martes

Número NUEVE - julio 2006



revistabipolar.blogspot.com

El blog es un fenómeno comunicacional cuyo alcance nadie puede profetizar. Los más importantes diarios del mundo durante el mundial instrumentaron desde sus portadas online la modalidad blogueril para sus más destacadas firmas, quienes, posteando desde los mismísimos estadios, se maravillaron con esta herramienta. Tanto en la guerra de Irak como en los recientes bombardeos a Beirut -puntos remotos y generalmente vedados por compromisos de las grandes cadenas informativas- el blog también funcionó –y funciona- como soporte para expresar las visiones de los refugiados y víctimas. Sólo se precisa estar conectado a internet. En nuestro país, desde hace algún tiempo existe una organización llamada 3.0 Periodismo argentino en blog, que aglutina a una treintena de bitácoras de las más variadas orientaciones comunicaciones. Desde el número pasado, Bipolar también está online.

En julio tenemos una inclinación hacia el arte plástico, lo abordamos en dos secciones; Vermouth, con Leandro Erlich, el artista que triunfa afuera con sus instalaciones que desafían la lógica y la utilidad de las cosas, pero que acá es casi un desconocido, tanto como los desconocidos que se reúnen en la fundación Arte sin Techo, fundada por Felicitas Luisi, una cooperativa que hace murales públicos, talleres y programas que buscan la inclusión social mediante el arte, en Héroes anónimos. La Entrevista de este mes es con uno de los escritores y periodistas más respetados y prolíficos de nuestro país, Martín Caparrós, cuyo flamante libro Interior está llegando a las librerías en breve contando algunos de sus viajes por la Argentina, desde su ya clásica mirada perspicaz vertida desde sus crónicas de viaje. Un golpe por nocaut nos da la memoria: en Ejército de salvación lo tenemos a Látigo Coggi, el multilaureado boxeador argentino que con simpatía recuerda algunas de sus más coloridas anécdotas arriba del cuadrilátero. Rosario Bléfari, la princesa del under de los noventas, se abriga para el temporal y se dispone a espiar entre la tormenta el Misterio relámpago, su nuevo disco, y nos cuenta lo que vio, en Bonustrack. Pero como no sabemos si comprar su disco o bajarlo de internet, juntamos a una cantante que esta a favor de los mp3 gratuitos, Flopa, y a un adalid de la antipiratería, y los enfrentamos cara a cara en La tragedia. Unos locos fanáticos de una disciplina de lo más extraña, la cohetería, se adueñan de Bicolor y nos muestran cómo es este explosivo hobby. El actor Marcos ‘Bicho’ Gómez cuenta su experiencia con el payaso Mala Onda, en el Bipolar del mes; apto para todo público, hace doble función en estas vacaciones de invierno entre el teatro infantil y el de revista. La comunidad krishna en la Argentina es la Investigación de julio, cómo viven y qué hacen en nuestro país los adoradores del Sweet Lord que le inspiró al beatle George una de las más grandes canciones del siglo.

La revista es financiada por nosotros. Muchas veces –sino todas- el saldo de la publicación da rojo, o al menos rosa. Nuestra intención es aumentar la tirada, duplicarla, llegar a más personas. La edición de revistabipolar.blogspot.com funciona como órgano de discusión gratuito e ilimitado. Los invitamos nuevamente a visitarlo.

Martín Caparrós



Por Gabriel Pérez

Recorrió buena parte del mundo y lo reflejó en varias crónicas, pero nunca había viajado por la Argentina. Hasta ahora. De ese largo viaje acompañado por un bolso en el baúl del auto, y de la historia reciente, habla el autor de ‘Valfierno’.


“Lo que yo te iba a preguntar es si será necesario hablar mucho más rato de los años setentas, porque la verdad no es un tema que me interese hoy. Me incomoda que se hable tanto de esa época, porque me parece que es una manera de no hablar, o de hablar falazmente del presente, y a mí lo que me interesa es básicamente el presente y el futuro. Por supuesto que eso no significa olvidar nada y dejar de lado la historia, pero es historia y hay cosas infinitamente más urgentes. Entonces, si tenemos un rato para charlar, no lo hagamos sobre aquellos años porque me parece una pérdida de tiempo. Y lo digo on the record: es mi opinión sobre esto.” Quien dice estas palabras luego de aguantar sosegado –de la misma manera que Spinetta cuando algún trasnochado consuetudinario le pide Muchacha ojos de papel- la batería de preguntas monocordes es Martín Caparrós, autor, entre otros tantos libros, de La voluntad, obra generalmente acompañada por los adjetivos monumental, colosal, que trata sobre la militancia revolucionaria de los sesentas y setentas, y que fue co-escrita con el periodista Eduardo Anguita. Antes de invitar a cambiar de tema, Caparrós dejó algunas frases muy interesantes sobre ese período del que fue protagonista, primero como militante, y después como escritor:
- “No puedo jactarme de todo lo que me enseñó Rodolfo Walsh como jefe porque en realidad era un jefe muy poco presente. Si aprendí algo de Walsh fue leyéndolo, no en ese contacto, que no era fluido, porque él tampoco estaba en los cierres de la sección, cerrábamos los que estábamos ahí. Tenía su oficinita y de vez en cuando me decía algo, pero no era la relación directa que uno suele tener con un director.” (Sobre su relación con el autor de Esa mujer, uno de los mejores cuentos argentinos para Caparrós, en la redacción de Noticias, la revista de los Montoneros.)
- “Bueno, vaya a saber qué culpa tiene él, yo no tengo ninguna. Nunca estuve de acuerdo con aquella frase que se dijo tantas veces de que ‘se murieron los mejores’. Se murieron los que tuvieron mala suerte, o lo que fuera. Seguramente en algunas cosas eran mejores que el resto y en otras peores, pero como individuos no eran una categoría, ‘los mejores’. Eran gente como vos, como yo. Algunos, ya te digo, tuvieron menos suerte, menos imaginación para pensar una vida que no fuera la que estaban haciendo, o tuvieron más empecinamiento para seguir adelante con algo que ya no parecía viable. Yo no tengo ninguna culpa por eso, lo siento si Bonasso la tiene.” (A propósito de la frase que Miguel Bonasso escribe en Diario de un clandestino: ‘El diálogo del sobreviviente será siempre un diálogo de culpa con los compañeros desaparecidos’.)
- “Volví a contactarme con Montoneros en la segunda parte del ‘76. Estuve un tiempo más con ellos, pero me daba mucha vergüenza las cosas que leía en documentos que decía Firmenich, en documentos que yo mismo a veces tenía que traducir. Cuando hablaba de los hombres y las mujeres que estaban matando en la Argentina y los contaba como bajas lógicas que estaban dentro de lo calculado, y que no eran más de las que se preveían.” (Sobre su exilio en Francia, donde se doctoró en Historia en la Sorbona.)

EN EL NOMBRE DEL PADRE
Los tres tomos de La voluntad fueron editados inicialmente entre 1997 y 1998; este año hubo un relanzamiento en una caja de cinco tomos en tamaño bolsillo. En el medio, –“lo que me interesa es básicamente el presente y el futuro”- la huída de Fernando de la Rúa y la llegada al poder oportuna del aparato bonaerense, ganador del campeonato de medición de pijas del Partido Justicialista, motivaron a Caparrós a elaborar Qué país, un libro que resume el pensamiento de los actores sociales pos diciembre 2001. Cinco años después, es tiempo de análisis: “Lo que constato es que volvimos a algo muy parecido a lo anterior. Lo más interesante de lo que pasó en 2001, 2002, fue que los argentinos dejamos de creer en que había que esperar a que papá político o papá periodista, o papá juez, hiciera las cosas, y que las cosas teníamos que hacerlas nosotros. Durante unos meses se produjo esa ebullición de cómo lograrlo sin esas mediaciones paternales. Pero como me parece que somos impacientes y caprichosos, al cabo de seis meses decidimos que no podíamos hacer nada, y se plantó ahí en los televisores la figura de un papá potable, que es este muchacho Kirchner, y rápidamente dijimos ‘qué suerte, papá volvió a casa’, y entonces ahora estamos otra vez en la misma situación que estábamos en 2000 cuando creíamos que se iban a hacer los deberes por nosotros. Papá siempre hace los deberes que le convienen a él, no a nosotros, tiene sus objetivos e intereses y va a trabajar en pos de ellos. Me parece que si hay algo que es interesante en esta época de desconcierto es que nadie cree en las soluciones políticas tradicionales, ya sean de los partidos políticos llamados burgueses o revolucionarios. Pero de ese descreimiento van a salir otras salidas. Cuando ciertas fórmulas no satisfacen a determinado número de personas, de a poco se van construyendo las nuevas que van a ocupar su lugar. Por supuesto que ahora no sabemos cómo van a ser esas fórmulas, pero lo interesante es justamente estar en ese período de incertidumbre y de búsqueda”.

EL AGUJERO INTERIOR
En agosto está planificada la salida del nuevo libro de Martín Caparrós, Interior, que contiene crónicas de viajes que hizo por la Argentina. El mismo día que se hizo esta entrevista, Caparrós le dio el último retoque antes de enviarlo a su editorial. “Me gustó mucho hacerlo. Escuché, estuve en lugares que me llamaron la atención. Era la primera vez que recorría el interior, hice como 30 mil kilómetros solo con el auto.”

- ¿Cuántas Argentinas descubriste?
- Infinitas. Es curioso, porque entre Misiones y Mendoza, entre Jujuy y Santa Fe hay diferencias inmensas, pero al mismo tiempo hablamos el mismo idioma, gritamos los mismos goles, sufrimos y hacemos como que elegimos los mismos jefes. Hay lugares del interior que son absolutamente insólitos, y que al mismo tiempo tienen esas cercanías. Somos víctimas de las mismas crisis y de las mismas traiciones.

- ¿Todo el viaje fue planificado con anterioridad?
- Tenía ideas, un diagrama general. Por ejemplo, sabía que al Litoral lo iba a subir por el Uruguay y bajar por el Paraná. Pero después los lugares que más me impresionaron del Litoral no sabía que existían. A la etapa siguiente fui a Mercedes, lugar de origen del Gauchito Gil, y conocí a un tipo que me invitó a un campo donde producían ganado y me interesó mucho saber cómo era el trabajo de producir carne. Y después seguí y todo el tiempo estaba descubriendo cosas. Por supuesto que algo tenía previsto y algunas veces lo encontraba y a veces no. Pero eso era lo fascinante: tener el bolso en el baúl, y tener un mes por delante para ver qué pasa, porque muchas veces no sabía adónde iba a dormir esa noche.

- Por último, ¿corriste peligro en algunos lugares o con entrevistados?
- No hubo mucho de que tener miedo, quiero decir: por más pesada que sea la situación, en general cuando uno charla con alguien es porque el otro quiere charlar, sino no sucede. Quizás el otro se pone a charlar con la persona equivocada, o en el medio se da cuenta de que metió la pata… yo siempre me pregunto porqué carajo alguien quiere dar una entrevista, en realidad es un delirio, es entregarse de pies y manos atadas a otros que van a hacer con tus palabras lo que se les cante, en este caso con las mías (risas).

Rosario Bléfari






Por Matías Castañeda

La ‘art minipimer’ tiene un nuevo disco en la calle, la excusa perfecta para hablar de, obvio, Suárez, para recordar cuando junto con ese grupo fue intérprete sesionista para la banda de sonido de una película de Martín Rejtman, y para abordar su habilidad en las más variadas disciplinas artísticas. Querida por muchos; intrascendente para el resto, que ni saben ni quién es, con ustedes Rosario Bléfari, el elemento, la mota flotando, la que escudriña bajo el paraguas el misterio del relámpago.

A Javier no lo convence del todo el cine argentino que se le atreve a la marginalidad. Pizza, birra y faso le pareció valiosa, Mundo grúa innovadora. Pero no terminaron de convencerlo. Por otro lado el cine comercial hace agua desde la hiperpromocionada La Furia, o se queda a mitad de camino con la buena promesa de El mismo amor, la misma lluvia. “Suerte que está Martín Rejtman”, piensa Javier.
Rapado y Silvia Prieto fueron una miscelánea perfecta para la generación que creció con Menem, películas que hablaban de todo, hablando de nada. Una buena captura de lo que era la adolescencia por aquellos tempranos noventas: algo superficial, en la búsqueda de mil cosas y de nada, absurda, casi siempre trágica, muchas veces atolondrada, sin finales felices, sin finales tristes, sin futuro.
Javier tiene 17 años. Le llama la atención lo que está pasando dentro del rock, algunos le dicen alternativo a eso. Hay bandas que le gustan: Juana La Loca, Babasonicos, Los Brujos, pero les falta algo de sustancia dicha, de crítica manifiesta, de inconformismo subrayado. Del otro lado, hay bandas que lo hacen, sí, pero sin todo lo que rescata la movida sónica. Les falta glamour, no se cree –nunca se creyó- eso de que el que está arriba es igual a mí, les falta arte que sustente tanta rabia. “Suerte que –piensa Javier- está Suárez.”
No eran del todo estetas, no eran casi nada protestones; Suárez tenía la famosa actitud. Adalides del low-fi –esa corriente que decía menos tecnología es más-, tapas horrendas, casi sin videoclips, con canciones lindas detrás de cortinas de sonidos, con una voz aniñada tras un enjambre de ecos.
Siempre hizo cosas atípicas en las dos expresiones artísticas más populares: el cine y la música. Rosario Bléfari estuvo parada en ambos atolones del mar de las artes. Siempre muy querida y admirada por pocos e intrascendente para el resto. La actriz esdrújula; la indiscreción peor guardada del rock.

JAVIERES
La mezcla perfecta de lo musical y lo fílmico se dio en aquella primera película de Rejtman, Rapado -filmada en 1992 y estrenada en 1996-, en la que Suárez hacía de Estrella Roja, una banda ficcional que interpretaba la canción emblema de la película que cambió el panorama del cine argentino. “Para nosotros siempre fue el tema en el que actuábamos de Estrella Roja –cuenta Rosario-, no éramos Suárez. Hicimos de músicos sesionistas que trabajaron para hacer de Estrella Roja. Ese tema lo hice con Gonzalo (Córdoba) y Fabio (Suárez) especialmente para la película. Jamás lo tocamos en vivo. Actuábamos en ese tema. Porque Martín (Rejtman) nos decía: ‘Así, asá…’ ¡Re obsesivo! Es más, hicimos una versión, la grabamos, y vino y nos dijo que quería que modificáramos unas cosas. ‘En el estribillo, no sé qué, no sé cuánto.’ Pero eran cosas que se las toleramos por la amistad. Entonces salió y nos dijo: ‘Ahora sí valió la pena’. La verdad, nosotros nunca nos dimos mucho cuenta qué era esa cosa… ¿una variación?”
El Javier anterior es seguramente muchos chicos de aquella época, es acaso un Javier colectivo. Pero podría ser también Javier Marta, el flamante guitarrista de la ahora solista Rosario Bléfari, quien, en uno de los últimos ensayos le propuso a ella: “‘El tema ese, el de Estrella Roja, ¿por qué no lo tocamos?, ¿lo tocaste alguna vez?’ –cuenta Rosario y responde lo que respondió- ¡No!”. Ese no es en realidad dos veces no; es el no de no, no lo toqué nunca, y el no de no, no te lo puedo creer, según cuenta Rosario, que sigue contando la influencia del nuevo guitarrista en su periplo revisionista: “Volver a tocar temas de Suárez en vivo empezó con Javier también, antes no me hacía mucha gracia. Decía: ‘¿Para qué?’, me parecía muy reciente, como si fuera un pulóver que lo usaste mucho, mucho, mucho. Pero hasta ayer. Tenés que esperar a que pase toda la vuelta extraña y ahí decís: ‘Mirá este pulóver, ¿te acordás?’. Él, discretamente, me decía: ‘¿Y este tema?, alguna vez me gustaría que lo toquemos’; y yo pensaba ‘mmm’”.

REJTMAN
Rosario Bléfari es, antes que nada, de profesión, música. Sin embargo su facilidad para manifestarse le permitió destacarse en disciplinas variopintas. En el cine no sólo sumó la canción a Rapado, también tuvo una fugaz participación en esa película. Y, como si fuera poco, protagonizó Silvia Prieto, es decir, fue Silvia Prieto, en el segundo opus del director. Además escribió y dirigió junto a Susana Pampín la obra de teatro ¿Somos nuestros genes? Ensayo de divulgación científica; es periodista (participa asiduamente en el suplemento Las/12 de Página 12); artista plástica; profesora del Centro Cultural Rojas; y poeta -con un libro editado y agotado (Poemas en prosa) y otro terminado pero que aún no publicó-. “Hay que saber hacer muchas cosas en la vida para poder sobrevivir. Uno no dice, ‘voy a hacer una obra de teatro, con esto daré un golpe’. Porque ni ahí, no sólo porque no soy ingenua sino porque ni se me ocurre”, cuenta Rosario sobre su habilidad camaleónica y puntualiza sobre su parte escritora: “Empecé a escribir para sentirme acompañada, desde chica escribo una especie de diario constante: reflexiones del día, crónicas de la vida cotidiana”.

SUÁREZ
“Dicen que era importante, dicen eso. No me doy cuenta de lo que fue Suárez, no lo puedo ver, no me da el tiro de la mirada. Es como tener algo acá –se señala la nuca-. Y no, por más que me lo digan, no lo puedo ver. No sé, lo puedo ver sólo si uso dos espejos. Pero ya no es real. Es fácil inventar, es fácil decir: ‘Sí, yo creo que Suárez se creó en base a la libertad del dadadá, pero la verdad… uno no puede darse cuenta de lo que fue parte.”
Rosario Bléfari acaba de lanzar en estos días su tercer disco solista, Misterio relámpago (ver: La mota…) que recrudece al pop almibarado de su disco anterior Estaciones, pero sin llegar al EP experimental Cara, editado apenas separada de la banda. Antes de ello, Suárez se había tomado todo el trabajo de revolucionar la escena de aquellos noventas con guitarras distorsionadas y capas y capas y capas de sonido, desde donde germinaban bellas melodías escondidas. En su primer disco, Hora de no ver, por ejemplo, estaba Morirían. “Es un temazo. Lo pasás por la radio, lo pasás todos los días y con la cuestión de la repetición… ahí tenés un hit. Sí, había ruidos, pero eran momentos, pasajes, había muchas canciones también, que te las pasan y las cantás: que te queda una melodía.” Más adelante llegarían los más experimentales y recomendables Horrible y Galope para desencadenar en el pop más amigable de Excursiones y su exquisita despedida, el EP tributo a los ibéricos Le Mans 29:09:00, que incluye Un rayo se sol, una canción que recuerda la obsesión de la Silvia Prieto personaje que encarnaba Rosario, que contaba cuántas lágrimas y cortados servía durante cada jornada como camarera. Rosario canturrea: Otra vez en el bar todo el día sirviendo vasos y café. El tema cierra el disco, es el último registro de la banda (y le pone un moño a esa etapa). Ella canta como una nena que siempre está por desafinar, a veces parece, incluso, desafinar.

ESPIANDO, BAJO EL PARAGUAS
La entrevista se da en el lugar menos esperado, de acuerdo a lo que se espera de una artista femenina ligada al pop. Rosario cita en un bar notable de la Ciudad de Buenos Aires, en pleno Almagro –Guardia Vieja y Billinghurst-, a metros del Abasto. El lugar se llama El banderín, en sus paredes se lucen insignias de clubes futboleros -desde Deportivo Táchira hasta el Bayer Leverkusen-. De fondo, Deco le da el primer gol a Portugal frente a su ex colonia y actual víctima deportiva: Angola. El comentario del periodista deportivo de turno se tropieza con Tal vez será su voz en la voz de Alberto Marino, que suena de fondo. Rosario explica en ese marco que para ella siempre es empezar en todo y que todos tenemos idea acerca de casi todas las cosas. Se pone medio metafísica. Lo baja, pone como ejemplo dibujar viñetas. “La idea de la historieta, de los cuadraditos, de qué pasa en una historia, de que se termina con un remate. Lo sabemos todos, eso está en cada uno, por más que no las hayas dibujado nunca antes. Después, es cuestión de darle al tema, de fallar, de hacer otra, hacer varias, equivocarte, esta no me gusta, esta sí… De lo que sale espontáneamente, después tenés que trabajar con conciencia, observando qué propone esa primera tirada de dados… qué pasó con ese material orgánico. Es ridículo pero es como si fuera hacer un árbol, te da ramas. ¿Qué salió? ¿Una conífera? ¡Una conífera! Bueno, entonces, la puntita la podría resaltar un poco más.”
Hace frío, está por llover, llovió toda la noche. Rosario se pone el piloto, abre el paraguas, se abrocha bajo el mentón un sombrerito a là Chavo del 8. Como una espía en la tormenta mezcla sus dos pasiones, esas que le enseñaron al Javier global que había otro camino: “El que escribe canciones es un poco un cineasta, es un poco un actor. Cuando usás imágenes, todo es un poco cinematográfico”.

LA MOTA VOLVIÓ A FLOTAR

“El nombre es Misterio relámpago. Algunos temas ya los venía tocando. Es más rápido. Es más eléctrico. Es más guitarras. Es más rock también. Son canciones. Pienso que busqué algo del pasado y doy algo nuevo, una especie de bucle. En este caso también hay toda una recuperación de algunas cosas de Suárez tal vez. No tanto en la canción sino en la banda, en la forma de tocar. Antes tocaba María Ezquiaga y ahora la banda sigue igual pero en la guitarra está Javier (Marta). María tocaba en muchas partes y no podía seguir. Él era alumno mío, de casualidad escuché algunas cosas y empezamos a tocar algunas canciones de Estaciones y un tema nuevo que pensé que lo podía tocar bien. Y fue quedando. Lo produje junto a Inés (Laurencena), la baterista de She Devils. Grabé los demos en mi casa. Ahora terminamos de ubicarnos como banda, incluso Diego Vainer, que produjo Estaciones, en el último show que nos fue a ver, que tocaba Javier, me dijo que era la primera vez que él veía que podía dar un paso atrás. De hecho, lo hice físicamente en un momento en el que la banda estaba improvisando. Eso lo hacía mucho con Suárez, correrme, ser un elemento, una mota de polvo flotando, eso no lo podía volver a hacer, ahora sí.”

Payaso "Mala Onda"


Por Milena Marcovecchio

Fue parte de las primeras cámaras ocultas de ‘VideoMatch’, después con el ‘Mariachi Loco’, junto a Miguel del Sel, conoció la popularidad. Hoy tiene dos obras de teatro en cartelera y es parte de la ‘troupe’ que todas las mañanas, pogo mediante, divierte al público, por Canal 13 con su payaso ‘Mala Onda’. Con ustedes: Marcos ‘Bicho’ Gómez.


1) ¿Cómo llegaste a la actuación?
- Nací y me críe en un circo. Soy cuarta generación de familia circense.

2) ¿Estudiaste actuación o tu escuela viene de ahí?
- No, todo viene del circo. Después formé parte de La Banda de la risa y eso fue como mi escuela.

3) ¿Por qué teatro para chicos?
- Me gusta, casi todos los años hago cosas para chicos, me divierto. En los espectáculos trato de ponerme a la par de ellos. Hago chiste para pibes, para grandes, para toda la familia. Es una buena devolución cuando no solamente haces reír al chico, sino también al grande que lo trae al teatro y que no tiene porque pasarla mal.

4) ¿Tenés hijos?
- Tengo una nena de nueve años.

5) ¿Tomaste cosas de ella para crear al payaso?
- Sí, el tema de los caprichos, eso de: ¡Comprame, comprame!. Me fijo mucho como reacciona.

6) ¿Cómo surgió Mala Onda?
- Fue una idea de Jorge Guinzburg. Cuando arrancó Mañanas informales me llamó un día y me dijo: Mirá, tengo un personaje para vos, quiero que hagas un payaso, pero no el payaso típico de la televisión. Él quería que fuera reo, atorrante, vago, y enseguida me encantó.

7) Empezó con poco protagonismo, pero después fue ganándose espacio, ¿no?
- Lo que pasa es que el programa no deja de ser un informativo que te actualiza de otra manera, y apareció éste payaso ahí, medio como a interrumpir, y Jorge me dio la libertad para que hiciera lo que quisiera. Sé hasta dónde puedo llegar y él también sabe todo lo que puedo dar. Entonces, al darle esa libertad al personaje, fue creciendo sin perderse el eje del programa.

8) ¿Podemos decir que con Marcelo Tinelli empezaste a ser más conocido?
- Lo que pasa es que con Tinelli estaba en un programa muy masivo, el que está ahí se hace popular al otro día. También me dio mucha popularidad el Mariachi Loco que hacía con Miguel del Sel, ese fue un personaje muy importante. Después estuve en el programa de Marley, hice diferentes bolos, hasta que arranqué con Mañanas informales.

9) ¿Cuál es el límite para el humor dentro del programa?
- Hay informaciones en las que uno se puede meter, joder y hacer chistes, y hay otras en las que no. Por ejemplo, si viene al piso un familiar de alguien que falleció, o si se hace una nota de alguna violación, temas así de grossos, no. Digamos que en las notas periodísticas con actores sí tenemos permiso para pasarla bien.

10) ¿Tuviste alguna situación en la que hiciste una broma y no cayó muy bien?
- ¡Uy!, varias. En muchas me di cuenta solo y en otras me agarró Jorge y me dijo: Te fuiste al carajo, esto no lo hagas más. No me acuerdo ahora ninguna puntual, pero de pronto pasó que él estaba haciendo una nota y nosotros empezamos a tentarnos con lo que estaba pasando y era inevitable. Digamos que somos un grupo muy rebelde (risas).

11) ¿Cómo es tu relación con Jorge?
- Muy difícil, muy difícil... No, a Jorge lo conozco desde hace mucho tiempo, van tres años que vengo laburando con él en Un país de revista. Compartimos el escenario, nos cagamos de risa, lo pasamos bien. Yo trato siempre de hacerme compañero de la gente con la que trabajo para poder tener la confianza de laburar tranquilo e improvisar sin que nadie se moleste.

12) Mala Onda siempre está de buen humor y contando chistes, ¿Marcos Gómez también?
- Sí, soy igual.

13) ¿Y qué te enoja?
- No sé, las boludeces que le joden a todo el mundo, la calle, el tránsito. Me tienen que agarrar muy mal cruzado para que explote. Pero soy de esos tipos que tratan de encontrarle el humor a las cosas más terribles, hay gente que me entiende y otras que no. Y bueno, es mi manera de ser.

14) Estás en dos obras muy diferentes, por un lado: Un País de Revista, para adultos, y por otro, Vacaciones con Mala Onda, para chicos. ¿Cómo es esta dicotomía?
- Yo tengo un tipo de humor que lo puedo usar tanto en la revista como con los chicos. No es que en el espectáculo para grandes me vuelvo grosero, no, nada de eso. Trato de tener mi propio humor, por ahí con un poco más de doble sentido.

15) Tenés un año de mucho trabajo: teatro, Mañanas Informales, Estilo K, con Diego Korol en el cable, en el verano estuviste haciendo la temporada en Carlos Paz. ¿Cómo te llevas con la popularidad?
- Me encanta, tampoco es que la compro. Me gusta que la gente me reconozca por mi laburo, que en definitiva lo único que hago es eso, trabajar para poder pasarla bien y tratar de divertir al público. Eso esta buenísimo, es lo mejor que le puede pasar a uno. Pero no compro que estoy surfeando en el tsunami, no. Sé que mañana me puedo quedar sin laburo.

16) Hiciste la Era del pingüino en Córdoba y ganaste en el 2004 el premio Carlos como figura de atracción masculina, ¿qué sentiste?
- La Era del Pingüino fue la primera revista que hice con Jorge. Sí, gané un premio: mi mujer, si vos a eso le llamas un premio (risas).

17) ¿De chiquito cómo eras?
- Un culo con hormigas. Era un famoso hincha pelotas.

18) ¿Cuál fue la macana más grande que hiciste?
- No sé, varias. En el circo, por ejemplo, agarraba a los animales y los ponía a hacer cosas, los quería adiestrar, subirme a los caballos que utilizaban en los números e irme por ahí. No sé, esas boludeces que hace cualquier chico normal, jugar con monos, elefantes (risas).

19) ¿Cómo era tu vida en el circo?
- A la distancia la recuerdo con mucho cariño, con una infancia muy distinta a la de cualquier persona, pero que para los chicos del circo era normal. Estar al lado de los elefantes, de los monos, de las jirafas era lo más normal del mundo.

20) ¿Y con el colegio cómo hacías?
- Todas las semanas iba a uno distinto, dependía de lo que se quedaba el circo en el lugar. Pedía un pase el viernes cuando terminaba la semana, el domingo mi viejo hacía la última función y viajaba toda la noche para llegar a la mañana a otra ciudad, y ahí iba a otro colegio.

21) En todos estos años de trabajo, ¿qué fue lo que más te sorprendió haber logrado?
- Mi sueño era esto, poder vivir bien de lo que hago. Eso me pone contento, es muy difícil vivir de lo que uno quiere y más en este tema de la actuación.

22) ¿Y qué te falta?
- Uno siempre aspira a crecer, me gustaría hacer un programa con sketches de comedia, uno netamente humorístico, como los de Olmedo o Porcel.

Juan Martín "Látigo" Coggi


Por Ariel Jonte


El tres veces Campeón del Mundo hace un repaso de su vida boxística. La humilde adolescencia, la gloria, el intento de secuestro de uno de sus hijos y la sensación amarga de estar debajo de un ring después de 21 años de carrera.


Un nuevo paro de transportes públicos atormentaba a la cuidad. Aquella vez, la mayoría de las líneas de colectivos sólo cumplían con el servicio mínimo, y las calles de Buenos Aires se veían inundadas por miles de pasajeros a la deriva. Todos los medios salieron a cubrir el caos.
Constitución, ese punto de referencia para una gran masa de personas que llega a la Capital desde distintos puntos de la provincia, fue testigo de uno de los pecados que seguramente el pecador no supo que lo estaba cometiendo. La parada estaba repleta de gente esperando a que el bondi se acercara tras una larga espera, para ponerlos en sus destinos. La periodista se acercaba preguntando cómo repercutía en ellos la decisión que había tomado el gremio de transportes.
Pero había alguien, entre todos los que estaban allí, que pasaba desapercibido. Alguien que respondió al pedido de la movilera y, con una tenue sonrisa, se subió al colectivo. De repente la conductora del noticiero esgrimió: “Es Coggi, fijate si te podés subir al micro”. Fue inútil. El chofer ya había puesto primera.
“Ese día me llamó mi mujer al celular para decirme que me estaba siguiendo una mina. Me asusté porque ella estaba en Quilmes y yo en Constitución. ¿A esta loca qué le pasa? Cuando me di vuelta vi la cámara. Pobre piba, la mataron y no tenía porqué conocerme. ¿Quién puede pensar que alguien que fue Campeón del Mundo puede viajar en colectivo?”
La sonrisa que aquella vez fue tímida, ilumina la cara de Juan Martín Látigo Coggi -triple Corona Mundial de la categoría Welter Juniors- al recordar la anécdota en un
café del centro porteño, tras culminar otra jornada como entrenador de boxeadores.
El 29 de mayo de 1999 sus oídos escucharon, por última vez arriba de un ring, los campanazos que marcaron el final de la pelea. Caía por puntos ante el italiano Michele Piccirillo. El título Welter de la Unión Mundial de Boxeo no quedaba a su nombre pero Látigo conseguía lo que ningún boxeador argentino había logrado hasta el momento: la disputa de 17 peleas en campeonatos mundiales.
El golpe fue, y todavía hoy lo es, más fuerte que aquellos que propició a sus rivales para conseguir los objetivos: “Todavía no pude superar el retiro. Son las cuatro de la mañana y camino por mi casa. Uno vive con la adrenalina a mil por hora, y de golpe te la bajan a cero. Te dicen que te jubilaste”. La mente a veces juega imágenes siniestras. La vida, si
bien continúa, parece anteponer sobre el presente aquello que alguna vez fue. Una infancia humilde y dura en Brandsen, que le cargó a cuestas una mochila de responsabilidades tras la muerte de su padre. Y la perseverancia para entrenar y poder salir a flote del lodo que lleva a desear que salga el sol para no sentir el frío de la noche. Un chasquido y todo se da vueltas.
Ya no hay carros en el campo ni vacas que ordeñar. Si bien queda el recuerdo, la cabeza está en ese rival que lo espera en Ribera o en Miami. La cima, a tan sólo un par de rounds. Y el nombre en lo más alto. De golpe un chasquido y todo se da vueltas. “No encuentro mi lugar. Si bien ahora enseño boxeo, la adrenalina la sienten ellos, los que están arriba del ring.”
La decisión no fue fácil. Ser entrenador es, en parte, ser dueño del destino del púgil. Boxeando la mente le ordenaba que sólo debía rendirse si el rival lo mataba, quizás Santos Zacarías o Ubaldo Sacco –los dos entrenadores más extraordinarios que tuvo- debieron contener alguna vez esa sensación cuando el campeón no aceptaba el pedido de parar la pelea.
Ahora es él quien está al costado del ring observando. Conoce muy bien el riesgo de esta profesión: “Ahora puedo expresar lo que aprendí. Es una decisión jodida porque no puedo devolver un pedazo de carne”. Ahora es él, también, quien está al costado del ring, y no el que lloraba al finalizar cada pelea.
¿Quién no recuerda a aquel pibe de larga cabellera rubia que tras finalizar cada velada subía al escenario a abrazar a su padre? Ese pibe lleva el mismo nombre de quien le dio la vida. Ese pibe quiere dejar la misma impronta que su padre. Lleva un invicto de siete peleas profesionales de las cuales noqueó en cinco, y ahora es Látigo quien sube a abrazarlo al finalizar cada pelea. “El guacho me traicionó como sirvienta. Me decía que no iba a boxear y después me enteré que tenía como sparring a Oscar López. Empecé a enseñar boxeo por él.” No lo culpa por la elección, sabe que aquel silencio piadoso fue obligado por la fuerte figura que él representa como padre.

GOLPES BAJOS
Látigo Coggi no fue de esa clase de boxeadores que desperdició su dinero. Supo invertirlo en propiedades, empresas y el campo. Lo que no sabía es que muchos invertían en él. La seguridad se hace plena para desmentir algunos rumores del mundo boxístico que aseguran que El Negro Rivero, quien formó parte del cuerpo técnico que lo entrenaba, le cagó plata.
“Él no fue. Rivero es un hermano que yo elegí. Fueron amigos a los que les di laburo en la empresa de camiones que tenía y que después me hicieron juicios.” Pero no sólo fueron sus amigos a los que él les atribuye la perdida de dinero: “El gobierno de Eduardo Duhalde me cagó. No me pagó la pelea con Frankie Randall que armó, y me hizo rebotar cinco cheques en Brandsen. Me metió en el veraz”.
Las vueltas que la cuchara da en la taza de café no paran al recordar cómo es que “no te dejan ser alguien sobresaliente en la Argentina”. De repente la mirada se fija en un punto y su mano deja de marear la infusión.
“Tuve un intento de secuestro de mi hijo Martín. Vendí todo y presenté la quiebra porque no hay plata en el mundo que pague la vida de ellos-también tiene una hija-. Uno de los secuestradores se arrepintió porque nos conocía, y no le hubiese quedado otra que asesinarlo. Después a él lo mataron en el barrio Churrascos de La Plata. Estuve un año y dos meses custodiado por cuatro tipos, y un mes guardado en Chapadmalal. Están las pruebas pero no se pudo hacer nada porque, gracias a Dios, el secuestro no se llevó a cabo.”

EL MEJOR TÍTULO
Creció padeciendo la rudeza de la calle. Esa que te lleva a retener un llanto para no sentir vergüenza. Se formó ignorando el dolor en su cuerpo ante cada entrenamiento.
Pudo “ser alguien y dejar de ser visto como un negrito” por un sector de la sociedad mejor posicionada. Ascender. Tener un nombre.
Pelear en otras provincias y transformarse en el representante de Brandsen. Boxear en el extranjero y ser el embajador argentino. Cantar el himno y “jurar sinceramente que vas a morir con gloria porque hay millones de argentinos que te están mirando”. El cinturón de Campeón Mundial entre las manos.
La fama, los flashes y las mujeres. Esas que jamás imaginó y que de un día para el otro lo convirtieron en “el más lindo con toda la cara hinchada”. La familia cerca en cada gira. Y buenas valijas llenas de dólares.
Los pies sobre la tierra aún siendo campeón. Aunque se embarren los pies: “Durante dos mañanas no salí a entrenar porque estaba lloviendo. Me puse a pensar que era un
pelotudo. Tenía ropa que me patrocinaba y un equipo médico detrás de mí, y me estaba quedando en mi casa. A los 13 años no tenía ropa de lluvia. Andaba con las zapatillas que regalaba Evita y si me enfermaba no tenía ni para una aspirina. Salí a correr. Me di cuenta de que todo se gana con esfuerzo”.
Ese fue Látigo, el que no se mareó con la fama.
Este es Coggí, el que nunca se olvidó quién fue. El que retuvo y defendió seis veces la Corona Mundial en un mismo año. El que se está yendo, perdiéndose entre la gente, para tomar el colectivo.

Modelismo espacial













Por Liliana Arguiz

Reflotado a partir de 2001, el modelismo espacial reúne a fanáticos, tanto experimentados como amateurs. Se trata de un pasatiempo extremo que día a día gana más adeptos, y que mensualmente se reúnen para participar de las competencias y disfrutar de los lanzamientos.

El lugar está totalmente descampado, no hay árboles ni otro tipo de reparos, sólo gazebos armados por los propios organizadores de la exhibición. Un autódromo de tierra para carreras zonales, ubicado en San Vicente, es la plataforma perfecta para ver en acción a los cohetes que hasta ahora sólo eran maquetas inanimadas.
El comentario generalizado esta centrado en la buena voluntad de San Pedro, que permitió un domingo soleado pese a que el servicio meteorológico había pronosticado un día nublado y con probabilidades de lluvia.
Cientos de chicos acompañados por sus padres exhiben orgullosos, a modo de estandarte, los cohetes que con mucho esfuerzo construyeron. Es como si en cada uno de ellos hubiera un Capitán Beto a punto de conquistar el espacio celeste con su aeronave.
“Si después de presenciar el lanzamiento de un cohete experimental no se te pone la piel de gallina y no querés repetir la experiencia, es porque no te corre sangre por las venas”, dice orgulloso Mario García, quien desde hace años es instructor de la Escuela Argentina de Modelismo Espacial Cóndor, y enseña este hobby en varios colegios de la zona sur de Buenos Aires como taller extra programático.

UN POCO DE HISTORIA
El modelismo espacial, denominación exacta del término cohetería, empezó a practicarse a principios de los setentas por iniciativa de un grupo de jóvenes en la localidad de Banfield. Así se creó el Grupo Astromodelista del Buen Pastor, que constituyó su sede en las instalaciones de la capilla que le dio el nombre. Con el apoyo de la Dirección de Fomento y Habilitación de la Fuerza Aérea Argentina se formó el Centro Escuela de Modelismo Espacial del Buen Pastor.
A fines de los ochentas, la cohetería amateur dejó de practicarse hasta casi desaparecer. Una de las causas fue la imposibilidad de importar los insumos después de la crisis. El mérito de su renacimiento lo tiene Cóndor Tec, que a partir del 2001 se dedicó a desarrollar los motores que son el corazón de la actividad. Con la creación de la escuela, la actividad se expandió rápidamente y empezó la formación de los instructores que actualmente dictan los cursos en distintos colegios, y organizan competencias deportivas una vez al mes. En estos encuentros participan dos categorías, una es la Junior, para menores de 18 años, y la otra es la Senior, para mayores de esa edad.
En estos concursos se entregan premios y se suman puntos como en la Fórmula 1 para definir los campeones metropolitanos a fin de año. A modo de ejemplo, Mario explica: “Para que tengas una idea, en el último evento de la categoría Senior se tenía que utilizar un cohete que trasportara un huevo de gallina a casi 450 metros de altura. El mismo debía ser recuperado intacto, y ganaba quien lograra mantener por más tiempo su cohete en vuelo”.
La Asociación de Cohetería Experimental y Modelista Argentina colabora permanentemente en todas las actividades relacionadas con el aeromodelismo espacial. Guillermo Descalzo, presidente de la institución, brinda información permanente acerca de las exhibiciones, exposiciones y lanzamientos de modelos a través de su página web. Además es el autor del libro Cohetes, que hasta el momento es la única bibliografía que existe sobre el tema en castellano.

MUCHO MÁS QUE UN HOBBY
Después de los primeros lanzamientos libres y de concurso, a la una de la tarde se produce un receso obligado para el almuerzo. Más distendido, y choripán de por medio, Mario García cuenta que aprendió los gajes de la cohetería en la escuela primaria. Y aunque creyó que le serviría sólo para ocupar su tiempo de ocio, jamás pensó que iba a transformarse en su actividad principal, sobre todo desde que pasó a ser un desocupado más. Actualmente se desempeña como instructor de la escuela y reconoce que el modelismo espacial se convirtió en su gran pasión: “Si bien por el momento no puedo vivir solamente de esto, no descarto que en el futuro pueda lograrlo”. Hoy siente que este hobby-pasión lo ayudó a salir a flote y lo acercó más a sus hijos, los mellizos Ignacio y Agustín de 10 años, que comparten la actividad con su papá y hasta tienen sus propias creaciones y proyectos: planean hacer la réplica de un malogrado cohete que hizo Homero Simpson pero con el desafío de hacerlo volar.
“La cohetería tiene un doble beneficio para los chicos, ya que por un lado les ofrece la posibilidad de poder construir algo con sus propias manos y, además, agrega funcionalidad porque los modelos no son maquetas, pueden verlos en acción, y cualquier falla de diseño o construcción la ven reflejada en el vuelo”, explica sin dejar de prestar atención a los lanzamientos que acaban de reiniciarse y se suceden como fuegos artificiales en año nuevo.
Mario también sostiene que la cohetería acerca mucho a los hijos con los padres porque es una actividad que les permite compartir y divertirse juntos. Como si fuera poco, ayuda a sacar a los chicos de la virtualidad de los chats, los videojuegos, los celulares, y los lleva a un plano más tangible y real donde pueden ver cómo sin tanta tecnología, ellos mismos producen el milagro de hacer volar lo que hicieron con sus propias manos.

FINAL DE UN DÍA AGITADO
Caída la tarde y finalizados los lanzamientos llega el broche de oro: el sorteo entre los presentes de un kit de cohete para armar, que pone fin al concurso. Entonces, padres e hijos se retiran del predio. Algunos con la alegría de haber realizado un vuelo exitoso, otros con los restos de su prototipo pensando en las posibles fallas. Lo cierto es que en estas competencias no hay vencedores ni vencidos. En medio de la multitud un participante comenta, suspiro mediante, que el modelismo espacial es, paradójicamente, un cable a tierra pese a que su objetivo sea hacer todo lo posible para despegar del suelo.

Leandro Erlich



Por Malena Higashi

Es artista plástico y triunfa desde hace años en Francia, Estados Unidos y Japón. Sus instalaciones replantean la funcionalidad de los espacios, e invitan al espectador a participar de ellas en un juego que finalmente siempre revela una sorpresa.


Hay varias realidades. La que efectivamente conocemos y, por ejemplo, la que propone con su obra el artista plástico Leandro Erlich. Allí uno puede meterse adentro de una pileta sin mojarse, perderse en el juego de una escalera que no baja ni sube, o tratar de encontrar su propio reflejo en un espejo inservible. Todas esas son situaciones que ocurren en los espacios que crea, un mundo regido por lo lúdico, la interacción y, como dirá él más tarde, la magia.
En las obras de Erlich se cuestiona la funcionalidad de objetos y espacios. “En el caso de los primeros objetos, un ascensor o puertas, por ejemplo, se trataba de espacios que hacían referencia a lugares que uno utiliza, en los que vive o transita, y con los que interactúa pero que no están cargados de ninguna especial reflexión. Entonces se trataba de acentuar la experiencia cotidiana en esos espacios. Por ser ordinarios, la idea de lo real se plasma en ellos de una manera muy fuerte”, explica.

TRUCO REVELADO
El contraste entre lo real y lo irreal genera cierta tensión que descoloca a aquel que ve su obra. Para el artista esta sensación se produce cuando se aplica un efecto de irrealidad en algo cotidiano. Él habla de la construcción de algo ficticio basándose en elementos de la cotidianeidad, y dice que eso genera sorpresa. En algún sentido Erlich es un trasgresor porque burla la percepción ordinaria de cosas que se dan por sentadas. Su juego consiste en quebrar la idea de la realidad tal como la entendemos.
No hay secretos detrás de su trabajo. “El truco está ahí para ser descubierto”, aclara. “Cuando mejor funciona el efecto en las obras es cuando uno puede convivir con esa ficción y al mismo tiempo estar sujeto a vivir en el engaño.” Enseguida compara su trabajo con el de un mago. Erlich dice que en su obra hay mucho de trucos de magia. Pero el anhelo para el mago es no revelar el truco, eso es lo que genera fascinación. En cambio en su obra, que el espectador tenga la posibilidad de entender el artificio, es una parte importante porque es la manera de abrir el juego.
A su vez, ese público supera la instancia de contemplación de una obra porque interactúa con ella. “La obra es prácticamente un escenario para un juego en donde el espectador es actor de su propia experiencia, es como si fuese al mismo tiempo actor, director, guionista, e intérprete de la obra”, sintetiza.
Erlich vuelve una y otra vez sobre el tema del truco a medida que reflexiona sobre su trabajo: “Más allá del artificio, la obra tiene que ver con la idea de disparar la interacción, de seducir al espectador. Me interesa ir encontrando ideas metafóricas que la gente pueda interpretar en su experiencia”. En ese sentido no busca dar su propia interpretación de lo que aquello genera. Respeta “el espacio del arte donde las cosas necesitan ser interpretadas”. Genera pequeños escenarios que tienen referencias simbólicas sobre aquello que le preocupa.

EL CAMINO DEL ARTISTA
Un día se le ocurrió. Era una obra imposible, un espejo líquido de mercurio. Pero al tratarse de una sustancia toxica y difícil de manejar tuvo que abandonar la idea. Otra fue un obelisco que iba a montarse en el barrio de La Boca, una iniciativa que surgió gracias a una beca de la Fundación Antorchas. Después de un año de entera dedicación, Erlich se dio cuenta de que sus intereses y su posición con respecto al arte habían cambiado completamente. Para esa época tenía 21 años y toda una trayectoria por delante.
Más allá de esos proyectos que no fueron, Erlich aclara que en el proceso de gestación de una obra siempre está considerada su posibilidad de realización. Y recuerda otro trabajo que, si bien parecía simple, le resultó complicado. Se llamó Piedras, y a primera vista recreaba un jardín zen. La particularidad: un hombre invisible violaba ese espacio caminando sobre esa superficie que, según la filosofía oriental, no se puede pisar. “Para esa obra hubo mucho trabajo, pero me pareció que si el hombre había llegado a la luna esto no podía ser imposible.” Y con esa insistencia generó un mecanismo en el cual cada huella tenía una cajita, que a su vez estaba activada por un comando que hacía que unos motores succionaran las piedritas hacia abajo.
Si hay algo que Erlich ve como determinante en su carrera es el hecho de haber crecido en una familia de arquitectos. “La arquitectura me resulta un tema interesante, pero no desde el punto de vista del diseño funcional, sino desde el punto de vista de las vivencias. Hay una parte artística y otra parte sujeta a lo funcional, y el arte es un lugar en donde esa funcionalidad deja de existir”, reflexiona.
A los 15 años ya había tomado una decisión: iba a ser artista. Estudió Bellas Artes durante un año y terminó dejando para hacer materias de Filosofía e Historia del Arte, en la Universidad de Buenos Aires. Todo eso fue un complemento para su actividad artística: primero empezó pintando, más tarde se interesó por la construcción de objetos y esculturas, hasta que hizo su primera instalación, El ascensor.

HERE, THERE AND EVERYWHERE
Casi no hay rastros de Erlich en galerías o exposiciones locales en los últimos años. Es que en 1997 se fue becado a Houston, y así dejó su Buenos Aires natal para repartir su tiempo entre Estados Unidos y Francia. Hoy tiene dos casas, una en París y la otra en Buenos Aires, a la que regresó después de mucho tiempo. “Estar acá no merece demasiada explicación, es de donde soy, donde está mi familia y donde imagino mi futuro más allá del arte”, comenta. En París, su otro hogar, fue muy bien recibido y de hecho está nominado para uno de los premios más importantes en el ámbito del arte, el Marcel Duchamp: “Esto da una pauta del nivel de inserción que llegué a tener allá, producto de la simpatía que generó mi obra”.
Hoy Erlich tiene 33 años y su nombre es bien conocido en territorio extranjero: Tokio, Nueva York y Roma son algunas de las ciudades que pisó fuerte. Arrancó el año con una muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Roma, y también participó de una exposición colectiva en el Palais de Tokyo de París. Para lo que resta del año tiene pautadas muestras en una trienal en Japón, durante julio, otra en Miami, en septiembre, y para octubre espera el veredicto del jurado de la Foire Internationale d' Art Contemporain (Feria Internacional de Arte Contemporáneo) en la que se otorga el premio Marcel Duchamp. ¿Cuáles son los nuevos trucos con los que sorprenderá esta vez? “¡Top secret!”, responde sin lugar a más detalles.


CURRÍCULUM EXPRES

En 2002, Leandro Erlich recibió el premio Konex a las artes visuales. El galardón contemplaba su trabajo durante una década, y para ese entonces ya había participado en más de tres muestras grupales, ocho individuales en galerías locales y también otras en Nueva York y París. El año pasado, en la 51° Bienal de Venecia, Erlich sorprendió con La vista, una serie de maquetas de ventanas a escala en las que se veían imágenes grabadas en formato devedé, que mostraban diferentes actividades dentro de un mismo edificio: en un piso había una persona haciendo pesas, en otro un artista, quizá, pintando un desnudo, y en otro un grupo de personas en una fiesta. Este año, en el Museo de Arte Contemporáneo de Roma presentó Doors –puertas por las que se entrevé una luz pero que al abrirlas se encuentra un espacio oscuro y vacío-, The staircase –la escalera que no sube ni baja-, y Broken mirror –un baño en el que se supone que debe haber un espejo justo arriba del lavatorio, pero en realidad hay un agujero-.

Arte Sin Techo




Por Gabriel Pérez

Arte sin Techo es una cooperativa que en su comienzo pintaba murales públicos con gente excluida del sistema. Hoy además tiene diferentes talleres y programas cuya finalidad es la inclusión social mediante el descubrimiento artístico. Su creadora habla de este proyecto y sobre esos temas recurrentes de la historia.


Eufemismo. Situación de calle es un eufemismo en un país de eufemismos. Situación de calle es meter la mano en la mierda de los tachos de basura, es vivir como lobos, mirar los partidos de fútbol detrás de la vidriera, odiar al género humano, descubrir la mirada perversa de la existencia. Pero Felicitas Luisi no encuentra otra frase para referirse, sin herir, a los desamparados con los que trabaja en Arte sin Techo, una ONG que se dedicó, en un principio, a plasmar en murales públicos las ideas que surgieron de esas cabezas moldeadas en la congoja del asfalto. “Surgió espontáneamente: había un proyecto del Gobierno de la Ciudad, bastante estúpido, llamado Paredes limpias, que consistía simplemente en blanquear las paredes. Y como la gente después volvía a ensuciarlas pensé en que ahí se podían pintar murales. Entonces, con un conjunto de pintores profesionales, y con un grupo de personas en situación de calle, salimos a pintar murales. Después los volví a convocar, y el trato inicial era pintar a cambio de un baño y comida. Pero me di cuenta de que era indigno, y empecé a gestionar un plan de autoempleo con el Gobierno porteño. Luego de hacer exposiciones el proyecto empezó a exceder el marco estatal, y como no queríamos depender de los humores políticos decidimos crear esta cooperativa”, comenta.
Esa idea inicial se ramificó en varios trabajos que no dejan la expresión artística de lado, pero que tienen como meta la reinserción social. Así nacieron los talleres de luthería, carpintería, la imprenta que sirve para hacer tarjetas y agendas, y los programas de arteterapia, algo fundamental para Felicitas. “Es obligatorio el psicoanálisis. Los que llegan tienen entrevistas personales con nuestra psicóloga, y si ella lo considera necesario siguen una terapia individual. Al principio la mayoría se niega, porque muchos han pasado por psiquiatras que sólo los empastillaban. Pero es necesario, porque es difícil trabajar con ellos, vienen muy trampeados de la calle.” Para que reine la armonía hay un par de reglas estrictas: no se puede ingresar borracho ni drogado ni causar peleas.

TEMA RECURRENTE
Felicitas no tenía inclinaciones artísticas cuando decidió comenzar con Arte sin Techo, pero sintió que era la manera de llevar adelante esa transformación social que no pudo concretar en sus años de militancia en el ERP-PRT, aunque con los atenuantes que la dictadura, el menemismo y sus propios errores le impusieron. “Estuve presa, exiliada. Creo que estoy viva de casualidad, y como tengo muchos amigos que no lo están, tenemos el deber histórico de transmitir esa época. Ahora lo que pasa es que estamos de moda, ya que Néstor Kirchner toma este discurso porque le es funcional. Me fui en el ‘78, durante el Mundial, estuve en Barcelona, volví el 10 de diciembre de 1983, el día de la asunción de Alfonsín. Llegué y me fui a la Plaza de Mayo, fue muy fuerte. Vine a hacer duelos, vine a hacer encuentros y duelos. Esta época es producto de la derrota de mi generación. Porque la gente que tenía una fuerte militancia, que ahora podría estar haciendo políticas de Estado, la mayoría de ellos están muertos, desaparecidos. Hay un vacío de una generación que hoy tendría que estar en la función pública o en la militancia del día a día. Lo que pasa es que después de esa derrota es muy difícil remontar, yo ya renuncié a la lucha de clases. En los setentas quería hacer una revolución, ahora con que le cambie la vida a 40 linyeras estoy contenta.” Esta última idea es resumida con una imagen escalofriante que dice mucho sobre los pasados 30 años: “Donde ahora tengo un Movicom, antes tenía un revolver”.

ARTE VA
El futuro se llama Arte sin Rejas, una iniciativa en conjunto con un centro de estudiantes penitenciarios. En las cárceles se harán los bocetos a los que luego la gente de Arte sin Techo les dará vida. Mientras, todas las semanas se hacen los Viernes sin techo: encuentros artísticos en donde se pueden comprar algunas de las obras. Otro programa interesante es Sillas intervenidas, en donde un grupo de pintores reconocidos transforma muebles en obras de arte, que también están a la venta.
Arte sin Techo funciona en un galpón escondido entre Medrano y Díaz Vélez, y su frente da a un abismo en donde se ocultan las vías del Mitre. En su interior las obras de arte piden a gritos atención. Algunas son sutiles, paisajes solitarios, pero también hay una madre con miles de tetas y ningún brazo para contener, monstruos marinos que persiguen la inocencia de la presa. Sorprende en el patio un castillo de arena a medio hacer: está a la intemperie, en situación de calle, como su dueño, un hombre con los ojos más tristes del mundo. A Felicitas le preocupa que llueva. Pero él dice que es el único escultor de arena de Buenos Aires, que confíen en su palabra. A los minutos cae un chaparrón efímero y el castillo sigue de pie junto a su orgulloso creador. Una perfecta metáfora de la resistencia.

El Movimiento Krishna en Buenos Aires


Por Malena Higashi

En Occidente el Movimiento Krishna llegó en los años sesentas, pero tiene sus raíces en la antigua literatura sánscrita y se remonta a miles de años atrás en la India. Historias de gente que se unió a esta religión con prácticas que parecen estar de moda, aunque con ser vegetariano, hacer yoga y llevar una vida sana no alcanza.

“Realmente quiero verte Señor, realmente quiero estar con vos, pero lleva tanto tiempo, mi dulce Señor”, escribió George Harrison en 1969, cuando compuso My sweet Lord. Harrison le cantaba a Krishna, el Dios de una religión que tiene cerca de 3 mil devotos, 200 mil miembros congregacionales y alrededor de 167 templos en 71 países. Unos años antes, en 1965, Srila Prabhupada había llegado a Nueva York con la misión de diseminar la conciencia krishna en Occidente. En Argentina hay dos templos de importancia, el de Iskcon (Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna) y el de Vrinda.

FILOSOFÍA KRISHNA
“Prohibido comer carne, huevos y pescado, consumir drogas o tabaco. Prohibido tener una vida sexual ilícita o participar en juegos de azar.” Estas son algunas de las regulaciones, las más populares entre los krishnas. Ellos las aceptan porque entienden que están para proteger su cuerpo y su mente. “Son prácticas que no le hacen bien a nadie. Con respecto al sexo, está recomendado que sea dentro del matrimonio y para procrear hijos concientes. No hay restricciones por nada, están hechas para protegernos. Cuando uno sigue esas reglas es como si estuviera en un círculo de protección”, explica Sarasvati del templo Vrinda. Ella nació en Tijuana, México, hace 19 años y su maestro espiritual le recomendó una visita a Buenos Aires. Su vida cargada de responsabilidades en la secundaria le hizo replantearse su realidad y sintió el deseo de experimentar algo más espiritual.
Srila Prabhupada dijo alguna vez que todos tienen una conciencia krishna pero que no todos la despiertan. Para Sarasvati ese reconocimiento de la conciencia viene individualmente: “Cuando una persona ya está saturada del mundo material llega un momento en el que dentro de su corazón empieza a haber un cambio, un deseo de buscar algo más profundo. Es como un grito que está en uno”.
Los seguidores de Krishna creen que existen diferentes eras. En la primera los devotos vivían en una esfera y los demonios en otra; en la segunda, los devotos y los demonios vivían en el mismo planeta; en la tercera, vivían en el mismo país; y en esta era viven en el mismo cuerpo. Esta es la era de la hipocresía y la riña (Kari). Según la creencia, cantar el maha mantra Hare Krishna (Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare / Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare), ayuda a liberar la mente porque purifica el corazón. Así todos los aspectos positivos de una persona se despiertan cantando. El significado del mantra es un pedido. Los devotos le piden a Dios que los ocupe a su servicio. Ellos creen que sirve para liberar la mente porque el sonido que produce va limpiando la visión de la persona que empieza a observar el mundo de una manera más espiritual.
Antes de adherir al Movimiento para la Conciencia de Krishna, Pandava Nath Das era periodista en el suplemento Si! de Clarín y de la Rolling Stone. Llevaba una vida desordenada, sin horarios y pocas responsabilidades. Hoy tiene 34 años y hace siete que pertenece al movimiento. Desde su perspectiva, la enseñanza más importante de Srila Prabhupada es aprender a conectar nuestro karma con Dios (yoga significa eso, conectar, vincular). Según Pandava Nath Das, “Dios nos provee de lluvia, alimento, entonces hay que aprender a conectar todo eso con él. Eso es el karma yoga. Y si se hace con amor se transforma en bahkti yoga, está impregnado de amor y eso es lo que más complace a Dios”.

DOMINGO EN EL TEMPLO
En Andonaegui 2054 se encuentra el Centro Cultural Bhaktivedanta, el templo de Iskcon. El domingo es un día de celebración: se canta el maha mantra Hare Krishna, se lee un capítulo del libro de cabecera, el Bhagavad-Gita tal como es, se reflexiona sobre las escrituras y hay un espacio para que la gente haga preguntas. La traducción del título del libro es Canción de aquel que posee opulencia, es decir, la canción de Dios. Los versos del Bhagavad-Gita están hechos para ser cantados. Muchos de los presentes visitan el templo por primera vez, algunos son devotos y van siempre. Se pueden diferenciar a simple vista por la forma de vestir: las mujeres llevan vestidos típicos de la India y el pelo atado, los hombres están rapados y usan túnicas blancas, y casi todos tienen la marca de tílaka, barro sagrado traído de la India, en la frente. Esa marca sirve para indicar que el cuerpo es un templo de Dios.
Gopal Bata, el encargado de dictar la clase del día es un brahmacai, es decir, un devoto que vive dentro del templo, practica el celibato y se dedica a predicar. Es uruguayo y se vino a vivir a Buenos Aires en el 2002 porque allá no había un templo. Tenía 19 años y una fuerte convicción por el movimiento, aunque en realidad fue criado en la tradición evangelista. El único que entendió su elección fue su abuelo. “Él vio que fue positivo para mí: me ve más maduro, responsable, ordenado con mis cosas y mis tiempos”, cuenta Gopal Bata. Él también notó un cambio interno. A nivel personal siente al ser conciente de Krishna, y con los mantras, sobre todo con el maha mantra Hare Krishna, encontró una manera de estar mejor consigo mismo y aceptarse como es. Para Gopal Bata puede llegar a sonar cursi, pero lo le que provoca el maha mantra es un sentimiento de amor por las personas.
Los que viven en el templo se levantan a las 4.30 de la mañana, hora en la que abre el lugar. Abren el altar y cantan y bailan para Dios. “Es una forma de comenzar el día con un estado de espíritu elevado, agradable, para estar bien con nosotros mismos”, resume Gopal Bata. Después meditan en forma individual durante dos horas, y vuelven a cantar y bailar. Cada uno tiene actividades específicas. Él, por ejemplo, cocina y atiende el altar. Otros se ocupan el restaurante vegetariano que funciona en el templo o salen a vender libros.
Kamala no vive en el templo y aun así es una fiel seguidora. Sin ir más lejos, su madre es la presidenta del templo y discípula directa de Srila Prabhupada. Sus padres pertenecen al movimiento desde hace más de 35 años. Se conocieron en Venezuela, y como su papá es argentino se instalaron en Buenos Aires. A diferencia de Gopal Bata, que viniendo de una familia evangelista eligió su propia religión, Kamala fue criada dentro de la tradición krishna. “Mis padres nunca me inculcaron nada sino que eran lo que eran y me daban su amor comprendiendo cómo eran las cosa para ellos, y entonces yo mamé eso sin darme cuenta. No hubo un punto en el que sentí un cambio de conciencia, pero sí hubo un punto en el que me observaba a mí misma y me daba cuenta que el pensar era muy profundo y me sentí bien con eso”, cuenta Kamala, que tiene 18 años y el acento venezolano de su mamá.
Ella se cuestionó muchas veces el hecho de ser Hare Krishna porque por un lado están los valores que le enseñaron, y por el otro lo que ella quiere ser como persona. “En realidad elijo esta vida porque me hace feliz, estoy de acuerdo con la filosofía”, dice convencida. Hasta el año pasado cursó en el Liceo 9 de Belgrano, y este año se lo tomó para viajar a templos de Perú y Venezuela, y pasar más tiempo en Bhaktivedanta. Kamala resume el ser conciente de krishna de una manera muy sencilla: “Es ser una persona que lleva una vida simple, con un pensamiento elevado”.

Música en Internet


Por Lucía Turco

Mientras se inician demandas judiciales contra quienes bajan música de internet -cosa que hasta hace no mucho parecía imposible- y las discográficas denuncian pérdidas, los músicos que no firman con multinacionales defienden la posibilidad que brinda este acceso para llegar a más gente, y que su música sea escuchada en todo el mundo.


Flopa, cantante argentina

“Bajar música de Internet es la manera de que cualquiera pueda escucharte”

“La prohibición de bajar música nacional de internet es lo que más nos perjudica porque es la manera de que cualquiera en el mundo pueda escuchar tu música y la pueda bajar, mientras que con los discos no tenés llegada, salvo que firmes con una multinacional y te editen en otro países.
La cuestión está también en cómo el músico afronta laboralmente el tema: el hecho de que firme con una compañía y reciba dinero por eso, y cuántos discos menos vende a través de la compañía que, supuestamente, menos le sirve. De todas formas, esto es un tanto ilusorio también, ya que de lo que gana una compañía con un disco, al artista le llega una suma ridícula.
Entonces, en este momento me parece que la posibilidad de bajar música de internet es válida como promoción. Y después hay algo que se va a ir dando con el tiempo. En Europa, en Estados Unidos, donde la gente consume más porque hay otro sistema de consumo, se compran mp3. Hablé con gente de Francia y de San Francisco que me comentó que compran mp3, se los bajan al iPod, y los pagan. Acá en la Argentina estamos un poco lejos de eso. Primero, por la idiosincrasia, es decir, si lo podés tener gratis porqué lo vas a pagar, y después porque realmente la gente no tiene mucha plata.
Igual creo que siempre va a estar el comprador de discos, el tipo al que le gusta la música y quiere tener el disco, abrirlo, leer las letras y tener la tapa. No es lo mismo. Pero eso es algo que se va a ir dando con el tiempo, la gente se va acostumbrando a todo.
No es algo nuevo tampoco. Antes, cuando no había cedés, se escuchaban casetes y el 80 por ciento de los casetes que uno tenía eran grabados. Es decir, cambia el formato, ahora en vez de ser un casete de cinta son datos, es música digital, pero es exactamente lo mismo, no ha cambiado mucho la cosa.
Además, es sabido que no todo el mundo tiene computadora, ni tiene internet para bajarse un programa peer-to-peer y compartir música. Siempre estamos hablando de un segmento que está al alcance de ese consumo y no me parece que sea muy diferente a lo que viene pasando desde años atrás, por lo menos acá en la Argentina.
Pero claro, las compañías están y se tienen que reacomodar, evidentemente no les conviene para nada, pero ahí tendrán que ver ellos de dónde están sacando la tajada en este negocio. Les convendrá tal vez apostar más a los artistas a futuro, cosa que les cuesta bastante hacer porque son muy oportunistas en ese sentido.”


Javier Delupí, ejecutivo de la Asociación Antipiratería

“El público accede a la música sin respetar el trabajo intelectual”

“El efecto es devastador en la Argentina como en todo el mundo porque al estar disponibles gratuitamente todas las producciones musicales, el público accede a ellas sin respetar el trabajo intelectual que han puesto en marcha las compañías discográficas, los artistas, los autores. Por lo tanto, no hay un régimen de incentivos que ayude a que se continúen realizando estas producciones, es decir, que las pérdidas no solamente son económicas, sino que llegan a ser culturales.
Los más perjudicados son los artistas, los autores y las compañías discográficas, que son los titulares del derecho sobre la música desde el punto de vista de la propiedad intelectual. Otro damnificado es el Estado, desde lo económico, porque no cobra los impuestos: el costo de un cedé tiene un 40 por ciento de carga tributaria. En definitiva, la sociedad misma se ve perjudicada en su cultura. Si hoy Cerati saca un disco y ese disco es tan pirateado como lo está siendo, llega un momento en el cual no se puede sacar a flote todo ese trabajo artístico desde su estructura económica. Entonces va a resultar que Cerati no va a hacer el próximo disco, o no se van a producir otros cedés que se producen, generalmente, con las ganancias de un lanzamiento exitoso.
Las actuales tecnologías, si bien no son en sí mismas una amenaza para la industria, sí es un peligro que estén aplicadas a escala comercial. El sistema de intercambio de archivos de música nació directamente de la ilegalidad y hay una generación que creció dentro de esta situación, por lo cual se trata de un fenómeno cultural en el que hay que modificar algunos estándares de accesibilidad. Hay chicos que ya no conciben un cedé comprado porque para ellos la accesibilidad de la música directamente es un archivo de mp3.
Por otro lado, la Argentina, a través de la lucha contra la piratería defiende la música nacional, ya que es la principal afectada por la piratería en el país, que es de alrededor del 60 por ciento. Hay países latinoamericanos en los que la piratería llega al 90 por ciento, pero afecta a los catálogos internacionales porque en esos mercados no se produce música nacional. Mientras que la mitad de los discos que se producen y se venden aquí son de música nacional. La lucha contra la piratería tiene muy en cuenta que no se trata sólo de pérdidas económicas.”