasado, que retrata un amor irresoluto entre Rímini y Sofía. Y quien juega con palabras y repeticiones es su autor, Alan Pauls, que pasó cinco dulces años regocijándose entre sus pausas y su cansino ritmo interno.
“Me puse lento. O por ahí durante esos 10 años descubrí la lentitud. O sea, la paso bien en el sentido de que me gusta mucho macerarme a mí mismo en lo que estoy escribiendo, cosa que no sucedería si escribiera muy rápido”, cuenta a propósito de la década que se fue entre Wasabi y la consecución de El pasado. Los años, “por suerte”, aclara, también le hicieron encontrar su nicho literario. Desde su ópera prima, El pudor del pornógrafo, hasta La vida descalzo, su último ensayo acerca de “la playa como un objeto genial para escribir”, y para hacer un recorrido autobiográfico, siente que adoptó una postura que hoy le permite abordar la escritura con una perspectiva diferente. “Básicamente dejé de defender una posición, más bien paranoica, según la cual para escribir ficción era fundamental cortar con todo lo que no fuera la literatura. Los escritores son muy instrumentales: usan lo que les sirve, independientemente de si es verdadero o no. Ese fue un poco el desplazamiento. Seguí escribiendo una literatura muy literaria, pero atravesada todo el tiempo por fuerzas, por materiales, por experiencias que tal vez antes hubiese dejado afuera, casi por principio. Es posible que sea menos dogmático. Al mismo tiempo me cuesta mucho más escribir ahora que hace 20 años.”

EL PASADO
A mediados de los ochentas, Pauls publicó su primera novela y se congratuló en letras en la Universidad de Buenos Aires. A partir de allí su actividad económica y profesional se debatió entre la combinación del periodismo, la crítica y el guión de cine. Aún después de El pasado, que le valió el Premio Herralde y la definitiva aceptación de lectores y críticos, comenta que su vida no se costea con la literatura. “No soy un escritor profesional en el sentido de que no vivo de los libros que hago. En general no están en una relación directa con la demanda del mercado. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que la única imagen de mí mismo que reconozco como verdadera, como descriptiva, es la de un tipo sentado en el teclado escribiendo. Tengo la impresión de que cada vez soy más un escritor”, confiesa.
La prolífica novela y el juego amoroso entre Rímini y Sofía, los protagonistas, arrancan en la década del 70. Sin embargo, Pauls deja de lado cualquier contextualización alusiva al proceso de desorganización nacional. “No me interesa la política –explica- como mundo referencial para la literatura. No me interesa fechar la historia con acontecimientos políticos: ‘Mientras Rímini y Sofía viajaban a Europa los militares hacían desaparecer a 30 mil personas; mientras Rímini y Sofía se iban a vivir juntos Alfonsín…’. Odio ese tipo de literatura que pretende empatar la ficción y la política. Mucha de la lógica que parece regir a esos dos amantes, a lo largo de 25 años, podría describir las experiencias históricas que buena parte de los argentinos vivimos. La sensación, por ejemplo, de que las cosas no terminan de pasar, de que las cosas nunca son superadas por otras sino que son siempre las mismas, sólo que ligeramente cambiadas.”
Entre tanto buen recibimiento por parte del público, El pasado engendró en Héctor Babenco la idea de hacer su adaptación en la pantalla grande. El cineasta, que ya había realizado El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, llamó a Pauls buscando el guiño cómplice que le sirviera para avanzar en el proyecto. “Fue muy inesperado y obedece sólo al entusiasmo y al encaprichamiento terrible de Babenco por la novela. No creo que sea una apuesta sin riesgos”, opina. Desde el 17 de julio el director y su troupe –que incluye al mexicano Gael García Bernal, como actor protagónico- trabajan en el rodaje del largometraje, que se repartirá entre Buenos Aires y algunas escenas extras en Europa y Brasil.
A pesar de su empatía por el director y por sus obras, Pauls se niega a pensar en un diálogo entre libro y película, entre imaginación e imagen. “Cuando yo escribo no veo, incluso diría que escribo para no ver. Entonces, el salto entre la frase y el plano es casi insoportable. La frase, por más preciso y literal que sea uno, siempre tiene como un componente de indeterminación. Y el cine por más vago y abstracto que quiera ser siempre fija las cosas de una manera inapelable. Ves una cara en el cine y ya está, el personaje tiene esa cara, ese cuerpo, se mueve de ese modo.”

LA INFANCIA DE LA PLAYA
En La vida descalzo, Pauls ubica a la playa como el lugar de lo desnudo, y a lo largo del ensayo va vistiendo a ese escenario con un arsenal de ideas y disparadores: su halo libertino, el turismo, la experiencia constante. “Es algo que uno puede adornar, plegar, cambiar. Creo que por eso es un espacio que me gusta mucho en términos intelectuales y de experiencia”, sostiene. En contraposición al escapismo, Alan cuenta con una suerte de formulado teórico sobre la excepción: “La diferencia es que de un escape volvés no trayéndote nada. En cambio, de una excepción siempre te traés algo que te puede servir para pensar la norma. La experiencia cívica de la playa puede ser muy útil para pensar formas de convivencia humana un poco más atractivas, más placenteras, más inteligentes, más deseantes que las formas de convivencia en las que vivimos”.
Descubrir el Cabo Polonio, un remoto pueblito de pescadores de la costa del Uruguay, que se erige como bastión infranqueable para la luz eléctrica y el agua corriente, fue el disparador para recordar aquellos veranos de principios de los sesentas enquistados en Villa Gesell. Esos recuerdos se convirtieron en palabras para luego reinventarse en historias y memorias. “En cierto sentido –dice- debo haber proyectado sobre la pantalla en blanco de Polonio las viejas imágenes de mi vida en la playa de Villa Gesell. Hay como una especie de conexión rara entre la playa contemporánea y la de mi infancia, que de algún modo, aunque no era tan salvaje, primitiva y exigente como la del Cabo, era bastante virgen.”

EL FACTOR MEMORIAL
Hace algunos años descubrió una manera distinta de adentrarse en la medicina. La homeopatía le ganó la batalla a la alopatía, y Pauls se encomendó a la tarea de encontrar su propia medicación. Pero ese pleito ficticio no se dio sólo en el campo de la salud, sino también en el plano de las ideas. Desde lo artístico, según él, los ensayos tienen puntos de contacto con esta práctica. “La homeopatía, hasta que no llega a tu singularidad, no opina sobre lo que te pasa. Si vas con un resfrío, un alópata te dice: ‘Tomá no sé qué’. No sabe qué clase de resfrío hacés vos que no hace él. Seguramente tus mocos no son iguales a los de él, no te pasa en el mismo momento. Todas esas cosas tienen que ver con la práctica de un escritor. La angina para un homeópata no significa nada. Para un escritor tampoco.”
Tras redactar la última hoja de El pasado, que se había llevado cinco años, Pauls sintió una grata sensación de alivio. Sin embargo, una vez consumada esa etapa se reabrió otra con un ambiente imaginado y repetido: la pantalla en blanco, el teclado y las palabras. “Tengo la impresión de que no tengo ninguna vida personal, de que no tengo recuerdos hasta el momento en que me pongo a escribir. Si me hubieran dicho antes de escribir La vida descalzo, ‘¿qué recuerdos tenés sobre la playa?’, no hubiera podido decir nada. Ahora, cuando me puse a escribir el libro apareció Villa Gesell, el autocine, todos los nombres de las pancherías, las hamburgueserías. Pero sino tuviese la escritura es como que no hubiera vivido todo eso. Es mucho más que un instrumento, es casi el momento en el que se inventa una memoria personal.”


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HERMANOS

En total son seis hermanos, entre ellos los actores Gastón y Nicolás, pero cuatro son de matrimonios diferentes. Nunca vivieron bajo el mismo techo y los separan edades abismales. Eso, para Alan, fue lo que generó que durante un tiempo coexistieran en mundos paralelos. “Desde hace 10 años empecé a descubrirlos como hermanos e imagino que también ellos a mí. Encontré la manera de entenderlos, quererlos e interesarme por ellos.”
No sólo aprendió a adorarlos, sino también a defenderlos. A Gastón se le endilgó haberse apropiado de un formato que había creado el periodista Fabián Polosecki. “Que alguien hable de algo que está en la tele, y le critique falta de originalidad, es como ridículo. De hecho, su máxima originalidad es la tele. Es el lugar donde se roba impunemente todo el tiempo. Me parece una crítica imbécil”, opina.


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Pauls trabaja en el guión de ‘Buenos Aires no existe’, que retratará los nueve meses que Marcel Duchamp vivió en la Argentina.

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Dice que la playa es un lugar genial, pero sólo para veranear. Le gusta la ciudad por su anonimato y por la posibilidad de desaparecer.

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¡qué fuerte que está pauls!
ojalá sus novelas estén alguna vez a la altura de su prosa periodística, bellísima por cierto.
yo sólo leí "el coloquio", y me pareció pésima, pero es joven y talentoso, y los anteriores a él (como piglia, aira, fresán, etc) son verdaderamente vomitivos, de manera que no es exagerado decir que es una esperanza su futuro literario.

Alan pauls, me llamo Antonella Cuevas Zambrano, (chile)y he escrito un libro que se titula "Bipolar en el último patio". Me encantaría que usted lo leyera para saber su apreciación. Trata de una mujer con TB que es encerrada en el siquiatrico. Esta mujer escribe su historia desde adentro y nos enseña a convivir con esta enfermedad. Quisiera poder contactarme con usted, como lo puedo ubicar?
Antonella Cuevas

Muchas gracias por responder al mensaje...se ve que a veces bajan a la tierra...
antonella cuevas zambrano

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hola soy jose mendez y vos sos un personaje (secundario) de la novela mas espectacular que he leido en mi vida(tambien la escribi yo)y la pregunta que te quiero hacer es si fuera posible que me dieras una opinion de ella (increible, un autor que le pide a su personaje de ficcion que le de su visto bueno). con roncagliolo no he podido comunicarme pero su papel en la trama es de menor peso pero vos venis de perilla, transitando por el borde del relato con muy buena cintura. ¡sera posible?

mi facebook es jopimendez2012@hotmail.com, me gustaria poder comunicarme con vos para charlar sobre la novela en donde estas inmerso (lo quieras o no)porque necesito algunos datos con respecto a tu personalidad (tu verdadera personalidad) de no ser posible debere tapar algunos agujeros con mas ficcion. aunque aun soy inedito tengo la ilucion de que un dia todos mis personajes salgan a la luz (realidad ficcion realidad)seria genial conocerte, un abrazo

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