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LOS MODERNOS


Por Graciana Castelli

El dúo teatral llegó a Buenos Aires luego de una exitosa recorrida por España, y por estos días presenta, en el Maipo, su ‘Breve desconcierto breve’ ante el público porteño. Dos actores que se suben a las tablas y, con refinado humor, le declaran la guerra a la palabra.

Coquetos. Dos hombres vestidos -de actores- con faldas y suecos Gucci, brillantes anillos y sacos retro se paran sobre el escenario. Serios, y junto a un atril como único compañero, miran al público. Un minuto de silencio y el hielo se rompe. Aparece el verbo, la palabra, que se presenta y se desarma. Lo nominal como punto de partida, lo absurdo como generador de sentido. Humor, ironía, síntesis. El público se ríe. ¿De qué se ríe? ¿De la infidelidad?, ¿del amor?, ¿de Dios?
Pedro Paiva, uruguayo, y Alejandro Orlando, argentino oriundo de Córdoba, son Los Modernos. Desde junio de este año presentan su Breve desconcierto breve en el teatro Maipo, luego de una larga y exitosa estadía en España. “El Breve desconcierto original se estrena en un bar de Córdoba en abril de 2002, y nosotros tuvimos un camino inverso al teatral porque había caído el Gobierno de De la Rúa, y existía una profunda crisis socioeconómica –recuerda Alejandro-. Entonces empezamos a laburar en los bares, pubs y restaurantes, algo que Pedro ya venía haciendo con su monólogo. O sea, conocíamos un poco eso de que se podía, por lo pronto, mostrar el trabajo. Y por eso hablo de un recorrido inverso, porque empezamos pasando la gorra por 10 meses hasta que después nos fuimos a hacer temporada a Carlos Paz.”
El espectáculo fue muy bien recibido por la crítica en Córdoba –hoy son un suceso y cada vez que se presentan agotan las funciones-, y casi un año después al dúo le llegó la oportunidad de presentarse en España. La propuesta era por 3 meses, pero se quedaron 3 años (Ver Cruzando...). “Para Córdoba fue un impacto como hecho estético novedoso, y lo fue también para España”, destaca Pedro.

SER MODERNO ES ESTAR PASADO DE MODA
Verborrágicos al extremo, Los Modernos funcionan con una simultaneidad intachable. Pero es difícil definir de qué hablan, porque la sorpresa de sus textos pasa por la forma más que por el contenido: “El texto tiene una lectura nueva de los hechos, de la realidad. Los temas no se inventan, son universales, lo que sí recreamos es la lectura que hacemos de esos temas. El nombre nuestro es una anécdota que sugiere Alejandro, habíamos pensado mil quinientos, pero este entraba en el contexto de lo que queríamos; porque en tiempos posmodernos, ser modernos era estar pasados de moda”, explica Pedro, y le pasa la posta a su compañero: “Te cuento la imagen de esto porque pinta de alguna manera lo de ser moderno es estar pasado de moda. Íbamos caminando y vimos una lavandería industrial que está muy cerca de mi casa, que se llamaba La Moderna. El nombre estaba pintado en una pared muy vieja, rota y ajada en donde tenías que imaginarte lo que decía… pero esa lavandería en algún momento fue moderna, el tiempo le había pasado y seguía siendo La Moderna”.
Lo que parece anecdótico, de repente, en el Breve desconcierto... toma sentido. Se podría resumir así: La Modernidad nace como un discurso crítico de las viejas representaciones del mundo. Entonces el hombre tironea del cordón umbilical que lo ata a Dios y aparece esa razón ilustrada que todo lo atraviesa. El motor moderno será la crítica, y así quedará planteada: como perpetua crítica a la crítica y al conocimiento dado, cuya fortaleza será la imposibilidad de considerarla finalizada, porque toda crítica que la cuestione será Modernidad por excelencia. El dúo no es ajeno a esta dinámica, y así aborda su espectáculo: sus textos tratan temas universales, pero a través de un ejercicio crítico-semántico redefinen lo dicho.

HUMOR IRÓNICO
Ahora bien, ¿cómo ser moderno y no morir en tiempos posmodernos? En una entrevista reciente a Umberto Eco, le consultaron sobre el uso que hacía del término posmoderno en las apostillas de su novela El nombre de la rosa. Para sintetizar, el escritor sugirió acercarse a la Segunda Intempestiva en donde Nietzsche sostiene que estamos tan cargados de historia que moriríamos a menos que la releamos irónicamente.
Y por ahí pasa la cuestión, lo novedoso de este dúo es el código –propio- con el que se comunican con el público: luego de una presentación enciclopédica del tema, la palabra entra en escena para cuestionarse a sí misma hasta convertirse en una paradoja. Rimas, piruetas sintácticas, sufijos que quieren ser prefijos, vocales que desaparecen, significantes que alteran significados –puestos en escena con una sincronicidad y capacidad de síntesis admirable-, terminan por desmitificar una lectura original, que hasta el momento parecía incuestionable. La palabra –“la pala que labra”- altera el orden establecido, genera sentido y contrasentido, se sube a un tren de ironía que la lleva hasta lo absurdo, en cuyo sinsentido queda al descubierto el nuevo sentido. Así son Los Modernos, no cuentan nuevas historias, las recrean. Y lo humorístico predispone: “A nosotros nos permite decir cosas que, de no hacerlo a través del humor, serían académicas y cursis –explica Pedro-. Hablar de Dios para nosotros resultaría tedioso sino fuera a través de un humor que implica mucha ironía”. Pero el verbo, inevitablemente, se hace carne: “Lo que también hay es un trabajo súper delicado del actor en donde todo lo que no está dicho se insinúa desde la interpretación. Hay cosas jodidas, por ejemplo nosotros hacíamos un texto que se llama La era pos cristiana, muy complicado, pero que desde la interpretación le buscamos unos yeites muy interesantes, y la gente se reía un montón. Vos preguntame de qué, todavía no lo sabemos… son resortes que se mueven para que eso funcione de esa manera. Y pasa con un montón de textos que como actores forzamos para que entren con más liviandad”, completa Alejandro.
Humor irónico, que forma y deforma sonrisas en un público, que se descubre pasando mucho más que un buen rato ante un escenario con dos masculinos vestidos de falda y un atril –“sentimos que realmente la escenografía era tener un espacio despojado”, dice Pedro-.
Hubo un hombre que vivió el ocaso del ajetreado siglo XIX –algunos lo llamaban loco, su hobby era derribar ídolos con pies de barro- que dijo: La boca puede mentir, pero la mueca que se hace en ese momento revela, sin embargo, la verdad. A veces románticos, otras tantas ilustrados, Los Modernos develan así los misterios semánticos del lenguaje.


CRUZANDO EL CHARCO
Luego de un año de presentaciones en Barcelona, España, el Instituto Catalán de Cooperación Iberoamericano convocó a Los Modernos para dar una conferencia. El motivo de la invitación: fueron el único elenco latinoamericano en haber estado un año en cartel. Pero la sorpresa no acabó ahí: finalmente se quedaron por 3 años. Recorrieron toda España: “Inclusive las Islas Canarias –explica Pedro-. También hicimos cosas extrañas para nuestro propósito como ir a Suecia y a Francia”. Y si bien a nivel local han recorrido algunas provincias en el marco del Festival del Mercosur, la idea es establecerse un tiempo en Capital para abrir otras puertas: “Ahora queremos instalarnos en Buenos Aires para darnos a conocer por toda la Argentina –agrega Pedro-. Si bien somos muy conocidos en Córdoba, prácticamente somos desconocidos en el resto del país. Tampoco hemos ido a otros lugares de América del Sur; un próximo paso sería Uruguay y Chile”.


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Los Modernos recibieron en España el premio a la mejor obra 2004, y fueron elegidos como revelación teatral de la temporada en Barcelona. También fueron premiados en el X Festival Internacional de Humor de Madrid.

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Desde mediados de septiembre, Los Modernos se presentarán en la Sala Mayor del Teatro Maipo, en horario central.

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