viernes

Número OCHO - junio 2006




EL MUNDO SEGUN DROGBA

Costa de Marfil vive un momento difícil. Más allá de estar compitiendo por primera vez en un Mundial de fútbol, el primer rival de la Argentina posee en su país grandes diferencias sociales. Sucesivos golpes de Estado, cambios políticos, exacerbaciones étnicas y conflictos armados varios llevaron a una guerra civil que aún azota a los marfilenses. El país quedó dividido en dos. Costa de Marfil vio caer sin fin su economía siendo la nación del oeste africano que produce el 40 por ciento del cacao que se consume en el mundo, una de las más prósperas del continente. La clasificación del combinado africano para la Copa del Mundo resulta ser más que una competencia deportiva o una rivalidad nacional para ellos: representa la posibilidad de unir al pueblo a partir de un objetivo común y aglutinante. Según se lee en la prensa internacional estos días, la esperanza con la que los ciudadanos marfilenses esperan el Mundial es otro de los poderes ocultos del fútbol.

Y si del Mundial hablamos, no podíamos dejar de recordar a viejas glorias campeonas del ansiado título. Entrevistamos a Omar Larrosa, en nuestro Ejército de salvación, quien además de haber dado la vuelta en 1978 fue multicampeón en cuanto club recaló. El Bipolar del mes es alguien que ha gritado más de un gol argentino, el Bambino Pons, el relator más loco repasa anécdotas de sus atípicas transmisiones con su humor característico. Otro orgullo nacional es El Eternauta. Visitamos a Francisco Solano López, quien repasó su trayectoria más allá de la recordada tira que creara junto a Héctor Oesterheld, en nuestro Bonustrack, una charla impostergable. Tanto como la necesidad de reglas claras en el tratamiento de químicos en la tintorería industrial Color Pool S.A., empresa que tiene denuncias sobre contaminación en el capitalino barrio de Villa Mitre. En el Vermouth de junio, Enrique Symns. El señor de los venenos devela controvertidos secretos del rock nacional y habla de drogas. Hicimos un Bicolor de Casa Brandon, el nuevo espacio para manifestaciones artísticas de la cultura gay con temática queer, abierto a todo el mundo. Además en la Entrevista tenemos a una de las bandas más importantes de los noventas, El Otro Yo, los dueños de la mochila. Hablamos con su líder Cristian Aldana quien hizo una relectura de aquel grito primal “La cumbia es una mierda”. La Tragedia es el conflicto aparejado por la sanción de Ley del Donante Presunto; buscamos a una persona que está en la lista de espera y a un ciudadano que se opone a la norma en un tema tan sensible, y se lo mostramos. Nuestro Héroe anónimo es una rara “mezcla, medio sucia, de mimo, pantomimo y clown”, como Rodolfo Meneses Olivares mismo se define, el mimo que nació en Chile y divierte a los porteños que pasean por la Recoleta.

Junio es el mes del Mundial, esperamos que entre partido y partido Usted pueda hacerse un ratito para encontrarse con Bipolar, ahora también en su versión digital: revistabipolar.blogspot.com

Cristian Aldana, líder de El Otro Yo


Por Matías Castañeda

Por más que parezcan chicos buenos, el guitarrista de El Otro Yo dice que son un grupo peligroso. Escoltados por miles de fanáticos adolescentes, que portan mochilas alusivas, la banda es sinónimo de independencia y autogestión en la Argentina. Aldana habla de Omar Chabán, Ricky Espinoza, Gustavo Santolalla y Luis Alberto Spinetta, y hace una importante relectura sobre el debate generado por gritar durante el menemismo: ‘La cumbia es una mierda’.


Detrás de El Otro Yo existe un ejército de adolescentes que les responde. Parecen chicos buenos, parecen inofensivos, parecen hasta naifes. Pero son tantos –son miles- y tienen tanta energía que más de un estratega dudaría en cómo reducirlos durante una virtual batalla. El líder y guitarrista de la banda, Cristian Aldana, afirma que sí, que ellos también parecen ser inofensivos, pero que no lo son tanto: “Quieren que seamos buenos pero en realidad El Otro Yo es un grupo peligroso”. La jauría de reclutas no supera el metro cincuenta, es mayormente femenino, posee modales hiperquinéticos y un look poco ortodoxo -neo jumper, punk cibernético-. Comunican su posición a partir de lo que sus mochilas gritan: en Liquid Paper, en parches bordados, en pins. Estos elotroyitos, desde sus zurrones, se dicen entre sí qué grupos los representan mejor, qué piensan sobre un tema controversial o cuál es su perspectiva para el futuro. Y se torna todo aún más peligroso cuando Aldana asegura: “La única forma de parar este proyecto es con un balazo en mi cabeza”.
El sustantivo mochila tiene dos acepciones, una literal, continente portátil de objetos, y otra metafórica, cargar un peso, soportar una responsabilidad. Aldana usará ambos sentidos en la entrevista. 1. “Nosotros íbamos con la mochila. Hacíamos la distribución, iba yo mismo, dejaba el disco. Cuando empezamos no lo hacían otras bandas. Hoy vas a una disquería y el tipo ya lo sabe. Nosotros explicábamos: ‘Mirá, tengo mi grupo, no sé si te interesaría vender…’, y el tipo te respondía: ‘Flaco, yo acá pago el IVA, tengo la factura y vendo Charly García’”. 2. “Cuando hice Alegría (Mundo, 1995) pedía ese sentimiento para mí, como consuelo de dolor por la angustia que sentía, por la mochila que cargaba. En la letra enumero palabras: sueños, trabajo, comidas, salidas, diversión, alegría, frustración. Una mezcla de imágenes que es como si dijera dulce, amargo, semiamargo…”
Dentro del movimiento musical, El Otro Yo es mucho más que una banda tradicional porque representa valores que –contrariamente a lo que se piensa- el rock no tiene. Camaradería, transparencia, trabajo, honestidad. Por ello, por ser realmente como se muestran, en el discurso de Aldana repetidas veces elegirá expresiones como: autogestión, ayuda, independencia y memoria. La Unión de Músicos Independientes, una iniciativa de ellos, por ejemplo, es una instancia superadora del discurso del rock; ahí pusieron la patas en el barro y no sólo el grito en el cielo. Él lo explica casi como leído de un folleto imaginario: “Es la herencia karmática de un montón de músicos que se manejaba de manera autogestionada. Nos reunimos para desarrollar una idea que facilite los procesos de producción, fabricación y distribución de los grupos independientes”. Una vez dicho el speech, Aldana se irá envalentonando vehementemente, se saldrá del libreto. Es un adolescente de 30 y pico, idealista, que se va exasperando a medida que expone un tema: “Nos dimos cuenta que había muchas cosas para resolver de forma conjunta; ahí se abrieron un montón de puertas: fabricar los discos más baratos, hacer artes de tapa de forma profesional más económicos, poder encarar una mejor distribución. En la época que empezamos no estaba la información, ¡no existía! Todo ese camino que a nosotros nos costó diez años transitar hoy lo disfrutan todas las bandas. En esa época nadie compartía la información porque la onda era no avivar giles. Fue una forma de evolución, porque no sólo quiero evolucionar en mi banda. ¡A nivel humano quiero evolucionar! ¡¡¡Ojalá hubiera existido la unión de músicos cuando nosotros empezamos!!! Lo que pasa es que a los que la iban a armar los mataron los militares. Es así”.

PROFETAS EN SU TIERRA
Si El Otro Yo es un mundo, ese mundo tiene su centro -lleno de lava chirriante- en los hermanos Cristian (guitarra) y María Fernanda Aldana (bajo), y Ray Fajardo (batería). Le giran cuartos nombres, cuartas patas, pero este núcleo estuvo desde el principio. En los últimos discos de estudio aportó Ezequiel Araujo sus teclados. Se fue. Ahora se sumó una segunda guitarra, un ex Los Brujos, Gabriel Guerrisi. Este centro hirviente, explosivo de lava, tiene ya 12 discos editados (uno triple) en sus más de 13 años de carrera. De todo ese prolífico legado Aldana considera que el que más los representa es Mundo: “Es en el que más se nota nuestra musicalidad. Pasa por todos los lugares, hay heavy metal, punk, canciones, es intenso. Lo importante ahí no fue el sonido, fue la música. Es un disco conceptual de lo que para nosotros, en ese momento, era el mundo. Abrís el arte de tapa y hay todas ratas bañándose. Hay mensajes de amistad, de sexo, de tristeza, de alegría; Alegría, está ahí”.
Sin embargo, el disco que los catapultó a un público masivo fue Abrecaminos (1999), que contenía una de las canciones más importantes de todo el rock argentino: La música, que más que una canción es un manifiesto de vanguardia de mucho de lo que los chicos sentían en ese momento. Nadie lo dijo mejor que ellos: Estoy un poco sordo, / un poco ciego, / un poco empobrecido, / un poco descreído, / artificializados, / desnaturalizados, / estoy manipulado, / ¡me siento anarquizado! / ¡Estoy humanizado! / ¿O deshumanizado? / La música que escuchan todos / yo no la escucho. Ese plantarse contra lo que producía la industria musical en sus shows los llevó todavía más lejos. Antes del riff juguetón, Aldana le espetaba a sus soldaditos: “La cumbia es una mierda”, y los elotroyitos le respondían saltando frenéticamente. Hoy explica más tranquilo lo que tanto revuelto generó en aquellos convulsionados noventas: “Tendría que haber gritado ‘Menem es una mierda’. En ese momento la cumbia representaba la ignorancia. No me arrepiento de nada de lo que hicimos con el grupo pero sí me doy cuenta que por no haber gritado ‘Menem es una mierda’ ahora tengo que dar explicaciones de que no tenía nada en contra el estilo musical. ¡La cumbia representaba la ignorancia de un pueblo que estaba en decadencia! Ahora miramos para atrás y decimos: ‘¡Claro! Nos estaban dando vino, cumbia, dos pesos la entrada, la felicidad artificial, el tingui tiquitingui tiquitingui’”.

ELO Y EOY
“Los primeros discos que tuve -cuenta Cristian sobre sus épocas de escucha- fueron: uno de Queen, uno de Abba y uno, mi preferido, de Electric Light Orchestra, que se llama Time. Ese disco es buenísimo. ¿El de Abba? Fue en la época de la guerra con Kiss. Yo era de Abba, aunque Kiss también me gustaba. Incluso llegué a agarrarme a piñas por la música, eran muy extremistas. ¡O era Kiss o era Kiss! Y a mí siempre me gustaron las dos cosas, no me pudieron doblegar.” Después empezó a pararse del otro lado del escenario estudiando música clásica con la guitarra y reconoce que fue lo mejor que puedo haber hecho: “Por eso dentro de El Otro Yo hay mucha variación musical, porque la música clásica te abre una puerta sonora de melodías muy importante, te abre la cabeza a todo nivel. Ahí empezó el desarrollo de lo que fue después la banda. Por eso hay tanto juego melódico. Nos divertimos haciendo canciones”.

LA EXCELENCIA: UN COMPROMISO
Los chicos de El Otro Yo también tienen una faceta sindical: en 2005 trabajaron junto a sus colegas para que se anule la llamada Ley del Músico, que limitaba a los artistas y no contemplaba la realidad. Se reunieron en el Hotel Bauen para debatir sobre la creación de una legislación actual y comprometida con los trabajadores de la canción. Hace poco más de un mes el presidente Néstor Kirchner escuchó a los artistas y la derogó. “Ser músico es una profesión y es un derecho –reflexiona Cristian-. Tal vez la ley en 1958 servía, pero hoy no se adapta a la realidad de muchos músicos, como pasa en el rock, que no estudiaron, y que no por eso no son músicos. Quizás no sabés leer una partitura pero hacés feliz a la gente que escucha tu música.”
El aspecto más conocido de la banda, el antisistema, excede a la independencia y a la autogestión en sí. Un ejemplo de ello fue la puesta del Festi Rock Sin Marcas que hicieron en República Cromañón en 2004 junto a otros grupos. “Ese día se taparon las marcas de todo el lugar. Los equipos de guitarra, las cervezas, las bebidas. Todas, cada marca, una a una, con cinta. Es que muchas veces termina siendo más importante el espónsor que los grupos en sí. El festival, no sé, de Lucky Strike, ponele, ¡y ni siquiera nombran a los grupos! ¡No importan los grupos! Nos parecía fundamental recuperar eso. Estuvimos en recitales esponsoreados siendo un grupo independiente, no estoy en contra. Lo que no es sano es que porque pase algo deje de pasar lo otro.”

SUJETADOS
Como en las profecías religiosas, el símbolo que los representa se les hizo carne. En la canción El destino, El Otro Yo incluyó una frase lúcida, conciente: Debo estar bien, / la mochila se apodera de mí. Y, claro, pueden jactarse de representar ambas acepciones: se apoderaron con dignidad tanto del peso de avalar con sus hechos lo que testimonian en sus letras como, así también, se apoderaron de la mochila literal, como referentes de una generación de estudiantes o huestes elotroyianas, quienes, con esa mochila-pizarra, le gritan al mundo lo que piensan. Y se hacen oír. La mochila al apoderarse de ellos, son ellos; ellos son la mochila. Y revelan que por eso así están bien.

Francisco Solano López


Por Graciana Castelli

El creador del rostro de Juan Salvo, el inolvidable personaje de ‘El Eternauta’, cuenta su gusto por el género erótico y hace una relectura de su trabajo con el guionista Héctor Oesterheld. Además asegura que la mítica historieta tiene aventuras para rato.

Cuadros. Una rubia de lacia cabellera y labios carnosos llega a una playa desierta. Cuerpo esbelto, finas caderas, pechos enormes esconden una diminuta bikini roja. Se recuesta al sol; se acalora; se zambulle en una ola. Pierde el corpiño, lo busca, no lo encuentra. Semidesnuda seca su cuerpo y se tira sobre la arena. Pezones rosados, brazos en cruz, piernas flexionadas, rodillas juntas, pantorrillas abiertas. Pronto no estará más sola. Un moreno de físico escultural se topará con la prenda perdida e intentará devolverla a su dueña. Dormida, ella se despertará asustada y querrá salir corriendo. Pero es tarde, el hombre ya la desea. Le siguen una escena de sexo tras otra.
La secuencia forma parte de un conjunto de historietas agrupadas bajo el nombre de Silly symphonies (Sinfonías tontas), un libro en el que a lo largo de casi 100 páginas se explota al máximo el género erótico. Mujeres despampanantes y hombres superdotados se mezclan en las situaciones más hot, en escenarios ocurrentes y cotidianos a la vez. Los dibujos se alternan entre planos generales y planos detalle de penes, vaginas y penetraciones que terminan siendo los protagonistas de las historias. La fidelidad trasmitida en las expresiones de rostros que transitan la sorpresa, la negación o el placer devalúan la palabra. Los narradores son los mismos cuerpos que dialogan.
Quizá sorprenda saber que el creador de estas historias de sexo explícito sea nada más y nada menos que Francisco Solano López, el dibujante que materializó el rostro de Juan Salvo, el mítico personaje de El Eternauta, la historieta de ciencia ficción imaginada por el guionista Héctor Oesterheld, que tan bien supo representar la situación política y social de la Argentina de los cincuentas.
Pero lo cierto es que para este artista, las mujeres han sido una constante en su vida. “Cuando vivía en Río de Janeiro paseaba todas las mañanas. Un día caminando por la playa vi a una chica tomando sol, entonces fui a casa, la dibujé y dije: ‘Algún día voy a hacer algo con esto’ (Ver contratapa). Tiempo después hice otra historia: una chica que estaba durmiendo sufre un intento de violación y llama a su amiga para que la ayude. Cuando llega la otra, la única forma que encuentra para salvarla es provocando sexualmente al atacante. Entonces lo dejan a él vacío de sexo y ellas terminan dándose un beso. Las llamé Silly symphonies, el nombre viene de un género de dibujos animados en color que se usaba en los años treintas cuando era chico. Así que usé eso medio humorístico, medio en joda, para el sexo.” Estas historietas datan de principio de los noventas, y fueron publicadas con éxito en Europa, y también en la Argentina.

CULPABLES
Solano López comenzó a dibujar cuando tenía cuatro o cinco años. Su padre, periodista, trabajaba en la Municipalidad y le traía hojas y lápices para que se entretuviera. “Yo andaba por la casa dibujando y él guardaba todo lo que hacía. Terminó armando una pila enorme de carpetas”, recuerda. Al poco tiempo su padre murió, la madre tiró los trabajos y él dejó de dibujar hasta los 15 años. “Volví a empezar en el Liceo Militar. Yo estaba pupilo y los miércoles teníamos los días de visita. A mis compañeros los iban a ver hermanas, novias, y primas, y yo después me quedaba con las caras de esas chicas en la cabeza y las dibujaba. Así que fueron las mujeres las culpables de que yo haya retomado el dibujo”, sentencia.
El liceo lo aburrió y terminó el bachillerato en el colegio Nacional Ave­llaneda. Fue empleado en la oficia de un tío corredor de bolsa, y también en el Banco Nación. Los ratos libres los dedicaba al dibujo y tenía la costumbre de ir al sótano de la Asociación Estímulos de Bellas Artes, en donde por 50 centavos tenía acceso a modelos vivos que retrataba por horas. Nunca estudió, sólo tomó algunas clases para aprender técnicas de composición y manejo de la tinta china y el pincel. Entre los 17 y los 22 años inició su recorrido por las distintas revis­tas, y en 1953, después de cinco años de golpear puertas y acumular rechazos, llegó Perico y Guiller­mina, su primera historieta. Fue también para esa época que le ofrecieron en la revista Misterix –una de las publicaciones más famosas- encargarse de las ilustraciones de la tira Bull Rocket que, hasta ese momento, realizaba un dibujante ita­liano. “En la editorial me dijeron: ‘Ves el trabajo que hace este tipo, bueno, tenés que dibujar como él, eso es lo que esperamos de vos’. Me llevé una pila de esos trabajos a mi casa y saqué el parecido. La verdad tuve muy buena suerte porque me dieron la única historia que me interesaba en ese momento. Sentía que era un trabajo hecho con inteligencia, talen­to, ca­pacidad literaria e imaginación.” El guionista de Bull Rocket era Héctor Oesterheld, y ese fue el principio de la dupla que le daría vida a El Eternauta (Ver El eterno retorno).

SEX – FICTION, Y OTRAS CURIOSIDADES
“Cuando me saturaba de la ciencia ficción hacía erotismo, y cuando me saturaba del erotismo volvía a la ciencia ficción.” Así de fácil explica el dibujante la alternancia entre ambos mundos. El objetivo: no aburrirse. Y aclara: “Dentro de lo erótico tengo variantes, por ejemplo hice una novela gótica de la época victoriana que fue editada hasta en Alemania, y que es una línea más dramática. En cambio, están las Sexy histories que es sexo explícito, algo que hoy deja de ser una rareza”. Entre sus trabajos más calientes también se encuentra una versión del videoclip del tema Crazy de Aerosmith, en dónde las protagonistas se atreven a hacer todo lo sugerido en la pantalla chica.
Pero hay más y para todos los gustos. El primer Eternauta terminó de publicarse para 1959, y entre ‘63 y el ‘68 Solano López se fue del país y trabajó para la editorial inglesa Fleetway. Con el guionista Ricardo Barreiro editó Slot Barr y Ministerio. Junto a Carlos Sampayo creó Evaristo, un policial ambientado en los cincuentas. En 1984 se instaló en Río de Janeiro desde donde colaboró con una editorial alternativa de los Estados Unidos para la que hizo, entre otras cosas, una historietización de la parte central de Operación Masacre de Rodolfo Walsh: “Está hecha toda a lápiz. En la escena final se muestra cómo quedaron tirados en el camino los cuerpos de los fusilados de José León Suárez. Y cómo página agregada tiene a las Madres de Plaza de Mayo, a Walsh recorriendo el lugar, y un último cuadrito con los laureles marchitos de Aramburu”.
En 1995 regresa a la Argentina y hoy, junto al dibujante y guionista cordobés Pablo Maiztegui -a quién conoció en España a través de sus hijos-, continúa haciendo El Eternauta. El primer trabajo que hicieron juntos sobre la mítica historieta fue El mundo arrepentido: Juan Salvo es atraído hacia la Tierra por un grupo de jóvenes científicos argentinos a través del Experimento Uritorco. Pero ahora la nueva pareja apuesta por El regreso, y promete que habrá Eternauta para rato: “La búsqueda de Elena (la esposa perdida de personaje) va a ser de 192 páginas. Cuando se termine ahí veremos si Juan Salvo empieza a contar alguna de las aventuras que vivió en el Cosmos, o en algún lugar remoto pasado, presente o futuro. O si de alguna forma él se involucra con situaciones del mundo actual.” Pero la ambición va mucho más lejos: “La idea es mantener un centro especializado de El Eternauta entre Pablo y yo, y que otros dibujantes y guionistas se hagan cargo de las historias laterales”. La tira se publica tanto en Italia como en la Argentina.

EL DIBUJANTE
A poco de cumplir 78 años, a este veterano de la historieta no le tiembla el pulso: “Yo dibujo a lápiz y después las partes más importantes las paso en tinta. En Córdoba vive mi ayudante, Julio Schiaffino, que también intervino en el primer Eternauta. Y cuando termino una página se la escaneo y se la mando por mail con una notita explicándole cómo quiero que resuelva algunas cosas. Él me las manda de vuelta, y dos o tres días antes de mandar la publicación del mes me junto con Pablo para darle una revisada. Ordenamos todo, lo afinamos, y le hacemos los retoques necesarios”.
Solano López es un auténtico autodidacta. Lo suyo es el dibujo, y ni el avance tecnológico, ni el paso del tiempo lograron desterrarlo de su patria de papel. “Yo no soy guionista, me aburre, lo que me gusta es dibujar lo que escriben otros, tal vez sea una limitación que tengo. El argumentista lo que da es la sustancia, la línea de las cosas que pasan. El clima, el feeling, la llegada al lector se consigue a través de la imagen. Una buena historieta es aquella en donde el lector comienza a entender lo que sucede antes de empezar a leer. Mi tarea siempre fue darle forma a lo que otros inventaban en forma de diálogos, y con eso me gané la vida.”

Bambino Pons


Por Ariel Jonte

Con más de 20 años en el periodismo deportivo, el relator que canta los goles en la pantalla de Fox Sports y que ahora lo hace con los partidos del Mundial, cuenta algunos de los entretelones de sus tantas transmisiones.

1) ¿Cualquier periodista deportivo puede relatar?
- No. Es una especialidad.

2) ¿Cuándo te diste cuenta de que lo podías hacer?
- De grande. Empecé en 1975 y me di cuenta 11 años después. Cuando Víctor Hugo Morales se fue en 1985 a hacer las eliminatorias me dejó relatar a mí el Nacional B por radio Mitre. Algunos de los partidos los tengo guardados. Son las cintas de la vergüenza.

3) ¿Cambiaron muchas cosas desde que empezaste?
- Yo dí clases de periodismo durante 15 años y a los chicos de ahora no les gusta tanto el fútbol. Es una cuestión de época. No había tanta vanguardia en internet o en televisión. Era todo más a pulmón.

4) ¿Tuviste otro trabajo fuera del periodismo?
- En una oficina, paralelamente a lo que hacía en periodismo. Estuve tres años y lo dejé por la ambición de tener más tiempo libre porque el que tenía no me alcanzaba.

5) ¿La elección fue porque con lo que ganabas llegabas a fin de mes?
- Sí, en el ‘77 entré al diario La Razón y a la par estaba en la radio.

6) ¿En cuál?
- En Antártica. Ahí hacíamos un programa diario con Roberto Leto de música y deportes. Seguíamos la campaña de Boca, Argentinos, San Telmo, Deportivo Morón, entre otros.

7) ¿Cómo lo bancaban?
- Cada equipo tenía un espónsor que ponía la guita. En Deportivo Italiano estaba Natalio Baulea que tenía una casa de ropa interior para hombres. En Argentinos la ponía Próspero Cónsoli, que tenía una funeraria. En Morón estaba Machado Rojo, que tenía un frigorífico. En San Telmo… no sé quién carajo ponía la guita porque estaba en la Isla Maciel.

8) ¿Cuál fue tu primer laburo como periodista?
- Fue en 1975 en la revista Nuestro Ascenso. Laburábamos por la firma y por los viáticos. Por suerte siempre los pudimos mantener para ir a la cancha de Berazategui o a la de la concha de la lora, como la de Victoriano Arena, donde había que tomarse un bondi y un tren.

9) ¿Jugaste en algún equipo?
- Jugué en la tercera de Peñarol de Montevideo. Era un diez con habilidad pero sin talento.

10) ¿Por qué en Uruguay?
- Porque cuando me iba a probar a algún club de acá había como mil pibes y allá sólo había cinco.

11) ¿Cómo entraste?
- Por una recomendación de quien por entonces era el presidente del club. Estuve nueve meses.

12) ¿Qué le dijo?
- Lo ves jugar y te morís. Yo hacía hombre a hombre, te cagaba a patadas, la tiraba a la mierda, hacía tiempo. Soy el peor hijo de puta que puede haber para jugar, porque conocí al guacho de Carlos Bilardo que me ideó. Empecé a entender las cosas a su manera.

13) ¿Cuál es su manera?
- Ganar es lo único importante, mas allá de la estética.

14) ¿Cómo fue tu entrada a Sport 80?
- Yo conocía a Marcelo Araujo y a Fernando Niembro, y nos invitaron a participar junto a Leto y al Ruso Ramenzoni. Hacíamos vestuarios y entrenamiento. El programa duró apenas cinco años por las miserias humanas. Cuestiones de egos.

15) ¿Qué nota fue la más impensada?
- En el ‘85 hice el laburo más impresionante desde el punto de vista de lo ilógico. Fue en la tribuna del Estadio Centenario en un partido que jugaban Peñarol y Boca. Fui a la popular donde estaba La 12 y conectado con un handy lo hice hablar al Abuelo, que era el jefe de la hinchada. Los tipos estaban calientes porque los dirigentes los boludeaban y no los dejaban ir al Mundial.

16) ¿Qué te dijo?
- En cada salida que teníamos leía lo que iban a hacer: Le digo a Carlos Heller que le voy a iniciar un juicio por calumnias porque somos ciudadanos bien nacidos y tenemos pasaportes. Además dijo que iban a viajar cierto día y que se iban a alojar en tal hotel de México. El tipo le leyó 15 puntos.

17) ¿Lo volviste a entrevistar?
- Al mes. Cuando entré a la popular José dijo: Al que toca al Bambino lo mato. Entonces me rodearon en círculo y me subí al paravalancha.

18) ¿No tuviste problemas con la hinchada de River por eso?
- Me acuerdo de un superclásico en el que Araujo me mandó a la popular donde estaban los de River porque estaba Hugo Santilli, que era el presidente del club. Antes de pasar la puerta de acceso me agarra un tipo y me dice: Bambino rajá porque te cago a trompadas.

19) Te fuiste al toque...
- Cuando me dijo que era boleta le pedí perdón, que se olvidara y que no me pegara de atrás. Era flaquito pero fibroso y con los pelos como Ángel David Comizzo. Lo mandó Santilli porque estaba escuchando la radio.

20) ¿Lo contaste al aire?
- Cuando me preguntó Araujo le dije: Gracias Marcelo. ¿Lo conocés a apriete? Bueno vino apriete, apareció Comizzo. Casi me mata.

21) ¿Tenés otra anécdota de ese estilo?
- En Jujuy. Había un hincha en la platea que me volvía loco y cuando grité un gol le dije: ¡Goool, vos solo, goool, vos solo! Vinieron como 20, les dije que pararan, que vinieran de a uno. Con uno me peleo, con dos hablo y con tres me rajo. Por suerte terminamos hablando.

22) ¿Y con futbolistas?
- Con Enzo Trossero en un partido Boca-Independiente en el ‘83. Lo escuché puteándolo al Gordo Faraone, lo jodía con la mujer y otras boludeces. Cuando terminó el partido le pregunté al aire qué había pasado. Se enojó, con razón, y no me habló por dos semanas. Pero somos muy amigos. Hay que tener cuidado con las primicias porque pueden ser pan para hoy y hambre para mañana.

Omar Larrosa


Por Federico Amigo

Fiel exponente del fútbol lírico y amante del torneo nacional, el volante-delantero fue partícipe del emblemático Huracán‘73 y de la selección del ‘78. A poco de cumplirse un nuevo aniversario de la conquista argentina de la Copa del Mundo, repasa su extensa y prolífica carrera pletórica de títulos.

“¿Lo deja hasta las seis, jefe?”, pregunta el hombre del garaje mientras se sube a un Wolkswagen Gol. “Sí”, responde casi sin responder el dueño del coche y se va raudamente hacía su oficina sin saber quién manejará el volante de su auto. El hombre tiene algo más que un estacionamiento. Lleva a cuestas seis títulos futboleros -uno de ellos el Campeonato Mundial de 1978- y una historia (oficial) que conspira para mantenerlo lejos de la pelota. Omar Larrosa, mediocampista-delantero surgido de las inferiores Xeneixes, fue uno de los ilustres jugadores de los setentas, década dorada del fútbol nacional. Después quedó en la retina de los memoriosos y en el olvido de la vorágine mediática.
Triunfos y buen juego marcaron a fuego la carrera del entonces llamado ventilador, una suerte de posición antecesora al enganche. “Cuando uno quiere jugar al fútbol se va creando ilusiones. Hay distintas etapas. Cuando estás en inferiores querés ver cuándo llegás a primera, que parece imposible. A mí me tocó en Boca. Había figuras grandísimas. Pensaba: ‘Cuándo voy a poder estar ahí’”, rememora Larrosa a propósito de sus comienzos Azul y Oro. Allí consiguió su primera corona: el Nacional de 1970 con un equipo conformado por Antonio Roma, Rubén Chapa Suñé, Norberto Madurga y Ángel Rojas, entre otros.

HACER LA AMÉRICA
Para la mayoría de los jugadores actuales irse al exterior significa dar un salto cualitativo y conseguir un resguardo monetario a largo plazo. Con unos pocos minutos en primera, los futbolistas piensan en hacer la Europa. En cambio, Larrosa siempre tuvo claro que la Argentina era su única casa. “En Guatemala podía jugar seis meses y volver. Entonces decidí firmar ahí. Sabía que volvía. Fui goleador, salimos campeones y me querían retener, pero quería venirme para acá. Tenía en mente venir, quería hacer más cosas en el país.” En 1971 Boca lo dejó en libertad de acción y Omar se fue al guatemalteco Comunicaciones. Tras la Copa Mundial ‘78 retornaron a tentarlo desde Brasil para que abandonara su tierra natal: “No me quise ir. No se pensaba tanto en hacer una diferencia económica. Me gustaba como estaba acá, ya tenía dos hijas y vivíamos bien”.
Unos años antes había formado parte de uno de los conjuntos más recordados por la corriente lírica del fútbol. El Huracán del metro 73 de César Luis Menotti supo construir un consenso, que lo erigió como uno de los grandes equipos nacionales merced a, como diría Fontanarrosa, las tres G: ganar, gustar y golear. “Era un equipo bárbaro con un muy buen fútbol. Fue una campaña brillante. Juntó una delantera tremenda: (René) Houseman era un loco que ni él sabía que iba a hacer e inventaba en la marcha jugadas geniales; (Miguel Ángel) Brindisi era un jugador con una dinámica bárbara y mucho gol; (Roque) Avallay, en el minuto 90, te metía un pique más, era ligerísimo y se acoplaba al juego asociado; (Carlos) Babington era el que tenía la estrategia, el que pensaba; yo, que jugaba de once, le daba ritmo y colaboraba en la salida con Babington.”
Larrosa también juega con su memoria y recuerda una anécdota hoy tristemente irrepetible e inimaginable: “Fuimos a Rosario y ganamos 5 a 0. El primer tiempo terminó 3 a 0 y cuando nos íbamos para el vestuario toda la gente se paró para aplaudirnos”. Además del despliegue y el diálogo constante con la pelota, Omar se consolidó en El Globo, atípicamente, como goleador con ¿15 goles? No, tres décadas después el volante-delantero asegura que consiguió uno más. “Hice 16. Hubo uno que salté con Avallay y como él salió gritándolo todo el periodismo se lo dio. Pero detrás de él cabeceé yo”, confiesa.
El 25 de junio de 1978 la Selección Argentina logró su primer Campeonato Mundial inmerso en la más feroz y cruenta dictadura militar. Bajo la consigna Derechos y humanos, los terroristas de Estado intentaron ocultar un presente inocultable y utilizaron a la Copa como momento máximo de captación de una sociedad, en su mayoría, cegada (por propia elección) ante los secuestros, las torturas y las desapariciones masivas. Sin embargo, con el paso de los años quedó impregnada en el seno de la población aquella idea de que el mundial lo ganaron los militares, un lema tan polémico como discutible. “Lo ganamos en la cancha”, asevera Larrosa. Y algo de lógica conlleva. En esa selección Ubaldo Matildo Fillol, Daniel Alberto Passarella, Américo Rubén Gallego, Mario Alberto Kempes, René Houseman y Leopoldo Jacinto Luque, sólo por nombrar algunos, hacían meritorio el laurel, allende del peso de la triple fuerza castrense.
“Siempre les digo a los jugadores que es tan importante el 1 como el 23. Yo me preparaba como si fuera a jugar al otro partido, y pasaba el encuentro y no jugaba”, relata Larrosa. Pero el Mundial le guardaba un lugar de privilegio. Antes del cuestionado partido con Perú, Osvaldo Ardiles se lesionó y al ex Huracán le llegó el momento: fue titular y figura frente a los peruanos. Aunque luego sólo entraría en el triunfo y la consagración final contra Holanda. “Fue el día máximo, el que esperaba. Es un sueño que está en un montón de pibes, pero que a muy pocos se nos da. En 100 años de fútbol, en un país de brillantes jugadores, nos tocó a 43 ser los campeones del mundo.”

PRESENTE
En 1981 había llegado a San Lorenzo con la expectativa intacta de seguir peleando torneos, pero se encontró con un panorama que nunca hubiera imaginado. “Fue lo más feo que me tocó vivir en la carrera –cuenta el multicampeón-. Había inconvenientes permanentes. Teníamos más reuniones para hablar de los sueldos que no se pagaban que de los partidos mismos. Del plantel, los cuatro o cinco más grandes podíamos soportar no cobrar unos meses. Pero otros muchachos no, vivían al día. Ese año no quise seguir jugando. Tenía 34. No me cayó bien el descenso y pensé que no me iban a contratar equipos grandes, sino los que estaban de mitad de tabla para abajo. No quería vivir la misma situación y me retiré.” A pesar del último traspié, Larrosa sabe que un manchón no ensucia toda una etapa pletórica de gloria. “El diez por ciento del 100 no va a hacer mella de todo el resto, que fue muy bueno. Estoy satisfecho con todo lo que me pasó, incluido lo de San Lorenzo.”
A poco de partir rumbo a Alemania, los campeones mundiales del ‘78 y del ‘86 despidieron al seleccionado de José Pekerman en el Monumental. Entre ellos estuvo Larrosa, quien reconoce que fue un reconocimiento para todos: “Argentina está donde está por esos dos títulos”. Este año vivirá su segundo Mundial en el lugar del hecho, pero fuera de las canchas. En España ‘82 fue invitado al partido inaugural, entre la Argentina y Bélgica, y le tocó compartir cartel con algunos desconocidos muchachos. “Salí a la cancha con Beckenbauhuer, Bobby Charlton, Carlos Alberto y algunos más”, cuenta a la pasada.
A pesar de no dirigir hace más de un año y medio -su última travesía fue por el Selangor de la exótica liga de Malasia- salvaguarda la simple esencia futbolera. Su boca escupe palabras que lo devuelven a los setentas y lo depositan en el verde césped que lo vio jugar. “Nosotros nos quedábamos como una hora pateando después de los entrenamientos. Pegándole a un lado, al otro, tiro libre, de chanfle, neto, seco. Venía el técnico y nos decía: ‘Basta, van a estar cansados para mañana’, y nos sacaba la pelota.”

Casa Brandon, un espacio para la expresión gay


Por Lucía Turco

Desde septiembre de 2005 existe en la ciudad una nueva casa para manifestaciones culturales y artísticas. Sus creadoras lo han pensado como un centro de temática gay, pero está abierto a todo aquel que quiera expresarse.

En la calle Drago al 200, hay un espacio dedicado a la expresión gay: Casa Brandon. Muchos de los que tiempo atrás llevaban a sus hijos a fiestas infantiles en esa dirección o asistían a cumpleaños de 15, quizás se alarmarían al entrar hoy en la casa, o quizás no. Pero seguro que en ese entonces no había cuadros colgados en las paredes que mostraban órganos genitales masculinos. Y la maravilla de que ahora estén allí expuestos es la prueba de que un grupo de personas ha creado un lugar para manifestarse, y lo han creado justamente porque encontraban imposibilidades de hacerlo en otros sitios culturales y artísticos.
Modelos de una particular masculinidad, ropa de tamaño Barbie expuesta en pequeños cubos, torzos de hombres desnudos, penes envueltos o vestidos como muñecas, son las primeras imágenes al entrar a la casa. En conjunto, conforman la muestra Hombres por mujeres, cuyas autoras son Susana Romano, Natalia Rolón y Sonia Barrozo. Las exhibiciones van rotando cada 15 días. En el centro de esta exposición, en un living de sillones modernos, Jorgelina De Simone -creadora de la casa junto a Lisa Kerner-, habla de cómo surge todo. Subiendo una corta escalera, Lisa atiende detrás de la barra, donde todo es luces de colores.
El nombre del lugar es un homenaje al transexual estadounidense retratado en la película Boys don´t cry que es violado y asesinado por la banda de amigos con los que se juntaba en el barrio, cuando estos descubren su identidad sexual. “Es un homenaje a su intento de vivir libremente”, dice Jorgelina. Piercing, pelo corto y prendas únicas, ella explica que no vive en la casa, “pero es como si vivera”.

CREAR EL ESPACIO
Luego de seis años de fiestas itinerantes, conocidas como Brandon gay-day, Lisa y Jorgelina concretaron la idea (y la necesidad) de construir un espacio donde concentrar la música, los libros y la decoración que prefieren, y convertirlo en un centro de encuentro con personas afines a sus gustos y miradas, donde lo más importante es la libertad de la comunicación. “Es el lugar que necesitamos para desarrollarnos, desplegarnos, expandirnos. En primer término, claro, como gays. Pero también, y esto es fundamental, como personas cruzadas por otros deseos e inquietudes que aparecen como el costado menos visible de nuestra propia identidad”, dicen ellas.
Antes de la aparición de la casa, en septiembre de 2005, sus creadoras, junto a grupos de amigos y conocidos, solían reunirse en bares y centros culturales en los que leían poesía y compartían música. También organizaban exposiciones de cuadros y fotografías y proyecciones de películas, en espacios diseminados por la ciudad. Todo eso ahora se concentra en Casa Brandon, que es como una familia que se agranda constantemente. Stephanie Rosen (23 años), conocida como DJ Stefy, la conoció en la manifestación del orgullo gay, en diciembre de 2005, cuando hacía cuatro meses que había llegado de Michigan (Estados Unidos), con la idea de quedarse a vivir por un tiempo. Ahora pasa música todos los miércoles, El día de las chicas, cuando se juntan a ver la serie estadounidense The L word, que cuenta historias de lesbianas.
“Me gusta porque tiene un poco de todo -explica Stephanie-. No es sólo fiesta, como pasa con otros lugares donde no hay expresiones artísticas, Casa Brandon es un montón de cosas más.” Lo define como “una familia de gente que se junta”, lo que lo hace un espacio “muy cómodo”. Pelo corto, jean, zapatillas y camisa, Stephanie nunca deja de sonreír con sus ojos celestes. Busca el celular en la riñonera para enviar un mensaje. Recuerda que había quedado en invitar a un chico que conoció en un bar a la Brandon-gay-day, que está por empezar en El Teatro.
Los últimos ciclos de cine, que se hacen todos los jueves, contaron con proyecciones de películas clásicas y de non-future, que tocan la temática de jóvenes con destinos violentos. También tienen un lugar para presentaciones de libros, entre otras, de la editorial independiente Carne Argentina, del escritor Alberto Laiseca.
“A veces parece que está todo bien, todo relajado, pero cada tanto nos damos cuenta de que no es así, y por eso está bueno este espacio”, cuenta Jorgelina respecto a la apertura que encuentran, en general, en la sociedad.

DESCONCIERTO
Miércoles, jueves y domingos, abren desde las 20 hasta las 2. Los viernes y sábados, hasta las 4. En esas horas, especialmente los fines de semana, Casa Brandon se llena: muchos eligen comer en el restaurante que funciona en el último piso, después bailar, o simplemente escuchar música y tomar algo en la barra. Y puede ir cualquier persona que tenga ganas de pasarla bien o de disfrutar de las actividades que se organizan.
Jorgelina cuenta que una vez salió una nota sobre la casa en el diario Clarín y a partir de eso, muchas personas del barrio tocaban el timbre sólo para entrar y ver de qué se trataba. Señoras emperifolladas iban como de excursión a conocer qué era lo que se escondía detrás de la puerta de Drago 236. O hay mucha gente aburrida, o es como dice Jorgelina: “Algo está mal, o al menos no tan relajado como a veces parece”.

DOS POR CUATRO
En Casa Brandon siempre hay lugar para nuevas actividades. Y así como el miércoles es El día de las chicas, el domingo es El día de las clases de tango queer, que se inauguraron en mayo y que están a cargo de la profesora Mariana Falcón. Lejos de las problemáticas que pueden aparecer en una clase de éstas cuando hay más mujeres que hombres, o viceversa, en Casa Brandon siempre hay pareja para bailar, porque justamente nadie queda afuera. Sobre un piso de rombos blancos y negros, hay mujeres que bailan con mujeres, hombres que bailan con hombres –como en los orígenes del tango- , y mujeres con hombres también.
“Es un lugar para expresar lo gay, pero no es excluyente”, explica Jorgelina.

Enrique Symns


Por Gabriel Pérez

Cocainómano empedernido, en los febriles ochentas fundó ‘Cerdos y Peces’, la revista alternativa más importante de la cultura rock. Fue el monologuista que abrió los primeros shows de Los Redondos, hasta que lo echaron. Escribió biografías de Fito Páez y del grupo chileno Los Tres, ambas polémicas. Ahora llegó el turno de contar (parte) de su vida.


Vos no podés seguirme a mí, le increpó Charly García, que acababa de estrellar un pesado cenicero de metal contra un vitraux. Su cara, ya de por sí contracturada por el vicio narcótico, se tensó aún más. Su lengua, siempre filosa, esta vez no se pudo escapar de la cárcel impuesta por los dientes. Sus ojos, podridas pasas de uva que vieron derretirse llanuras y evaporarse ríos de estricina, temblaban. Al ver el estado de su contrincante, García se paró airoso, y con su arrogante estilo de caminar, se marchó ignorando gestos de adulación. Pero para Enrique Symns la venganza –y a esta altura de los años, la vida- se mete por la nariz de un saque. Entonces, cuando en otra noche de locura vio que por la entrada de una disco de los ochentas ingresaba quien años después sería Say no more, puso una bolsa arriba de la barra, y con paciencia de orfebre –para que nadie se perdiera su acto demencial- armó una raya larga y gruesa como una mamba y la jaló con furia. ¡Vos no podés seguirme!, fue el grito de guerra. Charly, vencido y ridiculizado, dio media vuelta y se perdió.
Escenas como estas se reflejan en El señor de los venenos, la autobiografía de Enrique Symns que recorre los años de experimentación con drogas, sus viajes por el mundo y su relación con el rock nacional. Fiel representante del estilo de Williams Burroughs, Symns repasó su vida en pleno estado de trance, escribiendo con la inconciencia de un chamán. “La editorial Alfaguara chilena me pagó por adelantado 2 mil dólares, pero después no lo quisieron publicar. Por eso lo escribí, porque tenía ese dinero. Sin plata no puedo sentarme frente a una computadora, porque necesito drogarme y emborracharme para escribir seis o siete horas por día”, revela sentado en el medio del salón del Bar Británico, ese tugurio anclado en Brasil y Defensa cuyas noches lo tuvieron de protagonista con amigos que luego –afirma- le hicieron sentir el veneno agridulce de la traición. “Traidor es el que no avisa, y yo siempre aviso. Creo que me lo habré buscado, porque ya es demasiada gente la que me puse en contra. En el panteón del rock, en el que yo viví muchos años, no me quedaron amigos. Por ejemplo, el Pelado Cordera, que vive acá a un par de cuadras, sabe que estoy en la mala y no me da una mano.”
Cuando habla de amigos que le fallaron, sus cañones apuntan irremediablemente al trío formado por el Indio Solari, Skay Beilinson y la Negra Poli, cantante, guitarrista y manager de los Redonditos de Ricota. Primero conoció a la Negra Poli, a quien confundió con una mina que lo quería engatusar. Pero lo que ella quería era presentar a las otras partes del tridente, para que se pudiera unir a la banda como monologuista. Luego de años de abrir los shows de Los Redondos –“Subía al escenario y por ahí hacía cinco días que no dormía, y me mandaba unas actuaciones endemoniadas.”- un día le prohibieron la entrada al camarín, donde tampoco accedían los otros músicos de la banda. “Siempre fueron tres, nos excluyeron a todos, y yo, que estuve hasta el final, nunca creí que no me iban a dejar afuera. Los problemas empezaron cuando el dinero entró en nuestras vidas. Yo creía que era todo por amor al arte y me equivoqué, ellos eran muy mezquinos con el dinero. Me acuerdo que en Rosario la gente me confundía con Patricio Rey, y yo estaba con Walter Sidoti disfrutando de ese privilegio: fuimos a todos lados gratis, a los prostíbulos, tomamos merca de arriba. Era un chiste, pero cuando se enteraron se enojaron mucho.” El otro detonante que resquebrajó la relación fue el crimen de Walter Bulacio, y la lavada de manos por parte del Indio Solari. “Fue el primer asesinato de nuestro rock, y el Indio no sólo no lo denunció, sino que no lo asumió.”

CERDOS Y PECES
El oficio de periodista lo encontró desprevenido fraguando unas encuestas en algún bar español. Pasaba todas las mañanas escribiendo crónicas sobre personas imaginarias. Y pensó que no lo hacía mal. Se había exiliado porque su mujer de entonces estaba en la mira de los horribles. Hacía poco que había muerto Francisco Franco, y en la península todo lo que el franquismo había echado a las alcantarillas ahora tomaba forma y se adueñaba de la calle. Drogas, promiscuidad, fiestas. Ese renacer lo trajo a la Argentina en 1984. “Había vivido de cerca esa experiencia y sabía que acá iba a pasar lo mismo, que todo se iba a destapar con el final de la dictadura.” Cerdos y Peces fue una revista que, como bien señala el Indio Solari en un reportaje que Symns le hizo para esa publicación, marcó un camino muy especial de los derechos humanos extendidos a los presos, a los gays: tenía una visión diferente de la ética y la moral. Reportajes inventados, textos de Juan José Saer, crónicas policiales de Ricardo Ragendorfer, travestis, indicaciones para comprar la merca más exquisita de la ciudad, todo se podía encontrar en esas páginas. Cuando Pinochet fue retirado con honores y senaduría eterna, Symns llevó su plan de destape a Chile, donde fundó The Clinic, y donde también supo ganarse enemigos. “Escribí la biografía de Los Tres, y Los Prisioneros me pagaron para que les escribiera la de ellos, pero al ver el resultado, se negaron.” Es que en la biografía inédita Symns cuenta, entre otros secretos, lo mucho que disfrutaba el cantante Jorge González al masturbarse compulsivamente mientras veía videos pornos y se tomaba un pase tras otro. Antes del clímax, según cuenta Symns, González le pedía: “Necesito que me penetres un poco Henry, es una fantasía que tengo”. Si bien no salió publicada la biografía, estas secuencias son contadas minuciosamente en El señor de los venenos. “El off the record es una ley del periodismo en la que estoy y no estoy de acuerdo. Si yo te digo que Iván Noble se la come, y no te digo ‘no lo publiques’, podés hacerlo. Y eso pasó con Jorge González, él en ese momento no me pidió que no lo contara, sólo se negó cuando ya lo había escrito.” Otro problema que lo alejó de Santiago fue la acusación de pedofilia al poeta y pintor Adolfo Couve, un intocable de la cultura chilena. “Conocí a un taxiboy que me reveló que Couve lo tuvo preso en su casa durante toda su infancia y su adolescencia, que lo convirtió en su esclavo sexual. Lo loco fue que nadie de la familia de Couve me denunció cuando revelé el secreto.” De vuelta en Buenos Aires, Symns adelanta que editará otro libro en agosto, Big Ban City. “Son historias terribles, casi todas ocurrieron acá en San Telmo, en las manzanas que rodean al Británico”, concluye, mientras sonríe nerviosamente, pensando, quizás, en su próximo reencuentro con la cicuta.

Mimo Tuga, el arte de hablar sin palabras


Por Milena Marcovecchio

Hace un año y medio, vestido como aviador, Rodolfo Meneses Olivares se instaló a trabajar en Recoleta. Muchos lo conocieron por el boca a boca y otros se toparon con él de paseo por la zona. Ahora ya es parte del barrio.

Sábado, 17 horas. En la unión de las calles Junín y Vicente López varias personas, apostadas en las cuatro esquinas y formando una especie de círculo improvisado, cortan el paso y se ríen a carcajadas. El tránsito circula a media marcha, en el centro, colgado del estribo de un colectivo de la línea 59, aparece el mimo Tuga, el responsable de que durante el fin de semana el tiempo se detenga en Recoleta. Pero, ¿quién es ese hombre de casi dos metros que se atreve a reunir tanta gente y, además, le saca una sonrisa?

DETRÁS DEL MAQUILLAJE
Rodolfo Meneses Olivares es chileno y tiene 22 años. Hace un año y medio que está en el país, vino a estudiar a la Escuela de Mimoteatro de Escobar y Lerchundi. “Yo empecé trabajando en las calles de Chile, era autodidacta, ahí conocí a otras personas que se dedicaban a esto. Me gustó y dejé la Universidad de Ingeniería, después estudié producción de eventos dos años pero finalmente me di cuenta de que lo mío era el arte. Me gusta el teatro, la calle, el mimo, el silencio, el cuerpo. Llegó un momento en el que dije: ‘Bueno, yo quiero saber más’. Así que me vine, mis profesores de acá estudiaron con Etienne Decroux, que fue el maestro de Marcel Marceau, el nexo, es como estar estudiando en Europa”, cuenta con emoción.
Para poder vivir y estudiar, todos los fines de semana El Tuga -apócope de tortuga, como le pusieron sus amigos chilenos-, copa la zona más paqueta de Buenos Aires. Durante los 30 minutos que dura su show (hace hasta cinco por día), la gente se divierte y aplaude en forma espontánea cada una de sus intervenciones. “Lo que yo presento es una mezcla medio sucia de mimo, pantomimo y clown. Pero es la manera de hacer un espectáculo en la calle y que sea exitoso, en cierta forma. Si me pongo a hacer un mimo puro no se detiene nadie. Yo interactúo con la gente, por eso debo estar atento, porque trabajo con los vehículos y tengo que estar con todos los sentidos abiertos para sacar una sonrisa de cada cosa que va sucediendo.” Tiene una forma muy particular de contar su trabajo, en cada palabra que dice deja al desnudo la adrenalina y el placer que le produce.
Pero claro, no siempre el público está receptivo para “jugar o ser niño por unos minutos”, como él dice. También en ocasiones tuvo que enfrentarse a enojos: “Yo no puedo manejar todas las situaciones, trato de hacer lo mejor posible, si me pongo delante de un colectivo va a ser siempre mirando al chofer a los ojos y tirándole una sonrisa”.
Rodolfo ha presentado su show en otros países pero no duda de que el público porteño es muy particular: “No es que sea más difícil que otro, sino que tiene diferentes códigos. Acá tengo que ser muy amoroso y prolijo para que la gente me vea y se enamore del personaje. A veces están tan conectados con mi trabajo que si ven que me esta por atropellar un auto alguien salta y dice: ‘¡Nooo!’”. Y agrega: “La otra vez vino la policía y me quería llevar detenido por parar el tránsito. Pero la gente gritó, se fue contra la cana, y no dejaron que me llevaran. Entonces ahí se produce una cosa que es increíble. Vos podés tener toda la técnica del mundo, pero si no tenés feeling con la gente no sirve de nada, es vacío”.

CAMINO A LA FAMA
En el poco tiempo que lleva en Buenos Aires ya salió dos veces en televisión. Primero fue en el programa Cámara testigo, el año pasado. “Estaba trabajando y pasó el productor, vio lo que hacía, le gustó mucho, le di el teléfono e hicimos la nota. Eso me ayudó porque se vio en Chile y toda Latinoamérica”, cuenta. Más tarde, la producción del programa que tenía Paula Trápani en Telefé también le hizo una entrevista. El Tuga se estaba haciendo conocido.
No sólo Buenos Aires le dio una oportunidad, Venezuela también lo convocó para un festival y armó un espectáculo que llamó Intervención callejera, que fue elegido para la inauguración. También allá enamoró al público -en este caso compuesto por 500 chicos- actuando desde un escenario, algo muy diferente de lo que estaba acostumbrado a hacer. Sin embargo, el show fue un éxito al punto de que su actuación llegó a las páginas del diario local.
Rodolfo se refiere al Tuga como si fuera otra persona. Sabe que hay cosas que tienen en común y otras que los diferencian bastante: “Al Tuga le gusta la atención de las personas y a mí también, ser parte y no espectador. Si ve un grupo de gente quiere estar ahí en el medio, claro que él es al extremo, porque como es un mimo tiene otra llegada a la gente. Yo en cambio soy más serio, más tranquilo. El Tuga es para afuera y Rodolfo más para adentro”, confiesa.
Sus metas son exigentes, en tres años quiere preparar un espectáculo de primer nivel que le permita recorrer los festivales de mimo más importantes de Europa. La llegada del Cirque du Soleil le inyectó aún más ganas de perfeccionarse, y asegura con la convicción de los luchadores: “A lo mejor suene un poco raro, pero yo voy a estar en El Soleil. Tal vez no sea justo en ese circo, pero sí a ese nivel, es a lo que aspiro porque creo que algo menos no me haría feliz. No quiero ser un Marceu, sí tener su técnica y su síntesis de movimientos, pero con un espectáculo algo más moderno, más creativo”, sueña. Pero por el momento su atención está centrada en la gente que todos los fines de semana lo sigue: “Quiero que el espectador me dé su dinero no por obligación, sino porque el espectáculo lo valga, porque le guste”.

Problemática ambiental en Villa Mitre



Por Federico Amigo

Los vecinos denuncian a una tintorería industrial por supuesta contaminación del aire. Los dueños de Color Pool S.A., la fábrica, hacen oídos sordos y el Gobierno de la Ciudad brilla por su ausencia. En tanto, los asambleístas del barrio marchan y piden ‘que se vayan’. Acusaciones, problemas (in)salubres, clausuras y movilizaciones en un vecindario sobresaltado.

No se trata de una técnica propia de la aromaterapia ni mucho menos de una nueva práctica medicinal. La Clínica de la Esperanza, al decir de sus habitúes, combate con sahumerios de distintas fragancias el fuerte olor producido por Color Pool S.A., una tintorería industrial acusada de contaminación ambiental y tres veces clausurada por el Gobierno porteño. “Cuando vienen los medios televisivos y ven la fábrica al lado de la clínica no lo pueden creer”, cuenta Leonardo Pinotti, miembro de la asamblea de Villa Mitre y Santa Rita que tomaron las denuncias de los vecinos y, conjuntamente, comenzaron a movilizarse en pos de encontrar una solución a la problemática.
Todo se gestó a partir de la iniciativa de algunos de los habitantes de las casas lindantes a la industria, enquistada en Tres Arroyos al 2000. Una vecina tenía problemas en la vista, aparentemente, ocasionados por los hediondos y nauseabundos olores generados por la fábrica. La mujer se acercó a la asamblea: “Nos preguntó si nosotros sabíamos algo –recuerda Pinotti- y le dijimos que no. Entonces hicimos unos 30 volantes convocando a todo aquel que conociera una posible contaminación de olores”. A los pocos días aparecieron otras personas que habían presentado reclamos ante la Defensoría del Pueblo y otras dependencias gubernamentales, pero no habían tenido eco.

MARCHA Y CIERRE
Color Pool S.A. no era la única industria presuntamente contaminadora. Desde la asamblea, y con la unión vecinal como telón de fondo, las denuncias comenzaron a tomar cuerpo. Galvanoplastia Nicrodur, ubicada en Caracas 1766, fue cerrada tras los reclamos y las movilizaciones barriales. “El día que salió la nota en Página 12 –el 23 de noviembre de 2004- se cerró”, explica Leonardo. Si bien no fue totalmente esclarecido, en la manzana de esa empresa 12 personas padecieron cáncer y cinco de ellas murieron. ¿Casualidad o causalidad? Los villamitrenses sostienen que los hechos guardan cierto vínculo con el sospechoso accionar de Galvanoplastia. El expediente se encuentra aún en el Fuero Criminal de la Justicia, aunque, como suele suceder en el país, todavía no obtuvo una resolución.
En cambio la tintorería hoy continúa abierta, por eso también los vecinos siguen en pie de guerra. “En los primeros tiempos tuvimos alguna charla con los dueños. Pero no tienen una mirada empresarial. Porque una gran empresa lo que menos quiere es tener problemas con el vecindario. Esta gente tiene una lógica media rara. Buscan la agresión, tratan de poner excusas. Por qué no se adecuan y se dejan de jorobar”, comenta Leonardo con una mezcla de rechazo y desasosiego.

LAS QUEJAS
Durante 2005 Color Pool S.A. fue clausurada en tres oportunidades y reabierta la misma cantidad de veces. Los motivos fueron claros: fuertes olores que trascienden a la fábrica y se cuelan en las fincas linderas, ruidos por encima de los permitido por norma, y sustancias químicas no declaradas. Los más de 12 mil volantes que la asamblea repartió dejaron marcada su postura: La tintorería produce alergias respiratorias, dérmicas, visuales. Además la planta funciona en una zona residencial y viola el código de planeamiento. La empresa no derrocha ni un segundo de producción. Sus máquinas, y los empleados que las manejan, operan a toda hora. “La solución sería cerrarla, no puede estar habilitada. Pedimos por favor que se vayan. Villa Mitre, mientras esté la fábrica, va a seguir adelante”, pregona otra vecina que tiene cuatro hijos con problemas alérgicos. “Vivo a media cuadra. No puedo abrir las ventanas, en verano no se puede tomar sol en la terraza”, agrega la mujer que prefiere reservar su identidad.
Pero el suceso que reflejó el (poco) interés de la empresa para encontrar una salida se vivió el 21 de abril de 2006. Los trabajadores de la tintorería no tuvieron reparos para volcar en la vía pública un líquido marrón con fuerte olor a químicos -relata el documento difundido por la asamblea- que alcanzó la mitad de la calzada. Al instante los vecinos llamaron a Defensa Civil, que llegó dos horas después. También asistieron al lugar: la Brigada de Riesgos Ecológicos, la Guardia Urbana y el entonces director de Control de Calidad Ambiental de la Ciudad, Diego Martínez. Las críticas al funcionario arreciaron y unos días más tarde fue relevado, según los villamitrenses, por su inacción en la tarde del derrame.
“Cuando llegó el Gobierno los bomberos ya habían tomado muestras que dieron alta alcalinidad a 50 metros de los desagües fluviales donde tiraron los líquidos. A las 12 de la noche, le pedíamos a Martínez que ingresara y la clausurara. Pero el personal de la fábrica no lo dejó entrar. Entonces, levantó un acta y se fue. No hizo nada teniendo todo el respaldo para hacerlo. Los vecinos lo reputearon y le dijeron que estaba comprado”, relata Pinotti.
Javier Fígoli reemplazó al ex director de Control de Calidad Ambiental, pero Leonardo guarda cierto (entendible) escepticismo frente a la labor del flamante jefe: “Los funcionarios dicen: ‘No puedo creer que esto funcione en el centro de una manzana de un barrio’. ¿Qué esperan para solucionarlo? ¿Que vuele la tintorería?”.
Los vecinos también entienden que tanto la empresa como el Gobierno porteño juegan sus fichas sin buscar una salida conciliadora entre infectantes y afectados. “Todo lo que se consiguió –sostiene Pinotti- fue gracias a la movilización. El Gobierno por su cuenta no hizo nada. En la última marcha en un cartel se leía: ¿Qué buscan? ¿Un muerto? Yo no sé qué buscan.”

Debate por la donación de órganos


Por Liliana Arguiz

Ilustración: Natanael

Según datos del Incucai, actualmente hay cinco mil pacientes que esperan un trasplante de órganos. En Argentina, la ley incorporó -en abril de este año- la figura del donante presunto. A partir de ahí se instaló una polémica que tiene como eje central nada menos que la vida.


Graciela Rubino, paciente en lista de espera

“Los trasplantes dejaron de ser un hecho individual”

“A los 36 años me diagnosticaron una miocardiopatía dilatada isquémica. Sufrí dos infartos y me realizaron tres by pass. Lamentablemente a los pocos meses no podía caminar ni 50 metros. En ese momento decidí hacer una interconsulta en el hospital Argerich, donde me informaron que era candidata para recibir un trasplante. Comencé con los estudios de pretrasplante, ingresé a lista de espera y me proveyeron un cardiodesfibrilador implantable.
En 2001 conocí a Alicia Barbato, actual presidenta de la Asociación Trasplante Vida, de la que formo parte desde entonces. Tenemos un programa de radio, Ser uno en vos, los miércoles de 15 a 16 por AM 880, desde donde tratamos de concientizar a la gente sobre la importancia de la donación de órganos.
A partir de la actualización de la ley argentina de trasplante, que incorpora la figura del donante presunto, el número de intervenciones creció considerablemente. En la primera mitad de mayo se realizaron 45 trasplantes de órganos y aunque a veces sólo se conocen las emergencias por los casos que se muestran en televisión, los trasplantes se realizan todos los días.
Esta actualización de la ley se produce justamente porque la necesidad de trasplante dejó de ser un hecho individual para ser un problema del conjunto de la sociedad. Uno puede informarse a través de los organismos de procuración del Incucai o en Buenos Aires Trasplante, donde hay una guardia las 24 horas, los 365 días del año.
La donación de órganos es, a las claras, una necesidad concreta. Yo le pregunto a la gente que tiene dudas: En caso de necesitar un órgano, ¿te negarías a recibirlo? Entonces, ¿por qué no donar?. Es una forma de impedir que tus huellas desaparezcan.
Algunos creen que se altera la atención de un paciente cuando es donante, pero sólo se recurre a esa opción cuando fracasan todos los esfuerzos para salvarlo, cuando ya no es recuperable. En estos casos, el médico tiene la obligación -por la ley 24.193- de denunciar al organismo de procuración de órganos. A partir de ahí existen requisitos y protocolos que se deben seguir durante seis horas después de verificada la muerte por un neurólogo, antes de que se considere donante.
Pensar que en nuestro país hay tráfico de órganos es desconocer cómo se realiza un operativo de trasplante. Además de que es fundamental que exista histocompatibilidad entre receptor y donante, el proceso requiere de una gran infraestructura en comunicaciones, tecnología médica de alta complejidad y profesionales especializados, lo que implica la intervención de más de 80 personas en cada operativo.”


Florencia Nallim, en contra de la donación

“El Estado no puede meterse en una cuestión tan personal”

“Creo que la gente no tiene la suficiente información respecto de la Ley de Donante Presunto. Incluso hay personas que ni saben que existe una ley que establece que todos somos donantes a menos que hagamos un trámite manifestando lo contrario. Además, me parece que la decisión de donar o no los órganos -ya sean propios o de un ser querido- no es una cuestión que le competa al Estado, es algo que se tiene que decidir en el entorno de la familia del supuesto donante. Se trata de un derecho personalísimo y absolutamente privado.
No sólo estoy en desacuerdo con la ley, sino con la donación en general, porque creo que cuando una persona está en estado vegetativo no está muerta y yo no estaría dispuesta a matar a un familiar para donar sus órganos.
Para que un paciente sea donante tiene que estar en un estado de muerte cerebral, que supuestamente es irreversible. Pero mi experiencia me ha demostrado que no es así. A mi abuela le habían diagnosticado muerte cerebral. Los médicos nos preguntaron a los familiares más cercanos si autorizábamos la donación, pero nosotros nos decidimos por la negativa, entre otras cosas, porque ella misma había manifestado explícitamente que no quería donar sus órganos post mortem. Los médicos insistieron, pero nosotros mantuvimos nuestra postura. A los tres días, milagrosamente no sólo se despertó, sino que se quejó por no estar en una habitación mejor.
Siempre me quedó la duda acerca de qué hubiese pasado si mi abuela hubiera sido donante, ¿la habrían tratado igual o la habrían dejado morir? Todos sabemos que existe un mercado ilegal de órganos que mueve mucho dinero. He oído hablar de que en algunos países de Latinoamérica matan a los que andan por la calle, a los homeless, para traficar sus órganos.
No sé cuántos casos iguales o parecidos al de mi abuela habrá, pero me parece que se debería instruir más a la gente a través de campañas y brindando más seguridad a los ciudadanos que potencialmente quieran donar sus órganos o los de sus familiares. La ley debería ser explicada de forma tal que no de lugar a interpretaciones ambiguas. Porque tal como está expresada hoy no deja en claro cómo actuar, e impide que la gente pueda tomar una decisión conciente.
Creo que a nadie le gustaría que le maten a un familiar porque se olvidó de hacer un trámite. Para mí la donación de órganos tal como está instrumentada es eso, es una forma de matar, porque hasta que el corazón no deje de latir, la esperanza siempre existe.”

martes

Número SIETE - mayo 2006



Pekerman, Monteagudo es argentino

Cuántos años tienen que pasar para que un revolucionario sea aclamado por todos los sectores de la sociedad. ¿Algunos?, ¿cientos?, ¿casi dos siglos? Y no sólo por la ideología del insurrecto sino más bien por ir contra el statu quo de una época. Lo cierto es que cercano el bicenentenario de la Patria, los valientes próceres de la epopeya del 25 de mayo de 1810 son aclamados desde todas las esferas de la sociedad, sin distinciones. Especialmente esa delantera compuesta por Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno. ¿Quién se le atreve a estos prohombres? Nadie, por cierto. Un punto de unión supraclasista como este -que exceda al fútbol- es una buena noticia en un país tan dividido en intereses y oportunidades.

25 de Mayo por delante nos fuimos al Cabildo y recordamos en Bicolor los tiempos en que ese edificio ilustre era mucha más que una construcción histórica en la casco urbano. Y si de historia argentina se trata, lo más reciente, lo que será manual de estudio en el futuro, es la presidencia de Néstor Kirchner: compramos palitos, maní y un Campari y nos fuimos a tomar un Vermouth con Claudio Lozano. El economista de la CTA, que entró apoyando al Presidente y hoy es más opositor que la UCR, nos hace un balance del Gobierno en el tercer aniversario K. Pasamos por la UBA porque no sabemos qué pasa con Atilio Alterini; ni a favor ni en contra de su asunción en el rectorado, enfrentamos a dos voces autorizadas en el tema porque es una Tragedia; las conclusiones la sacará usted. El cantor de las cosas sencillas dichas con poesía, el secreto mejor guardado de nuestro rock, es el señor Gabo Ferro. Lo agarramos desprevenido con la guitarra y nos contó (y nos cantó) algunos de sus desvelos. Imperdible. Tanto como la lengua sagaz y venenosa de Fernanda Iglesia, nuestra Bipolar del mes. La columnista de Duro de domar que no deja títere con cabeza en la farándula; tanto como Humberto Tortonese, que heredando del gran Adolfo Castelo sus vicios de crítico feroz pasa revista cada noche en RSM, además de estar en la radio, en el teatro y de prepararse incluso para hacer cine, en nuestra Entrevista. Nuestros Héroes anónimos son los chicos que participan del proyecto de la Fundación PH15, una institución que ayuda a los jóvenes de Ciudad Oculta a encontrar su vocación en el arte, promoviendo la fotografía. Y es tan importante ver cómo ven el mundo estos chicos, como la problemática alrededor del Bar Británico, otro café histórico de nuestro país que tiene un mal presente y está diagnosticado de un peor futuro a pesar de la resistencia de los habitués, en nuestro Ejército de salvación. Respiramos profundo, nos miramos para adentro y tratamos de encontrar la sabiduría en la milenaria práctica de la Kabbalah; no sabemos si lo logramos pero al menos nos tomamos el trabajo de contar cómo es que se destaca la sucursal argentina de esta disciplina tan en boga en Hollywood.

Bipolar cumple su séptimo mes en la calle y como José Martí dijo: A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses, este mayo recordaremos con orgullo la gesta del 25 esperando llegar al número 8 de la revista.

Humberto Tortonese


Por Milena Marcovecchio

A fines de los ochentas, transgrediendo lo establecido se inició e hizo del teatro su sello de distinción. Con un talento implacable trabajó con Gasalla y se sentó en el living de Susana Giménez bajo la piel de la diputada Gasconcha. Acompaña mañana y tarde a Elizabeth Vernaci en la Rock & Pop. Es coequiper de Mariana Fabbiani en RSM, y con su obra, La voz humana, esta por salir de gira ¿Se le puede pedir algo más?

Las Rimas y leyendas de Becquer fue lo primero que hizo en ese subsuelo de creatividad: El laboratorio, como generalmente lo llaman los de su generación. Tuvo la suerte de conocer y formar parte del teatro underground que se gestó y ganó terreno con el ocaso de la última dictadura militar, y el Parakultural fue el epicentro. Sin saber que en ese lugar en donde reinaba la improvisación se estaba generando vanguardia, Humberto Tortonese dio las primeras muestras de lo que vendría años más tarde.
Humor negro y grotesco fue la fórmula. Sin embargo, como dirá él más adelante, todo surgiría sin pensarlo. Hoy, su naturalidad y espontaneidad para decir las cosas siguen siendo sus principales características.
La perra Angélica, testigo omnisciente de su presente, se recuesta sobre una alfombra y da lugar para comenzar la charla.

CULTURA SUBTERRÁNEA
- Tu comienzo en el teatro fue nada menos que al lado de Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, ¿como se dio?
- Ese trío se formó sin querer, al principio cada uno hacía sus presentaciones, después la vida nos fue uniendo y a mí me sirvió muchísimo porque era todo creatividad, lo que leíamos lo hacíamos a la noche en el Parakultural. Batato era un ser único, con luz propia, al igual que Urdapilleta, cada uno con un potencial terrible.

- Las circunstancias políticas del país también influían mucho, ¿no?
- Sí, tal cual, porque los medios donde vos podías expresarte libremente eran esos, los teatros eran muy oficiales, no es como ahora que cualquiera puede estar en cualquier lado, en ese momento era algo realmente marginal. Era un laboratorio que surgía sin estar pensado, no decías: Voy hacer algo que sea marginal, o voy a este lugar que es marginal. Ahora todo es decorado, pero en aquel entonces esa decoración era lo natural del lugar.

Con una estética propia y un público que no se comportaba como tal, porque al igual que los actores también tenía vía libre y el mismo espíritu desacartonado, el submundo -en su forma más literal- que creó el Parakultural fue un semillero de artistas en todas sus variantes.
Tortonese hoy cuenta con un reconocimiento que, a pesar de haber realizado innumerables obras dentro del circuito under (Ver: Mis...), se detonó en 1992 con su aparición en el programa de Antonio Gasalla. “Era lo mejor que había de humor en ese momento, y con Urdapilleta hacíamos los sketches que realmente eran otra cosa en la televisión. Eran parte de lo que ya veníamos haciendo y Antonio nos dio libertad, eso fue lo que provocó una explosión”, recuerda.
Si bien es cierto que todo lo que hacía era por amor al arte, también había que comer y para eso trabajó de cadete, hizo una publicidad para la marca Suchard, y fue mozo en la Dama de Bollini, restaurante top de la época, que le permitió alternar entre noches de bohemia y un trabajo con sueldo fijo.

EN SINTONÍA
Volvió a la tele, luego de su trabajo con Gasalla, de la mano de Susana Giménez en donde una vez más hizo lo que quiso. Pero en esa oportunidad se metió en el personaje de la diputada Gasconcha. Verborrágico y sin sutilezas pintó como nadie la década menemista. Recuerda que la criatura nació de una borrachera con amigos, y cuando lo llamaron para el programa la propuso y anduvo. “Primero me dijeron que tuviera cuidado con el horario, tenían un poco de miedo, pero después nadie se preocupó por lo que decía. Nunca me censuraron, la misma Susana no quería enterarse antes para divertirse al aire”, asegura.
Hoy, al lado de Mariana Fabbiani y sin personajes que lo camuflen, Tortonese sigue siendo el mismo, todas las noches en RSM por América pasa revista de la farándula y, sin pelos en la lengua, no deja títere con cabeza.

- Tenés lo grotesco y el humor negro muy incorporado a tu persona, ¿siempre fuiste así?
- En realidad uno tiene un mundo que lo va acompañando, pero de chiquito no era tan del humor negro. No recuerdo bien la edad pero agarraba la poesía negra o cualquier otra y le buscaba algo para adaptarla a una forma que realmente me gustara.

- ¿Hoy el sistema minuto a minuto para medir el rating es una presión extra para trabajar con lo humorístico?
- Es todo un circo porque es un juego nuevo, todos arman algo para ver cómo funciona. Yo creo que los que están del otro lado lo toman como divertido. Hay una locura de los que hacen televisión, de los que están detrás diciendo: Cuidado que esto funciona bien. A veces la tele tiene ese mundo de locura insoportable. Pero es ridículo eso del minuto a minuto, las cosas siempre a la larga también cansan. No hay algo que dure tanto. El único es Tinelli, que no se sabe todavía porqué. La pelotudez no sé cómo se mantiene tanto. El año pasado ocurrió lo mismo con Susana, también miraban quién hacía más puntos y era terrible, lo viví poco en ese momento, pero si yo medía 28 puntos probablemente hubieran dejado a la diputada todos los días. Es ridículo, si el que se metió en el horno andaba bien, seguían quemando gente (risas).

- En la radio, con Elizabeth Vernaci (Radio portátil y Tardes negras por Rock & Pop) el minuto a minuto no cuenta, hay un espacio ganado, y transmiten un vínculo muy fuerte entre los dos, ¿no hay límites?
- Con La Negra en realidad no es que no haya límites, nos permitimos decir lo que se nos ocurre y eso realmente esta bueno. Creo que no lo censuran por eso, porque uno es auténtico, porque no estás puteando por putear. La verdad es que a la radio la disfruto muchísimo, pero también porque es La Negra, porque con ella pude encontrar esa conexión que también me pasó con otros seres. Nos retroalimentamos el uno al uno.

- Estás nominado por mejor labor humorística en radio para los premios Martín Fierro, ¿como lo vivís?
- No es un premio que me importe tanto, me importó mucho más el Premio Clarín (mejor labor unipersonal por La voz humana) u otro que sea por actuación en donde los que votan son actores y tienen algo más de prestigio. La gente que está en Aptra no sabés quién es, la mayoría son mamarrachos, ya las ternas son medias ridículas. En 2003, que era por la diputada, estaba con Gasalla, Florencia de la V, y no tenía mucho que ver. Se arman mal las ternas, ahora estoy compitiendo con Alejandro Dolina y yo no lo veo como alguien que hace humor en radio, sí como hombre de radio.

- ¿Pero vas a ir?
- Sí, si no me coincide con alguno de mis compromisos. Tampoco es que me muero por ir, ya fui un par de veces y te das cuenta de cómo son las cosas.

UN SER COMPLETO
Angélica va y viene entre trípodes, reflectores y cámaras de foto. La invasión a su territorio ya le esta empezando a molestar. Es la única que tiene permitida la estadía completa en la casa, y lo sabe. A pesar de estar hace 20 años en pareja, este actor multifacético optó por no formalizar bajo un mismo techo para cuidar la relación. “Podés viajar, salir, tener una compañía, pero no la convivencia que desgasta todo, ¡y el humor de cada uno es tremendo!”, confiesa con esa gestualidad que le nace naturalmente.
Si bien el teatro es el lugar en donde mejor se mueve, a la radio aprendió a disfrutarla, la tele fue un tentempié de ocasión que le acercó la popularidad que muchas veces las bambalinas y las tablas demoran en traer. Y en la pantalla grande también se dio el gusto de actuar: La cruz del sur se llamó la película en donde -bajo la dirección de Pablo Reyero- encarnó a un travesti, un personaje de alto voltaje erótico al que también se le animó. “Me ofrecieron bastantes cosas en cine que rechacé y no me equivoqué. No era trabajar por trabajar, eso es lo bueno que me dio el Parakultural, el decir: ‘Bueno, ya que estoy haciendo lo que me gusta y lo disfruto, seguí haciéndolo. Generá cosas que te gusten que eso es lo bueno’”, asegura con la convicción de los que a la vida le conocieron todos sus costados.
Humberto Tortonese a los 41 años no para. Su segunda película está en camino, es una coproducción con España, de la cual lo único que puede adelantar es que se pondrá en la piel de un policía corrupto. El guión tiene mucho de cómics y de personajes grotescos, pero por el momento sólo es un proyecto en proceso de gestación.

Gabo Ferro. Alma de diamante.


Por Gabriel Pérez

Se quedó mudo en un escenario y al otro día empezó a estudiar Historia enfermizamente hasta que se recibió con honores. Tiene escrita una tesis sobre los vampiros en los tiempos de Rosas. Hace un año, gracias a un amigo que le dijo que los músicos no abandonan la música, volvió a grabar un excelente disco que lo llevó a girar por Estados Unidos. Gabo Ferro, el jardín más bello del rock.

La sonrisa cautivadora de Gabo Ferro puede engañar al más cínico, porque detrás de ese gesto generoso, de la voz suave, y de la palmada amistosa se refugia un hueso duro de roer. Sus opiniones son tajantes y las dice con una seguridad a prueba de balas. Pero, por suerte, no habla con la soberbia de los ignorantes, y es una persona cálida que se presta al diálogo.
En un ambiente cada vez más prostituido como el del rock, es una bocanada de aire puro la aparición de su primer disco solista, Canciones que un hombre no debería cantar. Pero para otros es el peligroso ejemplo de que se puede desarrollar una carrera digna por afuera del negocio. “‘A vos te voy a matar’, me dijo un poco en broma un capo. No se bancan que no acepte ciertas reglas del juego, que no tenga mánager, que yo solo me arme las fechas, las giras, que el periodismo me busque”, reflexiona.
Su primer trabajo lo grabó en un día, el 25 de febrero de 2005, y lo acompañaron en la aventura Ariel Minimal, Pepo Limeres (guitarrista y tecladista de Pez) y Rogelio Jara en la percusión. A través de los 12 temas que trae el cedé, Gabo visita varios estilos, desde la zamba más pura a la canción más frágil, y el nivel poético de sus letras supera por varias cabezas a los hits que figuran actualmente en los rankings radiales, sobre todo el folclore El amigo de mi padre (Ver Escritos…), que relata una historia de amor gay a través de la visión de un niño.
“Quería volver a lo primigenio. Cuando yo toco una canción con la guitarra es efectiva. Y mis experiencias anteriores en los estudios eran de preproducción, producción, grabación de bases, demos, regrabación de bajo, tres guitarras. Eso me llevó a enojarme con todos y a grabar muy poco. Entonces fuimos a ION, que es un estudio de los cincuentas, porque quería registrarlo en primeras tomas, que fuera básico. ‘Si los pibes matan cuando tocan, para qué meterle más timbres’, era mi pensamiento. A la semana ya estaba en fábrica y así de sencillo quiero que sea seguir tocándolo. Ahora puedo llevar este disco de gira, me llevo la guitarra, subo a un avión y no tengo que preguntarle a nadie si puede tal fecha. Yo me presento, si Ariel puede, que venga, si Pepo puede, lo mismo, sino salgo a escena solo. Antes era un casamiento con una señora gorda y había que cumplirlo.” Ese antes era Porco, la primera banda de Gabo Ferro.

EL DÍA D
¿Qué estabas haciendo el 31 de marzo de 1997? Si no te acordás, es porque seguro que no estabas en el Hotel Bauen viendo a Porco. Esa noche, durante el tercer tema, el cantante de la banda literalmente enmudeció. Dejó caer el micrófono, saltó del escenario por sobre el (escaso) público, y corrió maratónicamente por la avenida Callao. “No fue un ataque de pánico. Simplemente dejé de hablar, me pasé la semana siguiente así. La primera vez que abrí la boca fue para decirles a los chicos de Porco ‘esto fue’. No fui al médico para saber si era algo físico. Sé que estuve mucho tiempo en silencio”, confiesa. Por esos días empezó a estudiar Historia, y lo hizo tan enfermizamente que a los pocos años se recibió con honores: ganó un premio en la Academia Nacional de la Historia, y le dieron una medalla de oro del Museo Mitre.
(Pequeño intervalo: Gabo fustiga sin piedad a los historiadores mediáticos, “La historia es un problema complejo, al igual que el rock, y presentarla como un anecdotario es una hijaputez. Ese tipo de historia es de drag queens, es una historia travesti. Para mí es mucho más interesante hablar de San Martín y pensar por qué vino en 1812, quién le pagó el pasaje, bajo qué contexto filosófico-ideológico llegó, antes que preguntar si era negro y pobre, o si la batalla de San Lorenzo fue una pequeña reyerta. Esa historia es para gente que trabaja 16 horas en un banco y después cuenta en familia: ‘¿Viste que San Martín era negro? Y lo que en realidad tendría que preguntarle ese tipo a su mujer es: ¿Qué nos pasa que cojemos una vez al mes?”).
Hizo la maestría, cursó el doctorado, pero seguía sin emitir palabras. “En la facultad me decían El mudo. Me hablaban y yo decía, ‘sí, no’, nada más. Ni escuchaba música. Había vendido mi guitarra, mi famoso micrófono inalámbrico, regalé discos. Sepulté las cosas de Porco en un cuartito y estudiaba. Sólo estudiaba.”
Seis años después, el ahora verborrágico Gabo explica de un tirón por qué, en su divorcio con la palabra, se quedó con la tenencia del silencio: “Porco nació maduro, fue como haber parido a un nene de dos años. El primer disco fue conceptual, y es algo que las bandas no estaban acostumbradas a hacer. Dijimos: ‘Hagamos un disco sobre escatologías’. Tenía que ver con nosotros que éramos pibes de veintipico de años y muchos amigos se nos habían muerto. Queríamos mezclar el sexo y la muerte. Las letras eran espantosas, y esa era la intención. Lo que pasa es que el concepto tiñó al grupo, entonces todo el mundo decía: ‘Es una banda asquerosa, suena fuerte, no se puede tararear una canción’. La prensa no nos trataba tan bien. Nos costó entrar en el Sí. Me acuerdo que yo estaba en un grupo de poetas, Los verbonautas, y un periodista nos vino a hacer una nota para ese suplemento. Yo le pedía una nota para Porco y a él no le gustaba nada lo que hacíamos. Y me acuerdo que le grité: ‘Si yo te dijera que tengo sida seguramente correrías a hacerme una entrevista’. Él me miró despavorido. Yo tenía la camiseta puesta de Porco, ensayábamos mucho. Pero se hablaba demasiado y la gente no apoyaba. Cuando volví en 2004, cerca de 150 personas me dijeron que habían visto cómo me quedé mudo. Pero nadie nos vino a ver a nosotros, todos fueron a escuchar a Jaime Sin Tierra. Sólo la esposa del guitarrista de Porco nos fue a ver esa noche”.
La banda llegó a grabar un segundo disco que no salió editado, pero que Gabo tiene en su poder y que le graba a los amigos. También anda dando vuelta una edición pirata que lanzó el sello Ultrapop. “Cuando tenga para un abogado le haré juicio a esa compañía porque ganaron plata por ese cedé, y yo pagué la parte que me correspondía de esa grabación”, dice indignado.

HACIENDO LA AMÉRICA
Parece un cuento de hadas, pero no lo es. A fines del año pasado, un conocido le compró cinco copias de su primer disco y las llevó a Estados Unidos. Los temas acústicos hicieron el ruido suficiente como para que se armara una movida entre las universidades, que juntaron el dinero del pasaje para que Gabo hiciera su primera gira en el exterior: La pobre pero honrada tour. “Fueron dos meses de tocar casi todos los días. A veces hasta hacía dos funciones en el mismo día. También canté mucho en la calle. La onda era no recibir dinero, si alguien se copaba me compraba el disco. Y me di el gusto de tocar de todo: canciones de Pez, Flopa, Porco. Hasta versioné un tema de David Bowie, Space Oddity (risas).”
Gabo, que puede llegar a defender sus creencias al punto tal de bajarse de un festival importante por estar patrocinado por una gaseosa, volvió encantado de la experiencia de estar en la tierra del Tío Sam. “Si Estados Unidos tiene esa parte horrible que todos conocen es porque hay un sustrato de una gran generosidad en mucha gente. Todos me invitaron a sus casas, se emocionaban mucho, se acercaban. Me escribían cosas. Los músicos son increíbles. Cuando escribí una canción anti Bush y dije que era anti guerra, ¡querían participar todos! Y yo les decía que no podían porque era una canción chiquita. Valoran mucho al cantautor compositor.” De aquellos conciertos memorables en los que Gabo (que habla inglés a la perfección) anunciaba con voz de niño travieso “this is a song about a gay father”, quedó registrado un pirata del que Gabo copió personalmente 300 copias -y las autografió- para vender en sus shows a sólo cinco pesos. “Ese disco es un regalo para los amigos que me siguen, no lo voy a reeditar”, comenta.

LOS DÍAS POR LLEGAR
Para este año Gabo tenía pensado editar un disco triple. Uno de los cedés iba a tener un sonido bien crudo, parecido al de Porco, con Pez como banda de apoyo. El segundo, que ya está grabado, los hizo con músicos de Estados Unidos. Y la trilogía se iba a completar con un cedé sólo con el registro de Gabo y su guitarra acústica. Este último pensaba grabarlo al aire libre con un programa informático que se trajo de La pobre pero honrada tour. El concepto global del triple era jugar con las tríadas Sexo, Drogas, Rock and roll, y Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero por el momento Gabo no pudo concretar su proyecto. “Es muy difícil conseguir el dinero para sacar ese disco triple por más que tenga todo el apoyo de mis amigos. Hay una oferta de un sello español para editarlo en España, pero tengo que hablarlo bien.”
Por lo pronto, mientras se decide a sellar un acuerdo con la compañía en cuestión, Gabo adelanta que “antes de la primavera” sacará un disco nuevo. “Tengo como 100 canciones, si no las edito voy a estallar”, dice sonriendo. Será mejor que cumpla su promesa, no es bueno que un hombre ande con tantas canciones que no debería cantar.

Fernanda Iglesias


Por Ariel Jonte

Crítica de cuanto famoso le inspiraba una nota en las redacciones de Clarín, la periodista hace un repaso de sus años en el diario que, por una de esas casualidades, la llevó a ser panelista del programa ‘Duro de domar’.


1) ¿Por qué renunciaste a Clarín?
- Me pareció que haber trabajado 12 años en ese lugar ya era un tiempo razonable.

2) ¿Te costó tomar la decisión?
- Sí, porque el medio es muy importante y te da seguridad económica. Te pagan hasta cuando te enfermás.

3) ¿Dejaste todo de lado sólo porque te pareció que 12 años era un tiempo razonable?
- Me sentía aburrida de lo que estaba haciendo. Era todo lo mismo.

4) ¿Por qué decís que hacías siempre lo mismo en una profesión que tiene tanta diversidad?
- Hay que tener mucho talento para entrevistar a famosos porque desde el medio se te pide siempre lo mismo. Le hice tres notas a Carlos Calvo y fueron prácticamente iguales: ¿Cambió tu vida? ¿Sos un hombre nuevo?, esas cosas me aburrieron.

5) Entonces, ¿cuál fue tu mejor laburo en Clarín?
- Las columnas. Sentía que me arriesgaba a que el medio me dejara publicar esas notas en las que hablaba mal de todo el mundo. Después hice algunos reportajes que me gustaron, pero en realidad fueron muy pocos.

6) ¿Nunca te bajaron una nota?
- Dos veces. Una fue sobre Julieta Ortega, ella no me quiso dar una entrevista pero escribí algo igual. Si bien no estaba relacionada al hecho en sí, estaba muy pegada a lo que había pasado y me sugirieron no hacerlo porque iba a quedar vengativa. Me pareció bien.

7) ¿Y la otra?
- Era sobre uno de los dueños de Telefe. Muy fuerte. No salió por un llamado que hizo esa persona para pedir que no se publicara nada.

8) ¿Pensaste que alguna vez te fuiste al carajo con alguna nota que escribiste?
- Nunca pude verlas el mismo día porque prefería tener el diario lejos. Pero me impactaban mucho, eran muy fuertes. Hace poco releí una sobre Pampita y me dije: ¡Qué bestia! En general me chocaron todas.

9) ¿Te arrepentiste de alguna?
- Sí, una sobre Natalia Oreiro y Melina Petrella. Ellas se habían peleado porque Natalia le había prestado plata y Melina no se la había devuelto. Y me arrepentí porque me puse del lado del acreedor, y por haber mandado al frente a alguien en una época de crisis.

10) ¿Tuviste muchos problemas con la gente sobre la que escribiste o entrevistaste?
- Con las entrevistas, no. Sí tuve problemas cuando escribía sobre lo que veía y, en general, eso molestó porque di en la tecla. Yo tengo la teoría de que si se enojan es cierto.

11) ¿La verdad no ofende?
- Si me dicen que soy una sex symbol no me voy a enojar. Ahora si me dicen que soy una gordita que no tengo levante, ahí me va a agarrar un ataque y voy a decir: ¡Sí, guacho de mierda! ¡La pegaste! Siento que doy en el talón de Aquiles.

12) ¿Cómo es tu relación con aquellos a los que les diste en el talón?
- Algunos se la bancaron porque sabían que era verdad. A Flavia Palmiero la critiqué porque siempre decía que tenía proyectos para volver a la televisión y nunca lo hacía. Un día me llamó por teléfono y me dijo que tenía razón, pero que me iba a cagar porque iba a volver. Cuando lo hizo me invitó a su programa.

13) ¿Y con los que no se la bancaron?
- Son muchos...

14) ¿El famoso no soporta el palo?
- Quiere que siempre lo elogien. A mí me dijeron que a Fabián Gianola lo traicioné, pero yo no soy su amiga. La traición periodística no existe. Nunca hice un pacto para hablar bien de nadie, al contrario, la empresa a mí me pagaba y no lo hacía para que yo ocultara sus amoríos con rubias, morenas y pelirrojas.

15) Pero fuiste dura, el tipo está casado...
- Estuve jodida, pero fue en tono de broma. No fue un voy a denunciar a Gianola porque se coje a todas las minas.

16) Él también trabajaba en la misma productora, ¿que pasó cuando te lo cruzaste en los pasillos de América?
- Me puteó de arriba a abajo. Me puse muy mal porque la situación fue fea. Los famosos se toman muy en serio a sí mismos.

17) ¿Cómo entraste a Indomables, ahora Duro de domar?
- Le hice una nota a Pettinato para Clarín y él consideró que debía formar parte del panel, y al mes siguiente me llamaron para formar parte del programa. Soy su creación.

18) Y ahora que tenés cierta popularidad, ¿cómo te tomás las críticas?
- Son bastantes. Quizás no son de alguien que me importe, sino que están en los foros. Ponen que no tengo carisma, que soy una gorda boluda, que era mejor cuando escribía. Eso es verdad, para expresarme soy mejor en la gráfica.

19) ¿Es cierto que vas a armar un blog?
- Todavía no lo voy a hacer porque no tengo en claro qué quiero decir. Me gustaría porque es un medio propio. Podés decir lo que quieras encarando la noticia del lado que más te guste.

20) En los años que llevás como periodista, ¿sentís que algo se perdió en la profesión?
- Todos están esperando que les lleguen propuestas de afuera para salir a buscar la noticia.

21) ¿Qué cosas te molestan en el ambiente?
- La invasión que hay de los jefes de prensa y la manipulación de la información desde afuera de la redacción. Si los jefes de prensa van a ser los jefes de redacción no quiero hacer más periodismo de espectáculos.

22) ¿Te ves como conductora de un programa de televisión?
- La conducción es mucha responsabilidad. Prefiero que la haga otro y que yo pueda estar aportando lo mío.

Dios salve al Británico


Por Gabriel Pérez

En la esquina de Brasil y Defensa quieren cerrar el refugio de toda clase de personajes porteños, el Bar Británico. Atendido desde hace 45 años por sus dueños, tres gallegos tan notables como el lugar, los vecinos luchan para que no se convierta en un cibercafé.

El mismo suspiro de resignación que muchos sintieron ante la pequeñez del anfiteatro de Cosquín o la vulgaridad del cubano medio que ignora a Silvio Rodríguez y ofrece obsesionado putas y tabaco (¿Dónde está el festín que nos prometieron?, preguntaría un desconcertado Jim Morrison). Acá no hay genios dándole el toque final a la gran obra literaria que fomentará por los años la fama de este bar. O sí. El café viene con dos sobres de azúcar, para desgracia de golosos y diabéticos. Ni noticia del edulcorante. Las medialunas eran más ricas ayer, siempre ayer. La leche es fanática de Los Natas. Entrar a los baños es una misión para el grupo Halcón o el GEO (Sobre este tema, en internet circula una broma cruel en la que un cliente le pregunta al mozo: ¿Y el baño jefe? Y este le responde: Bien gracias.).
¿Lugares comunes? Todos: una bohemia le muestra a un pibe de la calle sus dibujos en un cuaderno. Ella, vaso de whisky nacional en mano, se divierte. Él quisiera estar en compañía de un especial de jamón, pero finge cara de interés. Dos chicas comparten una cerveza y muchos secretos. Se toman de la mano, se les iluminan la cara, parece que se están por besar pero arrugan. Parten en silencio. Con los brazos cruzados y los codos anclados en la mesa, un taxista le susurra promesas a una rubia con rulos y raíces oscuras. Por supuesto que también está el solitario de nariz roja, siempre en compañía de un tinto a medio terminar. Por la puerta de la esquina, un linyera es invitado -típica cortesía inglesa- a no cruzar el umbral. Los goles de la fecha en el televisor, electrodoméstico omnipresente que se cargó la nostalgia de todos los bares de la ciudad.
Y las anécdotas famosas, claro: que en esa mesa Ernesto Sabato escribió Sobre héroes y tumbas, que Enrique Symms se daba cita con todos sus demonios internos en ese rincón, que el presidente Néstor Kirchner llamó al teléfono público para ofrecerle la conducción de la Biblioteca Nacional al escritor Horacio González, que en tiempos de colorados y azules casi se arma una gresca entre oficiales de ambos bandos, que La Negra Poli partió una botella y lo quiso cortar al mánager de Los Piojos.

HISTORIA OFICIAL
En 1926, en la esquina de Defensa y Brasil funcionaba una pulpería, La Cosechera, que era el refugio de los ingleses ex combatientes de la Primera Guerra Mundial que paraban, en su gran mayoría, en una pensión de la calle Garay, hoy conocida como Hotel Savalía. Ellos fueron los que le inspiraron el nombre a los gallegos Pepe Miñones, José Trillo y Manolo Pose, que desde hace 45 años poseen el fondo de comercio del Británico.
En épocas en las que la sociedad se sumerge en una peste irracional, como durante la Guerra de Malvinas, los gallegos, temerosos o irracionales también, borraron el Bri y el bar pasó a llamarse Tánico. Luego de la guerra, el bar recobró el nombre cuando un turista griego contó que en su lengua tánico significaba muerte.
Desde 2000 el Británico figura dentro de la categoría de bar notable. El beneficio que trae la mención, entre otros, es una ayuda del Gobierno porteño para preservar el edificio, restaurarlo, y promocionarlo como una actividad cultural y turística más de la Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, ser notable no significa ser inmune. Y desde hace varios meses, la palabra -o el fantasma- cibercafé sobrevuela por la cabeza de los bohemios, artistas, tacheros, putas, giles, escritores y vecinos que temen que su querido bar se transforme en el refugio de otra forma de perder el tiempo. El miedo al cierre de un bar que vive abierto las 24 horas motivó a una movida que llegó a su apogeo con la junta de 14 mil firmas que impidieron que Juan Pablo Benvenuto (heredero del Británico) le pusiera candado a la nostalgia el 31 de marzo pasado. También hubo gestos demagogos como cuando el vicepresidente Daniel Scioli se dio un baño de popularidad en la mesa de ajedrez, o inclasificables, como la visita de Joaquín Sabina.

¿SE CIERRA?
Según Benvenuto, los nuevos locatarios del bar tienen que respetar la tradición del Británico. Entonces, ¿por qué no seguir alquilándoselo a los gallegos que, como buenos gallegos, pagan religiosamente todos los meses los 1250 euros de alquiler? “Eso fue lo que le planteamos a Benvenuto”, dice Renata, una vecina que forma parte de las reuniones donde se piensan los pasos a seguir. Pero él respondió que salvo Manolo, todos los demás empleados y dueños se quieren ir del bar, sólo que no lo hacen porque no se llega a un acuerdo monetario. “Pero Benvenuto se lo quiere dar en forma de pago a un tal Agustín de Souza, quien habría sido un empleado suyo en un garage que tenía”, revela Renata. Además, hay otras cuestiones de fondo, pintadas de verde dólar. “Los gallegos –continúa- le pidieron al dueño 50 mil dólares en concepto de indemnización para pagarle a los empleados. Benvenuto ofreció 20 mil pesos. Ahora está todo en manos de los abogados y me parece que se cierra, que van a arreglar, está muy sucio todo.” Otro inconveniente es la sucesión del fondo de comercio que los gallegos tendrían con Carlos Encina, un mozo que trabaja en el bar desde hace 23 años, y con un hijo de otro mozo. El contrato de alquiler venció en diciembre de 2004. El 31 de marzo de este fue la fecha de desalojo. Pero cuando Benvenuto pisó la vereda, un montón de llaveros se le agitaron peligrosamente en la cabeza. “Llevate las llave de mi casa, las del Británico no”, fue la consigna.
El partido anti cierre también se juega en internet, donde en la página barbritanico.com.ar y en algunos blogs se cuelgan mensajes apoyando a los vecinos desde distintas partes del globo, algunos de rigor académico: Quisiera hacer un llamado desde Norteamérica para salvar al Bar Británico. Soy un científico y puedo decirles con gran certeza que el peso de apenas una computadora en ese lugar va a alterar la rotación de la Tierra, causar el derretimiento de los casquetes de hielo, inundar las orillas del Río de la Plata para cubrir la mayor parte de Buenos Aires con agua. Tendrán que trepar a la cima del Parque Lezama por seguridad y café y cerveza pero no encontrarán nada porque en ese lugar habrán puesto un cibercafé. Hagan lo que quieran, pero desde un punto de vista científico están coqueteando con el desastre.

TRISTE Y SOLITARIO
“Sí, es verdad, lo baños son un desastre -admite Renata-. Pero ahora es otra la disputa: es necesario que el bar sigua siendo de los gallegos y que se haga una correcta lectura de la Ley de Patrimonio Cultural, porque hay un subsidio para refaccionar el edificio parado. Acá no hay discriminación, no hay vip, uno puede venir a la hora que quiera y alguno de los gallegos te va a atender de primera.” La lucha de Renata y de los vecinos de San Telmo es la de una generación que a través de los años acumuló derrota tras derrota, fue diezmada por la dictadura, y presenció en primera fila cómo los sucesivos gobiernos democráticos, en especial el menemismo, remataron el patrimonio nacional. Por eso no quieren perder (en) el barrio la esencia de pasar las horas en compañía de las mesas que se quejan de dolor, el café con natas, las medialunas de ayer o el baño en ruinas. Para ellos el paraíso queda en Defensa y Brasil, más allá de las tramoyas y turistas. Y no van a permitir que nadie les gane de local. ¡Dios salve al Británico!