sábado

Número DIEZ - agosto 2006
















¡Great balls of ice!

Un espectáculo inusual tomó por asalto a la Ciudad de Buenos Aires el 26 de julio por la tarde: grandes bolas de hielo. En rigor de verdad, cayó pedrisco, porque a lo que eventualmente se le llamó granizó superó los 5 milímetros, mutando de nombre y, por ende, de experiencia climatológica. Las capas de hielo, al ser opacas, estuvieron formados por pequeños cristales y burbujas de aire. Según cuentan los entendidos en la materia, las corrientes de aire ascendentes y descendentes en el interior de las nubes hicieron que los trozos de pedrisco subieran y bajaran varias veces. Tardando en caer los cristales, congelaron el entonces granizo y dieron lugar a esas rocas enemigas de los autos, casi tan enemigas como sus dueños del sentido común: colas durante toda la madrugada en Warnes y conductores enojados por la (¡obvia muchachos!) falta de stock de lunetas en las casas de repuestos. En Buenos Aires, la mañana del 27 pedriscó sinsentidos. Envalentonados con los condicionantes obstáculos meteorológicos, nos acomodamos el cuello del piloto frente al espejo de manera elegante y salimos a buscar el número 10.

Le preguntamos a Lisandro Aristimuño, el rionegrino que sigue sorprendiendo con sus melodías imposibles a la escena nacional, Bonustrack mediante, cuál es el secreto para no perder la sutileza a manos del frío. Con ese background emocional, para fortalecer nuestras defensas físicas, nos dejamos pinchar por expertos en acupuntura, esa disciplina milenaria que congrega en la Argentina férreos adeptos, en la Investigación. Y mientras Fidel se dirime –por enésima vez- entre la vida y la muerte, un vecino de Caballito lleva adelante una guardia permanente para un futuro museo del Che Guevara, rodeado de iconografía revolucionaria, en Bicolor. Claudia Puyó, el coro femenino del rock nacional por antonomasia, tiene muchas anécdotas para contar de su paso como segunda voz de Los Redonditos de Ricota y Fito Páez, entre otros, y se atreve a las 22 preguntas del Bipolar del mes. La batidora académica, Alan Pauls, nuestra Entrevista, nos revela qué imagina que será la versión fílmica de su novela El pasado y deja embebernos de su visión del mundo. El Ejército de salvación se trasmuta en persona, Mariano Cabrera, mitad actor y mitad coleccionista retro de las décadas del 60, 70 y 80, nos cuenta, talking with Petete, sobre los comienzos de Paolo El Rockero y más de una anécdota de cuando fue mánager de Los Twist. Una de los exponentes más promisorios de nuestra literatura, Samanta Schweblin, se toma un Vermouth con Bipolar y repasa sus fugaces pero destacados 28 años, haciendo un parate en su libro de cuentos El núcleo del disturbio. Madres indignadas versus madres contenidas: las voces de La Tragedia de este mes, a favor y en contra de que les enseñen a sus hijos educación sexual de manera obligatoria en las aulas. El Héroe anónimo es Héctor Toscazo, o el artista que pone el cuerpo dos veces: es portador de HIV y sublima la realidad de los miles de seropositivos con su arte.

¡Abrigate nene! ¿Llevás paraguas? ¿Comiste algo? ¡Anudate bien la bufanda! ¿Te mojaste? ¡Cuidado con el pedrisco! ¡Atendeme! ¿Llevás Bipolar?

Alan Pauls



Por Federico Amigo

Después de algunos años encontró su medicina literaria: escribir y retratar singularidades, buscarle otro costado al lugar común de los amores. Tras el alivio de finalizar ‘El pasado’, el teórico y ensayista, crítico y narrador, ideólogo y guionista, sacó en julio, ‘La vida descalzo’, donde camina por la playa por sus reminiscencias infantiles y sus replanteos adultos.

“En un punto tenía la impresión de que el libro era virtualmente interminable. Podía no terminarlo nunca. Incluso podía no terminarlo nunca y ser muy feliz no terminándolo nunca. Entonces terminar ese libro en particular, que habla sobre cómo se termina una historia de amor, si es que se termina, era complicado. Si los finales de los libros siempre son complicados, el final de un libro que habla sobre el final de las cosas era doblemente complicado.” La novela de la que habla es su novela, El pasado, que retrata un amor irresoluto entre Rímini y Sofía. Y quien juega con palabras y repeticiones es su autor, Alan Pauls, que pasó cinco dulces años regocijándose entre sus pausas y su cansino ritmo interno.
“Me puse lento. O por ahí durante esos 10 años descubrí la lentitud. O sea, la paso bien en el sentido de que me gusta mucho macerarme a mí mismo en lo que estoy escribiendo, cosa que no sucedería si escribiera muy rápido”, cuenta a propósito de la década que se fue entre Wasabi y la consecución de El pasado. Los años, “por suerte”, aclara, también le hicieron encontrar su nicho literario. Desde su ópera prima, El pudor del pornógrafo, hasta La vida descalzo, su último ensayo acerca de “la playa como un objeto genial para escribir”, y para hacer un recorrido autobiográfico, siente que adoptó una postura que hoy le permite abordar la escritura con una perspectiva diferente. “Básicamente dejé de defender una posición, más bien paranoica, según la cual para escribir ficción era fundamental cortar con todo lo que no fuera la literatura. Los escritores son muy instrumentales: usan lo que les sirve, independientemente de si es verdadero o no. Ese fue un poco el desplazamiento. Seguí escribiendo una literatura muy literaria, pero atravesada todo el tiempo por fuerzas, por materiales, por experiencias que tal vez antes hubiese dejado afuera, casi por principio. Es posible que sea menos dogmático. Al mismo tiempo me cuesta mucho más escribir ahora que hace 20 años.”

EL PASADO
A mediados de los ochentas, Pauls publicó su primera novela y se congratuló en letras en la Universidad de Buenos Aires. A partir de allí su actividad económica y profesional se debatió entre la combinación del periodismo, la crítica y el guión de cine. Aún después de El pasado, que le valió el Premio Herralde y la definitiva aceptación de lectores y críticos, comenta que su vida no se costea con la literatura. “No soy un escritor profesional en el sentido de que no vivo de los libros que hago. En general no están en una relación directa con la demanda del mercado. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que la única imagen de mí mismo que reconozco como verdadera, como descriptiva, es la de un tipo sentado en el teclado escribiendo. Tengo la impresión de que cada vez soy más un escritor”, confiesa.
La prolífica novela y el juego amoroso entre Rímini y Sofía, los protagonistas, arrancan en la década del 70. Sin embargo, Pauls deja de lado cualquier contextualización alusiva al proceso de desorganización nacional. “No me interesa la política –explica- como mundo referencial para la literatura. No me interesa fechar la historia con acontecimientos políticos: ‘Mientras Rímini y Sofía viajaban a Europa los militares hacían desaparecer a 30 mil personas; mientras Rímini y Sofía se iban a vivir juntos Alfonsín…’. Odio ese tipo de literatura que pretende empatar la ficción y la política. Mucha de la lógica que parece regir a esos dos amantes, a lo largo de 25 años, podría describir las experiencias históricas que buena parte de los argentinos vivimos. La sensación, por ejemplo, de que las cosas no terminan de pasar, de que las cosas nunca son superadas por otras sino que son siempre las mismas, sólo que ligeramente cambiadas.”
Entre tanto buen recibimiento por parte del público, El pasado engendró en Héctor Babenco la idea de hacer su adaptación en la pantalla grande. El cineasta, que ya había realizado El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, llamó a Pauls buscando el guiño cómplice que le sirviera para avanzar en el proyecto. “Fue muy inesperado y obedece sólo al entusiasmo y al encaprichamiento terrible de Babenco por la novela. No creo que sea una apuesta sin riesgos”, opina. Desde el 17 de julio el director y su troupe –que incluye al mexicano Gael García Bernal, como actor protagónico- trabajan en el rodaje del largometraje, que se repartirá entre Buenos Aires y algunas escenas extras en Europa y Brasil.
A pesar de su empatía por el director y por sus obras, Pauls se niega a pensar en un diálogo entre libro y película, entre imaginación e imagen. “Cuando yo escribo no veo, incluso diría que escribo para no ver. Entonces, el salto entre la frase y el plano es casi insoportable. La frase, por más preciso y literal que sea uno, siempre tiene como un componente de indeterminación. Y el cine por más vago y abstracto que quiera ser siempre fija las cosas de una manera inapelable. Ves una cara en el cine y ya está, el personaje tiene esa cara, ese cuerpo, se mueve de ese modo.”

LA INFANCIA DE LA PLAYA
En La vida descalzo, Pauls ubica a la playa como el lugar de lo desnudo, y a lo largo del ensayo va vistiendo a ese escenario con un arsenal de ideas y disparadores: su halo libertino, el turismo, la experiencia constante. “Es algo que uno puede adornar, plegar, cambiar. Creo que por eso es un espacio que me gusta mucho en términos intelectuales y de experiencia”, sostiene. En contraposición al escapismo, Alan cuenta con una suerte de formulado teórico sobre la excepción: “La diferencia es que de un escape volvés no trayéndote nada. En cambio, de una excepción siempre te traés algo que te puede servir para pensar la norma. La experiencia cívica de la playa puede ser muy útil para pensar formas de convivencia humana un poco más atractivas, más placenteras, más inteligentes, más deseantes que las formas de convivencia en las que vivimos”.
Descubrir el Cabo Polonio, un remoto pueblito de pescadores de la costa del Uruguay, que se erige como bastión infranqueable para la luz eléctrica y el agua corriente, fue el disparador para recordar aquellos veranos de principios de los sesentas enquistados en Villa Gesell. Esos recuerdos se convirtieron en palabras para luego reinventarse en historias y memorias. “En cierto sentido –dice- debo haber proyectado sobre la pantalla en blanco de Polonio las viejas imágenes de mi vida en la playa de Villa Gesell. Hay como una especie de conexión rara entre la playa contemporánea y la de mi infancia, que de algún modo, aunque no era tan salvaje, primitiva y exigente como la del Cabo, era bastante virgen.”

EL FACTOR MEMORIAL
Hace algunos años descubrió una manera distinta de adentrarse en la medicina. La homeopatía le ganó la batalla a la alopatía, y Pauls se encomendó a la tarea de encontrar su propia medicación. Pero ese pleito ficticio no se dio sólo en el campo de la salud, sino también en el plano de las ideas. Desde lo artístico, según él, los ensayos tienen puntos de contacto con esta práctica. “La homeopatía, hasta que no llega a tu singularidad, no opina sobre lo que te pasa. Si vas con un resfrío, un alópata te dice: ‘Tomá no sé qué’. No sabe qué clase de resfrío hacés vos que no hace él. Seguramente tus mocos no son iguales a los de él, no te pasa en el mismo momento. Todas esas cosas tienen que ver con la práctica de un escritor. La angina para un homeópata no significa nada. Para un escritor tampoco.”
Tras redactar la última hoja de El pasado, que se había llevado cinco años, Pauls sintió una grata sensación de alivio. Sin embargo, una vez consumada esa etapa se reabrió otra con un ambiente imaginado y repetido: la pantalla en blanco, el teclado y las palabras. “Tengo la impresión de que no tengo ninguna vida personal, de que no tengo recuerdos hasta el momento en que me pongo a escribir. Si me hubieran dicho antes de escribir La vida descalzo, ‘¿qué recuerdos tenés sobre la playa?’, no hubiera podido decir nada. Ahora, cuando me puse a escribir el libro apareció Villa Gesell, el autocine, todos los nombres de las pancherías, las hamburgueserías. Pero sino tuviese la escritura es como que no hubiera vivido todo eso. Es mucho más que un instrumento, es casi el momento en el que se inventa una memoria personal.”


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HERMANOS

En total son seis hermanos, entre ellos los actores Gastón y Nicolás, pero cuatro son de matrimonios diferentes. Nunca vivieron bajo el mismo techo y los separan edades abismales. Eso, para Alan, fue lo que generó que durante un tiempo coexistieran en mundos paralelos. “Desde hace 10 años empecé a descubrirlos como hermanos e imagino que también ellos a mí. Encontré la manera de entenderlos, quererlos e interesarme por ellos.”
No sólo aprendió a adorarlos, sino también a defenderlos. A Gastón se le endilgó haberse apropiado de un formato que había creado el periodista Fabián Polosecki. “Que alguien hable de algo que está en la tele, y le critique falta de originalidad, es como ridículo. De hecho, su máxima originalidad es la tele. Es el lugar donde se roba impunemente todo el tiempo. Me parece una crítica imbécil”, opina.


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Pauls trabaja en el guión de ‘Buenos Aires no existe’, que retratará los nueve meses que Marcel Duchamp vivió en la Argentina.

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Dice que la playa es un lugar genial, pero sólo para veranear. Le gusta la ciudad por su anonimato y por la posibilidad de desaparecer.

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Lisandro Aristimuño


Por Malena Higashi

Días agitados para el cantante sureño que sorprendió hace ya dos años con su primer trabajo, ‘Azules turquesas’; ya está trabajando en su tercer disco, se va de gira –de nuevo- por España y se presenta en La Trastienda. Y aclara que aunque todos lo vean como un tipo frágil y triste, él tiene carácter.


Una mezcla entre cuento de hadas y el sueño del pibe. Lisandro Aristimuño dejó su Viedma natal detrás de un amor. Tenía entonces 22 años y un destino aún incierto. Lo deseaba, pero nunca se imaginó que iba a editar un disco -Azules Turquesas- tan rápido. Era la época de la crisis y Aristimuño llegó de Río Negro para instalarse en una Buenos Aires que ardía en cacerolazos. Empezó a estudiar para ser maestro jardinero y al mismo tiempo repartía Azules Turquesas. “Era ir en bondi a todos lados a que me tiraran el sobre a un rincón. Todos me miraban y me decían: ‘¿Querés editar un disco? Vos estás en... ¡No edita un disco Diego Torres y vos querés sacar un disco!’ Fue cosa de insistir. Igual fue bastante rápido, lo grabé y a los tres meses ya estaba editado”, recuerda.

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS
Antes de Buenos Aires, antes de los discos, antes de hacerse conocido en el ambiente, Lisandro Aristimuño hacía covers en casinos de toda la Patagonia. La primera vez que se subió a un escenario tenía 13 años. Aprendió tocando canciones de otros, esa fue su escuela. Pero su acercamiento a la música data de mucho antes, cuando era casi bebé y agarraba la guitarra de su papá y, como cuenta, se la llenaba de baba.
Hoy por hoy, la vida diaria del artista consiste en hacer canciones. Aunque aclara que no lo hace con el único propósito de grabar un disco sino por puro placer. Además le sirve como ejercicio para sacarse cosas de encima, una especie de terapia. “Me levanto al mediodía y agarro la viola. Parto de la guitarra y le voy metiendo cosas.” Cosas son los agregados de música electrónica que fusiona a la perfección con música autóctona. “Una vez que voy escuchando las canciones sumo los demás instrumentos y la producción”, explica. Por una cuestión de autosuficiencia, pero también por el hecho de no haber formado una banda, Aristimuño se largó a hacer un disco solo. “Armar una banda es muy difícil, es como encontrar novio”, aclara. La suya es bastante familiera ya que lo acompañan un primo, Carli Aristide, en la guitarra, y su hermana Rocío, en percusión y coros. Detrás de escena hay otros proyectos en familia: “Tengo la idea de grabar un disco con mi hermana, ella tiene muchas ideas y quiero ayudarla un poco con eso, y el guitarrista está haciendo cosas y también quiero ayudarlo. Me gusta no ser yo, yo y yo… poder meterme en otro papel, a veces”.
Escribir, o “poner en palabras una atmósfera” es lo más difícil para él. Quizás hasta graba la melodía en un idioma inteligible, es decir, un canto ligado a la fonética y no a una letra concreta, y después escribe la letra que encaja con esa melodía previa.
Después de sacar dos discos con los que le fue bien -Azules turquesas (2004) y Ese asunto de la ventana (2005)-, ya no siente presiones con el tercer trabajo, que recién se va a grabar en diciembre, y tiene 20 canciones bajo el brazo. “Este proyecto lo empecé a carburar hace un año y medio. Me gusta darle tiempo a las canciones y a los discos”, comenta.

LO BELLO Y LO SIMPLE
Atmósfera es una palabra recurrente en Aristimuño. Dentro de su música ese aspecto es fundamental porque para él no es necesaria una buena letra, simplemente la música puede transmitir un estado de tristeza sin nombrarla. Nadie mejor que un anónimo visitante del blog del cantante para disparar una idea de qué se trata todo: Increíblemente simple, desaforadamente bella… tu música acompaña, reza uno de los mensajes posteados. Hay aquí una trampa: detrás de esa aparente simpleza hay algo más, “mi idea es que en el primer acercamiento la música suene simple, y una vez que pasan los días le empieces a escuchar más cosas”. A él no le cuesta mucho encontrar ese equilibrio porque, según explica, se enamora de las cosas simples y no se complica la vida. “El otro día hablé con mi hermana por teléfono y me dijo que estaba dibujando. Mi hermana tiene 25 años y estaba dibujando… y digo ¡wow! Esas cosas me enamoran, la gente por ahí va mas allá y no se da cuenta.”
En cierto punto él también acude a lo lúdico. Las canciones son para Aristimuño un juego porque con ellas puede jugar a ser todo, incluso cosas no reales: “Hay un tema nuevo que se llama Pluma, y yo soy como una pluma. Me encanta hacer canciones y me parece divertido, además, jugar con eso, con no ser un humano”. Y no sólo con eso. También hay un juego interno con sus discos; él los graba y a partir de la atmósfera que transmiten decide en qué estación del año van a salir. No por nada en Ese asunto de la ventana posa con un paraguas.

LO QUE ES, LO QUE PARECE
Nada de tristeza ni de melancolía. Puro idealismo, una imagen equivocada de Lisandro. La gente que lo sigue piensa que él es así. Quizás por sus letras, o la fragilidad de sus melodías. Sin ir más lejos hace poco una fan, que luego devino en amiga, le dijo a Aristimuño que no podía creer lo que era él como persona, y lo que decía en sus canciones. “Todos imaginan que soy un tipo frágil, triste. Y en realidad soy un tipo muy laburador, muy luchador y tengo mi carácter. Cuando terminan los shows y me pongo a hablar con la gente me dicen: ‘¡No, vos no me podés decir esto!’ Me parece que la gente al escuchar las canciones se imagina algo de mí.” A él lo que le importa es que la gente pase un buen momento, que se vaya flotando de sus recitales.
Con la prensa no hubo una idealización pero sí una especie de adoración. Se habló del “fenómeno Aristimuño”, la Rolling Stone seleccionó Azules turquesas como uno de los 50 mejores discos del 2004, y junto con Inrockuptibles lo nombraron “artista revelación” de ese mismo año. Él no siente presiones, simplemente se alegra del buen momento que está pasando: “Que los discos se estén vendiendo, que se estén escuchando, es el sueño del pibe, lo que yo quería. No me lo imaginaba pero tenía muchas ganas, estuve haciendo mucho tiempo covers y quería hacer algo mío”. Si bien el éxito lo tomó por sorpresa, la única certeza que tenía era que se iba a dedicar a la música.
No tiene horarios ni muchas exigencias de la discográfica -Los años luz-, hace lo que más le gusta y le va bien. Se lo ve contento a Lisandro Aristimuño, y él no lo niega: “Lo que pasa es que soy un tipo feliz, me armo la vida que yo quiero. Elijo lo que soy, no me gusta algo y no lo hago porque soy muy frágil y hay cosas que me pegan mucho, entonces voy buscando caminos en donde me siento bien”. Y allá va Lisandro, transitando esos caminos que, por la distancia y por el tiempo, ya quedan bastante lejos de la Patagonia de sus canciones.

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UN RECITAL EN BUENOS AIRES, UNA GIRA POR ESPAÑA

No pasaron cinco meses de esa primera gira por España, que Lisandro Aristimuño estará volviendo, en octubre, a esa tierra para editar dos discos. “Fue hermosa la idea de estar en otro lugar y tocar canciones que hablan un poco sobre la naturaleza de la Patagonia, y estar por ejemplo en Madrid cantando eso. Había mucha gente argentina que estaba viviendo allá, mucha gente de la Patagonia, incluso, y fue algo así como: ‘¡Qué bueno, me trajiste dulce de leche!’”, rescata Aristimuño, que cuenta que lo saludaban como si lo conocieran de toda la vida. Pero antes de partir a Europa tiene un recital en La Trastienda, el 26 de agosto, y anuncia cambios en la banda y en el show. “Se incorporó una chelista, Leila, y estamos viendo la forma de reemplazar el bajo y la batería. Por ejemplo, Leila le pega al chelo para la percusión, tratamos de buscarle otra vuelta. Estamos haciendo nuestros temas adaptados a nuevas sonoridades”, adelanta Aristimuño.

Claudia Puyó













Por Milena Marcovecchio

El ‘underground’ de los ochentas la tuvo presente entre sus filas. Mujer rockera en épocas difíciles. No se calló ni transó con nada, renunciando aún, a una producción discográfica más abundante. Claudia Puyó, fuerte y frágil a la vez.


1) Fuiste parte de las mujeres del rock nacional, ¿cómo viviste todo ese furor?
- No fue un furor, yo lo tomo como una especie de mentira. Cuando nosotros empezamos a hacer música era muy difícil el momento. Tocábamos con unas astillas viejas, ni guitarras eran. Pero cuando seguís tantos años haciendo música es porque la amas.

2) ¿Tu relación con la música empezó de muy chica?
- Sí, mi viejo era melómano, escuchaba música clásica y me hacía distinguir a los compositores: Chopin, Mozart, Beethoven. Me llevaba al Colón a ver óperas. A los ocho años aparecieron Los Beatles en mi vida y ahí ya se complicó (risas). Escuchaba Creedence, a los 10 ya tenía un disco de Frank Zappa.

3) Entonces tuviste tu vocación bastante definida...
- Me encantaba cantar pero pensaba que iba a ser veterinaria o médica, algo que tuviera que ver con curar. Pero cantar, lo hacía todo el tiempo, me acompañaba en los pensamientos que me agobiaban. Cuando canto mi cabeza no camina, tengo una cabeza muy insoportable.

4) Pero sin embargo tu primer grupo lo armaste a los 12.
- Mi primer grupo se dio con Aníbal Forcada, que ahora es bajista de León Gieco. Lo conocí en la casa de unas pibas que eran vecinas. Empezamos como dúo, Ana Gris nos llamábamos. El primer concierto que dimos fue en el colegio San Cayetano, en Liniers, tenía 15 años. En el 76 empecé a tocar con un grupo eléctrico: Trigémino, ya estaba en quinto año. Después volvimos con Ana Gris, incorporando más gente como: Guillermo Arron, Claudio Tripputi, Pablo Rodríguez, hasta Marcelo Torres tocó con nosotros.

5) ¿Por qué Ana Gris?
- Se lo puso Aníbal, por mi hermana Ana, ella estaba triste en ese momento y Aníbal decía que estaba gris y así quedó el nombre.

6) ¿Cómo llegaste a grabar el primer disco?
- En el 81 siempre iba a zapar los domingos a Jazz & Pop, ahí toqué con gente alucinante, hasta con El ciego Larrumbe, uno de los mejores organista que tuvo la Argentina. Un día me vio Rodolfo García, baterista de Almendra, y le dijo a un productor que se llamaba Oscar López que había escuchado una mina que cantaba muy bien. López me llamó a mi casa y me dijo que me quería conocer y grabar un disco, yo ni pensaba en eso.

7) ¿Tuviste otros trabajos?
- Laburé en varios bancos, en fábricas, de cocinera en una pizzería, en una compañía de seguros, hice de todo en mi vida, ¡joder sí! Ojalá no hubiese tenido que trabajar.

8) Tocaste con Los Redondos, ¿cómo fue esa experiencia?
- Muy linda, existía el romanticismo, fue cuando todavía Los Redondos no habían ni grabado Gulp, no se armaba quilombo, ni nada. Era en el Parakultural, ellos generaban todo un movimiento de gente. Eran cosas que no pasaban en ningún concierto. Para mí las mejores letras de bandas de rock son las de Solari, toda una data que no se conocía. Musicalmente era, muy grosso, no con individualidades. A veces rifaban también una piba (risas), pero eso no lo pongas...

9) ¡Cómo no poner algo así!, ¿cómo era eso de la rifa?
- Cuando daban las entradas también repartían un número a cada uno y la rifaban a Olga (risas interminables). Era tremendo, le sacaban el número de la concha y el que tenía el número se la ganaba. Era una amiga de los chicos bastante cachivache, lo peor era que nadie se la quería llevar, así que imagínate lo que era (risas).

10) También le hiciste coros a Fito Páez en El amor después del amor, ¿adónde lo conociste?
- Por Fabi (Cantilo), nosotras somos amigas desde principio de los ochentas, después ella se puso de novia con Fito. No sé cómo fue que yo aparecí una vez en un ensayo en La Mar cuando él estaba haciendo Ciudad de pobres corazones.

11) Estuviste viviendo un par de años en España, ¿a qué te fuiste?
- A tocar, a escuchar otras músicas, a conocer otras idiosincrasias. Allá toqué con mucha gente increíble, hice una gira de 23 conciertos por toda Europa con Kevin Ayers, él tocaba en Soft Machine.

12) ¿Y a Egipto cómo llegaste?
- Eso fue en el 96. Una amiga me dijo que existía un festival internacional de la canción en El Cairo. Mandé todo lo que pedían y mi mamá me prestó los 100 dólares para inscribirme. Yo pensé que ni en pedo me iban a aceptar, y me mandaron un pasaje de ida y vuelta. Fueron ocho días en El Cairo con todo pago, menos la bebida (risas), eso fue una buena plata que tuve que pagar aparte. Canté con una orquesta egipcia una cosa increíble, no tenía un mango, me filmaron cantando y no tengo el vídeo. ¿Podés creerlo? No me lo pude comprar (risas).

13) ¿Estás de novia?
- Sí. Yo no hablo mucho de eso, tengo muchas muertes en mi vida y eso te deja algo raro adentro (respira profundo), algo roto difícil de cicatrizar. Mi corazón creo que es fuerte porque puedo seguir estando acá después de todo lo que me pasó. En la vida cotidiana uno lleva la carga, entonces nunca me juego a decir que es el amor de mi vida porque tengo miedo de que se muera (risas), pero me río por no llorar.

14) ¿No tenés hijos por elección o porque no se dio?
- Por un lado por elección, y después con el suicidio de mi segundo novio tuve una menorrea, eso le sucede a veces a las mujeres con shocks emocionales. Ahí tuve una menopausia precoz a los 38. Por eso envejecí tanto.

15) El rock irremediablemente esta ligado con el exceso, ¿cómo lo manejás?
- Soy una persona excesiva generalmente, pero bueno, es obvio que los excesos de los 15 no los puedo cometer a los 47, no te aguanta el muñeco. Todos hemos sido bastante excesivos, pero no pasa solamente por el rock, también pasa por el tango, por los políticos. Hay un mito también con eso, el reviente realmente empezó con el tango.

16) Se te van a venir los tangueros encima con lo que estás diciendo...
- Los tangueros fueron los primeros reventados de la música, los primeros que empezaron a tomar cocaína, morfina y a hacer desastre. A mí que no me lo vengan a contar, sino preguntáselo a Goyeneche. Pero la gente no iba a juzgar eso, porque el tango siempre fue muy respetado. Esto no le va a gustar a nadie, pero pasó siempre.

17) Muchos artistas están incorporando al tango a su discografía. ¿Vos no lo tenés en mente?
- Yo canto tango, cantaba con mi mamá cuando era chiquita, ahora canté con las Abuelas de Plaza de Mayo, en Tango por la Identidad, un tema de Discépolo. Me encanta el tango pero no lo haría por especular. Me faltan hacer demasiados discos antes, uno de soul en inglés, otro de blues.

18) Es cierto, tenés sólo tres discos, ¿por qué tan poca producción en tantos años?
- Por esta cuestión de que yo no cuadraba con el negoció del rock. Yo con una gran carrera, como dice todo el mundo, me sentiría un caballo (risas). Prefiero tratar de ser una mejor persona, de crear siempre desde un lugar bueno, de generar laburo para la gente que tengo alrededor, si puedo.

19) ¿A qué le llamas exactamente ‘el negocio’?
- A que tengas un productor que elija los temas que vas a cantar, que te diga lo que te tenés que poner, que te dirija el vídeo, que vos no puedas decidir ni cómo te llamas. Necesito sentirme bien con la gente con la que estoy, que fluya una cosa emocional.

20) Sin embargo tocaste con muchas bandas que tenían una compañía discográfica detrás.
- Yo sólo trabajé para Fito Páez, después cantaba, por ejemplo con Los Redondos, porque tenía ganas, no cobraba. Con todas las personas que canté fue de onda. Ni por mucho dinero canto si no me gusta lo que hacen.

21) Ahora estás con presentaciones en Buenos Aires, ¿no?
- Sí, fue un ofrecimiento de la Secretaría de La Nación, se llama Gira Mínima, y se hace en centros culturales. Además estoy grabando tres discos a la vez, en realidad estoy grabando el cuarto disco mío, otro de soul en inglés, y un disco de bandas que me gustan.

22) De poeta ya sabemos que tenés bastante, ¿pero de loca cuánto hay?
- Mucho, soy Dr. Yekill y Mr Hyde, geminiana, además. Mis amigas me dicen cuando llego: ‘Ahí viene Linda’, por Linda Blair de El exorcista (risas). Soy re loca, muy ciclotímica.

Mariano Cabrera, coleccionista retro


Por Matías Castañeda

Es el coleccionista de memorabilia retro más célebre de la Argentina. Atesora la más valiosa colección de objetos de las décadas del 60, 70 y 80. Encabezó ‘Operación Fideos con Manteca’, las míticas fiestas en las que se celebraba la niñez. Además es actor -está haciendo presentaciones de ‘stand up’-, se fue de gira con Paolo El Rockero y tuvo legendarias participaciones en las bizarras investigaciones de Pipo Cipolatti en ‘La TV Ataca’. Fue manager de Los Twist, condujo programas de radio y de televisión. Un todo terreno, con ustedes las mil vidas del niño eterno.


“Tengo como dos vidas, como buen geminiano, soy medio multimedia, un poco bipolar, re Pipo Bipolatti.” Ni bien se ingresa en la página web de Mariano Cabrera (www.marianocabrera.com.ar) está todo claro. Se puede clickear entre su costado coleccionista o elegir incursionar en su currículum de actor. Es considerado el mayor coleccionista de memorabilia retro de los sesentas, setentas y ochentas de la Argentina. En el portal se puede ver de todo: juguetes, golosinas, artículos de tocador de marcas olvidadas o una lista con su completo archivo de televisión de aquellos años. “Generacionalmente, hasta fines de los ochentas, consumí todo. En el 89, para mí, se murieron estilos de hacer televisión, de fabricar juguetes, de filmar publicidades. Con el menemismo, la sociedad cambió un montón, y creo que para peor”, reflexiona Cabrera, y sentencia, “en los ochentas, clavé”.
Su afán coleccionista empezó de niño, sin darse cuenta, cuando su papá le daba todos los gustos, le cumplía el sueño de cualquier pibe: “Trabajaba en una distribuidora de juguetes y golosinas. Uno veía la publicidad a la tarde y él me lo traía a la noche”. Para fines de los setentas apareció en su universo la videocasetera: empezó a grabarlo todo. “Me veía hasta las novelas, Amo y señor, La viuda blanca, Amor gitano, ya para fines de los ochentas había una que se llamaba Amándote, en la que Arnaldo André era comisario de a bordo, alto, todo fachero, bizarrísimo”, relata Mariano, que desde chico tuvo la habilidad para recordar detalles de eventos televisivos vernáculos con pasmosa facilidad. De ahí que Pipo Cipolatti, su amigo, lo haya apodado El Félix Luna del retro.
“Siempre nos apasionó a los dos este tema –se confiesa-, estoy con Pipo desde los 15 años. Iba a ver a Los Twist como fan y con el tiempo termine siendo el mánager de los shows, de la cosa operativa artística. Compartimos el amor por Titanes en el ring, sí, él viene hace mil años con el tema de hacer el disco homenaje. Yo escuché algunos temas; Cerebrus, por ejemplo, está buenísimo. Muy pocos saben que El estudiante era en principio una canción para un luchador. La misma melodía, en clave cumbiamba, pero al final la letra no fue la misma.” Sobre esa canción recuerda una anécdota: “El video se hizo en el Bernasconi, el colegio donde estudió Pipo. Habíamos puesto en un anunció que necesitábamos chicos y vinieron como 150 pibes. Los citamos a las 11, a todos les pusimos guardapolvos, había catering. Pasó que los pibes se cansaron de esperar, porque se filmaba a las dos de la tarde, y comían y se iban a la mierda, muchos, incluso, con el guardapolvo puesto. Al final el video se hizo con 6 o 7 pibes nada más. Si te fijás en slow, se nota.” Dos niños eternos. “El año pasado vino a mi cumpleaños y, aunque estaban todos mis invitados, nos fuimos a un cuarto a ver videos viejos.”

ACTOR
Mariano es actor, tiene 37 años y actualmente está haciendo presentaciones en la modalidad stand up. Tuvo intervenciones fugaces en programas tan disímiles como Naranja y media y Verdad consecuencia. Estar con Pipo en aquella época además le permitió experimentar el humor absurdo desde el canal de la palomita. “En el 93 ayudaba a Pipo con las investigaciones de La TV Ataca, que eran todo un delirio. Cada uno de Los Twist tenía un personaje diferente, el Coronel Canosa, La Larva –enumera-. Rolo Rossini, el baterista de la banda, hacía de los tres hermanos Monseñor: Patricio, Ozzy y un Rabino. Ozzy, el mayor, era el heavy (‘hola vieja’), que era el mayor bebedor de cervezas del mundo y tenía que tener un contrincante. Pipo me dice: ‘Te animás a hacer de heavy’, ‘sí’, le digo y me indica: ‘Bueno, ponete un nombre’. Pensé en Ian Bulon; Ian por Gillan, Bulon, por lo pesado, que era el mayor bebedor de vino en tetra. La competencia fue en el Samobar de Rasputín de La Boca. La Larva hizo de Didier, un francés que era el mayor tomador de anís. En esa época Pipo tuvo un problemita con Pettinato porque hicieron un payaso que se llamaba Roberto Pepinazo, que era malo y le pegaba a los chicos.”
Pero Cabrera ya era actor antes de eso, tuvo su debut triunfal junto a Jorge Montesco, más conocido como Paolo El Rockero, con quien hizo una gira por todo el país. Las anécdotas le sulfuran: “Fue en Badía y compañía, yo acompañaba a Los Twist, ahí lo conocí. Él salió de un concurso de ese programa, del que surgió también McPhantom. Empezamos a charlar y nos cagamos de risa. Le imité a Fito Paéz y me dijo: ‘Lo tenemos que hacer’. Justo había salido el disco La la la. Él hacía de Spinetta y yo de Fito. Cantábamos Aro de diamante, mezclado con Yo vengo a ofrecer mi corazón, en la versión de Favaloro. Un día cayó Spinetta y le dijo a Paolo, ‘Loco –imita la voz del Flaco- no me hagas, que me hacés para la mierda’. Al que le encantaba como Paolo lo imitaba era Litto Nebbia. Una vez hicimos él de Jazzy Mel y yo de Verónica, la mina que bailaba, se llamaba Casi Mel. Jorge era artesano de verdad, tenía dos Harley-Davidson. Siempre estaba con una campera de cuero cruzada y hacía unos llaveros de camperitas de cuero perfectos.

COLECCIONISTA
En 1995 empezó a hacer los homenajes a la niñez de los 60, 70 y 80: las fiestas Operación Fideos Con Manteca. Gracias a eso también incrementó su colección de objetos, que les hacían llegar los asistentes de manera generosa y gratuita. En Fideos, exponía su colección de juguetes y, en las pantallas gigantes, su valioso archivo de televisión. “El primer día cerramos la puerta y al rato dijimos: ‘Vamos a ver si vino alguien’. La cola daba vuelta a la esquina. Fue un homenaje a Titanes. Ahí empezamos a invitar artistas, pero no para que subieran al escenario. A Julieta Magaña, al Profesor Gabinete, a uno de los Titanes. Y la gente se empezó a volver tan loca que Julieta se subió y empezó a cantar. Venían de todas las edades.” En esa época tenía una sección retro en el programa Atorrantes en Canal 26 junto al Pato Galván. “Estaban los de 20, que veían por el programa, y los de 30, 40 que habían vivido esa época. La gente no usaba las sillas, se sentaban en el piso como si fueran pibes del jardín; veías sentado a un tipo de traje, al lado un pibe con cresta punk, y al lado, un stone, todos cagándose de risa con Piluso o Pepe Biondi.” Antes de fin de año, anticipa, seguramente volverá Fideos.
Cuando se le pide una explicación desde su lugar privilegiado de anfitrión sobre el porqué de tanta efusividad, esgrime una teoría: “Siempre digo que más allá de la clase social, todos tuvimos un Tiki-taka, un yo-yo Russell, vivimos las mismas cosas. Creo que con Fideos ayudamos a matar la vergüenza, que no deberíamos sentir, porque es recordar la etapa más feliz de nuestras vidas: la niñez. Más que vergüenza nos debería dar orgullo”.



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RADIO

Tuvo un programa en Radio Del Plata con Nora Briozzo los sábados a la tarde sobre la temática retro. Antes había estado en RadioShow, a la mañana, con Alejandro Fantino, y a la noche con Mariano Álvarez, en un programa que se llamaba Costumbre de radio, todo de los ochentas. Hizo de Duilio Salvatierra, periodista del crimen, tanto en El León de la Metro, conducido por el Bebe Sanzo, como en Tiempos violentos, con Alejandro Nagui, en Rock & Pop. “Era un viejo –recuerda- que narraba casos policiales inventados, una especie de Enrique Sdrech, explicaba casos como el del violador de la pasta frola y otros delirios cipollatescos.”

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PIPO´S BLUES

“Los Twist tenían varias bandas paralelas: Silver Combo hacía temas de programas viejos de televisión, como Cipol-Hawaii 5-0; Agrupación Parisi, ‘la alegría de hacer jazz’, o Los Parroquia, que hicieron el tema Vamos juntos, vamos ya, por el camino de Dios, que está en el disco Con el 5 en la espalda. Después hacían cosas en vivo en joda, en donde la gente se moría de risa y que nunca editaron, como la versión gay de Muchacha, que decía: Muchacho ojos de papel, siéntate aquí, cerca de mi barriga. / Y no hables más muchacho, bésame la pija.


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ACTORES CLASE B
Los laburantes de los medios
(No me atrevo a ponerlos en
orden porque son todos grossos)
Por Mariano Cabrera

- Rolo Puente.
- Gino Renni.
- Rodolfo Machado.
- Horacio O´connor.
- Alfonso Pícaro.
- Délfor Medina
- Pepe Díaz Lastra.
- Mario Fortuna (h).
- Jorge Barreiro.
- Carlos Vanoni.


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El triunvirato de homenaje permanente de Operación Fideos con Manteca es, a saber: Cornelio Saavedra, Martín Karadagian; Mariano Moreno, Carlitos Balá; y Juan José Paso, Pipo Pescador.

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Museo del Che




Por Ariel Jonte

Inaugurada en 1996, la muestra sobre Ernesto Guevara cerró seis años después por falta de fondos. Quien la ideó cuenta como surgió la iniciativa y porqué recibe, en la actualidad, a miles de turistas en su comercio de bagatelas.


Este local está custodiado por la señora que vende bombachas enfrente. El cartel está a la entrada del negocio de la calle Rojas 129, en pleno barrio de Caballito, advirtiendo a todo aquel cliente de una supuesta acción inoportuna. El interior del comercio posee un mundo de objetos que alguien alguna vez vendió o cedió y que otros acuden a su búsqueda: antiguas lámparas de cristal, destornilladores, afiches de Ernesto Guevara, encendedores, libros de la revolución cubana, juguetes, una estatuilla y fotos del Che, viejos inodoros en un rincón, pequeños guevaritas de plástico, vajillas y varias bagatelas.
Una chica brasileña y un muchacho mexicano se acercan al dueño del local. Tímidamente preguntan: “Perdón, ¿esto es el museo del Che?”.

UN POCO DE HISTORIA
El matrimonio conformado por Eladio Toto González e Irene Perpiñal viajó de vacaciones a Cuba en el verano de 1992. La estadía les produjo una breve sorpresa: la amabilidad con la que fueron recibidos. “Imaginaba encontrarme con una multitud de gente vestida de gris, con moñitos maoístas. Toda una cosa rígida. Pero noté un conjunto de personas que comparte ciertos valores y no miles de autómatas sin vida”, comenta González, entrecortadamente, mientras la clientela le permite un tiempo para la charla.
Entre las sucesivas caminatas que realizaron por la isla, Toto recibió un disparó emocional. Cuatro guardias de frontera fueron baleados durante un ataque -se lo recuerda como La Masacre de Tarará-. Sólo uno quedó con vida.
El turista mexicano deja de observar algunas fotos del Che, que Irene le había acercado, y pone atención en el relato de González: “Fui a donar sangre. No la querían porque había de sobra. Se reían amablemente mientras yo explicaba que mi sangre era valiosa: RH negativo. La jefa de hemoterapia, que era una mulata simpática, de tanto insistir me hizo una prueba para comprobar mi grupo sanguineo pero no me sacó sangre. Estaba caliente: quería mezclarme con ellos”. Finalmente logró acercarse. Una carta dirigida al policía internado fue respondida por más de cuatro mil cubanos. Tras 14 años de haber transcurrido la masacre, no pasa un día sin que Toto reciba una nueva correspondencia.

LA REVOLUCIÓN
El ida y vuelta generado con los cubanos a través de las misivas apuntaló en Toto la necesidad de ayudar con donativos a la población de la isla. La iniciativa contagió a un sin fin de personas con las que conformaron la entidad Chau Bloqueo.
Es imperiosa la necesidad que tiene González por contarle a los turistas cómo se desencadenaron los hechos desde un principio. Por un instante lo que estaba tomando forma se interrumpe para preguntarle a un joven que se le acerca qué está buscando. “Soy noruego, ¿aquí es el museo del Che?” Toto le pide que lo escuche. El relato comienza nuevamente desde el verano del ´92. Siente que cada visitante que acude al lugar “lo hace porque lleva un Guevara en su interior, un sentimiento que necesita sacar a flote”.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE
En 1996 el material recolectado para ser enviado a Cuba tomó demasiada magnitud. Fue necesario alquilar un local para depositarlo hasta su envío. “Cuando entré al galpón de Nicasio Oroño 458 me preguntaron si me gustaba: yo dije que sí, que era el museo del Che Guevara.”
La inauguración fue increíble. No tenían nada. “Si abrís algo la gente viene y trae”, confiesa el fundador y le aclara al terceto internacional, que no deja de observar las 300 fotos inéditas del Che, que lamentablemente no todo lo que consiguió puede ser apreciado en la actualidad. Esculturas, numismáticas, filatelias, documentos personales, una condecoración, una cantimplora, monedas y estampillas cubanas con su cara, maquetas alusivas a las batallas, su lata de tabaco, ropa utilizada por la guerrilla, son sólo algunas de las pertenencias que no pueden ser vistas en “la guardia permanente” que se mantiene sobre la calle Rojas.
El museo debió cerrar seis años después de haberse puesto en marcha por falta de fondos para pagar el alquiler. “Yo no pido que el Gobierno me dé un subsidio, sólo pretendo que me den un lugar para llevarlo a cabo. Año tras año me dicen que no lo tienen.”

EL BLOQUEO
Los visitantes cruzan las miradas. Agradecen y se retiran sin antes sacarse unas fotos con la estatuilla del Che.“Diariamente me da mucha vergüenza: vienen acá porque el museo figura en la secretaria de Turismo y creen que van a encontrarse con algo lindo”, lamenta González que tras haber guardado las fotografías le enseña a una clienta unos patines viejos por los que había preguntado. Se siente herido. La cara no lo deja mentir.
Un cartero entra al local y sin decir una palabra apoya un sobre en el escritorio. Toto lo agarra y sus facciones cambian al leer el remitente: Apartado 6240. La Habana. Cuba. Siente lo mismo que un soldado herido al que se le aplica una dosis de morfina. El dolor se escabulle. Ve en un futuro no muy lejano como reabre sus puertas el primer museo latinoamericano Ernesto Che Guevara.

Samanta Schweblin


Por Lucía Turco

Editó su primer libro a los 24 años y siempre la acompaña la crítica. Asegura que la base de sus historias son imágenes que la obsesionan. El núcleo del disturbio reúne cuentos oscuros que oscilan entre lo fantástico y lo onírico, aunque quien la ve no lo creería.

Mujeres abandonadas al costado del camino, hombres atrapados en un pueblo donde el tren no se detiene, la muerte como obra de arte en la valija de un asesino, perros callejeros como metáforas de la errancia humana.
Mundos fantásticos, oníricos, oscuros, donde por momentos uno querría habitar, porque en ellos, en el medio del disturbio, parece posible encontrar una salida a la mediocridad: un lugar imaginario en el que vivir, un espacio entre lo metafísico y lo filosófico. Así son los cuentos de Samanta Schweblin.
Ella es argentina, tiene 28 años y un libro editado: El núcleo del disturbio (2002), que ganó la Antología de Cuentos del Fondo Nacional de las Artes en 2001, el mismo año que obtuvo el Primer Premio del Concurso de Cuentos Haroldo Conti.

IMÁGENES EN LA CABEZA
Contar historias es algo que la acompaña desde pequeña, incluso antes de aprender a escribir. El medio para hacerlo “podría haber sido el cine o el teatro”, piensa, pero claro que “por razones muy fuertes fue la literatura”. Al principio, cuando tenía 4 o 5 años, su madre anotaba lo que ella le dictaba en un cuadernito. De esa época recuerda el que considera su mejor cuento: la historia de un zapallo que vive en un cajón, en la punta de una montaña, donde está la verdulería del pueblo. “El cuento es esa sensación del zapallo de que en cualquier momento se podía caer y empezar a rodar sin poder hacer nada, porque no tenía manos, ni pies, ni podía gritar, no podía hacer absolutamente nada más que caer y caer”, rememora.
Desde imágenes observadas en cualquier lugar hasta restos de sueños, recuerdos más o menos primitivos o equivocaciones propias, son los disparadores de sus historias. Hace poco, de paso por la estación de trenes de Pinamar, descubrió que el lugar era igual al de su cuento Hacia la alegre civilización de la Capital -la historia de un grupo de hombres que no pueden volver a la ciudad porque el tren que los lleva nunca se detiene en el pueblo donde se encuentran-. “Cuando vi la estación dije: no es parecida, es esa, y mi mamá me contó que cuando era muy chica habíamos estado varados ahí como dos o tres horas, y esa es la base de mi cuento, una imagen de la infancia que sin saber describí con absoluta exactitud, porque no es que era parecida, era esa la estación de mi historia.”
Sus cuentos siempre parten de una imagen muy precisa, pero sólo se sienta a escribir cuando descubre qué es lo que verdaderamente le llama la atención. “Cuando me siento es porque ya está todo en mi cabeza.”
Como bien explica, sus cuentos son “situaciones muy puntuales, con un final irreversible”, por lo cual no imagina que alguno de ellos pudiera transformarse en una novela, aunque le seduce la idea de escribir una, ya que desde España, luego de leer sus cuentos, le preguntaron si tenía una novela. “Creo que el tipo de historias que escribo pide a gritos que sean cuentos.”
Al terminar el secundario, empezó a hacer taller literario con Diego Paszkowski, en el Centro Cultural San Martín. “Había una mezcolanza muy rica de gente, éramos todos adolescentes, y más allá de la calidad del taller, era un intercambio de ideas fuertísimo”, recuerda de esos 4 años en los que asistió. Paralelamente hacía la carrera de imagen y sonido en la UBA (de la que ya egresó). En esos tiempos escribió la mayoría de los cuentos que están en su libro. “Después estuve varios años en paz, sin nadie que me diga qué está bien y qué está mal, tratando de razonar lo que había aprendido.” Luego hizo taller con Liliana Heker, “un antes y un después en la literatura”, resume ella. “Pensar absolutamente todo, cada coma, es agotador, pero hay un nivel de análisis muy minucioso que me ayudó muchísimo.”

FANTÁSTICA ABSURDA
Si tiene que hablar de influencias literarias, puede mencionar muchos autores como referentes de su propia literatura: Juan Rulfo, Antonio Di Benedetto, Adolfo Bioy Casares, Franz Kafka, William Faulkner, entre muchos otros.
Pero, por sobre obras y autores puntuales, le interesa una literatura en especial que identifica como fantástica-absurda: “Son situaciones que lindan con lo filosófico, y las encuentro en determinadas obras, como la de (Dino) Buzzati, y no en autores en general”, explica. También lee mucha literatura norteamericana -Carver, Salinger- pero con ésta tiene una relación “más de placer que de influencia” a pesar de que reconoce que a estos dos autores los relee constantemente. Y confiesa: “Cuando estoy trabada con el tono, abro dos páginas de Bioy (Casares) para saber cómo continuar”.

PERSPECTIVAS
Algunos de los cuentos de Schweblin además forman parte de distintas antologías: Cuentos argentinos (2004), La joven guardia (2005) y Una terraza propia (2006).
Del primero -una compilación española que, entre otros, reúne cuentos de Roberto Fontanarrosa, Paola Kaufman, Rodrigo Fresán y Liliana Heker- tiene una anécdota para contar que “simplifica en pocas palabras el estado del escritor latinoamericano”. Por esa antología, le pagaron 50 dólares, de los cuales 25 se los quedó su editorial, Planeta, mientras que con los otros 25, que tardaron meses en llegar, había pensado en comprarse el libro, ya que no le cedían ningún ejemplar. Pero esto no es nada. Cuando cambió ese dinero y fue a comprar la antología, no le alcanzó. “Tuve que esperar a que me lo manden de España mis amigos”, recuerda.
En cuanto a la intención de difundir una “literatura femenina” -que subyace a la antología Una terraza propia, donde se compilan cuentos de narradoras argentinas- Schweblin aclara: “Yo hago literatura, no hago literatura femenina”. Y en sus cuentos, donde la mayoría de los narradores son hombres, queda claro que la autora trasciende ampliamente cualquier mirada femenina que pueda condicionar su visión sobre el mundo. “Puede decirse que hay una hegemonía masculina porque el hombre lleva más tiempo haciendo literatura, pero en este momento en la Argentina creo que puedo citar más escritoras que escritores. La mujer está escribiendo mucho y lo está haciendo bien.”
Schweblin está planeando otra antología de cuentos. Tiene entre 10 y 12 historias terminadas, pero piensa hacer un libro con seis de ellos, que “tienen una temática muy particular y muy fuerte”, en los que justamente empieza a tocar algunos tópicos más específicamente femeninos, “desde una perspectiva bastante horripilante, escabrosa”, comenta.
Aunque sus cuentos no lo demuestren, Schweblin dice que aún no encontró su lugar ideal para escribir, aunque puede imaginarlo: sería un sitio parecido al subsuelo de la biblioteca donde Ray Bradbury escribió Fahrenheit 451. Allí, él alquilaba una máquina de escribir por dos centavos la hora y estaba dos horas por día escribiendo cuando no había mucha gente. “Como trabajo desde mi casa, cortar radicalmente con el laburo y ponerme a escribir es un problema, entonces todo el tiempo estoy tratando de salir a escribir. Busco un ciber, una biblioteca o un café, pero todos tienen sus pro y sus contra, y siempre estoy pensando en ese lugar de Bradbury como el lugar físico ideal, porque no hay absolutamente nada, sólo la máquina y la página en blanco.”


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Diez cuentos que me impactaron (no me animo a ponerlos en orden), por Schweblin

- Algo había sucedido y El perro que vio a Dios, de Dino Buzzati.
- Teniente Bravo, de Juan Marsé
- El lado de la sombra, Adolfo Bioy Casares
- Un día perfecto para el pez banana, de J. D. Salinger
- El gigante ahogado, de J. G. Ballard
- Llámame si me necesitas, de Raymond Carver
- En el mismo lugar, a la misma hora, de Mervyn Peake
- Los asesinos, de Ernest Hemingway
- Un marido rural, de John Cheever



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Vicente Battista, escritor argentino

"Fui uno de los primeros lectores de Samanta. En el 2001 era jurado en el Concurso de Cuentos del Fondo Nacional de las Artes. No bien leí los originales de El núcleo del disturbio supe que estaba ante una narradora excepcional: me deslumbraron sus historias, desde la manera en que las contaba hasta el modo de ubicar naturalmente lo antinatural. Hubo total coincidencia con el resto del jurado y Samanta obtuvo, por unanimidad, el primer premio. Samanta tiene mucho de (Dino) Buzzati. Se lo comenté cuando la conocí. Ella no lo había leído, entonces le pasé unos libros de él, los leyó y quedó fascinada."

Arte HIV



Por Graciana Castelli

Tiene 32 años y hace 12 que es portador del virus del sida. Desde lo artístico siempre trabajó temáticas relacionadas con la enfermedad, primero como una forma de sacarla de su cuerpo y curarse, pero finalmente terminó humanizando los datos frívolos que revelan las estadísticas.


Héctor Toscano es –entre muchas otras cosas- artista plástico, fotógrafo y portador. Al menos así él firma los textos que presentan sus obras. Lleva 12 años conviviendo con el virus del hiv, y no hace mucho tiempo Clarín le publicó una carta de lectores en la que decía: Siento que no hay una campaña cotidiana y constante que informe y haga un llamado de atención al contagio del sida, y también a la aceptación de las personas seropositivas sanas y enfermas... Solamente los días previos al 1 de diciembre (Día de la Lucha contra el Sida), el tema se instala en los medios, pero después de esa fecha ya se vuelve a olvidar a los seropositivos, y a los que corren el riesgo de serlo.
"Me enteré a los 20 años –hoy tiene 32-. Yo sabía las cosas que había hecho, era conciente, entonces fui a un urólogo en el Hospital de Clínicas y le pedí para hacerme un análisis. Cuando voy a buscarlo resulta que no me lo quieren dar y me dicen que me lo tiene que entregar mi médico. Pero ese urólogo no era mi médico, lo había visto una sola vez en la vida. Tuve que rastrear al tipo en un hospital público hasta que lo encontré y me dijo, 'después te veo', y me dejó ahí esperando. Lo que pasaba era que no se animaba a decírmelo. Y entonces trajo a otro médico, recorrimos pasillos y subimos escaleras buscando un lugar vacío para hablar, para decirlo. Finalmente entramos a un consultorio caído abajo, con humedad, para que me dijeran de pie: 'Mirá, salió positivo'."

ARTE SANADOR
Desde chico Héctor se interesó por el dibujo y la pintura. Más tarde, cuando empezó a trabajar se compró una cámara de fotos y tomó el primer curso en la Facultad de Arquitectura: "Al poco tiempo me enteré de lo mío y decidí que tenía que buscarle la vuelta al tema de la fotografía y el arte pero relacionarlo con el virus, sentía que era una forma de sacarlo y de curarme. Por aquella época había intentado el tema de la medicación, pero eran como 35 pastillas diarias y la atención era pésima. Yo había ido al Hospital de Clínicas y ahí me atendía una doctora que a veces sale en los medios -ahora no tanto- que se llama Graciela Reboredo, y que me atendió como si fuera un conejito de la India, muy mal."
Las obras de Héctor vivencian su enfermedad, la transitan, la desafían. Le gusta jugar con cajas de luz que potencian colores verdes, azules, turquesas, amarillos y rojos, que todo el tiempo aluden a la sangre. Autorretratos de su cuerpo desnudo, sentado, con la espalda encorvada y el rostro de perfil oculto bajo un barbijo, y en cuyo fondo se ve una mancha de humedad, quizá resabio freudiano de aquel cuarto testigo en donde se confirmó su sospecha. La imagen de un Jesús crucificado rodeado de su propia cara. O la foto de aquel análisis positivo que al pie deja ver una imagen de él, niño, y que Fernando Peña -a quien tuvo oportunidad de conocer-, la bautizó como a su propia obra de teatro: El niño muerto.
Vía crucis hiv, Cuerpos positivos, son algunos de los títulos de las muestras que ya realizó. Y en una de ellas, incluso, trabaja con una serie de fotos de dibujos hechos por chicos de entre cinco y siete años, también portadores, en las que abundan colores pesados como el marrón, el rojo, y el negro: una casa sin terminar, un árbol partido al medio, un auto estancado, globos de la vida y de la muerte. "Ellos eran concientes del virus. El padre, la madre o a ambos estaban muertos. Usaban el verde, '¿qué es la esperanza?', preguntaban. Se pasaban la pintura por la piel, era un tema de protección y de cuidado", explica.
Llama la atención que en cada uno de los textos de presentación de sus trabajos Héctor aclara, debajo de su firma, que es seropositivo: "Hubo gente que me criticó eso. Yo lo pongo para que el que lo vea sepa que yo hablo con autoridad del tema, y no porque se me ocurrió hacerlo porque era el 1 de diciembre. Me ha pasado que a veces se piensan que no soy portador y me preguntan porqué trabajo este tema, y yo prefiero que lo sepan”.

NÚMEROS POSITIVOS
Son muchas las muestras que logró realizar a lo largo de estos 12 años. Quizá tantas como las que tiene en su cabeza, aún por hacer. En ellas no hoy cintitas rojas, ni alusiones sobre la importancia del uso del preservativo, ni recomendaciones médico-preventivas. Su intención es otra, y tiene que ver con la humanización de aquel conejito de la India que hace tiempo, quizás, una médica confundió con un hombre en un consultorio: "Lo que yo quiero mostrar en mis trabajos es la sensibilidad de la persona que es portadora. Si bien nunca nadie va a sentir lo que uno siente, por lo menos acercarlos un poco, que sepan que uno a veces se siente solo, que no va a poder lograr hacer las cosas, que siente que no va a conocer el amor, son millones de cosas... pero igual siempre trato de que el mensaje final sea positivo".
Cientos. Miles. Millones. Las cifras preocupan, asustan, impresionan, es cierto. La ciencia avanza, pero no llega, y la epidemia hoy gana la carrera. Las estadísticas, silenciosamente, crecen sin dar tregua. Pero esos números anónimos y positivos son mujeres y hombres; niños, adolescentes, jóvenes, adultos, viejos. Vidas como la de Héctor, que es artista plástico, fotógrafo, y también seropositivo.
Sus obras son, casi en su totalidad, monotemáticas por elección. Pero eso no le importa. Y lejos de estancarse en la tragedia y el dolor, cada imagen supera la instancia de lo irremediable para decirle al público: acercate, mirame, conoceme, sentime, humanizame, aceptame... Héctor cuenta que la gente, al terminar de ver sus muestras, se le acerca para agradecerle.

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En www.hectortoscano-hiv.blogspot.com Héctor comenzó a escribir su ‘Diario de hiv vida’.

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Acupuntura


Por Lucía Turco


Sin necesidad de grandes recursos, la acupuntura busca equilibrar la energía en el cuerpo del hombre para lograr un bienestar integral de la salud, tanto mental, como físico, anímico y espiritual. Su mayor integración a la medicina alopática en la Argentina podría ser uno de los grandes avances de la ciencia.

Para la medicina tradicional china, el cuerpo del hombre es el resultado de la concentración y circulación de energía. De esto hay que partir para hablar de la acupuntura, terapia que es parte de la medicina oriental, y que nace en China en el 580 a.c., momento en el que se tiene el primer registro de su existencia.
“Existen 12 flujos de energía en el cuerpo que se llaman meridianos, es como si fuesen carriles de la Panamericana: cuando el tránsito es normal, fluye y eso es comparable a una persona sana, pero si hay un accidente, se comprometen todos los carriles. Si lográs solucionarlo, el tránsito se va normalizando”, explica An Yoon Hwa, médico acupunturista que atiende en la Argentina. “La medicina oriental consiste en eso: en equilibrar energías para que el cuerpo pueda fluir libremente.”

PULSOS DE DIAGNÓSTICO
“Hay cosas que no se pueden ver ni detectar con los cinco sentidos - dice An – como el concepto de qi, que significa: energía.” Para aproximarse lo más posible a lo que sería una explicación, él habla de la sensación que tiene cuando le coloca la aguja a un paciente: “Ves cómo se te va la energía del cuerpo hacia la otra parte”.
El equilibrio energético se da entre la corriente Yin y la corriente Yang. A la primera pertenece lo interno, la tierra, lo que desciende, lo oscuro, lo que retrocede; a la segunda, lo luminoso, el cielo, lo claro, lo expansivo, lo que sube, lo que brilla. Cuando el Yin y el Yang están en armonía, el qi fluye libre en el cuerpo y el hombre está sano.
El método de diagnóstico es a través del pulso. Con los dedos índice, medio y anular de la mano derecha, el médico agarra la muñeca izquierda del paciente y a partir de los pulsos siente cómo están los meridianos, cuáles están afectados, y entonces sabe dónde aplicar las agujas. “Cuando están bien colocadas, el pulso cambia completamente.”
En la primera visita, antes de hacer el diagnóstico, An siempre mantiene una charla con el paciente y también le hace un examen médico. “Hay algo más allá de lo que es físico que se transmite en los pacientes, y llega un momento en el que te acostumbrás a ver esas cosas. Cuando alguien entra al consultorio ya te das cuenta cómo está por los ojos, y cuando terminás de atenderlo ves cómo le cambia la mirada. Es un conjunto de cosas que no se pueden tomar aisladas.”
Está claro que el lugar del médico es mucho más sensible que en la medicina alopática, que es la que impera en Occidente. No hay nada parecido a registros cuantificables que puedan transmitirse de un médico a otro. El acupunturista tiene una memoria de cada caso que es difícil de entender desde la ciencia moderna.
Para An, “los occidentales que ejercen acupuntura tienen un concepto bastante diferente de su funcionamiento: diagnostican a través de síntomas, pero para poder practicarla correctamente, deben diagnosticar a través del pulso”. Así lo entienden las distintas ramas dentro de la acupuntura que, a grandes rasgos, se dividen en estilo japonés, coreano y chino, y a su vez cada uno de estos tiene sus variantes.

MÁS QUE AGUJAS
En la medicina oriental se cree que la entrada de la enfermedad se produce a partir del mal hábito. Su persistencia lleva a que se desequilibre la energía. “Si ese desequilibrio no es tan grave y el paciente lo corrige, el cuerpo se normaliza; pero si es muy fuerte y no puede recuperarse por sí solo, entonces la acupuntura lo que hace es ayudarlo, como un auto que se queda sin batería y se lo empuja. Pero también se tiene que modificar ese hábito que generó el desequilibrio, porque sino la recuperación es momentánea.” An le da gran importancia al hábito, por lo cual no es partidario de dar muchas sesiones a un mismo paciente y recomienda hacer actividad física, la que cada persona sea capaz de disfrutar. “A veces la gente quiere milagros y yo milagros no hago”, explica.
La energía que circula en el cuerpo del hombre también tiene mucho que ver con el cosmos, es decir, está muy influida por las estaciones climáticas y los espacios naturales. Por ejemplo, en verano es más fuerte la corriente Yang, por lo cual, si un paciente tiene muy alta la Ying, esto se manifiesta de alguna manera y es necesario tratarlo.
Por otro lado, An sostiene que generalmente los pacientes que reciben psicofármacos son “bastante resistentes” a la acupuntura. “Mucha gente está recibiendo hipno-sedantes y yo trato de sacarlos, porque quienes los dejan, mejoran muchísimo.”
En los casos en que es conveniente no aplicar agujas, se puede practicar lo que se conoce bajo el nombre de moxibustión. Consiste en aplicar una moxa: un pequeño tubito que parece de cartón, que se pega con autoadhesivo al cuerpo, y del otro lado se enciende. En sus orígenes era un yuyo o un granito de arroz. Esto se va quemando y a medida que se va acercando al cuerpo transmite más calor. “En un momento te quema y se expande hacia adentro, es como si fuese una puñalada de calor que te penetra.”

COMPLEMENTARIAS
An nació en Corea del Sur y se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires. Lejos de abogar por la supremacía de uno u otro tipo de medicina, cree que ambas se complementan: “Hay cosas en las que te puede guiar o servir la oriental y en otras, la alopática”. Sin embargo, no están muy complementadas en la Argentina. “Muchas veces hay prejuicios de un lado o de otro”, asegura. Mientras que en China y en Corea están totalmente integradas: en un hospital se pueden encontrar ambos servicios.
Reconoce que es muy difícil desarrollar la capacidad para ejercer correctamente la acupuntura. “Yo aprendí de mi maestro, que era un amigo de la familia, no fui a la academia ni hice cursos. Entré como discípulo, fui viendo de a poco y luego me fue enseñando porque él se quería jubilar y estaba buscando alguien que lo reemplazara.”
Claro que “al comienzo, cuando agarrás el pulso no distinguís nada, te parece todo igual, pero después te vas acostumbrando a tomarlo”, explica, y recuerda que su maestro hasta pronosticaba el embarazo a través del pulso, antes de que un Evatest.
“Hay que tener mucha voluntad y concentración en tratar de encontrar esa diferencia, pero cuando hacés ese clic, ahí empieza el verdadero trabajo.”
La acupuntura se fue desarrollando a través de la experiencia: práctica y error. Entre los beneficios que tiene frente a la medicina alopática, puede señalarse la utilización de menos recursos: sólo se necesitan agujas, alcohol y algodón. Por otra parte, “hay estudios que demuestran que los pacientes toleran más el tratamiento de la acupuntura. Tuve pacientes que realizaban quimioterapia y me dijeron que la soportaron mucho mejor con la acupuntura”.

UNA EXPERIENCIA
Al ser tomada como algo invasivo en la Argentina, no se puede ejercer legalmente la acupuntura sin el título de médico. Y An señala que su experiencia le dice que es necesario estudiar medicina, o alguna carrera afín, que brinde las herramientas para saber manejarse en una situación de riesgo. “No es broma, con una aguja mal colocada se puede matar a un paciente”, dice, y recuerda haber pasado por una situación de este tipo con una paciente que había sido abusada y su psiquiatra la había medicado bastante. “La paciente empezó a relajarse y entró en apnea: estaba dejando de respirar.” Ante esto, aplicó sus conocimientos de medicina alopática, hizo las maniobras necesarias y logró recuperarla. “Si en un momento así no tenés los elementos para actuar, te asustás y te quedás paralizado”, explica An.
“Somos como pilas”, concluye, “pero no de las recargables”.

Educación sexual obligatoria



Por Gabriel Pérez

Ilustración: Natanael

Dos posturas irreconciliables debaten sobre la ley que entrará en vigencia el año que viene en la Ciudad de Buenos Aires, pero que pronto se discutirá en el ámbito nacional.



Daniela Moreno, 42 años, ama de casa
“A mi hija no quiero que le enseñen cosas que a los 11 años no puede comprender"

“No estoy de acuerdo para nada con que se enseñe educación sexual en los colegios, creo que eso debe quedar en el ámbito privado de cada familia porque se deben respetar las decisiones de cada madre y padre. No quiero que a mi hija le enseñen cosas que a su edad –tiene 11 años- no puede comprender, o que la pueden llegar a confundir. Bastante tengo con los programas infantiles, en donde ya a los 10, 11 años andan a los besos; o con las novelas y películas con escenas eróticas que pasan en el cable en el horario de protección al menor.
Además ella es tímida y siempre hay algún compañerito que se hace el vivo o hace chistes que seguro le van a hacer pasar un mal rato. Por otro lado, ¿quién me asegura que los maestros están realmente capacitados para tocar un tema tan delicado? Todos sabemos el estado en el que está la educación en este país, sobre todo la pública.
Encima vi en el noticiero que le quieren enseñar educación sexual a los chicos desde el jardín, eso sí que me parece una gran falta de respeto, ¿qué se le puede enseñar a un nene de cinco años? Y lo que más bronca me da es que una no puede hacer nada, si es que llega a ser obligatoria la materia. Me parece que esta ley termina siendo un atropello a la familia, ¿por qué nos imponen a nosotros lo que debemos hacer en nuestra casa?
Por el momento creo, si mal no leí en los diarios, que esta ley es para la Capital, no para provincia. Por suerte mi hija va a una escuela de Avellaneda, y cuando esta ley llegue a los colegios provinciales, porque seguro que a lo sumo en 2008 se podrá implementar acá, ella va tener edad suficiente para entender algo del tema. Aunque tengo que reconocer que se me va a hacer difícil hablar de sexo con ella, porque a la gente de mi generación ni se le ocurría tratar esos temas con los padres, te pegaban un cachetazo.
Lo que este Gobierno debería hacer es preocuparse por otras cosas, como por ejemplo que a nadie le falte de comer, o que no la maten a una cuando sale a la calle, como pasó hace poco en Belgrano o en cualquier otro barrio. Pero bueno, ya sabemos que a la gran mayoría de lo políticos lo único que le interesa es figurar, hacerse ver en los medios. Lo que falta es que estos políticos mediocres legalicen las drogas y el aborto, aunque creo que eso ya sería demasiado.”

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Moreno piensa que hay otras cuestiones en las que el Gobierno debería poner más atención, como la inseguridad o la pobreza.

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Miriam Luna, 40 años, empleada
“La educación sexual puede servir para descubrir casos de abusos en la familia”

“Es fundamental que se den clases de educación sexual en las escuelas, porque los chicos de hoy generalmente tienen su primera experiencia sexual a los 14, 15 años, y todos sabemos que es tal la desinformación con la que cuentan que muchas chicas terminan embarazadas cuando todavía no alcanzaron la madurez necesaria para ser madres. Y después vienen los problemas, porque quieren seguir con la vida de adolescente y no se dan cuenta de que ahora son responsables de un nuevo ser que trajeron al mundo. Incluso algunas parejas son casi obligadas a formalizar y después se terminan separando a los 20 años.
También con la poca información se crean mitos peligrosísimos para esa edad, sobre todo por el riesgo que representa el sida en nuestra sociedad.
Yo soy madre de dos chicos: uno de 19, y otra de 14. Con el varón no fue muy difícil hablar de sexo, más que nada porque su padre supo llevar bien el tema. Ya en las primeras veces que lo dejábamos ir a bailar –cuando tenía 13 años- le hablábamos del tema. En cambio con la nena hablé yo, porque somos muy compinches. A veces me cuenta las cosas que creen sus amigas y me dan ganas de matarme, no se puede estar más desinformado, eso es culpa de los padres.
No entiendo cómo algunos pueden estar en contra de que a los nenes del jardín de infantes se les enseñe educación sexual. ¡Es obvio que no se le va a explicar con lujos y detalles como se hacen los bebés! Se les enseñaría a no dejarse levantar la pollera –por poner un ejemplo, en el casos de las nenas- o dejarse tocar por un adulto. Muchos de esos que se quejan, después cuando aparecen casos de abusos en las escuelas son los primeros en pedir la pena de muerte para el violador, como si así se solucionara el tema.
Además pienso que la educación sexual puede llegar a servir para descubrir casos de abusos en la familia. Quizás si el chico aprende en la escuela que lo que le están haciendo no es normal, se anima a denunciarlo. No hay que perder de vista que una gran parte de las violaciones la comete gente allegada a la familia, cuando no son directamente parte del núcleo familiar.
Que sea ley en la Capital es un gran paso, sobre todo por el poder que la Iglesia tiene en este país. Espero que pronto sea obligatorio en todas las provincias.”


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Luna afirma que la educación sexual en las escuelas podría terminar con ciertos mitos que manejan los adolescentes.

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Bipolaridades


NUEVAS LUCES
CANCIONES ZOMBIES

¿Quién dijo que el indie ha muerto? Un ejemplo de que sigue vivito y coleando es la reciente edición artesanal del nuevo disco de El Zombienauta, Nuevas luces. El proyecto de José Eduardo González incluye 10 canciones despojadas con una voz que hace acordar al decir del Daniel Melero de Piano. No es su primera obra, ya había editado dos discos: Desoladas canciones zombies, volumen 1, y Anclado en la canción, más un EP, Learn to swim, con canciones en inglés.
La mayoría de los temas se puede bajar desde su página www.zombienauta.com.ar, donde además se pueden conseguir grabaciones (¡outtakes!) que quedaron fuera de los discos y tracks que conmemoran fechas trascendentalmente apátridas como el día de San Valentín.
El disco se consigue en Belleza y Felicidad -Acuña de Figueroa 900- y Oíd Mortales -Corrientes 1145 Loc. 17- a 10 pesos.
Escribiendo a zombienauta@hotmail.com se consigue a 7 pesos más gastos de envío.


LA REVOLUCIÓN ES UN SUEÑO ETERNO
EL ORADOR EN SU LABERINTO

La revolución es un sueño eterno, la novela poética, simple y profunda de Andrés Rivera, que retrata con agudas pinceladas momentos de la vida de Juan José Castelli, llamado El orador de la Revolución, es llevada al teatro de la mano del director Pablo Silva, con el papel protagónico de Daniel Ritto, el actor que muchas veces encarnó a Luca Prodan en la obra de teatro Luca vive.
Castelli, abogado y convincente orador, muere de cáncer de lengua dos años después de la Revolución de Mayo de 1810. Emparentado firmemente con las ideas jacobinas y seguidor de Mariano Moreno, es enjuiciado en su último año por haber mantenido relaciones íntimas con mujeres menores durante sus campañas militares.
Sin dinero, con una enfermedad incurable y su talento disminuido, este unipersonal cuenta los últimos días que precedieron a su muerte, sus sueños de libertad, sus mujeres y sus pensamientos.

La revolución es un sueño eterno.
Domingos, 20:30.
Entrada: 12 pesos.
Teatro Bauen, Callao 360.


PUENTE CELESTE
COMO ENCENDIDOS

Tal vez no sea exótico el mejor adjetivo, aunque hay que reconocer que la virtuosa combinación de tradiciones musicales a la que llega Puente Celeste puede denominarse, cuando menos, altamente imprevisible.
Por momentos jazz; por otros, folklore o tango. Puente Celeste es un grupo que sorprendió en la escena musical argentina con composiciones sensibles desde la música y la letra. Su último disco, Mañana Domingo (2004), es quizás el mejor resultado de esta mezcla de sonoridades instrumentales y vocales.
Luego de dos años ininterrumpidos de conciertos, el quinteto -formado en 1997 e integrado por Edgardo Cardozo, en guitarra, requinto, tiple y voz; Luciano Dyzenchauz, en contrabajo, percusión y voz; Marcelo Moguilevsky, en clarinetes, flautas dulces, armónica y voz; Lucas Nikotián, en acordeón, piano y flauta traversa, y Santiago Vazquez, en percusión, birimbao, guitarra, mbira y voz– está en pleno proceso creativo, por lo cual no será posible encontrarlo hasta dentro de un tiempo en los escenarios de No Avestruz o Chacarerean Theatre, donde suele presentarse.
Sin embargo, el sábado 29 de julio Puente Celeste ofreció un show aislado por el cumpleaños de No Avestruz. Fue un regalo para quienes se enteraron y reservaron lugar, una semana antes, entre los almohadones de este espacio.





PEDRO ALMODÓVAR
VUELTA AL UNIVERSO

En un mundo femenino, en donde la presencia masculina es intermitente y sólo sirve para causar daños irreparables, transcurre la última película de Pedro Almodóvar, Volver. Para contar recuerdos agradables de su infancia en el pueblo La Mancha, Almodóvar se aleja un poco de ese impronta que le dio fama mundial y se dedica a narrar una historia –por momentos un policial- de manera muy sobria.
Se destaca con su actuación Penélope Cruz, irónicamente con una imagen muy alejada de la femme fatale que intenta imponer en Hollywood, ya que no pasan de tres las escenas en donde se luce su generoso escote.
El punto bajo del filme se da cuando Penélope entona una mediocre versión del clásico tango de Gardel y Lepera, Volver. No sólo se nota que no es ella la que lo entona, sino que la escena parece tener utilidad únicamente para justificar el título de la película, que será el que se usará en todo el mundo.
Si bien por momentos en la historia existen golpes bajos, el final encierra una cálida parábola de los valores familiares, que seguramente habrán sido los que el director aprendió de pequeño, rodeado de una familia marcada por el carácter dominante de las mujeres.

Volver.
Pedro Almodóvar.
Con Penélope Cruz y Carmen Maura.
Estreno: 10 de agosto.



LA PASIÓN SEGÚN VALDANO
PELOTA Y VOZ

Por momentos Jorge Valdano parece ser un espíritu curioso que tuvo la desgracia de abstraerse de sus pensamientos metafísicos para hacer algún que otro gol crucial en la única Copa del Mundo argentina que no está manchada con sangre. Recomienda libros sobre fútbol, recita poesía, justifica un quiebre de cintura desde la óptica de algún pensador europeo, todo con un discurso que ni en una coma olvida su meta: la belleza. Zidane (antes del cabezazo), Riquelme, Maradona, Grondona, el Real Madrid, todos los temas relevantes del fútbol son tratados profundamente en este libro-reportaje escrito (o desgrabado) por el periodista deportivo Ariel Scher, que tiene al nueve goleador como único centrodelantero.
Una de las tantas frases memorables que recorre La pasión según Valdano es cuando, haciendo referencia a Hernán Crespo y al apodo que le puso Daniel Pasarella cuando lo dirigía en River, Valdanito, el entrevistado dice: Ya es hora que a mí me llamen Crespito.
Esta publicación es parte de una colección dirigida por el periodista Ezequiel Fernández Moores, una de las jóvenes plumas que demuestra que el periodismo deportivo no debe ser sinónimo de panquequismo ni una oda al ganador de la fecha.

La pasión según Valdano.
Ariel Scher.
Colección Pasión Celeste y Blanca.
15 pesos.




NUBE 9
LIVERPOOL SIEMPRE ESTUVO CERCA

Nube 9, la banda de Fernando Blanco, bajista de los Super Ratones, que interpreta canciones de Los Beatles, se presentará en Liverpool, cumpliendo el sueño de todo pibe beatlero.
Durante la última semana de agosto los músicos participarán como invitados especiales de la Beatle week que se hace todos los años en la ciudad donde nacieron Los fabulosos cuatro.
Nube 9 dará 11 shows en escenarios emblemáticos como The Cavern, ese antro en donde los Beatles sudaron la gota gorda hasta alcanzar los diamantes del cielo. Luego los músicos partirán a España, donde realizarán otras presentaciones y a su regreso, en septiembre, volverán a los escenarios porteños.
Esta banda se caracteriza por no ser el típico grupo tributo con el bajista zurdo y flequillo a medida. Sus shows son temáticos: toman un disco de Los Beatles, o de la carrera solista de alguno de los cuatro, y los tocan en su totalidad. Fueron memorables los recitales donde recrearon All Things must pass, el triple de George Harrison, con ejecutante de cítara y todo.

Recreo Literario - Por Eloísa Cartonera


LA JORNADA DE LA MONA Y EL PACIENTE

MARIO BELLATIN

Ilustración: DAN

(...) La jornada de la mona y el paciente. La remembranza del punto donde la mona se arroja desde el techo guarda una estrecha relación con el lugar en que el padre del paciente salta detrás del primate con la intención de cazarlo. De eso no cabe la menor duda. Ambos, mona y padre, sienten el vacío de sus cuerpos aunque, como es lógico, ninguno de los dos comparte con el otro la misma sensación. Estas caídas, la del padre yendo detrás de una mona furiosa, son similares a la no libertad de la escritura. Lo he pensado más de una vez. A diferencia de la cura analítica, cuando alguien se decide a escribir algo tendrá que escribir sólo y únicamente sobre lo que está escribiendo. Se le está negado el derecho al escribiente de ir construyendo una estructura abierta, para lo cual podría apelar a una serie de subterfugios tales como la asociación libre de las ideas, el recuerdo o el uso de las imágenes de los sueños. No se puede escribir más de lo que se está escribiendo. Como en el sueño, que no se puede soñar más que con lo que se está soñando, incluso cuando alguien sueña que sueña. Una de las razones del insomnio del paciente es que debe construir su propio sueño, su estar dormido, de la misma forma como ordena su escritura. Ya no le es posible descansar libre y abiertamente. Caer en la tabla de la cama cuando se siente extenuado y amanecer de manera inocente al día siguiente. No. Debe crearle una forma al sueño. Ir hilando un tejido textual que sea el que sustente esas horas en apariencia perdidas. Ya no visitan al paciente ni sueños místicos ni sicológicos profundos, poseedores muchas veces de una intensidad tal que rozan muy fácilmente con el milagro abierto de los libros sagrados. Sin embargo, aunque nadie lo espere, la fugaz mona seguirá saltando del techo de la casa y el padre seguirá en su camino hacia la nada.

(...) Lo más importante es que el paciente escuchó que le decían algo así como que se haría todo lo posible por aplacar la angustia y el drama interno preservando, eso sí, la escritura. En ese momento surgió, nuevamente, la escritura como el punto más importante de mi existencia. Como si mi ser fuera sólo un pretexto para que esta escritura pueda existir.


Mario Bellatin nació en 1960 en México. Estudió teología y Ciencias de la Comunicación en Lima, Perú y cinematografía en Cuba. Actualmente reside en México, donde enseña en la Facultad de Filosofía y Letras del claustro Sor Juana Inés de la Cruz. También escribe artículos en la prensa que conjugan realidad y ficción. Publicó Mujeres de sal (1986), Canon perpetuo (1993), Efecto invernadero (1996), Damas chinas y Poeta ciego (1998).

Patio
















El Universo de Cartón

Grasas y Caretas