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Recreo Literario - Por Eloísa Cartonera


LA JORNADA DE LA MONA Y EL PACIENTE

MARIO BELLATIN

Ilustración: DAN

(...) La jornada de la mona y el paciente. La remembranza del punto donde la mona se arroja desde el techo guarda una estrecha relación con el lugar en que el padre del paciente salta detrás del primate con la intención de cazarlo. De eso no cabe la menor duda. Ambos, mona y padre, sienten el vacío de sus cuerpos aunque, como es lógico, ninguno de los dos comparte con el otro la misma sensación. Estas caídas, la del padre yendo detrás de una mona furiosa, son similares a la no libertad de la escritura. Lo he pensado más de una vez. A diferencia de la cura analítica, cuando alguien se decide a escribir algo tendrá que escribir sólo y únicamente sobre lo que está escribiendo. Se le está negado el derecho al escribiente de ir construyendo una estructura abierta, para lo cual podría apelar a una serie de subterfugios tales como la asociación libre de las ideas, el recuerdo o el uso de las imágenes de los sueños. No se puede escribir más de lo que se está escribiendo. Como en el sueño, que no se puede soñar más que con lo que se está soñando, incluso cuando alguien sueña que sueña. Una de las razones del insomnio del paciente es que debe construir su propio sueño, su estar dormido, de la misma forma como ordena su escritura. Ya no le es posible descansar libre y abiertamente. Caer en la tabla de la cama cuando se siente extenuado y amanecer de manera inocente al día siguiente. No. Debe crearle una forma al sueño. Ir hilando un tejido textual que sea el que sustente esas horas en apariencia perdidas. Ya no visitan al paciente ni sueños místicos ni sicológicos profundos, poseedores muchas veces de una intensidad tal que rozan muy fácilmente con el milagro abierto de los libros sagrados. Sin embargo, aunque nadie lo espere, la fugaz mona seguirá saltando del techo de la casa y el padre seguirá en su camino hacia la nada.

(...) Lo más importante es que el paciente escuchó que le decían algo así como que se haría todo lo posible por aplacar la angustia y el drama interno preservando, eso sí, la escritura. En ese momento surgió, nuevamente, la escritura como el punto más importante de mi existencia. Como si mi ser fuera sólo un pretexto para que esta escritura pueda existir.


Mario Bellatin nació en 1960 en México. Estudió teología y Ciencias de la Comunicación en Lima, Perú y cinematografía en Cuba. Actualmente reside en México, donde enseña en la Facultad de Filosofía y Letras del claustro Sor Juana Inés de la Cruz. También escribe artículos en la prensa que conjugan realidad y ficción. Publicó Mujeres de sal (1986), Canon perpetuo (1993), Efecto invernadero (1996), Damas chinas y Poeta ciego (1998).